La sorpresa

Publicado: 23 febrero, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas, salir del armario
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/>Ya os comenté en la entrada anterior que había sido nuestro aniversario. Le quise sorprender con algo diferente. Llevamos un tiempo un poco estresadas, el día a día, la vida en sí, el trabajo, algunos problemas familiares… Y siempre estábamos comentando: “Necesitamos unas vacaciones”. Pero claro, para la época vacacional, aun falta un poco.
Así que pensando en qué podía hacer para nuestro aniversario, se me ocurrió que la podía llevar “lejos” de Barcelona, salir un poco de la monotonía. Pero aunque parece algo fácil, no lo es tanto.
Nuestro aniversario caía en martes. Yo tengo la gran “suerte” de que trabajo a turnos y puedo trabajar cualquier día de la semana y a cualquier hora, vamos, una joya a la hora de planear una escapada.
Ella libra los jueves… Así que tampoco me valía de nada. Hablé con su jefe y le pedí que si podía cambiar el día de fiesta del jueves al martes, que era nuestro aniversario y tenía una sorpresa para ella…El jefe, que por cierto, es un encanto, me dijo que por supuesto, que no había problema. Hablé con el mio y le pedí librar el martes. Así que, el lunes trabajamos las dos por la mañana. Yo llego a casa sobre las 14,15 y ella sobre las 14,40. Así que llegué, hice la maleta, metí todo lo indispensable para pasar una noche fuera. Preparé la comida, y cuando llegó no se dio cuenta de nada, comimos tranquilamente.
Me dijo que se iba a duchar en un momento, momento que aproveché yo para bajar la maleta al coche. Cuando salió, le dije que se preparara, que habíamos quedado.
Nos montamos en el coche, y fuímos viendo desaparecer Barcelona, ella incrédula… No hacía más que preguntarme qué a dónde ibamos, qué dónde habíamos quedado… Que nos alejábamos demasiado.
La entretuve como pude contándole mil historias, hasta que aparqué el coche en el mismo paseo marítimo de Sitges, en la puerta de un hotel en primera línea de playa, con unas vistas…increíbles. No os podéis imaginar la cara que se le quedó. Le dí un beso y le dije “vamos”. Al entrar en la recepción su cara era una mezcla de mil emociones, y cada una de ellas más bonita. Le dí a la chica de recepción el papel de mi reserva, y ella contestó ” Ah, las chicas de la Suite”… Qué bien sienta eso, aunque sea una vez en la vida.
La habitación no era grande… Era como todo mi piso de Barcelona. La cama… Increíblemente grande. Tenía un salón, un recibidor, no se cuántos sofás repartidos por la estancia, dos vestidores ( DOS ) y tres balcones orientados al mar, a la playa, a la Iglesia. Desde la cama ( La gran cama) se veía y se escuchaba el mar…
También había reservado en uno de sus restaurantes favoritos, que cómo en la mayoría de los casos, hay mil franquicias por todos los sitios. Hablo del Tagliatella, un italiano que le encanta. Así que dimos un paseo por la playa, por la zona de la iglesia, por todas las calles estrechas… Y me la llevé a cenar… Cuando vio el restaurante…
Fue solo la noche del lunes al martes, porque por temas de trabajo no podíamos estar más tiempo. Pero fue increíble.

Vistas desde la terrazaPlayaSitges

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