Mi infancia II

Publicado: 1 marzo, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas, salir del armario
Etiquetas:, , ,

Ayer, tras colgar el anterior post se me vinieron a la mente varias cosas que no os he contado y son importantes para llegar a conocerme. La primera de ellas, por ser la más relevante para mi educación, para mi infancia y para mi vida en general es mi abuela. Bueno, en realidad es la abuela de mi madre, es decir es mi bisabuela, aunque en casa todos la llamamos abuela.

Mi abuela ha estado presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Al principio venía días sueltos, aunque los domingos era su día, ningún domingo faltaba en casa. Siempre traía una torta para que merendásemos todos. Nos llevaba a dar un paseo con la bici e incluso ella montaba también. Nos enseñaba miles de canciones y de poemas, de refranes, de dichos de mi tierra, por allí dirían “decires”.

Después, cuando mi hermana creció un poco, mi madre comenzó a trabajar, así que era mi abuela la encargada de ir a por nosotras dos al colegio ( estudiamos en el mismo centro ) y de llevarnos a casa para darnos la comida, para al cabo de un rato volvernos a llevar. Cuando nos poníamos malos, era ella la que venía a cuidarnos a casa. Recuerdo que siempre que venía porque alguno de los tres estuviera mala traía un milhojas…. ¡Qué recuerdos! Estábamos deseando ponernos malos para que ella viniera con el pastel y nos hiciera sacar el parchís, las damas, la oca, las cartas… Creo que ninguna persona ha jugado al parchís como mi abuela. Se podía pasar horas y horas jugando, además que no lo hacía por compromiso, le encanta jugar al parchís.

Muy cerca de donde íbamos mi hermano y yo (también mi primo) a entrenar a kárate había unos cines. Siempre al pasar veíamos los anuncios de la cartelera. Recuerdo cuando ví por primera vez el anuncio de Parque Jurásico I… Y los anuncios que daban en la televisión que parecía que los dinosaurios eran capaces de comerse la pantalla. Mi hermano y yo lo tuvimos claro desde el principio… ¡Teníamos que ir! Y lógicamente…fuimos. ¿Sabéis quién nos llevó? … Mi abuela. Sí, sí, se pasó toda la película diciendo cosas como: “Ay Dios mío… Cuidado, cuidado, que hay un bicho detrás…” Y también se tapaba los ojos con las manos. Mientras, nosotros, sentados cada un lado de ella disfrutando como nunca. Cuando salimos del cine la pobre mujer preguntándonos que cómo era posible que nos hubiera gustado aquello… Que para películas buenas, las de su época…. Fue un gran día

Cuando nosotros nacimos mi abuela ya estaba viuda y hacía muchos viajes con las amigas. Su destino preferido no lo vais a adivinar… Benidorm! Se iba si todo iba bien tres veces al año, verano, navidades y para semana santa. Siempre nos traía camisetas con un barco bordado y una frase del estilo a: Mi abuela estuvo en Benidorm y se acordó de ti. Cosas de ese estilo.

También guardo un buen recuerdo del día que hice la primera comunión. No por el vestido ( ni mucho menos) , ni los regalos , ni por recibir a Dios … Para comenzar, mi madre me vistió, me puse el vestido, mi tía que es peluquera me peinó y todos juntos nos encaminamos a la iglesia, que estaba justo detrás de mi casa. Para acceder al interior de la iglesia había que subir varios escalones, y ahí empezó el drama. Cuando iba a subir, vino mi madre a ayudarme con el vestido, el cancán y todas esas cosas y cuando alcé la pierna para subir el escalón, ahí estaba. No llevaba los zapatos que me habían comprado, pero sí mis zapatillas de deporte. Imaginaros el drama que se vivió. Alguien fue corriendo hasta mi casa para traer los dichosos zapatos, porque ¿Cómo iba a recibir a Dios en zapatillas de deporte?

Guardo muy buenos recuerdos de mi primo, el que venía a kárate conmigo. Somos de la misma edad, por lo que siempre hemos estudiado juntos, en las mismas clases y practicado casi las mismas actividades, además de compartir los mismos amigos. Éramos como aquel que dice inseparables.  En clase nos sentábamos juntos, cuando nos íbamos de excursión también, hacíamos los trabajos y los deberes juntos mientras merendábamos un bocata de mantequilla con azúcar… También hice muchos viajes con mis tíos, sus padres. Mis tíos son los típicos “enrollados” que todos queremos tener en nuestra familia. Con los que puedes hablar de todo sin morderte la lengua.

También recuerdo mi obsesión por las gafas. Desde muy pequeña me han gustado. Veía a las niñas que llevaban gafas, y no se, yo también quería llevarlas, pero había un problema, al parecer tenía una vista de lince. ¿Qué hice? Fingir que era como un topo, que no veía nada.

Llegaba a casa y hacía que no veía bien, que no era capaz de leer la publicidad del envase de la leche o de cosas parecidas y cuando me preguntaban que qué hacía, les decía que no veía. Recuerdo que mi padre me ponía el teletexto de la televisión para que le leyera la programación y yo fruncía el ceño, medio cerraba los ojos como focalizando… Y le decía, no lo veo papá. Así que conseguí que me llevaran al oftalmólogo. Éste me envió un colirio. Yo no sabía que era eso, pero me lo ponía dos veces al día y al final “Me curé”. Desde el principio mis padres y el médico sabían que fingía…

Cuando a mis padres les decía que estaba mala, que me dolía algo, me daban una cucharada sopera con agua y azúcar, como si fuese una aspirina, si al rato me seguía doliendo, era cierto, estaba mala. Sin embargo, si milagrosamente me ponía buena, que era lo más normal, me mandaban al colegio. Que ingenuos nosotros y que ingeniosos ellos.

Pues creo que por ahora ya está de recuerdos, a todas las que os pasáis por aquí, mil gracias.

Un saludo, muac.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s