Mi adolescencia II

Publicado: 4 marzo, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas, salir del armario
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La adolescencia como todas sabemos es una época difícil, para mí y para la mayoría de la gente. Son muchísimos sentimientos nuevos, experiencias, aventuras… Y no hay nada mejor ( o peor) que cuándo algo lo vives por primera vez. Esa sensación de novedad, de miedo, de ilusión, el no saber qué hay más allá… Eso es lo que lo hace tan grande.

En mi adolescencia se juntaron muchos factores. Era una chica muy deportista, por ejemplo. Practicaba a la vez futbol, kárate y básquet. Y también durante una época me empeciné con el atletismo y la natación. Figuraros, no tenía desperdicio. Siempre me ha gustado el deporte, y lo peor, es que se me daba bien. Por ejemplo, en futbol fui la única chica que jugó en ese equipo, que por cierto, era el mejor por categoría de mi provincia. A mi padre no le gustó mucho la idea de que jugara al futbol, ya sabéis, es cosa de chicos. Esa temporada acabé pichichi del equipo y llegué a salir en el periódico. Cuando acabó el año mi padre me hizo dejarlo, no estaba bien que una niña jugara con solo chicos, a pesar de que todos me apoyaban y éramos de verdad un buen equipo. Lo tuve que dejar.

En kárate era una máquina. Disfrutaba practicándolo. A los 13 años me preparé para el cinturón negro y lo saqué. Me presenté a varios torneos en mi provincia y no todos fueron muy buenos, pero tengo varias copas y medallas.

Del básket guardo miles de maravillosos recuerdos. Me apunté siendo muy joven. Y terminé jugando en la liga provincial. Ya no solo en la escolar dentro de mi propia ciudad, jugábamos por toda la provincia. Así, que todos los fines de semana montábamos en el autocar y nos íbamos de viaje para jugar. Muchas de mis amigas de esa época eran del equipo. Lo pasábamos muy bien.

También es cierto, que ya por esta época, a pesar de que mi vida era el deporte, ya había comenzado a fumar. Recuerdo perfectamente la primera vez que fumé un cigarro. Fue en casa de una amiga que vivía en el mismo sitio que yo. Nos lo fumamos en el baño de su casa, un CORONAS que ella le había “robado” a su padre. No me gustó nada la sensación. Notaba que me ahogaba, que me faltaba el aire, comencé a toser… Pero no se muy bien por qué, ese cigarro solo fue el comienzo de una adicción.

La chica con la que compartí el cigarro comenzó a salir con malas compañías. Y tanto yo, como el resto de las chicas que solíamos estar juntas… caímos en la trampa. Yo no entendía por aquel entonces porque mis padres o mi hermano me decían que no anduviese con esa gente, que les dejara, que tuviera cuidado… Nos trataban bien, las cosas como son, pero no estaba bien todo lo que hacían. Y yo, que no se por qué, siempre he tenido la conciencia como muy definida y muy marcada, ví que esa no era yo, que no me gustaba lo que hacía esa gente y que no quería ser uno de ellos. Porque si en verdad lo que hacíamos no estaba mal y eran tan buena gente, ¿Por qué no le podía contar a nadie lo que hacíamos?

Una parte de mi adolescencia que recuerdo con mayor tristeza fue cuando me lesioné. Entrenando a baloncesto me dieron un balonazo que intenté frenar con las manos. Aquí comienza una aventura de médicos, quirófanos, recuperaciones que duraría hasta mis 18 años.

Al parecer, ese balonazo me había fracturado un hueso de la mano. He pasado tres veces por quirófano, la última de ellas, a 600 km de mi casa y mediante pago ( mucho dinero, os lo garantizo). Tuve que dejar todos los deportes que hacía, todos. Imaginaros hasta que punto la lesión era fastidiada que no podía ni con la botella de lecha. Además, fue en la mano izquierda, y yo era zurda. Digo era, porque desde aquella época, he aprendido a usar la mano derecha. Tenia 14, 15, 16 años y no era capaz de coger la bolsa de la compra…. Fue una época mala. Recuerdo pasarme noches enteras llorando pensando que qué iba a ser de mí, que no podía hacer nada, que tenía que operarme de nuevo, recuperarme… En fin.

Además sentía que nadie me comprendía. Está claro que el hecho de dejar todos los deportes fue un palo para mí, un batacazo pero yo tenía las miras puestas al futuro. Si no podía con la botella de leche… ¿qué sería de mí?

Yo me iba haciendo mayor y sabía que quería estudiar, por lo que mis padres y la gente cercana me decía que no me preocupase, que para estudiar no me hacía falta la mano… Nadie entendía que esa lesión significaba mucho más para mí.

Por aquellos días escribía lo que no os podéis imaginar. Estaba todo el día con mi cuaderno de pastas rojas conmigo. Lo llevaba a todos los sitios y escribía sobre un sinfín de cosas, de pensamientos, de conversaciones e incluso poesía o cuentos. Cualquier cosa con el fin de sacar de mi cabeza mi vida, mi realidad.

Un gran amigo mío abrió una escuela de informática y necesitaba ayuda para darse a conocer. Yo me había matriculado en el instituto con horario nocturno, estaba en 2º de bachiller. Por las mañanas me dedicaba a repartir publicidad de la academia de mi amigo. Me pagaba 6 euros la hora, no estaba mal. Así que, todas las mañanas, me cargaba la mochila con los panfletos, la música a todo volumen y me recorría mi ciudad. Por casualidad de la vida me llamaron de otra academia, así que repartía de las dos academias, por coches, bares, en mano… Y me sacaba un dinero. Y después, por la tarde a estudiar. Al llegar a casa, cenaba, me duchaba y me ponía a estudiar, porque al día siguiente había que empezar de nuevo.

Respecto a la chica que os comenté que me gustó, M, ella se apuntó a un colegio privado para sacarse el bachiller, a escasos 200 metros de mi instituto, así que muchas veces nos encontrábamos. Al final perdí el contacto con ella, pero puedo decir que se portó genial conmigo y sé que si algún día nos volvemos a encontrar, nos saludaremos con todo el cariño del mundo.

Por desgracia vi muchas peleas. Había una chica, X, que por el motivo que sea, fijaros si el motivo era importante que ni lo recuerdo, que se llevaba mal con mi grupo. Conmigo no, porque llevarse mal conmigo es muy difícil, tengo demasiada paciencia y soy demasiado tranquila. Bueno, pues un día, de esos que habíamos ido a una sesión de fiesta para gente de nuestra edad, vi que muchas de las chicas de mi grupo… se iban corriendo al baño. Me extrañó y me esperé lo peor, así que allí me planté. Cuando entré me encontré que le estaban dando una gran paliza a la chica esta. Estaba de pie, doblada sobre sí misma mientras una le estaba dando patadas en la barriga, pecho… donde pillaba. No se ni cómo lo hice, aunque sí el por qué. Les separé, las saqué del baño medio a empujones y me quedé con esta chica. Tenía el cuerpo entero dolorido y creo recordar que alguna herida en la cara. Imaginaros la estampa, la chica no paraba de llorar, yo intentando consolarla. Le limpié la cara, las lágrimas y la saqué del local. Llamamos a su padre y se la llevaron al hospital. Tenía una costilla fracturada. Yo no me lo podía perdonar. ¿Pero qué clase de gente eran? Yo no quería ese tipo de personas cerca de mí, yo no era ni soy así, no me gusta ver como cuatro valientes fracturan una costilla a una chica que está sola e indefensa.

Por cierto, esta chica, a día de hoy es una de mis mejores amigas, de las pocas que me quedan por allí. Un encanto, una tía estupenda, una gran amiga.

Habíamos hecho varias veces botellón, pero nunca me había emborrachado. Recuerdo perfectamente la primera vez que me emborraché y recuerdo que pensé que sería la última.

Los padres de un amigo habían comprado un piso y aun estaba vacío, así que allí nos metimos. Era carnaval. Bebí mientras disfrutaba, nos lo estábamos pasando genial. Salimos de la casa y yo ví que me encontraba bien y de repente, todo cambió. Lo que pasó a partir de aquí lo tengo medio borroso. Se que me llevaron a casa y que me acosté ( después de vomitar, tropezarme… ) y que no me gustó para nada esa sensación, la de la primera borrachera.

Y por ahora, ya está. La siguiente entrega será cuando ya tenga 17 o 18 años y ya esté apunto de irme de casa, ¿de acuerdo?

A veces es complicado abrirte, contar las cosas que te han pasado, que te has sentido. Pero espero que os guste esta nueva entrada. Para mí un placer escribirla.

Un saludo, muac

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