Mi adolescencia III

Publicado: 5 marzo, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas, salir del armario
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Las cosas no me resultaban fáciles. No encontraba mi sitia por más que buscaba. En mi casa discutía con mis padres con cualquier pretexto. Supongo que si sumamos mis hormonas y mi edad y que tampoco ellos tienen mucha paciencia… Pues era una bomba día sí y día también. Y siempre, lo que comenzó siendo una tontería, una nimiedad, se convertía en una dura discusión. Tampoco encontraba mi sitio con mi grupo. No voy a decir amigas, porque dentro del grupo a dos consideraba amigas, el resto simplemente salíamos juntas.

Necesitaba y esperaba más de la vida, eso que vivía no podía ser todo, faltaban cosas. Como ya os dije, por esa época escribía mucho. Yo creo que tengo la mayoría de las discusiones con mis padres en mi cuaderno rojo. Mis sentimientos hacia las chicas no habían cambiado, aunque yo lo había intentado. Mi miedo y la continua presión ( hoy lo pienso y se que no es excusa, pero así fue) hizo que me “echara un novio”. Sí, lo pongo entre comillas, porque la verdad que pobre chaval. Nos llevábamos muy bien, nos reíamos mucho, hablábamos de nuestras cosas…Pero no había más, de vez en cuando nos dábamos dos besos y cada uno para su casa. Esa fue mi relación con un chico. A día de hoy, puedo decir que de vez en cuando hablamos, que sabe lo mío, que por suerte no se lo tomó nunca a mal. Cuando le conocí le llamaban… “El tío como me pone” Todas las chicas de mi clase, bueno, del colegio estaban detrás de él. Que si no me había fijado lo guapo que es, que ojos más bonitos, que labios… Y yo no sabía que responder. Así empezó todo. Él estaba detrás mío y todas me envidiaban, así empezó nuestra historia. Con miedo, con un no saber que hacer. Aunque dentro de todo lo malo, conseguí un buen amigo.

Comencé a trabajar también en una pizzería que abrieron nueva. Lo bueno de este trabajo era el horario, hacíamos 3 o 4 horas diarias y las podíamos repartir durante el día como quisiéramos, al no ser que fuera fin de semana o festivo. Así que mientras me sacaba mi bachiller, repartía publicidad y también tenía las manos en la masa. La mayoría de la gente de la plantilla éramos amigos o conocidos, del mismo colegio. Lo pasábamos bien, pero la verdad que trabajábamos muchísimo. Pero el dinero venía bien, porque además en diciembre me volvían a operar de la mano. Así que tampoco pude trabajar demasiado en la pizzería.

Un 13 de diciembre me operaban en Pamplona uno de los mejores médicos que había de las muñecas. Así que el día 12 pusimos rumbo hacia allí. Estaba muy nerviosa, para mí, me lo jugaba todo. Haría todo lo que me sugiriera el doctor.

Cuando desperté de la operación, abrí los ojos con dificultad debido a la anestesia y el doctor me dijo que todo había ido bien… Sentí lo que es el alivio, la tranquilidad. En la habitación me esperaban mis padres. Cuando abrí los ojos y vi que la escayola de la mano me llegaba casi hasta la axila… me asusté. Me habían tenido que “arreglar” lo que me habían hecho en las otras dos operaciones. Así pasé las vacaciones de Navidad, escayolada hasta la axila. Me tenían que pelar hasta los langostinos. Aunque pensándolo bien, eso no estaba del todo mal.

La rehabilitación fue dura y larga. Me metían mucha presión en los ejercicios. No era capaz de mover la mano. La muñeca la tenía totalmente rígida y sin fuerza. Cuando acabé la rehabilitación y comencé a hacer de nuevo deporte, volví a poder hacer una flexión. Lógicamente con cuidado, porque si me pasaba de esfuerzo, se me abría la muñeca, pero con cautela, podría hacerlas.

El curso siguiente me fui a Madrid, casi con 19 años, a una especie de colegio mayor. Aquí es donde gran parte de mi personalidad salió a relucir. Aquí fue donde me dije :” sí, soy lesbiana ¿y qué?” Y…nada, no pasaba nada, en el centro había alguna más, además que se les notaba y que ellas no hacían por encubrirlo ni nada. Así que yo estaba encantada, este era mi sitio. Madrid es una ciudad muy grande y ofrece muchas posibilidades para la gente que viene de ciudades pequeñas.

Aquí conocí a la primera persona, independientemente de su sexo, que me hizo sentir deseo, sentir algo parecido al amor, atracción… Cosas que no había sentido en su gran mayoría.

Desde el primer momento conectamos. Hablábamos mucho, nos reíamos, nos llevábamos bien. Un fin de semana que la gente aprovechó para ir de visita a su casa y yo aproveché para quedarme con mi nueva amiga, ya que ella era canaria y no se podía permitir irse todos los findes a la isla, pasó. Sí, sí, pasó lo que desde hace tanto tiempo yo deseaba que pasara. Se que tarde, sabía que tenía ganas, no se si el momento fue el mejor o no, pero a día de hoy, 7 u 8 años después, yo lo recuerdo con alegría, con ilusión.

Nos habíamos quedado muy pocas. Comenzamos a hablar y se nos hizo tarde. No se ni como ni por qué, pero me dijo que me metiera en su cama, que para estar sentadas encima, nos tumbáramos dentro. Aquí tengo varias lagunas en la memoria, porque estaba demasiado nerviosa, sabía que iba a pasar algo. No recuerdo que me decía, pero se que era algo de que le gustaba, de que se sentía cómoda conmigo. Ella debió de notar mi miedo o mi preocupación cuando me dio la mano, y cómo que no pasara nada me dijo que si quería, podíamos ir a fumar un cigarro, que no pasaba nada, que estuviera tranquila. Fuimos a fumar  y me contó más o menos su historia, estuvimos hablando y volvimos a la cama. Nos acostamos y me abrazó, yo temblaba y recuerdo que le dije que no sabía si temblaba de miedo o de frío. Me besó. Fue la primera vez que de verdad besaba, que de verdad sentía ese beso, que sabía que ese beso era para mí y el mío era para ella. Mientras me besaba, mientras sentía sus labios en los míos, me abrazaba, me cogía la mano. Me fui relajando, me fui sintiendo tan cómoda como si de verdad no pasara nada. Y así pasamos la noche, entre risas, comentarios, besos, abrazos. La cosa no fue más allá, pero para mí fue la noche.

Puede parecer una cursilada, pero así amanecimos, así nos encontró el sol cuando apareció. Con las manos cogidas, besándonos, acariciándonos el pelo…

Ese fin de semana, como lo teníamos libre, salimos a comer, a cenar, a pasear… ¿qué nos encontrábamos con alguien del colegio…? No pasaba nada, tomábamos algo y en el momento que yo decía que iba al baño, ella decía :”Ay, espera que te acompaño…” Y así, nos besamos en mil sitios. Siempre estábamos buscando cualquier excusa para seguir labio con labio.

Así continuamos, no se cuanto duró la historia, mi primera historia… En clase se sentaba justo detrás de mí, así que siempre nos estábamos mandado notas, diciéndonos las ganas que teníamos de estar juntas, de estar solas, de darnos un beso…

Otro fin de semana que nos quedamos decidimos coger una habitación en un hostal, para estar completamente solas y tranquilas. No salimos de la habitación nada más que para comprar provisiones. Incluso nos llevamos la cena y la comida al hostal. Entramos un viernes después de comer y salimos el domingo por la mañana. Tenía 19 años y mi mundo en su mirada.

Otro día contaré la continuación.

Mil gracias a todas por pasaros por el blog, es un placer ver como suben las visitas. Sois geniales.

Un saludo, muac.

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comentarios
  1. Inma dice:

    Que bonito, esta tercera parte es preciosa 🙂

  2. nodebesestaraki dice:

    Que bonitoooo!! :O

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