Bajo un cielo de ceniza…

Publicado: 13 marzo, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas, salir del armario
Etiquetas:, , , , ,

Barcelona es una ciudad a la que odias o a la que amas. Que te parece preciosa y te atrapa, o que no te gusta, sirviendo cualquier excusa. Yo he pasado por las dos etapas, la buena y la mala.

No es fácil empezar una nueva vida en ningún sitio. No es fácil estar en una ciudad de millones de habitantes y sentirte sola, bueno, más que sentirte, tener la certeza de que estás sola. Solo me conocía la gente del trabajo y porque compartíamos ocho horas de trabajo, nadie sabía nada de mí y la verdad es que lo prefería.

Poco a poco fui haciendo amistad con algunos compañeros de trabajo. En concreto con dos chicos y con una chica. Los chicos me trataban genial, además que sabían que era lesbiana e incluso salían conmigo por zonas de ambiente, aunque eso ya llegará. Y también conocía a mi amigo gay que se había trasladado a estudiar a la ciudad condal. Tampoco pintaba tan mal la cosa…

Los chicos siempre me insistían para que saliera con ellos después del trabajo a tomar una cerveza, a cenar o simplemente a dar un paseo. Pero como vivía tan lejos me daba un poco de apuro. Pero un día acepté. ¿Qué más dará coger el tren a las diez de la noche que a las once? Si total, nadie me esperaba. Y sabía que me iba venir bien salir y cambiar de ambiente, hablar de otras cosas, de temas más personales.

Tuve una época de la que no me siento orgullosa pero de la que tampoco me arrepiento. Supongo que simplemente quería disfrutar, reír, no estar en casa sola. Así que me daba igual que día de la semana fuera, que si nos juntábamos los tres, nos liábamos. Jamás falté o llegué tarde al trabajo, así que, tampoco estuvo tan mal. Salíamos mucho, más de lo que debía de permitirme.

Encontré otro piso, en Barcelona capital, en un barrio que me gustaba mucho, y que, económicamente hablando, era adecuado para mí, me lo podía permitir y vivir desahogada.

Una vez instalada en Barcelona y con un alquiler más bajo, comencé a disfrutar a mi manera. Si os digo que llevaba cerca de seis o siete meses en la ciudad y que ni si quiera había visto la Sagrada Familia o el Parque Güell, ¿Me creeríais?  Pues eso fue lo que pasaba, no tenía ganas de hacer nada, de salir, de recorrer Barcelona… Y comencé a hacerlo. Y así, despacito, tratándonos de tú a tú, me enamoré de Barcelona, de sus rincones, de sus calles estrechas o de sus amplias avenidas. Comencé a mirarla a los ojos, ya no me daba miedo ese cielo color ceniza de otoño… Ahora ese cielo, se había convertido en parte de mi vida.

¿Queréis saber cómo fue la primera vez que salí de ambiente por Barcelona? Pues mirad, quedé con mi amigo gay para salir, las discotecas de ambiente están por el centro. Hay una cadena que se llama “Grupo Arena” que tiene varias discotecas muy cerca las unas de las otras: Aire y Arena. Bueno, nosotros no sabíamos a cuál de todas entrar, éramos vírgenes, por decirlo de alguna manera. Así que, tras dar una vuelta de reconocimiento, aprovechando que están muy cerca, nos decidimos por uno.

Una vez dentro, yo no sabía si reír o llorar. Yo era la única chica del local, cosa que tampoco me importaba demasiado, pero me hizo sospechar de que no estábamos en el sitio adecuado. Había muchísimos televisores  por toda la sala y todas ellas con películas porno homosexuales, de chicos, para ser más exactos. Solo había hombres en la sala y la mayoría de ellos podrían ser el padre de cualquier de nosotros. También había un cuarto oscuro. Mi amigo triunfó como creo que no volverá a triunfar en su vida. Se le acercaban muchísimos hombres para invitarle a ir al cuarto oscuro. No os podría decir cuántos hombres se le acercaron, pero muchos. Imaginaros lo incómodo que se sentía mi amigo, yo ni os lo digo, que me pidió que nos fuésemos ipso facto. Así que decidimos cambiar de local.

Al llegar a la puerta del nuevo, vimos que entraba gente joven, de nuestra edad, de nuestra apariencia… Efectivamente. Ese era el sitio del que hablaba todo el mundo. Una discoteca de dos plantas, con dos ambientes totalmente diferenciados por la música y también por la gente. La planta de arriba, la principal, ponían música más tecno y house y se supone que la mayoría de la gente que allí estaba era heterosexual. Sin embargo, en la planta de abajo, ponían  más pachangueo, más música divertida y el 90% de los que allí estábamos, entendíamos.

Luego había otra subdivisión en la planta de abajo. La parte derecha, era de chicas y la izquierda de chicos, lo que quedaba en la separación de ambas, la parte central, era para las divas que allí iban a bailar. No lo digo ni con segundas, ni con malas formas, por supuesto. Pero en esa parte es donde se ponen a bailar las coreografías que ensayaban, era su sitio, su ambiente.

Cuando bajamos mi amigo y yo, y vi el espacio tan grande, la de gente que había allí, y todos o casi todos, entendían, vi las tarimas que había en el lado derecho, ocupadas por chicas de diferentes estilos, todas bailando… Creí morir. Pensé que no me podía morir sin ver algo como esto, ahora ya puedo morir tranquila.

Vengo de una ciudad pequeña en la que el único sitio de ambiente era minúsculo, no pequeño. Donde todos los días nos reuníamos las mismas personas y donde cuando alguien nuevo aparecía, era una novedad que se comentaba durante meses, así que, cuando llegue a esa discoteca, de dos plantas, amplias, llena a rebosar, con chicas bailando en la tarima, muchas chicas, se me antojó un sueño.

No sabía ni a donde mirar, ni cómo comportarme… Era increíble, ¡qué de chicas lesbianas! Pero claro, mi amigo gay también quería disfrutar, rendirse ante Barcelona y me quería llevar al otro extremo de la discoteca. Así nos pasamos media noche, de un sitio a otro de la discoteca. Hablamos con un montón de gente, disfruté muchísimo. Desde aquel día, siempre que salgo deseo que sea ahí, me encanta esa discoteca.

Con los compañeros del trabajo ya no salía tan a menudo, y cuando lo hacía les liaba para que fuera allí. Me encantaba. Yo nunca había ligado con nadie, por decirlo de alguna manera, o no había tonteado. Y esos días lo hacía o me lo hacían siempre que salía.

Con lo tímida que soy para la mayoría de las cosas, una vez estaba allí, no me daba ningún miedo acercarme o que se me acercara nadie. Hablabas, comentabas, ligabas… No se, una época de mucho salir, supongo.

No os penséis que yo soy de las que salía y que me iba con alguien siempre a casa. No, tampoco es eso, aunque tampoco pasaría nada si lo hubiera hecho. Pero si conocía a alguien con quien sí estaba agusto,  que sí que me gustaba, que me apetecía estar con ella… Me lanzaba.

Yo no tenía que dar explicaciones a nadie de nada… Y mucho menos de lo que hacía. Así que me ví en Barcelona, la gran Barcelona, jovencita, con el corazón a trocitos y con ganas de comerme la ciudad cada día que pasaba. Así que, intenté aprovecharlo.

No lo recomiendo como terapia, desde luego que no. Porque sí, sales, bebes, disfrutas, te ríes y te vas de la mano con alguien a tu piso…. Hasta ahí todo de acuerdo, pero después te despiertas y sigues estando tan sola como el día anterior, pero con el aliciente de tener más cosas en las que pensar. Pero yo lo hice, a veces me despertaba bien, porque en verdad había sido una gran noche, y otras me despertaba pensando… No debería de haberlo hecho.

Además de todo lo que os estoy contando, de todo lo que me pasaba en mi vida personal, también he de deciros que en el trabajo tenía dos compañeros que me hacían la vida imposible. Y cuando digo imposible, lo es. No es que me hicieran el vacío, que sí, me lo hacían, pero no era solo eso. A veces aparecía mi coche con una esvástica dibujada en la luna, un post it con alguna palabra tan original como “tortillera” o cosas parecidas. Llamadas por la noche de madrugada, diciendo que sabían quién era, que me observaban, que tuviera cuidado… Y al día siguiente, comentar en el trabajo que si había recibido llamadas nocturnas… Ir al trabajo se convirtió en casi, un suplicio. Pero no me rendí, ni agaché la cabeza ni nada parecido.

¿Qué conocía a una chica que me gustaba? Fácil… La invitaba a que viniera a buscarme al trabajo y me la llevaba a comer o a cenar. No me cortaba, cada vez menos.

¿Que en el trabajo aparecía alguien con quien me pitara el gaydar? Fácil… Le decía siempre alguna cosa, dando a entender a todo el mundo que me importaba un pito lo que pensaran o dejaran de pensar, que no cambiaría, primeramente porque no puedo, y segundo y más importante, porque no quería.

Así que así se desarrolló casi mi primer año en esta gran ciudad. Un año en el que experimenté todas las sensaciones del mundo.

Después de esta etapa tan desastrosa pero para mí necesaria para valorar y aprender, después de todo esto, llegó ella, mi vida, mi tranquilidad, mi serenidad, mi todo, porque ella trajo a mi vida, todo.

Mil gracias por estar al otro lado, de verdad.

Un saludo, muac.

Anuncios
comentarios
  1. Tania dice:

    Qué bien escribes!! no había tenido tiempo de comentar pero he leído todas las entradas y me han encantado! estoy enganchada!
    Te sigo leyendo!

  2. Elena dice:

    Igualmente te digo, nunca dejes de escribir. Un beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s