Pues después de la famosa frase de “No me gusta el pescado”  todo fue bien. Ella no me defraudó, porque supongo que nos habrá pasado a todas, que conoces a alguien que parece que es de una manera pero después te das cuenta de que no, que las apariencias engañan y nunca sabes hasta qué punto conoces a alguien.

Pues ella era tal cual se mostraba y tal cual yo la imaginaba. Su sentido del humor fue soltándose poco a poco y cada vez nos reíamos más juntas. Su confianza conmigo igual, hablábamos de más temas, de temas más personales, del día a día, de sueños…

Y bueno, supongo que ahora viene la primera vez que nos acostamos, pero como comprenderéis es algo que no voy a contar aquí. Os puedo decir, que antes de estar con ella me había acostado con más chicas y casi ipso facto sabes lo que esperas de la otra persona. Me explico. Que conoces a una chica y te gusta físicamente, porque no te ha dado tiempo a más, sabes lo que esperas de ella y lógicamente, ella de ti. No hay más que rascar.

Sin embargo, con ella fue especial. No puedo decir que la quisiera ni mucho menos, pero había algo. No fue sexo por sexo, hubo algo más.

Había ganas de sentir, de estar y cuando digo estar me refiero al significado completo. Quería sentir sus besos, sus caricias, sus abrazos, su aliento… Casi me importaba más ese intercambio de intimidad que lo que es el sexo en sí mismo. Quería conectar con ella como lo había hecho hasta ese momento. Porque con el sexo se disfruta, sí, pero creo que se disfruta más cuando hay esas ganas de conocer a la otra persona, de impregnarte de ella, de saborearla.

Para todo hay una primera vez y para estar con una persona, también. Ninguna primera vez es igual. Puedes hacer, decir, experimentar cosas parecidas, pero cada una tiene un encanto que lo hace único. Lo bueno de experimentar de nuevo una primera vez, es que parece que las otras que has sentido, quedan en un segundo plano. No las borras, ni las olvidas, pero están en el fondo, tras el telón. Las primeras veces, hablemos de lo que hablemos, me encantan. Es sentir la inquietud de la novedad. Los nervios, las risas tontas, las caricias igual un poco torpes, que se , tirán perfeccionando con el tiempo. Me encantó la primera vez con ella. Me encanto verla que dormía con mi pijama, porque ella quería oler a mí, olerme mientras dormía. Me encantó poder abrazarla durante varias horas seguidas por primera vez. Y al despertar, aun un poco tímida o cortada por vernos así, recién levantadas y volver a besarla… Eso no tiene precio ni tiene nombre.

Esa mañana, le preparé el desayuno y me acompañó al trabajo. Tuvimos que ir en taxi porque llegaba tarde. Y después, cuando ya había amanecido, ella se cogió el tren y volvió a su casa.

Esa fue nuestra primera noche, nuestra primera mañana, nuestro primer desayuno, nuestro primer taxi compartido, nuestra primera vez en el lavabo para lavarnos la cara y los dientes… Fue la primera vez de tantas otras. La primera vez que empecé a anhelarla, a desear que llegara la hora de salir del trabajo para ir a verla, la primera vez que escuchando cualquier canción, asiento y pienso, “tiene razón, eso es lo que pasa”. La primera vez que preparé tostadas para dos y que la otra persona lo valore y lo agradezca. La primera vez de tantas otras, en un solo día, en una sola noche, en un ridículo cúmulo de horas…

A partir de aquí comencé mi nueva vida, mis nuevos pensamientos, mis nuevos sueños e ilusiones. Comenzó a aflorar la nueva yo. Todo tiene su explicación. Hasta que ella llegó, nada iba bien. Las cosas iban pasando y yo solo intentaba hacerles frente, pero no lo conseguía y las cosas se me amontonaban, y al final, decidía pasar, sin más, almacenar esos “problemas” en algún lugar oscuro de mi memoria, intentar no recordarlo, intentar no pensar más.

De mi época de antes de estar con ella me acuerdo, por supuesto que sí… Pero he olvidado tantas cosas, que si no me las recuerdan, me enseñan fotos, me ponen una canción, un vídeo, un sonido o un olor.. No sería capaz de explicarlos.

Sin embargo, desde que comencé con ella, parece que la memoria se ha convertido en mi nuevo don. Recuerdo conversaciones, mensajes, emails, primeras veces, menús, viajes, fechas, canciones… En fin, recuerdo muchas veces.

Hasta este punto de mi vida, no había tenido la suerte de encontrar a alguien que me valorase de verdad. Que interpretara mis sueños, que me diera una palmadita en la espalda y que me dijera, “Adelante”. Que me tendiera la mano cuando estaba en el suelo… Que me sonriera cuando más lo necesitaba.

Me explico. Siempre me gustó el deporte, mucho. Cuando tenía once años, engañé a mi padre para ir a hacer unas pruebas para un equipo de futbol, lógicamente, mi padre pensó que era femenino, y aun así, no le parecía bien. Cuando llegamos y vio a todos los niños de mi edad preparándose, creo que casi le da un infarto. Al final, aceptó. Hice las pruebas y ya ves la sorpresa que las pasé. Comencé a jugar en uno de  los mejores equipos de mi ciudad. Contra todo pronóstico el entrenador me sacaba de titular, jugaba bien, disfrutaba, los compañeros me querían (y yo a ellos) y para más inri, quedé pichichi de esa temporada y salí en el periódico local. ¿Cuál fue la respuesta de mi padre? Sacarme del equipo, sin explicación.

Siempre dije que algún día retomaría los estudios y que estudiaría psicología. Bien. ¿Para qué? Si total, vale mucho dinero y no creo que lo saques…

O cuando me pasaba horas escribiendo y se lo enseñaba a mis padres y… lo volvían a dejar encima de la mesa sin leerlo… Esas cosas.

Sin embargo, desde que empecé con ella… Me escuchaba. Eso es un privilegio que la gente no lo valora. Le dije que quería estudiar, pero que me daba miedo, que trabajar y estudiar iba a ser mucho para mí. Ese mismo año, me acompañó a la universidad y me matriculé en el grado de psicología. Voy poco a poco, me cuesta sacar tiempo para todo.

Me ve escribir, leer, soñar con todas estas cosas. Me ayudó a abrirme el blog. Me lee todo lo que escribo, me apoya y valora.

Le dije que me habían propuesto hacer lo de la radiobollo …. Y claro, que me daba vergüenza, miedo, ¿yo de locutora? Miradme, ahí estoy. Es ella la que me empuja a que haga estas cosas, a que supere mis miedos, a que procure valorarme yo misma. Me ve capaz de cualquier cosa que se me pase por la cabeza y últimamente, son muchas. Eso es lo que yo he encontrado en ella, por eso prefiero cualquier recuerdo con ella, que cualquiera de los que tenía antes.

Un saludo, muac.

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comentarios
  1. Ana dice:

    Estoy de acuerdo contigo en que la primera vez cuando has encontrado a ELLA, en mayúsculas, como tú dices, sientes que tocas el cielo.
    Muy elegante por tu parte quedarte con ciertos detalles, claro que sí, eso es vuestro y sólo vuestro.

    • entendemos dice:

      Sí, la verdad que se nota cómo encajas con esa persona. No es elegante, es lo mínimo… Puedo imaginarme mil historias, contarlas…Pero ciertas cosas son mías y directamente de ellas, eso no se cuenta. O yo no. Gracias por pasarte 😀

  2. Nanilla33 dice:

    Es verdad que la primera vez con la persona que sientes que es serio y verdadero descubres cosas increibles que yo nunca hubiera imaginado ni en mis mejores sueños. Todavia a estas alturas sigo sintiendo emociones muy buenas aunque hayan pasado un montón de años.

  3. Ana dice:

    Esas sensaciones tan especiales no se pierden pero yo creo que sí cambian con el paso de los años y eso no tiene por qué ser malo. Quiero decir que esa intensidad del principio no dura siempre y el tiempo y la confianza traen un montón de cosas maravillosas y no por eso hay menos amor o menos pasión.

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