El silencio duerme a mi lado, apoyado en la oscuridad que nos envuelve, arropado con las mismas sábanas que a mí me dan calor, y abrazado a ti, mi vida, mi musa, mi todo.

El silencio duerme, la oscuridad nos envuelve y tú y yo, una junto a la otra, durmiendo, compartiendo almohada, sueños y desvelos. Compartiendo una noche más, aunque ninguna es igual que la anterior, lo sabes y lo sé.

No sé por qué, pero me desvelo. No sé por qué pero mis manos ansían tocarte, mis manos van en tu búsqueda, surcando las sábanas, sin miedo, sin guía, a lo loco…

¿Dónde estás? Susurran… Pero tú duermes, no escuchas su necesidad de ti… Las dos, compartiendo almohada, las dos acostadas de lado, las dos…

Mis manos encuentran tu cadera… La curva divina de tu cadera, la curva que pone patas arriba todo mi sueño, toda mi tranquilidad, todo el silencio que dormía con pijama a cuadros sobre el cabecero de la cama… Esa curva que hace que me aproxime más a ti, a tu espalda, a tu oreja… Esa curva que hace que ya no esté soñando ¿O sí? Esa curva que me ha descolocado, que me ha transportado ¿O no? Que hace que haya perdido un poco el juicio, sin saber exactamente si voy o vengo, si estoy o desaparezco… Esa curva que me ha dejado claro lo que quiero y lo que necesito, y lo quiero y lo necesito ya… Te quiero a ti…

Y mis manos hablan ese lenguaje que tú entiendes a la perfección. Ese lenguaje que no hace falta escuchar, que no hace falta leer los labios… Ese lenguaje que es apto para dos. Ese lenguaje que no usa mayúsculas, ese lenguaje en el que la “H” deja de ser muda, deja de ser intercalada… Ese lenguaje en el que su único sonido es un pequeño gemido que se te escapa…

Esa curva que hace que te abrace de espaldas, que es lo único que debería llegar por atrás, abrazos a quemarropa, nada de puñales ni nada de eso, solo abrazos inesperados, abrazos sin camuflaje, abrazos desnudos de pretensiones, abrazos de abrazos, por abrazar, por demostrar, por sentir, por estar en ti…

Esa curva que le da alas a mi garganta, que a pesar de estar en el quinto sueño, sin aclararse, te susurra algo ininteligible, pero que tú, tu intuición femenina, tu sexto sentido… Entiende a la primera, sin repeticiones, sin ningún “¿Qué? “Corta rollos…

La madrugada ya no duerme, la madrugada la tengo en mi garganta, que te susurra. La madrugada la tengo yo en mis manos, que te recorren. La madrugada la tengo yo en estos labios, que te anhelan, que te buscan, que te encuentran… La madrugada la tengo yo, la madrugada soy yo, la madrugada somos nosotras, la madrugada es nuestra.

Tú, te giras, aun dormida, aun sin estar despierta… Pero sé que me sientes cerca, sé que te gusta, sé que comienzas a susurrar a la vez que intentas besarme…

Siento tu mano recorriendo mi cara, apartando un mechón de pelo que cae y que sé qué te hace cosquillas al besarme… Me lo apartas, me lo pones detrás de la oreja y me besas…

Siento… Siento tantas cosas… Te siento a ti, ¿Hay algo más grande que eso? ….

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comentarios
  1. peqee dice:

    Es preciosooo m’encanta y leido por tiii aunn más bonitooo. Un beso y espero leer mas cositas tuyas =) muackkk

  2. Areté dice:

    Justo en el momento adecuado he logrado tocar a mi musa a través de tus palabras cuando sólo creía que podía hacerlo a través de las mías propias. Un placer de los sentidos, brillante, fantástico.

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