Escapada sorpresa, escapada romántica.

Publicado: 9 julio, 2013 en aimee y jaguar, bollo, homosexual, lesbianas, radio, salir del armario
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Os voy a contar mí fin de semana romántico y especial, espero que os guste.

Me encanta sorprender a mi chica, organizarle mil cosas sin que ella colabore y después decirle…”Tachán…” Y cargarme las pilas con esa mirada y esa sonrisa que me dedica, que podría parar el reloj e incluso el movimiento de la tierra.

Me habían hablado de un sitio para hacer una escapada y poder relajarnos, cosa que tanto a mi chica, como a mí, nos venía de lujo. La zona en cuestión, El Valle de Arán.

Reservé un Hotel Rural precioso por esa zona, es más, cogí una suit que era digna de ver. Tenía todo pensado y organizado. Habría cena romántica, habría balneario, paseos eternos por los pirineos…

Como se cómo soy, se lo comenté. Lógicamente, no le comenté todo, solo a dónde íbamos. Busqué mucha información de los alrededores, de visitas obligadas… Hasta que un buen día, estaba en casa tranquilamente cuando me avisó una amiga de que pusiera las noticias y lo vi: Desastre en El Valle de Arán. Y ahora… ¿Qué hago…?

Veréis, cuando conocí a mi chica me llamó mucho la atención los dos sueños que me dijo que tenía y que haría cualquier cosa por cumplir. Uno era ir a New York, ciudad a la que adora, y el segundo era nadar con delfines.

El primero, el de ir a New York lo hicimos hace unos dos años, fue un viaje muy especial. Pero el segundo… ¿Dónde podríamos hacer eso?

Me puse manos a la obra, si no podíamos ir a los pirineos, algo tendríamos que hacer. Busqué información para poder nadar con delfines. Entre mi persistencia y la ayuda de otra amiga… Lo encontré. Se podía nadar con delfines en “MundoMar”, Benidorm. Así que miré hoteles, contraté todo, reservé todo y me guardé el secreto bajo llave, sabedora de la ilusión que le haría.

El día que hicimos la maleta fue muy especial. Ella iba doblando y metiendo ropa de montaña, botas, abrigo… Y yo metía el bikini, las chanclas, la crema… Pero de la manera más natural…

Cargamos el coche a primera hora y enfilamos el Mediterráneo, Benidorm, la ciudad de los rascacielos nos esperaba.

Hay que tener en cuenta que ella no sabía que no íbamos a Lleida, así que imaginad el desconcierto que tenía cuando veía que yo bajaba y bajaba por la costa. Ella venga a preguntar si había puesto bien la dirección, que el GPS tenía que estar loco, que cómo íbamos a ir a Lleida por ahí… En fin, que sacó su móvil para buscar el itinerario y yo tuve que parar en la primera área de servicio con la excusa de tomar un café y a continuación hacerle conducir a ella… Todo era poco para que tuviera las manos quietas.

Al final, se lo tuve que decir, porque era tan obvio y ella estaba tan nerviosa que a mí se me escapaba hasta la risa. No le dije a dónde íbamos, le dije simplemente que allí no podíamos ir.

Pasamos un día especial de comidas y cenas, de paseos por la playa al atardecer, de miradas, muchas miradas, de muchas conversaciones, de visitas…

Y llegó el día de llevarla a la sorpresa, al motivo de estar allí. Cuando cogimos el coche y empezamos a alejarnos del casco urbano ya empezó a mosquearse…  Pero cuando llegamos al parque se quedó un poco sorprendida… “¿Aquí me traes?”

Fuimos directamente a la taquilla y presenté mi reserva. Ella aun sin saber nada, me imagino que pensaba que era una entrada normal. La chica cogió mi papel, lo miró y me dijo: “Llegáis tarde, han adelantado la hora… Cómo ya nació el bebé delfín…” Y nos quedamos muertas… Enfilamos el camino hasta el delfinario, que para no variar estaba en la parte más alta y alejada del parque.

Por el camino ni hablaba, iba seria y con la vista puesta en el suelo… Cuando llegamos y nos sacaron el neopreno para bañarnos ya empezó a hacer preguntas… “¿Pero esto…? ¿Delfines, cariño?”

Nos hicieron esperar a pie de la piscina… Los delfines ya estaban allí. Los monitores nos dieron unas recomendaciones y unos consejos básicos mientras  les veíamos. La ilusión y el cumplir un sueño, se reflejaban en su cara. Ojalá hubiera podido captar con mi cámara ese momento, esa mirada, esa media sonrisa mezcla de timidez, de alegría, de una ilusión grandísima, tan grande que la podías tocar con la mano…

Todo pasó rapidísimo… Nos metimos en la piscina, nos hicimos fotos con los delfines, les tocamos, jugamos con ellos, hicimos “casi” el show con ellos… Fue increíble.

Yo me pasé todo el rato pendiente de ella, de verdad. Porque a pesar de que estar con los delfines es algo impactante, no os podéis imaginar cómo impactaba su mirada, su sonrisa… A veces me pillaba mirándola y me susurraba “Te quiero”, cuando nos juntábamos me abrazaba o me daba un beso… Fue especial, muy especial.

 

Lo tenía todo preparado, lo tenía todo pensado. Era nuestra escapada y quería que saliera todo bien, quería hacerla feliz, notarla feliz y con eso me quedo.

Mil gracias por estar siempre al otro lado.

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