Archivos para noviembre, 2013

Así te quiero yo…

Publicado: 30 noviembre, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas
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Te quiero sin peros ni porqués, sin excusas, sin miedo y olvidándome del después. Te quiero con todo y con nada, con mi ayer y mi mañana, siendo joven o siendo anciana. Te quiero de noche y de día, en la soledad y en la alegría, porque no se estar sin ti, vida mía. Te quiero así, porque no se querer de otra manera. Te quiero a gritos o a silencios, te quiero a mi manera, que es cómo el corazón quiere que te quiera.

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Está claro que las palabras no son barro para poderlas moldear. Ni son notas, para poderlas componer y después tocar. Ni  son estrellas a las que en el cielo, seguir sus huellas. No, no son nada de esto. Las palabras no son barro, ni son notas, ni son estrellas. Son rimas, huérfanas de vocales, son prosas, desabrigadas de tildes, que describen lo que siento, como un alfarero, cómo un músico, cómo un amante del cielo. Cómo yo cuando te veo.

¿Sabéis? Hoy me he puesto a pensar, a recapacitar, a echar la vista atrás y entender cómo he llegado a dónde estoy…

¿Sabéis? Siempre he sido un alma callejera… Adoro la calle, salir y beberme las calles, empaparme de sus gentes, de sus conversaciones, de pasear sin ningún rumbo, de tomar una cerveza en alguna terraza y contemplar el mundo, mi mundo, el mundo a través de sus ojos o de los tuyos… Lo adoro.

¿Sabéis? Cuando mi chica y yo comenzamos a salir, pasábamos mucho tiempo en la calle. Salíamos a dar una vuelta, de compras, a tomar una cerveza o tres, de fiesta… Nos parecemos bastante.

¿Sabéis? Llevamos viviendo juntas… algo más de cuatro años. ¡¡Cuatro años!! Viviendo y compartiendo cada minuto del día, cada despertar, cada comida, cada zafarrancho, cada berrinche, cada sesión de cine… Compartiendo la vida, compartiendo nuestro tiempo y no hay nada más valioso que eso, el tiempo.

¿Sabéis? Cuándo aun no vivíamos juntas, pasábamos todo el tiempo que podíamos haciendo cosas y después cada una se iba a su casa. Ella vivía con sus padres y yo vivía sola. Así que alguna vez se quedaba a dormir en mi casa. Era magnifico.

¿Sabéis? La cosa fue poco a poco, despacito. No es cierto eso que dicen de que las lesbianas a los dos días se van a vivir juntas, por lo menos en mi caso. Aunque era cierto que nos sentíamos muy cómodas la una con la otra, fuimos paso a paso.

¿Sabéis? Me encantó meterla en mi casa, ahora nuestra casa. No tuve ningún problema en compartir mi espacio, mi armario, mi baño, mi vida, mi cama y mis recuerdos… La mitad de todo eso es de ella, porque la mitad de mí es ella.

¿Sabéis? En este tiempo hemos ido poniendo la casa a nuestra manera. Yo recuerdo que al principio el piso parecía un auténtico piso de soltera… A pesar de las tres habitaciones que tiene, solo usaba la mía y el salón… Era un auténtico piso de pasada…  

¿Sabéis? Adoro Barcelona, no desde que llegue, pero casi. Ha sido un amor tardía, un amor que ha ido creciendo con el tiempo y con las aventuras que he corrido a través de sus calles… Pero adoro esta ciudad. Siempre intentaba estar fuera de casa… ¡Hay tanto que hacer aquí! Siempre tenía planes.

¿Sabéis? Volvía a casa para dormir y para comer y eso, siempre y cuando, no me surgiera un plan. A principio de mes no venía ni siquiera a comer, siempre me compraba un bocadillo o algo por ahí… Y arreglado. Otras veces me llevaba algo de comida al trabajo, así nada más salir, comía y podía aprovechar el tiempo.

¿Sabéis? Llegué a Barcelona con 21 años… Y quería comerme el mundo y aunque suene raro, a mí manera lo hice… Lo hice…

¿Sabéis? Entonces llegó ella… Y todo cambió, mi mundo cambió, mi vida cambió… Comenzamos como empieza todo el mundo, con  muchas ganas. Las mismas ganas que tengo ahora mismo de volver a verla y de que vuelva ya del trabajo…

¿Sabéis? No recuerdo el día exacto en que todo cambió. No recuerdo el día exacto en que el piso pasó a ser de las dos… No lo recuerdo y no me importa.

¿Sabéis? Hemos pasado muchas cosas en este piso… Muchas alegrías, muchísimas. Alguna que otra lágrima, a veces de tristeza, otras de alegría y muchas de añoranza…  Hemos tenido muchas visitas en casa, muchas inesperadas y otras tan deseadas… Hemos compartido mesa con la gente más importante de nuestras vidas y hemos, por así decirlo, hecho un vínculo con esta casa, con sus paredes, con sus muebles… Es nuestra casa, ¿verdad cariño?

¿Sabéis? Poco a poco hemos ido cambiando muchas cosas del piso. Los muebles, decoración, haciendo de mi “piso de soltera”, nuestra casa.

¿Sabéis? Lo hemos conseguido con creces. Adoro estar en casa, en nuestra casa. Adoro el olor de mi casa. Es abrir la puerta, respirar profundamente y decir, “Estamos en casa, en casa cariño”. Adoro hacer planes de donde colocaremos un cuadro, una foto o una estantería. Adoro tanto mi casa y lo que hemos construido dentro, que muchos días, no quiero ni salir de estas cuatro paredes.

¿Sabéis? La chica que comenzó este escrito diciendo que adora la calle y salir… Esa misma… Os dice ahora que adora estar en casa, en pijama, con una manta y sus brazos rodeándome mientras vemos una peli, una serie o el mismísimo “Sálvame”, lo que sea… Porque estando así, lo que menos me importa es la televisión…

¿Sabéis? Cuesta encontrar a alguien con quien te sientas tan cómoda, tan agusto. Da igual si estás vestida o desnuda, si estás en pijama o sin peinar… Es increíble como “Esa persona” siempre te ve bien y perfecta.

¿Sabéis? Es incalculable lo que vale la mirada de mi chica cuando entra en casa, se quita el abrigo y viene a abrazarme… Incalculable… No lo cambio por nada, por nada…

¿Sabéis? Llevo un tiempo pensando y creo que mi vida estará, dónde esté ella. Y que seré feliz, si ella está cerca.

¿Sabéis? Adoro mi vida, mi situación, mi casa pero todo esto es porque la adoro a ella. Ella es la que ha conseguido tantas cosas… La que ha conseguido esfumar a tantos fantasmas que llevaba siempre conmigo en los bolsillos… Ella que es la auténtica luz de esta casa, que es el edredón de mi cama y el alma de mi vida…

 

 

 

Lleva días lloviendo sin tregua en una Barcelona calada, a día de hoy, hasta los huesos. No para de llover, no para de tronar y a mí, sin embargo, me da igual. Lleva días sin salir el sol en una Barcelona que amanece entre brumas. No echo de menos al astro rey que gobierna mis días… No echo de menos el hecho de dormir destapada… No echo de menos el hecho de ir en manga corta… No echo de menos nada de lo anterior. Lleva días siendo otoño en una Barcelona que acostumbra a ser primaveral. Lleva días haciendo frio, haciendo aire y sin parar de llover. Lleva días en los que la mejor compañía al salir de casa, es un paraguas. Lleva días… Lleva días en los que las calles de la ciudad condal huelen a leña, huelen a carbón, huele como huelen los pueblos por mi tierra, entre Zamora y el Negrón. Lleva días que huele a otoño… Y me encanta. Lleva días en los que me meto contigo en la cocina y me pongo a experimentar… “¿Dónde vamos a ir? ¡Nos vamos a empapar!”, así que, encendemos el horno y venga, a cocinar. ¿Qué hacemos hoy? ¿Un bizcocho o un guiso para cenar? Y así, pasan las horas, pasa la tarde… Entre risas y algún que otro arrumaco, combatimos el frio, la lluvia y hasta saciamos el hambre. Lleva días en los que me gusta, después de cenar, acurrucarme contigo en el sofá. Me llevo mi taza humeante de café y te abrazo. ¡Venga, ya está la peli, dale al play! Y a disfrutar del calor de nuestra casa, bajo nuestra manta mientras te tengo a mí abrazada. Y es entonces cuando pienso, que me gusta este tiempo, que me gusta que haga frio, que haga viento… Para poder oírlo desde casa, desde dentro. Lleva días en los que nos metemos en la cama y me abrazas, con ganas, ¡estás congelada! Me pones los pies por todas partes, están fríos, muy fríos… Y juntas, poco a poco, vamos subiendo la temperatura, vamos acostumbrándonos a esa negrura, vamos olvidando nuestra piel y su envoltura… Porque lo mejor que cubre mi piel, cariño, es tu piel, no lo dudes. Lleva días en los que paseamos cogidas del brazo, cobijadas bajo un mismo paraguas. Tenemos que ir juntas, muy juntas, porque si no nos empapamos. Y entre risas y conversaciones sobre lo bien (O mal) que nos ha ido el día, llegamos a nuestra casa, mi vida. Lleva días en los que me gusta más si cabe, abrazarte, arroparte, cocinarte… Lleva días en los que no paro de decirte cuánto te quiero… Porque lleva días, cariño, en que lo siento cómo más adentro, cómo más fuerte, cómo más intenso…

¡Quiero unas gafas!

Publicado: 15 noviembre, 2013 en Uncategorized
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Os voy a confesar una cosa… Me encantan las gafas. Es una cosa, que quizá no sea demasiado habitual, o sí, no lo sé, pero a mí me encantan.

Hace unos días me dieron mis nuevas gafas… El modelo que yo quería desde hacía tiempo y que por una cosa o por otra, no he podido tener antes. Pero ahora sí, las tengo en mi poder (es más, ahora mismo las tengo puestas) .

Pero lo que quiero contaros no es que tengo mis gafas nuevas, que también, porque estoy muy contenta. Lo que quiero contaros es un recuerdo que me trajo el hecho de ir a por mis gafas nuevas.

Ya os he dicho que me encantan las gafas y este gusto viene desde que era bien pequeña. Recuerdo que les pedía a mis padres encarecidamente que me compraran un par de gafas, me acuerdo que les hacía mil promesas sobre su cuidado, sobre que las trataría bien y también les prometía que yo misma me portaría bien si tuviera unas gafas… Mis padres día sí y día también me decían que no podía llevar gafas, que yo veía bien, que no me hacían falta… ¡Qué sabrán ellos!, pensaba yo y me enfadaba.

Así fue pasando el tiempo y mis ansías por poseer unas iban en aumento. No me conformaba con las gafas de sol de mis padres, que también las hurtaba en verano cuando ellos no me miraban… Quería unas gafas de ver.

Así que empecé con mi plan A… Desde ese momento, ya no “veía bien”. Así que, cuando íbamos por la calle paseando leía los letreros de las tiendas o los anuncios mal. Mis padres me preguntaban y me corregían y yo les contestaba con un … “Ah es que no lo veía bien”.

Así conseguí que me llevaran por primera vez al oculista… Tenía que ser una buena actriz, tenía que conseguir mentir a ese hombre de la bata blanca, como ya había hecho en alguna otra ocasión a otros médicos diciéndoles que me dolía la barriga… El plan era fácil, no podía haber ningún error.

El hombre me miró y comprobó varias cosas, anotando todo en su libreta… Yo no sabía que estaba apuntando y me estaba empezando a poner nerviosa. Al final me sentó en un taburete y me hizo leer unas letras que estaban a una relativa distancia… ¡Ese era mi momento!

Mezcle todas las letras, me saltaba las filas, las equivocaba… ¡Fue increíble! Al final el hombre tenía su diagnóstico. Yo ya me frotaba las manos mientras miraba a ambos lados eligiendo mis gafas…

Cuando salimos de la consulta mis padres me dijeron que teníamos que ir a la farmacia a comprar lo que nos habían mandado. Nos dieron un bote pequeño con un líquido dentro. “¿Qué es eso?” Pregunté y me dijeron que era lo que me iba a curar.

Durante dos o tres días me estuvieron poniendo dos veces al día el “líquido mágico”, el líquido que me tenía que salvar la vista. Yo seguía en mis trece. Mi padre me hacía pruebas una y otra vez. Recuerdo que me ponía el telexto en la televisión y me pidiera que leyera la programación… Al principio me era fácil engañarle, pero después… ¿Cómo iba a seguir engañándolos cuando me habían dado un líquido mágico que curaba los ojos?…

Mis padres guardaron el colirio en el botiquín y se frotaron las manos… ¡Creo que las primeras gafas que tengas, serán de sol! Y así fue…

A veces la vida te sorprende. A veces y solo a veces esa sorpresa es lo que esperabas, es lo que querías, es lo que según tú, merecías…

A veces la vida te sorprende y te pilla con el paso cambiado, te pilla a contracorriente, en fuera de juego… A veces y solo a veces, te sorprende de tal manera que solo de pensar en la sorpresa, te mareas…

A veces la vida te sorprende y por un momento, tu mundo se detiene. ¿Pero qué ha pasado? ¿Pero por qué ha pasado? … La vida tiene muchas cosas, tiene muchas sorpresas para ti, tiene muchas aventuras preparadas, tiene muchas sonrisas, tiene muchas lágrimas, tiene muchos viajes y tiene muchas y muchas preguntas… Pero ninguna respuesta. La respuesta es el camino, la respuesta consiste en vivir, la respuesta consiste en seguirle el juego a la vida…

A veces la vida te sorprende y hace que te sientes a recapacitar… ¿Y ahora qué? Existe solo un “Ahora” pero existen tantos “mañanas” cómo tú quieras tener…  Ahora, ahora la vida te propone una alternativa, un atajo, un camino empedrado, una ruta silenciada a base de rimas, una vereda empinada con vistas al mar… A veces y solo a veces, tienes que echarte la vida a la espalda e iniciar el camino, con lo que hay, con lo que tienes, con lo que puedes contar…

A veces la vida te sorprende y no te gusta la sorpresa… A veces y solo a veces, la sorpresa te hace recapacitar, porque la vida jamás da una puntada sin hilo, la vida no tiene dados, ni quinielas para jugar al azar. La vida no cree en las casualidades… La vida cree en ti y en el ahora.

A veces la vida te sorprende poniéndote una piedra en el camino, pero no te enseña a como dejarla atrás. Y ahí estás tú, mirando de frente a la piedra, mientras te rascas la barbilla… ¿Qué hago? ¿La salto…? Es que parece un poco grande, no sé si podré saltarla…  ¿La bordeo…? Pero si hago esto, no la habré superado, no habré sido más fuerte que ella  ¿La rompo…? No podría ni con ayuda. La piedra está muy fuerte…  ¿La empujo…?

A veces la vida te sorprende y entiendes que no tenías a tanta gente como creías tener, tan cerca de ti. Que esas personas a las que les habías puesto de apellido “Amig@”, ahora, han enmudecido, han perdido las cuerdas vocales o la lengua, o tal vez lo que han perdido sea tu número de teléfono, o quizá no tengan tiempo para ti, para escribirte o llamarte y preguntarte cómo estás y cómo lo llevas, o quizás lo que han perdido es el interés en saber  algo más… O quizá… O quizá…

A veces la vida te sorprende y te vuelve a reencontrar con estas personas, que sin ningún apuro y sin ninguna vergüenza de ningún tipo, te vuelven a besar o a abrazar, y justifican su ausencia con cualquier mentira que te escupen a la cara.

A veces la vida te sorprende y te dé una lección. Porque somos unos necios, todos y cada uno de nosotros, y hasta que no duele, no aprendemos. Así somos… Cuánto más doloroso sea, más importancia le damos y mayor espacio ocupa en nuestra cabeza… Así que, gracias amigos, por demostrarme lo que sospechaba…

A veces la vida te sorprende y aunque duela, aunque no sea un plato de buen gusto para nadie, terminas mirando al cielo, suspirando y dando las gracias. Porque la amistad, cómo otras miles de cosas en la vida, han de ser reciprocas… Y es cierto, la amistad es un don con la que la vida nos bendice para mitigar los dolores de cabeza que nos da.

A veces la vida te sorprende y te hace más patente si cabe, que no estás sola, que aquel o aquella no están aquí, pero oye, el resto sí, aquí, a mi lado. A veces y solo a veces, la vida te regala y pone a tu alrededor a un grupo de personas maravillosas a las que les pones de apellido “Amig@”, sí, pero de nombre le pones “Mi”, porque lo sientes tan tuyo, lo defenderías a cualquier escala y harías lo que hiciera falta por esa persona, así que, amig@s mi@s, gracias por ser y por estar, que a día de hoy, no os podéis imaginar lo difícil que es y lo afortunada que me hacéis sentir.

A veces la vida te sorprende y te ves dando las gracias por los que están e intentando ignorar a los que no están. A veces la vida te hace pasar malos tragos… Pero pone a tu disposición el bien más preciado de los humanos, los amigos. Gracias a todos por ayudarme en este trago, por preocuparos por mí, por ayudarnos en lo que hemos necesitado. Gracias de corazón.

Lo confieso… Estoy deseando ver a mi hermana. Me duele no estar con ella en esta etapa tan bonita y significativa de su vida. A veces pienso que las etapas más importantes de su vida, las ha pasado sin mí…

Lo confieso… Me gustaría estar allí con ella, pero no solo hoy, sino poder haber estado desde el primer día, desde el primer día que se hizo la prueba de embarazo y dio positivo…

Lo confieso… Sé que está feliz, sé que está enamorada, sé que está encantada con la nueva situación que está viviendo, con lo que se le viene encima y con el cambio que va a dar su vida. Esta distinta, está mayor, está feliz.

Lo confieso… Me gustaría haber ido con ella de médicos, de ecografías, a hacer la prueba del azúcar, llevármela a merendar si algún día le apetecía algo concreto… Me hubiera gustado estar allí cuando le dijeron que lo que venía en camino era una niña… Mi niña. Me hubiera gustado que mis manos sintieran las primeras patadas de mi sobrina…

Lo confieso… Me hubiera gustado ver cómo va creciendo la barriga, ver cómo cada día le sienta mejor el embarazo y cada día está más guapa, más ilusionada, más feliz… Me hubiera gustado decirle esto mismo si en algún momento le hubieran faltado las fuerzas…

Lo confieso… Me emociono cada vez que me envías una foto. Mi hermana… La pequeña… Con mi sobrina… Son fotos para enmarcarlas… Se te ve tan feliz, tan sonriente… Transmites todo esto a través de la foto… No dejes de hacerte fotos, porque estás preciosa.

Lo confieso… Tengo predilección por la foto que me mandas con la abuela… ( En verdad es la abuela de mi madre, mi bisabuela) En la que sale besándote la barriga… Me transmite tantísimas cosas esa foto, que cuando la veo, me emociono y se me empañan los ojos. Ahora solo de imaginármelo, ya los tengo empañados. Ojalá la abuela sea lo suficientemente fuerte como para aguantar los meses que quedan y poder coger a su tataranieta en brazos, sería precioso, como tú, como ella, como mi ahijada…

Lo confieso… Me hubiera gustado no estar tan lejos, hermana. Me hubiera gustado vivir toda esta etapa a tu lado, tomar nuestros cafés, que me cuentes cómo te vas encontrando, que vas sintiendo… Ir de tiendas y comprar ropita para la nena… Me hubiera gustado no perderme este momento, me hubiera gustado que los más de 800km en verdad no fueran tantos… Me hubieran gustado tantas cosas… Tantas…

Lo confieso… A veces tengo la sensación de que no he estado a tu lado en los momentos más complicados de tu vida. A veces tengo la sensación que cuando más me has necesitado, más lejos he estado yo. A veces tengo la sensación de que has crecido demasiado deprisa, que la vida te ha hecho dar el estirón antes de tiempo y madurar a contrarreloj. A veces tengo la sensación de que eres tan fuerte, tan valiente, tan decidida… Que no se a quién habrás salido, pero no cambies, no cambies nunca.

Lo confieso… No estoy lejos porque quiera, pero no puedo hacer otra cosa… Ojalá el nuevo año, además de una sobrina, me traiga buenas noticias… Ojalá pueda ver a mi sobrina crecer y no precisamente a golpe de fotos… Ojalá.

Lo confieso… Estoy muy orgullosa de ti, hermana, muchísimo. Por lo que eres, por lo que has conseguido y por como lo has hecho. Eres fuerte y valiente, eres decidida, eres alegra y divertida. Que nadie te cambie. Que no te cambie la vida, porque serás una madre increíble si consigues transmitir todo lo que tú eres, a mi sobrina. Te quiero, hermana.