¿Habéis tenido la sensación alguna vez de que perdíais el control? ¿De que todo lo que pasa a vuestro alrededor, pasará hagas lo que hagas? ¿De qué nada podemos hacer?

A veces tengo esa sensación. Hoy es uno de esos días…

Aun recién levantada, mientras me sacudía el sueño con un café bien cargado, tuve esa sensación. Me miré en el espejo y negué por lo bajo. “No, no y no,” me dije. “No pasa nada,” me volví a repetir.

Salí a la calle y las calles, aun oscuras, me recibieron con un frio tan húmedo, que me calaron los huesos. Me subí la chaqueta hasta arriba y apreté los dientes mientras me ponía el casco. Pero esa sensación de vértigo me perseguía.

Hoy no iba a ser un gran día. Y no lo ha sido. Me he esforzado por obviar lo que sentía, por camuflarlo y por ocultarlo. Pero nada, los sentimientos estaban ahí, bajo tres capas de piel y tres vueltas de tuerca, pero bajo mi misma.

No sé, me siento rara. No sé, me siento diferente. No sé, me siento temerosa y huidiza. No sé, me siento pensativa, nada indiferente. No sé qué me pasa, pero hoy no soy yo ni soy lo que quiero ser. Hoy no sé qué me pasa, pero pasa.

Hoy, el día en la calle está cómo yo aquí, frío. Amaneció el día con el cielo cubierto de niebla, como si dibujaras un horizonte con tu carboncillo y lo intentaras difuminar con el dedo… Así me siento yo, como ese dedo, sucia, como el ambiente. Fría, pensativa, tal vez solo diferente.

Hoy, he tenido mucho trabajo. Me tenía que aguantar a mí misma, que es la carga más grande. He tenido que madrugar, combatir el sueño y luchar contra ocho horas de trabajo intensivo. Aguantar segundos, minutos y horas. Aguantar la jornada sacando pecho. Aguantar…

Hoy, el teléfono no ha parado de sonar. Los mensajes no paraban de llegar. Hoy no quería leer ninguno. No quería oír a nadie. No eran buenas noticias, no eran del todo malas. Siempre termina el vaso estando medio lleno…

Hoy, ha sonado la campana tras mis ocho horas de trabajo. Me he sacudo la desgana y me he vuelto a enfundar la sonrisa y el casco. “Vuelta a casa, vuelta a la realidad”, me dije. Y al salir a la calle, me recibió la realidad en forma de lluvia. Las calles empapadas de una Barcelona cubierta por la oscuridad en pleno medio día, me llevaron hasta casa. Una casa aun vacía y fría, sin ti. A una casa llena de silencios y alguna que otra corchea. A una casa que ahora, ya huele a hogar, a tu calor y a tus brazos llenos de mí.

Hoy no ha sido un gran día. Pero no me rindo.

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comentarios
  1. sonietasmv dice:

    Ánimo para esos días grises que todos tenemos de vez en cuando, y que a pesar de lo que la vida nos enseña, a pesar de lo que vamos aprendiendo, no sabemos gestionar. Gestionar emociones… qué difícil… en la vida nos enseñan conocimientos, educación y saber estar, pero, ¿y las emociones?. Zaragoza se he despertado blanca, la niebla no deja ver… pero intentaremos que no nos nuble la visión ni los enfríe por dentro. Abrazos cálidos y a seguir batallando 😉

  2. Helena Lago dice:

    Te entiendo muy bien. Yo he tenido una semana así. Y qué duro. Ánimo. Un abrazo enorme

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