Archivos para abril, 2015

Se desde hace algún tiempo que quería casarme con mi chica, lo he tenido siempre muy claro. Desde hace ya mucho tiempo, he tenido claro que era ella, mi chica, mi compañera. No tenía que seguir buscando, porque ella reúne todo con lo que yo siempre he soñado y más aún, me hace infinitamente feliz, eso es tan difícil de conseguir… Que si alguna vez encontráis a alguien que produzca ese efecto en vosotras, la felicidad, no la soltéis.

Me costó decidirme y dar el paso. No era miedo o dudas, no me malinterpretéis. Siempre pensaba que no era el momento, siempre tenía que arreglar unos asuntos de mi trabajo, de mis horarios, de los de ella… Siempre había algo que mejorar antes de dar el paso… Ahora me he dado cuenta, de que nada es tan importante como esto y que es una tontería posponerlo.

Pensé, que lo más difícil había sido eso, decidirme, pedírselo y sentarse a pensar en todos los pormenores que tenemos ahora delante… Pero estaba equivocada.

Tras pedírselo y celebrarlo varios días seguidos. Tras soñar despiertas con nuestro futuro más inmediato, decidimos contarlo al mundo, a nuestro mundo, a nuestra familia y amigos. Todos tenían que saber el momento tan dulce por el que estábamos pasando y que por supuesto, queríamos que formaran parte, no podía ser de otra manera.

A algunos fue muy fácil decírselo por la situación, por tener la oportunidad y el momento oportuno. A otros costó un poco más, por juntarnos todos y poder decírselo a todos a la vez. Y a otros… Simplemente…

Hace tres meses que se lo dije a mi padre y solo obtuve un “vale” por toda respuesta. Desde ese día no se ha puesto en contacto conmigo para nada más, no sé nada más de él. Es cierto que nuestra relación no estaba en su mejor momento, si es que alguna vez lo tuvimos, pero pensé que su reacción sería totalmente diferente. Soy una ilusa.

Esto va por él…

“Siempre pensé que sería tan fácil ese día, el día que dijera que íbamos a dar un paso más. Nunca he visto a ningún padre que se ponga triste cuando su hija le dice una noticia como esta… Pero claro, tu tampoco eres un padre normal, supongo.

Este año ha sido muy diferente y muy duro para mí, para nosotros. Hemos tenido el peor palo que podíamos tener. No te puedes hacer una idea de lo duro que fueron aquellos días, pero más aún, sabiendo que tú no estabas con nosotros y que es más, no querías estar. No te has portado bien, siempre la terminas cagando.

Hay cosas que son inolvidables, como aquello pero sin embargo, decidí decírtelo de los primeros… No sé para qué. Creo que siempre has sido tan duro e intransigente conmigo que siempre he intentado agradarte en todo. Supongo que he fracasado, no te imaginabas tener una hija lesbiana y mucho menos, que diera el paso de casarse.

Creí que teníamos oportunidad cuando te separaste de mamá. Parecía que te volvíamos a preocupar, que nos llamabas o nos escribías, que quedábamos para comer o para tomar algo. Parecías otro, aunque para mí, siempre fue un poco tarde. No dejas de ser mi padre, por supuesto, pero jamás tuve ese vínculo mágico contigo. Sí, quedábamos, comíamos y hablábamos del tiempo, porque en verdad, no nos conocemos de nada. Qué pena. Pero a pesar de todo esto, desde hace más de 6 años conoces a la chica con la que comparto mi vida y siempre ha parecido que lo aceptabas, que nos aceptabas. Si comprabas regalos, para ella también los comprabas, nos citabas en tu trabajo y nos presentabas a todo el mundo, siempre te acordabas de ella. Creí que en el fondo la soledad te había cambiado, pero no, no has cambiado.

No sé cuándo será la boda, pero ya me has demostrado que no quieres formar parte de todo esto. No importa, no es la primera vez que me fallas y supongo, que no será la única, pero eso sí, no seré yo la que te llame y vaya corriendo hacia a ti y te ruegue que vengas y ese día me lleves del brazo. No seré yo… Has demostrado tantísimo  estos últimos años, que no se si me gustaría tener una persona así cerca de mí…”

La pregunta

Publicado: 19 abril, 2015 en Uncategorized

Si echo la vista atrás, creo que siempre tuve claro que no sería yo quien diera el gran paso y lanzara la pregunta. Pero si os soy sincera, creo que también tuve claro que nadie me la lanzaría a mí.

Pero el tiempo nos cambia, la vida cambia y entonces apareció ella. No fue un cambio radical, no. Todo lleva su tiempo, pero cambié, cambiamos y ahora, ahora sí creo que pueda llegar a hacer esa pregunta y por supuesto, creo que me la podrían hacer.

Sabía la respuesta, la sabía y aun así, no me atrevía a hacer la pregunta. Había ensayado mil veces en voz baja mientras cocinaba o dormía y también en voz alta, cuando ella no podía oírme.

Había ordenado mis sentimientos, de tal manera que, solo de pensar en lo que tenía que decir, me emocionaba. Eso es un buen síntoma, pensé. Me había aprendido cada una de esas palabras que, durante meses, había ido creando, dándole vida… No me resultó difícil, la verdad. Cuando uno dice la verdad sobre algo, sale casi a borbotones. Pero me llevó tiempo ordenar todas las cosas que quería decir, porque son tantas cosas que hemos vivido, que hemos compartido, que hemos llorado… Que tenía que tener sentido lo que decía… No podía estropearlo.

A pesar de saber su respuesta. A pesar de saber mi pregunta y mis palabras hacia ella, os puedo asegurar que no he pasado más nervios en mi vida. Jamás pensé que me iba a temblar la voz o las manos como lo hicieron. Fue un momento memorable, por supuesto. Esos nervios, esos temblores reafirmaban lo que mis palabras decían. Que era un gran momento, un momento precioso para nosotras. Tenía que temblar ¿Cómo si no?

No recuerdo que le dije, pero recuerdo que sus ojos se humedecieron y su sonrisa me brindo un sí silencioso. Aun de rodillas, saqué el anillo que tenía preparado, con más mensaje entre líneas que otra cosa, y lo cogí con mis temblorosas manos para ponérselo en su dedo. Me miró feliz y me dijo un Sí tan audiblemente perfecto, que no pude evitar emocionarme.

Había hecho aquello que jamás pensé que haría… Lo había hecho, a pesar de todos los pesares. Pensé que jamás me pondría delante de una chica de rodillas para pedirle que se casara conmigo, porque pensé que jamás encontraría a esa chica, pero la vida tenía una sorpresa para mí. La sorpresa de mi vida.

Siempre he sabido, que el ritmo de esta relación lo ponía yo, directa o indirectamente. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho antes, aunque siempre quisimos esperar un poco más las dos. Pero… ¿Esperar a qué? Yo tengo claro lo que quiero y lo que tengo, ahora solo quiero mejorarlo y cuidarlo para que nos duren las mariposas en el estómago muchos años.

Y a ti, mi vida, gracias por ese Sí tan maravilloso que ha hecho que mi vida cambie. Ahora comienza la segunda parte de nuestra vida ¿estás preparada?