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El otro día miré el calendario y vi que era día 7… Y entonces vino a mi cabeza… ¡Hace 6 años que llegué a esta increíble ciudad!

El 7 de junio del 2008 salía de mi casa en Alicante con destino la ciudad condal. Llevaba el coche lleno de maletas, de ropa, de recuerdos… Todo lo que me entraba en el coche, me lo traje y aun así, siempre es poco.

Por aquel entonces tenía una relación de esas que es difícil catalogar porque dependía del día, de la hora, o del estado de ánimo. Ella me acompañó y me ayudó con la mudanza y con todo. Me ayudó muchísimo en todo.

Me dolió mucho despedirme de ella y del resto de amigas que allí dejaba. Cuando me despedí de todas y las veía llorando mientras me alejaba, supe que una parte de mí se quedaría siempre allí, con ellas…

Las visitas se sucedieron en el mes siguiente, tanto por mi parte como por la parte de ella, aunque el jarro de agua fría no tardaría en llegar. Una tarde me llamó y me explicó que había quedado para tomar un café con un chico que le había presentado una compañera de trabajo. No le di ninguna importancia, ninguna. Hoy, ese chico es su marido y el padre de sus dos hijos.

Me sentí traicionada cómo nunca jamás lo he vuelto a sentir. No creo que jamás entienda el daño que me hizo… Aunque a día de hoy, tampoco es que me preocupe mucho

Mi vida se convirtió en una espiral de trabajo, casa, casa y trabajo. La espiral estaba acabando conmigo, aunque aún me quedaban más “buenas noticias”.

En agosto, la chica con la que compartía el piso decidió dejarlo y por supuesto, sin avisarme. Pasé de pagar 450 al doble sin darme cuenta… La espiral se había convertido en una obligación total. Cualquier gasto extra, supondría la ruina…

Me veía encerrada en casa, entre esas cuatro paredes, haciéndome miles de preguntas y sin obtener ninguna respuesta… Pasaron muchas otras cosas, por supuesto, con relación a la chica, pero en definitiva, podemos decir, que rompimos todo contacto… Rompimos con todo.

En noviembre mi vida comenzó a cambiar… Notaba que tenía mejor animo, que me relacionaba más aun con los compañeros de trabajo, con los que salía de vez en cuando a tomar un café o una cerveza… En noviembre me ofrecieron un chollo. Un piso muy bien de precio y en Barcelona capital, no a 40km como estaba yo… No lo dudé… Oportunidades así, muy pocas.

Con el piso nuevo, dinero en el bolsillo y sin tanta preocupación, comencé a  ver que Barcelona me sonreía y que Barcelona tenía un encanto de ese que te engancha…

En enero conocí a  mi chica… Me enamoré enseguida de ella.

En la primera cita que tuvimos, nos quedamos hablando en mi coche hasta las 4 de la madrugada… Ninguna de las dos quería decir adiós… Porque había sido un día tan bueno…

Desde ese enero del 2009 hasta hoy siento que mi suerte ha cambiado, que mi visión del mundo, de Barcelona, del amor, de las chicas y de lo que es querer, necesitar y valorar a alguien ha cambiado.

Gracias cariño por hacer de estos 6 años la mejor lección de vida… Por enseñarme que no es malo tocar fondo, lo malo es no levantar cabeza. Yo la levanté y pude verte y cuando vi que me sonrías, mi vida cambió. Tu sonrisa y tu ilusión se han convertido en mi brújula.

Cuando me imaginaba en pareja, viviendo y compartiendo todo… Jamás me imaginé un grado de compromiso como el que tengo yo con ella. Lo hacemos todo juntas y compartimos todo. Jamás pensé que sería tan feliz…

Me acuerdo mucho de mi vida de antes de Barcelona, por supuesto que sí. Pero mi vida está aquí, con ella. Las dos formamos un buen equipo, el mejor de los equipos.

 

 

 

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Nunca había estado en Barcelona. Se me antojó muy grande y extraña. Además, por tema de tiempo, no había podido buscar piso demasiado bien, así que terminé viviendo bastante lejos de Barcelona capital, que es donde yo trabajaba. Tardaba 40 minutos en cercanías en llegar a la parada de mi trabajo. Demasiado estrés para alguien de una ciudad pequeña como yo. Y encima el trabajo no era lo que yo esperaba.

No se si os ha pasado alguna vez, crearte unas expectativas de cualquier cosa y que la realidad no sea ni la sombra de lo que habíais pensado. Yo veía Barcelona como una oportunidad, como una salida fantástica, como una ciudad llena de muchas oportunidades para mí, veía Barcelona tan europea, que creía que las cosas buenas me pasarían aquí.

Así que, así estaba, en mi piso alejado del centro, con el corazón roto, sin conocer a nadie y además, pagando un pastón de alquiler, porque era el único que no me pedía una fianza millonaria.

Mi relación con Barcelona no empezaba bien. Yo no estaba bien. Pero con la “hetero” tampoco corté toda relación, tenía esperanza. Ella seguía llamándome, escribiéndome, pidiéndome que bajara a Alicante y así nos viésemos. Yo no sabía que esperaba ella de mí, porque a pesar de todo, seguía como si no pasara  nada. Me estaba volviendo loca, pero yo, tenía esa esperanza, de que solo le hubiera entrado miedo y que en verdad, me echaba de menos y por eso se comportaba igual, no quería presionarla.

Así fueron pasando los meses. Recuerdo una vez que me envió por correos un teléfono fijo. Sí, sí, un teléfono fijo. Yo tenía el adsl con las llamadas gratis, pero no tenía teléfono, así que ella me envió uno con una nota que decía que era para que hablásemos más. El paquete me llegó por la mañana. Fue una sorpresa recibir algo de ella, y además, algo para hablar y hablar mucho. Esa misma noche me llamó y me dijo que ella creía que “estábamos hablando demasiado” que igual había que aflojar un poquito…¿Me acabas de mandar un teléfono fijo porque tenemos las llamadas gratis? No entendía a que jugaba.

En agosto era su cumpleaños y me invitó. Me invitó mil veces. Al final accedí y bajé. Me presentó a su chico y me hospedé en su casa a pesar de tener más amigas. Era la primera vez que dormía en la habitación de invitados, donde por cierto, estaban todas mis cosas por si alguien venía alguna vez.

Esos días no se portó bien. Recuerdo un día que llegó a sugerirme que me fuera de casa ( todo con buenos modos ) que querían estar a solas… Ella y el novio. Decidí que tenía que cambiar, nuestra relación tenía que cambiar.

A la vuelta a mi casa, a la rutina, procuré que así fuera. Ya no llamaba yo tanto, si ella quería, que llamase, yo pasaba. Pero en octubre llegó mi cumpleaños. Le dije a la otra amiga que subiera a verme y vino, pero con ella. Yo no la había invitado, pero aquí estaban.

Mi amiga tenía al novio en Barcelona por temas de trabajo y esa noche durmieron en mi casa. Solo quedaba una cama y nosotras dos. Insistí en dormir en el sofá. Y cuando digo que insistí, es que insistí. De verdad. Pero ella insistió aún más en dormir conmigo en la cama, en mi cama. Al final ganó ella. Se pasó toda la noche abrazada a mí, incluso dormida. Y yo, boca arriba, sin moverme… No sabía que hacer. Sería la última vez que durmiéramos juntas.

Avisé a un amigo, mi amigo gay de mi ciudad, que también se había venido a estudiar a Barcelona, y a otra amiga. Éramos cinco. Salimos a cenar y de fiesta. Esa sería una de las últimas veces que estuvimos juntas sin estar obligadas. Discutimos. Yo soy muy callada y muy paciente, pero llega un momento en que no puedes tener más tiempo la boca cerrada.

Vinieron tres días, se pasó los tres días diciendo gilipolleces de su chico, de cuánto le echaba de menos, que ójala llegara ya el domingo para irse, que le echaba de menos, que… Y ya le dije, que cuando ella quisiera, le llevaba a la estación, que además, había venido sin invitación, así que…

Acabó diciéndome que era lo peor que le había pasado en la vida, que todos los días cuando se levanta se arrepentía de haberme conocido y de todo lo que hemos vivido. Porque además, en verdad, no había pasado nada, lo que pasa que yo lo exageraba todo. Ella nunca quiso ni siquiera besarme… No se, me dijo de todo, me hizo daño. Decidí ir a dar un paseo para calmarme, porque si me llego a quedar le hubiera dicho de todo. Cuando regresé le dije que no se preocupase, que mañana las acercaba a la estación y que ahí se acababa todo, que no se preocupase, que no quería nada de ella, ni hablar, ni sms, ni nada de nada. Que ella su vida y yo la mía. Y aquí se acaba esta etapa. Después nos vimos más veces, pero ya de manera diferente, ya lo veréis.

Así que aquí comencé con mi vida en Barcelona sintiéndome realmente sola, pero sabiendo que era lo mejor que podía hacer. Gente así no quiero a mi lado. ¿Qué le doy vergüenza yo o lo que sintió conmigo o lo que hizo conmigo? ¿Qué prefiero decir que soy …….? Ella y yo sabemos lo que ha pasado y lo que hemos sentido, lo demás, me da igual.

El resto de amigas de Alicante se sorprendieron mucho. Pasamos de estar juntas todos los días, de llamarnos mil veces al día… a nada. Y las chicas, que eran muy curiosas, empezaron a prenguntar. Pero no importa, ella tenía la respuesta preparada desde hacía meses. Era simple, lo mio, que era lesbiana, lo sabía todo el mundo, así que justificó esa distancia que habíamos puesto entre las dos de la manera más fácil e infantil : Yo me había enamorado de ella y a pesar de que ella me había dejado vivir en su casa y me había ayudado en todo, en la mudanza, con las visitas… Ella no sentía nada, así que puso distancia para no hacerme más daño…. ¡Ja! En fin, eso es lo que creyeron todas, menos la amiga, mi amiga, su amiga.

Las historias cuando acaban, duelen, duele mucho, no nos vamos a engañar. Pero aprendes, empiezas a valorar lo que en realidad es importante. Yo no quiero a una chica así a mi lado. En aquella época hubiera hecho muchas cosas porque se quedara a mi lado, porque sentía por ella algo muy especial, pero después de lo que pasó en mi cumpleaños y las demás cosas, lo tenía claro, toda para el chico.

No está bien que no te sientas orgullosa de lo que haces, que te avergüences, que des mil explicaciones falsas solo por tapar la verdad. ¿No era yo lo suficientemente buena para ella? Pues no lo se… Pero ella para mí, no, no lo era. No quiero a gente cobarde, a gente que se siente humillada porque se le ha escapado tocarme la mano o llamarme de una manera cariñosa delante de la gente. Creo que esta chica entiende, creo que es lesbiana y os lo digo de verdad. Creo que no está bien en su matrimonio, todas las amigas lo dicen. Pero ese matrimonio le ha dado dos hijos, que es lo que ella quería, así que me alegro que al final haya encontrado su sitio, con sus hijos, su casa de ensueño, en fin. No le deseo ningún mal, ni mucho menos, porque lo bueno de superar las cosas y no darles más importancia que la que tienen es eso, que no queda ningún resquemor.

No sirve de nada odiar a nadie. La vida es demasiado breve como para odiar. Para mí, es especialmente difícil odiar. Así que, esta es una de las etapas más difíciles de mi vida. Se me juntaron muchas cosas que igual son difíciles de explicar, pero en la siguiente entrada, lo intentaré.

Mil gracias de nuevo por leer mis penurias, je je je.

Un saludo, muac.