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Lo reconozco… Preparar una boda, no es fácil. Lo cierto, es que nunca pensé que lo fuese, pero tampoco pensé que fuera tan… ¡estresante!

Pero por muy estresante que sea, resulta realmente maravilloso… ¡es nuestra boda! Cada uno de los detalles que hay dentro de una boda, ha sido elegido democráticamente (bueno, casi siempre) y tiene un porqué… Un porqué que no todo el mundo conoce o que no todo el mundo entiende, pero tiene un sentido, está por algo…

Es genial elegir la música, por ejemplo. Mi chica viene hasta mi escritorio y se sienta sobre mis rodillas… “Busca esta canción, a ver que te parece…” Y así, buceando entre nuestros recuerdos, nuestras bandas sonoras y nuestras secretos confesables, elegimos la música que nos acompañara a la entrada, a la salida, en el intercambio de anillos… Así, sin casualidad.

Es mágico preparar cada una de las cosas nosotras mismas, poniendo tanto mimo en cada uno de ellos y mandando millones de mensajes para quien quiera leerlos, o sepa. Me gusta las cosas que no están hechas al azar, que se pueden explicar, relatar e incluso mostrar. Así es cada una de nuestras cosas, de alguna manera únicas, como un recuerdo.

 

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He tenido varios días “importantes” en mi vida pero ninguno comparable a una boda. Cuando tengo uno de esos días, me gusta anunciarlo a bombo y platillo. Me gusta colgarme del teléfono y avisar, contar e invitar a mi gente. Porque siempre me gusta estar rodeada de mi gente, siempre, pero en un día especial ya no es una cuestión de gusto o de preferencia, se trata de necesidad. Les necesito a mi lado, sentirles cerca.

Por eso, para el día de nuestra boda les queríamos a todos cerca, muy cerca. Pero a veces, cuando preparas días tan grandes, tan importantes, tan necesitados de tú gente, corres el riesgo de sufrir cuando no están. Y eso es lo que nos ha pasado, particularmente a mí, nos hemos caído. Porque, hay cosas que se pueden explicar y entender, cosas que son normales y por lo tanto asumibles, cosas que con solo mencionarlas no tienes que justificar… Pero después hay otras cosas, que no se pueden justificar, Justificar una mentira es decir una verdad.

La verdad duele, duele mucho. Pero duele más el hecho de que alguien a quien quieres tanto y a quien valoras, no “quiera”, “pueda” o simplemente “Te mienta” para no estar en tú día… Eso duele más, la caída de un mito.

Lo cierto es que, cuando estas cosas pasan, que a todos nos han pasado, siempre nos fijamos en esos que no están, que nos han fallado y que nos han mentido… ¡Qué gran error! Si te han fallado pudiendo evitarlo, ya han quedado retratados. Debemos quedarnos con aquellos que, pudiendo no ir, han hecho todo lo que estaba en su mano para estar allí ese día. Porque puede que para nosotras sea muy importante rodearnos de toda nuestra gente, pero para algunas personas es igual de importante acompañarnos ese día. Esas personas, esas y no las otras, son las que merecen este post, las que merecen todos nuestros agradecimientos y todos esos detalles que nos quitan tanto tiempo y nos llenan de nervios. Por ellos.

Porque no es fácil nuestra situación, lo sabemos. Vivir en Barcelona y celebrar la boda a 800 km de aquí, es una putada. La familia y amigos que tenemos aquí, en Barcelona, se tienen que trasladar con todo lo que ello conlleva, dinero, tiempo, pedir días en el trabajo… Muchas cosas. Y sin embargo, lo hacen.

Cuando yo llegué aquí a Barcelona sola y comencé a salir con mi chica, enseguida noté como toda su gente me “adoptaba”, ya no era una más que pasaba por allí, sino que era parte de un gran grupo, de una gran familia.

Lo cierto, es que yo soy muy familiar. Adoro una mesa grande, llena de sillas y de gente. Adoro un salón lleno de juguetes, gente corriendo, millones de conversaciones entrecruzadas… Lo cierto es que, yo echo mucho de menos a mi familia, mucho. Pero gracias a la familia y amigos de mi chica, he logrado tener parte de lo que allí dejé. Por eso mismo, porque les considero familia, quería tenerles cerca ese día… Y están, ¿qué más puedo pedir?

Por todos aquellos que sí cogeréis un tren, el coche o incluso el avión. Que os habéis tenido que coger el día libre en el trabajo. Que os habéis gastado una pasta entre todo… Gracias, de corazón.

Compartir ese día con todos vosotros es muy importante, pero saber que en realidad sois lo que siempre habíamos pensado, es más grande aún. Sois nuestra familia.

Os queremos.

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Y así soy yo, porque no se ser de otra manera. Porque no puedo ser de otra manera. Porque la única manera que tengo de ser es así, existiendo. Sin más.
Y así soy yo, con mis virtudes y mis defectos, que os aseguro que son en ambos casos muchos, pero de los que aprendo a diario.
Porque sí soy de esas, de esas que sienten sin miedo, sienten lo que son y son lo que sienten. ¿Cómo iba a ser entonces?
Soy de esas que se preocupa por la gente. No solo de los amigos íntimos, no. Me preocupo por cualquiera que ha entrado en mi círculo, aunque haya sido de manera momentánea. Me preocupo por ayudarles, por ofrecerme, por indicarles… Me preocupo aunque apenas les conozca, pero no por eso se merecen algo malo.
Soy de esas que le gusta hablar con sus amigos, sí, así de rara soy. Me gusta escribirles un mensaje para saber cómo están aun sabiendo que están bien, porque si hubiera pasado algo, me harbían avisado. Me gusta escribir por escribir, por contactar con ellos. Me gusta sentir que les tengo cerca, aunque sea en la cercanía de un triste mensaje.
Soy de esas a las que le gusta recordar las fechas, sean más o menos importantes. Suelo recordar los cumpleaños de la gente más cercana y también, los tengo anotados en mi agenda. Cuando llega ese día, me gusta felicitar a mi gente. Es un día importante, no quiero olvidarlo.
Soy de esas que disfrutan dando una sorpresa más que recibiéndola. Puedo pasarme días o semanas preparando una sorpresa para alguien especial y disfrutar cómo si tuviera cuatro años. Adoro sorprender a la gente para su cumpleaños o por algún día especial. A veces, la mejor sorpresa es aparecer dónde estén y tomar un café, no siempre tiene que ser algo material.
Soy de esas a las que le gusta proponer cosas. Me paso el día proponiendo planes, rutas o cualquier otra cosa que nos pueda sacar de la rutina. Tengo la suerte de que mi chica es cómo yo, y siempre estamos planeando escapadas y cosas que hacer. Nos gusta proponer estos planes a nuestra gente, no hay nada más especial que compartir con ellos un día único.
Soy de esas personas que se refugia mucho en su gente, en sus amistades. Quizá el hecho de estar tan lejos de casa me fuerza a ello. No siempre s fácil sobrellevar la distancia, a veces me siento sola o poco arropada, no se como decirlo. Por eso un pilar fundamental aquí son ellos, los amigos.
Soy de esas personas que cuando alguien me llama, me escribe o me propone algún plan y lo he tenido que rechazar, no he podido responder o cualquier otra circunstancia, le debo una llamada. Y lo hago. Sí, soy de esas que devuelven las llamadas. No siempre tengo el teléfono operativo y no siempre responde de inmediato, por eso, en el momento que tengo tiempo, lo hago. No hay nada más importante que hacerlo.
Soy de esas personas que si se ofrecen a ayudar a alguien en algúna cuestión, lo hacen de corazón. No busco quedar bien o cualquier otro aliciente, no. Si me ofrezco es porque quiero, porque puedo y porque la otra persona lo necesita. Nunca me ofrecería sin más, por el mero hecho de quedar bien. Me gusta poder ayudar, pero claro, siempre que pueda.
Soy de las personas a las que le cuesta mucho confiar en las personas. Me cuesta mucho abrirme y conocer gente nueva. Me cuesta mucho confiar y hablar sobre mí misma. Supongo que para una persona tímida, este es el pan suyo de cada día. Por eso, cuando encuentras un grupo de amigos en los que te sientes cómoda y querida, es el extasis. Para mí no hay más.
Soy de esas personas que me gusta organizar cenas y comidas en los que tras cuatro horas, aun sigues café en mano arreglando el mundo y compartiendo una buena conversación. Me gusta rodearme de buena gente.
Soy de esas personas que echo de menos a mis amigos cuando, por exámenes o viajes, paso tiempo sin verles.
Soy de las personas a las que no le gusta pedir ni rogar favores. Aunque no por eso voy a dejar de pedir ayuda cuando sea necesario.
Soy de esas personas a las que le gusta tener fotos de las reuniones y hacer álbumes o videos. Cada momento vivido es especial.
Soy de esas personas que les gusta ser correspondida. Me gusta que se preocupen por mí en la misma medida que yo me preocupo por ellos, o los llamo o les doy una sorpresa. Me gusta sentir que todo ese cariño es reciproco 100%. Pocas sensaciones hay más bonitas que sentirte parte de algo y querida.
Soy de esas personas que me afecta no sentirme parte de algo…

A veces es duro estar lejos de casa…

Sí, a pesar de que llevo poco más de 9 años fuera de casa, hay días que lo echo tanto de menos…

Salí de mi casa siendo aún muy joven para buscarme la vida o encontrar un futuro. Debía de prepararme y luchar por lo que quería. Eso hice. A los 19 años, cogí una maleta grande y dejé atrás todo aquello que conocía, todas las personas a las que siempre había tenido cerca… No fue fácil, pero volvería hacerlo, sin duda. Estaban por llegar los mejores años de mi vida.

Me acostumbre enseguida a estar fuera, a estar lejos. Me acostumbré a echar de menos a los míos, a mis costumbres, a mis manías, a mi casa y a mi cama, a la manera de cocinar de mi madre, a los sonidos típicos de mi casa… Me acostumbré a no tenerlo y me acostumbré a continuar hacia delante.

Las nuevas etapas que tenía por delante, marcarían un antes y un después en mi personalidad y en mi actitud ante la vida, ante el amor y ante la amistad. Fue una época de muchos cambios, de muchos quebraderos de cabeza y sin duda, una época que no podré olvidar.

Descubrí quien soy, o mejor dicho, reuní el valor suficiente para ser yo misma… No fue fácil, pero lo hice. Aprendí de la vida, de la distancia, del estar lejos de casa, de no ahogarme en un vaso de agua por alguna nimiedad. Aprendí del valor de sentirme sola, de la libertad y de la soledad que esto me daba… Aprendí a llorar tan en silencio, que ni siquiera mi compañera de habitación se percataba. Aprendí a llevar una relación con una chica, en secreto al principio, sin ser descubiertas por nadie. Aprendí a sonreír mientras besaba y a besar sonriendo. Aprendí a estar sola y los míos se acostumbraron a mi ausencia…

Lo mejor de irse, sin duda, es volver. Siempre he notado que cuando voy a casa a pasar unos días, toda mi gente se vuelca en mí. Me preparan mis comidas preferidas, me hacen café, me van a buscar en coche, quedan conmigo, me llevan a comer fuera de casa… Pero aun así, no consuela.

Hay días en los que, a pesar de todo, me siento sola. Sí, sola. Me he dado cuenta de que he dejado muchos amigos por el camino, que cada poco me despido de gente que me ha importado mucho y que ha significado mucho para mí. Me doy cuenta de que tengo amigos en muchas ciudades de España, pero todos lejos.

Es cierto que estoy genial en Barcelona y que adoro esta ciudad, que adoro la vida que aquí llevo, que adoro a mi chica sobre todas las cosas, pero también es cierto que echo de menos los planes que hacíamos antes con nuestros amigos. Nosotras seguimos llevando el mismo ritmo que hace unos meses, por lo que en ese aspecto, seguimos igual de bien. Pero desde hace un tiempo a estar parte, parece que nuestros amigos tengan planes, no tengan tiempo, no puedan quedar…

No penséis mal, no hay ningún problema, ni ningún mal rollo. Nos llevamos genial y pongo la mano en el fuego en que tanto por su parte, como por la nuestra, cualquier cosa que necesiten, aquí estaremos… Pero no hace falta necesitar a un amigo para estar  o para que la otra persona sienta que “estás”… No sé si me explico… Me gustaría quedar para ir al cine porque surge o ir a cenar sin ser un sábado, salir a tomar un café y al final tomar tres porque no paramos de hablar, planear una escapada de fin de semana, salir a tomar unos cócteles… Pero todo esto, porque sí, sin más, sin dar ninguna explicación… Echo de menos la espontaneidad que teníamos, sí, podríamos decir que es así. Quedar por quedar, hablar por hablar.

Echo de menos tantas cosas…

A veces la vida te sorprende. A veces y solo a veces esa sorpresa es lo que esperabas, es lo que querías, es lo que según tú, merecías…

A veces la vida te sorprende y te pilla con el paso cambiado, te pilla a contracorriente, en fuera de juego… A veces y solo a veces, te sorprende de tal manera que solo de pensar en la sorpresa, te mareas…

A veces la vida te sorprende y por un momento, tu mundo se detiene. ¿Pero qué ha pasado? ¿Pero por qué ha pasado? … La vida tiene muchas cosas, tiene muchas sorpresas para ti, tiene muchas aventuras preparadas, tiene muchas sonrisas, tiene muchas lágrimas, tiene muchos viajes y tiene muchas y muchas preguntas… Pero ninguna respuesta. La respuesta es el camino, la respuesta consiste en vivir, la respuesta consiste en seguirle el juego a la vida…

A veces la vida te sorprende y hace que te sientes a recapacitar… ¿Y ahora qué? Existe solo un “Ahora” pero existen tantos “mañanas” cómo tú quieras tener…  Ahora, ahora la vida te propone una alternativa, un atajo, un camino empedrado, una ruta silenciada a base de rimas, una vereda empinada con vistas al mar… A veces y solo a veces, tienes que echarte la vida a la espalda e iniciar el camino, con lo que hay, con lo que tienes, con lo que puedes contar…

A veces la vida te sorprende y no te gusta la sorpresa… A veces y solo a veces, la sorpresa te hace recapacitar, porque la vida jamás da una puntada sin hilo, la vida no tiene dados, ni quinielas para jugar al azar. La vida no cree en las casualidades… La vida cree en ti y en el ahora.

A veces la vida te sorprende poniéndote una piedra en el camino, pero no te enseña a como dejarla atrás. Y ahí estás tú, mirando de frente a la piedra, mientras te rascas la barbilla… ¿Qué hago? ¿La salto…? Es que parece un poco grande, no sé si podré saltarla…  ¿La bordeo…? Pero si hago esto, no la habré superado, no habré sido más fuerte que ella  ¿La rompo…? No podría ni con ayuda. La piedra está muy fuerte…  ¿La empujo…?

A veces la vida te sorprende y entiendes que no tenías a tanta gente como creías tener, tan cerca de ti. Que esas personas a las que les habías puesto de apellido “Amig@”, ahora, han enmudecido, han perdido las cuerdas vocales o la lengua, o tal vez lo que han perdido sea tu número de teléfono, o quizá no tengan tiempo para ti, para escribirte o llamarte y preguntarte cómo estás y cómo lo llevas, o quizás lo que han perdido es el interés en saber  algo más… O quizá… O quizá…

A veces la vida te sorprende y te vuelve a reencontrar con estas personas, que sin ningún apuro y sin ninguna vergüenza de ningún tipo, te vuelven a besar o a abrazar, y justifican su ausencia con cualquier mentira que te escupen a la cara.

A veces la vida te sorprende y te dé una lección. Porque somos unos necios, todos y cada uno de nosotros, y hasta que no duele, no aprendemos. Así somos… Cuánto más doloroso sea, más importancia le damos y mayor espacio ocupa en nuestra cabeza… Así que, gracias amigos, por demostrarme lo que sospechaba…

A veces la vida te sorprende y aunque duela, aunque no sea un plato de buen gusto para nadie, terminas mirando al cielo, suspirando y dando las gracias. Porque la amistad, cómo otras miles de cosas en la vida, han de ser reciprocas… Y es cierto, la amistad es un don con la que la vida nos bendice para mitigar los dolores de cabeza que nos da.

A veces la vida te sorprende y te hace más patente si cabe, que no estás sola, que aquel o aquella no están aquí, pero oye, el resto sí, aquí, a mi lado. A veces y solo a veces, la vida te regala y pone a tu alrededor a un grupo de personas maravillosas a las que les pones de apellido “Amig@”, sí, pero de nombre le pones “Mi”, porque lo sientes tan tuyo, lo defenderías a cualquier escala y harías lo que hiciera falta por esa persona, así que, amig@s mi@s, gracias por ser y por estar, que a día de hoy, no os podéis imaginar lo difícil que es y lo afortunada que me hacéis sentir.

A veces la vida te sorprende y te ves dando las gracias por los que están e intentando ignorar a los que no están. A veces la vida te hace pasar malos tragos… Pero pone a tu disposición el bien más preciado de los humanos, los amigos. Gracias a todos por ayudarme en este trago, por preocuparos por mí, por ayudarnos en lo que hemos necesitado. Gracias de corazón.

No he acudido a muchas bodas en mi vida, la verdad, no se si eso es bueno o es malo… Pero os puedo asegurar, que no creo que vea una boda más bonita, más romántica y más especial que la de mi amiga. Ha sido una boda mágica, emotiva, en la que hemos llorado todos los asistentes… Ha sido increíble.

El sitio que eligieron para celebrar su día, era precioso, eso hay que decirlo. Era un jardín repleto de sillas con fundas blancas que enfilaban un camino hasta dos árboles, que hacían las veces de altar, de escenario. Es donde estaba el micrófono, donde estaban los novios sentados y los padrinos…

De los árboles colgaban muchísimos farolillos, que al cabo de un rato, eran las únicas luces, dando al lugar un toque tan romántico, tan de película de Julia Roberts…

Fue emotivo porque se dijeron verdades como puños, porque los novios hablaron, hablaron alto y claro, para todos y cada uno de los asistentes, para dedicarse palabras entre ellos, para prometerse sueños. Fue emotivo porque le dedicaron palabras a los que ya no están, poniéndoles nombres y apellidos, contando quienes eran. Fue emotivo porque dieron las gracias, a todos. A sus familias, a sus amigos… Fue emotivo porque ellos mismo, se emocionaban, porque ellos mismos nos emocionaban, se les quebraba la voz, les saludó alguna lagrima… Fue emotivo porque es una pareja tan querida, es una pareja tan enamorada, que da gusto verles, que da gusto como se miran, como se miman, como se hablan…

Mi amiga, la que nunca se iba a casar… Ya está casada… Y yo me siento inmensamente orgullosa de ella, de lo que ha conseguido, de tener al lado a un hombre como el que tiene, tan bueno, que la aporta tantísimo… Me siento inmensamente afortunada de tenerla como amiga, de tenerles como amigos. Porque el día de su boda, su día, en mayúsculas… Ese día, me hizo sentir especial, muy especial. Siempre lo hace y yo se lo que soy para ella… Pero el sábado me demostró tanto… No os lo podéis imaginar.

No solo me citó el Maestro de Ceremonias y me hizo saludar… Sino que después en la parte de agradecimientos, nos citó, a las dos… Pero después, en el convite, nos puso un video dedicado a todas las amigas, a las de siempre, que somos 5, haciéndolo personal, con fotos de cada una, con frases individuales… Porque al cabo de un rato, se acercó y me regaló un peluche y un cd con el vídeo que antes había puesto… Y como colofón final, me regaló un ramo de flores… A mí… Y yo me sentía tan orgullosa, me sentía tan plena de felicidad, estaba tan emocionada… Que no sabía ni que decir… Gracias, amiga.

Por fin llegó la hora de ponerle el video que habíamos hecho mi chica y yo para los dos. Habíamos pasado varias semanas haciéndonos con millones de fotos de ellos, desde que nacieron… No fue una tarea fácil, pero las dos somos tenaces y lo conseguimos. Hicimos un video de unos 15 minutos haciendo un repaso por sus vidas. El video era emotivo, incluso yo que me lo sabía de memoria, me emocioné de nuevo.

Y después ya vino la fiesta, el desmadre, el pisar de vestidos, el cambio de zapatos, la barra libre… Fue una gran fiesta, fue un gran día…

Gracias amiga, por todo. Eres y serás de lo más grande que hay en mi vida. Eres y serás demasiado especial como para poder describir todo lo que significas. No lo olvides, yo no olvido lo que tu has hecho por mí, lo que has luchado por mí y lo que me has demostrado… Eres y serás una increíble casualidad de un 21 de diciembre… Eres muy grande.

Aquí os dejo la segunda parte de la novela de Mervea. Espero que os guste.

 

 

Su cara lo decía todo, para él fue cómo un golpe bajo, una lágrima le recorrió su pálida cara, no se lo esperaba de mí, de su mejor amigo prácticamente desde la infancia.

Pero de repente sus ojos verdes pasaron de tristeza a llenarse de ira. Él se levantó de golpe, me llamó de todo menos bonito.

-No me lo puedo creer, ¿por qué no me lo dijiste antes? No hubiera perdido el tiempo con una aberración de la naturaleza cómo eres tú, pedazo de maricón. Cuando se suponía que yo jugaba contigo, para ti era cómo si te estuviese metiendo mano, ¿no?

Mis ojos se humedecieron, no me esperaba tal respuesta de alguien que yo consideraba cómo mi hermano, aquella persona que hacía un par de horas me estaba haciendo cosquillas y riéndose conmigo había pasado a ser una especie de bestia.

Él se fue a su casa, no quería saber nada más de mí, yo estaba destrozado completamente.

Aquella noche me acosté, no me puse música cómo siempre, puesto que todo me recordaba a él; cuándo cántabamos juntos y desafinando Caminando de Amaia Montero. Todos esos recuerdos me llenaban la cabeza, me pusé a llorar, no quería hacer nada más que eso, llorar.

Por la mañana me levanté aturdido y feliz, esos segundos en los que no te acuerdas de nada, pero esos segundos pasan, y los recuerdos vuelven otra vez, pensar que no volvería a ver sus ojos, su sonrisa, sus bromas, que aunque a veces eran repetitivas, siempre me hacían gracia.

Fui a la universidad, cómo siempre, llegaba tarde, pero Ana me guardaba el asiento.

Ana era una amiga que conocí en un bar, siempre se metían con ella por su físico, sólo porque estaba rellenita, así que el único que se juntaba con ella era yo.

Cuando llegué no estaba con su sonrisa y mi café, me senté al lado y pregunté que pasaba.

-Que conste que a mí me da igual y esto no va a dañar nuestra relación, pero, ¿es cierto que ayer le metiste mano a Pablo?

Le contesté que no, no tuve más remedio que contarle que era gay y lo que sucedió, total, que me tiré una hora. Al acabar de explicarle todo le pregunté que a qué venía esa pregunta.

-Pablo se lo ha estado diciendo a toda la clase, mucha gente no se lo creía, pero cómo siempre estais juntos pues…

Aquello fue un jarro de agua fría para mí, había calumniado contra mí, sin mediar palabra, me dirigí hacia él.

Estaba fuera del edificio, sólo. Al cruzar el edificio me encontré con gente mirándome y llamándome violador, burlándose…

Poco me importaban a mí esos insultos, puesto que en ese momento, sólo quería hablar con él.

-Pablo, ¿qué has hecho?- Le dije con la voz temblorosa.

Él bajó la cabeza y sólo se limitó a decir, te lo mereces, maricón de mierda.

 MERVEA

Y comienza la mañana, como cualquier otra… El humo de mi cigarro se entremezcla con el de mi café hirviendo. Esa mezcla de nicotina y cafeína es lo que va despertando mis sentidos, poco a poco, cómo a cámara lenta.

Y a cámara lenta voy despertando, primero mis sentidos y después mi cuerpo. Y recuerdo, recuerdo que ayer fue un gran día y que hoy también lo será.

Estamos en Semana Santa, ¿sois creyentes? Es una pregunta complicada igual. Yo os puedo decir que hasta hace bien poco creía en pocas cosas. Creía en las verdades universales, por eso, porque eran universales, demostradas, observables, donde no cabía la duda…

Hasta hace bien poco creía en la amistad. En la amistad cómo su definición etimológica dice, si la buscamos del latín, significaría amigo ( amicus) que vendría del verbo amar (amore) ; y si buscamos su significado en el griego, vendría de a (sin) y ego (yo)  “sin mi yo”. Yo no sé dónde proviene exactamente la palabra, pero ambas me sirven. Mis amigos, los pocos que tengo, son eso.

Pero la vida te enseña, cometes errores y aprendes y te enseña a ver a quien tienes de verdad a tu lado. Es verdad que con la vida que llevo, habiendo viajado tanto, habiendo vivido en tantas ciudades tan distantes unas de otras, es complicado llevar la relación de amistad que lleva la mayoría de la gente. Pero un amigo está siempre, porque aunque no le veas, le sientes, le llevas contigo, como si fuese un amigo “poquet”.

Hasta hace bien poco creía en la amistad. Creía que ese vínculo que habíamos creado a base de cariño, confianza, visitas esporádicas y amor incondicional me acompañaría siempre. Que siempre tendría palabras de gratitud y cariño con mis amigos, que siempre tendría alguna confesión que hacerles.

Siempre he creído mucho en la gente. Tantos en sus posibilidades como en el efecto que causaban en mí. Siempre he creído más en ellos que en mi misma, es cierto, aunque sea duro de escribir.

Hasta hace bien poco, creía escasamente en mí y en mis posibilidades. Y desde hace un tiempo estoy desbordada de buenas noticias, de ilusiones, de sueños, de aspiraciones, de proyectos que suenan más a risa que a reales… Desde hace un tiempo, creo en mí, y creo que si tu crees en algo, y luchas, y te ilusiones y lo intentas conseguir… Se podrá conseguir. Yo (y tu) tengo la llave para abrir otro mundo. Yo tengo la clave para seguir soñando.

Desde hace un tiempo he descubierto que abrir el blog ha sido lo mejor que podía hacer. Al principio pensé… “Qué tontería, ¿qué escribiré? ¿Quién me leerá?”… Y ahora, no pasa un día sin que una sola persona entre a ver el blog.

Me encanta levantarme cada día pensando en que escribir y ver como salen solas las palabras en cuanto me pongo delante de una hoja en blanco. Me encanta ver que vía twittrer me apoyan para que escriba una nueva entrada. Me emociona ver que estoy a punto de llegar a las 3000 visitas ( tres mil visitas) que se dice pronto. Todo esto, no me lo esperaba, os lo aseguro.

Gracias al Blog comencé también a emitir en la Radio Bollo del andamio de enfrente. Y entre una cosa y la otra, los seguidores, las estadísticas y los oyentes… han ido aumentando. No os podéis ni imaginar lo que se siente.

Me encanta ver como he conectado tan bien con tanta gente del twitter. Hablamos, nos reímos, contamos alguna cosa más personal… Hemos creado un buen grupo, que al final, es lo que importa. Todas creemos en lo mismo y luchamos por lo mismo, aunque sea de manera diferente y desde sitios muy dispares, pero es lo mismo. Por eso conectamos tan bien y nos entendemos a la perfección.

Así que, gracias a todos los que entráis en el blog, me leéis e incluso me comentáis, los que escucháis la radio… Gracias de todo corazón.

Deciros que estoy muy ilusionada con varios proyectos, que aún estoy a la espera de confirmación, pero una vez que sea seguro, lo comentaré.

No paran de llegar buenas noticias, y como siempre, gracias a todas y cada una de vosotras.

Un saludo, muac.