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Como muchas de vosotras sabéis, no estamos pasando por el mejor momento. Mi suegro, al que adoro, está hospitalizado en la UCI y su pronóstico no es bueno, no saldrá de esta.
Tras una aventura que dura ya algo más de mes y medio, se encuentra en coma y con escasas posibilidades de salir de ahí. Además, por si eso no fuera suficiente, tiene muy dañado el tronco cerebral, que es la parte del cerebro que se encarga de las funciones más básicas y vitales del ser humano, por lo que, en el supuesto de que saliera del coma, se encontraría con las lesiones cerebrales. Estaría en estado vegetal.
Pero no siempre ha estado así, no. Esto ocurrió la semana pasada, el pasado domingo, cuando le operaron de urgencia, siendo este el resultado.
Antes del domingo, se había enfrentado a una operación muy difícil, una aneurisma gigante y había salido victorioso.
La operación había salido bien, aunque despertó sin apenas mover el lado izquierdo de su cuerpo y sin apenas poder pronunciar una palabra, pero evolucionaba muy bien. El domingo, antes de esa operación, hablaba perfectamente, se movía igual de bien, tanto la parte derecha como la izquierda, evolucionaba tan bien, que ya nos veíamos con él en casa…

Otro día os contaré más cosas sobre lo que pasó, para que podáis entender la rabia y la frustración que nos envuelve y apenas nos deja respirar, pero hoy no. Hoy quiero contaros una bonita historia. Una historia de amor.

 

Hoy vengo a contaros una pequeña y preciosa historia de amor. Es solo un pequeño párrafo dentro de una gran historia, pero es de esos que te encoge el corazón y consigue secarte la boca.

Pocas parejas conozco tan enamoradas y tan bien avenidas como mis suegros. Siempre están juntos y siempre quieren estarlo. Planean, salen, entran, comparten sus cosas y se ríen, se ríen muchísimo.
Son la pareja que te encuentras por la calle siempre de la mano, siempre juntas. La típica pareja que solo tiene piropos entre ellos.
Así eran mis suegros cuando estaban juntos, simplemente felices.

 

 

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Mi suegro ha estado ingresado algo más de mes y medio, y son muchísimos los días en los que mi chica y yo, hemos estado allí con él. Forzando la máquina para que hablara, para que se moviera, para que pensara…
Allí siempre estaba la incansable y preocupada suegra, a su lado, de pie junto a la cama, ofreciéndole la mano mientras le decía algún piropo o simplemente le recordaba lo mucho que le quería.
Esta era la escena principal que nos encontrábamos cada vez que empujábamos la puerta verde de la habitación. Son pura ternura.
Uno de los días, empujamos esa puerta y nos encontramos a mi suegro llorando. Lloraba como un niño, con ganas. Se le veía alterado y preocupado, mientras se llevaba las manos a la cara para que no viéramos como las lágrimas caían mejilla abajo, sin remedio y sin freno.
Nos asustamos. Mi chica corrió hacia su padre y se puso junto a él, en el sitio que solía ocupar mi suegra. “¿Qué pasa, papá? ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Qué te han dicho?”… Mi chica soltaba las preguntas, aún sabiendo que las respuestas no llegarían.
Yo me coloqué a sus pies, tocándole las piernas y aguardando a que las lágrimas le dejaran hablar y explicarse…

El hombre, cogió aire, como si fuese el hombre más valiente y se incorporó un poco en la cama. Le pidió a su mujer, que aguardaba a un lado de la habitación, que saliera y esperara un momento fuera. La confusión era total. Nos miramos entre nosotras, les miramos a ellos, pero no podíamos desencriptar qué pasaba allí.
Mi suegra, abandonó la habitación y mi chica y yo, nos acercamos a él.

Me tenéis que hacer un favor. Nos espetó mientras seguía llorando y con los puños cerrados, como intentando controlarse.
Claro, papá. Lo que necesites. ¿Qué pasa? Preguntó mi chica preocupada. El hombre, con los ojos enrojecidos y la mirada triste, no parecía el mismo de siempre.
La tristeza se había enganchado en su mirada y se le veía más meditabundo.

El lunes es día 10 de octubre, tu madre y yo hacemos 41 años de casados. Es nuestro aniversario, cariño. El día 10…. Soltó de repente, mientras desviaba la mirada hacia la ventana y se perdía por una luz casi blanca que por allí entraba.

¿Qué clase de marido sería si no le tuviera preparado un detalle? En 41 años siempre ha habido detalles, regalos, viajes… ¿Y este año… ? Balbuceó emocionado. Este año, sois vosotras las que me tenéis que hacer el favor de traerme el regalo aquí, al hospital.

Nos miramos, las dos. No sabría decir si nuestra mirada tenía más de ternura o de alivio. El hombre sufría porque su aniversario, después de 41 años, no iba a poder ser la fiesta que de costumbre. Sufría por si su mujer, mi querida suegra, no sentía ese amor y ese cariño que él la profesaba. Todos sabíamos que los dos sabían lo que significan el uno para el otro, y supongo que en el fondo ellos también.

 

 

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Lo tengo pensado, cariño. Que sea algo sencillo, porque tampoco se pueden hacer milagros. Comenzó a decir, como cogiendo la ilusión a puñados y la esperanza se extendiera por toda la habitación. Tu madre necesita un albornoz, ¿vale? Que sea blanco, por favor. Así que le compráis un albornoz blanco ¿vale? y por supuesto, me tenéis que traer una postal grande. No, grande no, gigante, de esas que ponen que te quiero mucho con letras gigantes y en colores vivos. Pero que también tenga una parte dónde pueda escribir yo y firmar la postal.
Me lo tenéis que traer como muy tarde el domingo, y yo lo esconderé aquí, debajo de la cama. El lunes, lo tendré preparado en la mesa, para que cuando tu madre venga a primera hora de la mañana lo verá, y seguro que le hace mucha ilusión.

Esta era la preocupación de un hombre recién operado de una aneurisma gigante.

El lunes, el día del aniversario, los médicos nos reunieron y nos explicaron que no había ninguna posibilidad de que sobreviviera. Su cerebro estaba seriamente dañado y, por más que lo habían intentando, no se podía hacer nada.
Estaba en coma encefálico, nos dijeron, y las posibilidades de que de allí regresara, eran mínimas.

Era 10 de octubre, cuando nos dijeron que no había nada más que pudiéramos hacer. Era 10 de octubre, el día que hacían 41 años de casados.

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Después de siete años contigo, me he dado cuenta de que aún hay cosas que tengo que aprender de ti, que hay cosas que me llaman la atención y que hay cosas, que mejoran por momentos. Quizá sea por eso, que cada día estoy más enamorada de ti, porque cada es distinto al anterior, aunque sean las mismas actrices, nosotras.

Cada día descubro una anécdota diferente que hace que te quiera aún más si cabe, y siempre cabe. Algún hecho en concreto te hace recordar algo, y tu mente vuela años atrás, para contarme aquello que te pasó y que, por un momento creías que habías olvidado. Cada día, descubro alguna historia más que me hace comprender tu carácter, tu personalidad, tus cicatrices, tus victorias…
Cada día mi vida, me descubro mirándote con la misma necesidad que hace siete años, mientras tomábamos ese café y yo no paraba de mirarte a la boca, y a tu forma de pronunciar cada palabra. Tienes los labios más bonitos que jamás he visto y que jamás he besado. Quizá sea por eso, por lo que nunca me canso de hacerlo.
Cada día mi vida, siento que he acertado, que por fin he encontrado a alguien que vale la pena de verdad. He encontrado a mi compañera de vida, mi compañera de viaje, con la que compartir cualquier cosa que se me pase por la cabeza, desde locuras transitorias, hasta aventuras que no acaban. He acertado, porque nunca he sido tan feliz como lo soy ahora, siete años después. He acertado, porque tengo la suerte de compartir mi día a día con alguien que me conoce mejor que yo misma, que me quiere y que, confía más en mí de lo que yo misma soy capaz. He acertado porque con nadie me siento mejor que contigo, con nadie.
Cada día mi vida, cuenta. No es un día más, un maldito lunes más… No. Cada día tiene su misión, su lugar, su porqué… Y es hacerte feliz. No me canso de levantarme e intentar que tú día sea lo más feliz posible y que, no te canses de sonreír en todas las horas que estés despierta. Esto es pura magia, porque sé que precisamente tú, intentas lo mismo conmigo. Es el amor.
Cada día mi vida, es mejor que el anterior. Cada día nos queremos más si cabe, que cabe, nos valoramos más y nos entendemos mejor. Cada día nos necesitamos más, a pesar de ser más independientes, cada día tenemos más claro lo que queremos y luchamos por ello. Cada día lo tengo más claro.
Cada día mi vida, es un regalo. Quizá, estos siete años han pasado tan rápidos como toda mi vida anterior a conocerte a ti. Es estar contigo y el tiempo vuela. NO recuerdo si es lunes o es viernes, si comienza febrero o celebramos ya san Valentín. El tiempo vuela, cómo yo cuando te tengo cerca.
Cada día mi vida, me gustas más, me atraes más y te siento más. No me canso de hacer el amor contigo, no me canso de compartir besos enterrados bajo las mantas. No me canso de dormir todas las noches abrazada a ti y susurrarte lo mucho que te quiero. No me canso, porque es eso precisamente lo que me hace feliz y lo que me da la fuerza para poder continuar día tras día.
Cada día mi vida, cada día de estos siete años te he sentido cerca, y quizá, en parte gracias a ti, me he convertido en la persona que tienes hoy delante. Creo que soy mejor persona desde que estoy contigo. Creo que soy más paciente, más luchadora, más creyente, porque he empezado a creer en mí y en confiar un poco más en los demás… Tu me haces tantas cosas, mi vida. No solo feliz.

Cada día mi vida, es único. Cuando tu vida la compartes con el amor de tu vida, cada día es único.

¿Te vienes a comer conmigo? Prometo que después, habrá café.Después

Porque hay días que tienes marcado en rojo y no podrás olvidar jamás, aunque te vaya muy bien o te vaya mal.

Porque hay días que son tan importantes para tí, que te transportan sin querer y sin pedirlo hacia atrás, hacia el pasado. No hace falta volver la vista atrás para ver los días ya disfrutados porque esos días, aun viven en ti.

Porque hay días que cambien el resto de fechas del calendario. Un simple día, un simple cómputo de 24 horas, puede afectar directa o indirectamente, en el resto de días que componen tu existencia. Porque hay días, momentos y horas, que no deseamos que lleguen nunca, pero terminan llegando, como el invierno, como el verano, como el recuerdo de un cuento, o de tu mano simulando tocar el piano. Porque hay ausencias, recuerdos y circunstancias, que duelen sobremanera. Tú dueles, tu ausencia duele, tus recuerdos, aunque me hacen sonreír, duelen en el fondo de mí.

Porque hay días que dan miedo, sin ni siquiera llevar máscara o gritarte al oído. Da miedo vivirlos, volver a sentirlos sobre tu piel como la primera vez. Da miedo volver a revivir esa sensación de pérdida, de desasosiego y de madurez. Da miedo levantarse al día siguiente y decir en voz alta “es cierto, ha ocurrido. Ella ya no está.”. Da miedo, porque te obliga a aceptarlo, a asumirlo y a continuar hacia delante. Con miedo, sí. Pero hacia delante, aunque sea temblando y volviendo la vista atrás, pero hacia delante.

Porque hay días que sabes que van a llegar, que la vuelta al calendario se va a volver a cumplir y ese día explotará en ti, como explotó en su día aquella noticia, tu corazón o tus constantes vitales tras colgar la llamada. Esos días, has de luchar, has de enfrentarte a ellos. Por eso cargas sobre tus hombros todo el peso que puedes. A veces en forma de trabajo, mucho trabajo. Otras veces solo recados, quehaceres diarios. Otras veces, sumas todas las actividades que puedes a tu agenda. No importa no tener ni un minuto libre para sentarte en el sofá y ver las noticias o salir a tomar un café con tu pareja y comentar cómo os ha ido el día, no importa. Ese es el objetivo, tener la mente tan ocupada y tan llena de propósitos para ese día, para hoy, que te libere de tu miedo de enfrentarte a la puta realidad de su ausencia. Sigues cargando tu espalda de quehaceres, pero no puedes evitar quitarte los recuerdos de tu cabeza.

Porque hay días, que sientes el alma tan vacía, que apenas logra ponerse en pie y saludar a la vida. Las cosas pesan más cuando menos tienen, las cosas se mueven más por dentro, cuando menos te lo esperas. Las cosas cambian, los pesos, los recuerdos, las historias… Cambian. Tú nunca cambiaste. Yo nunca cambié estando contigo.

Porque hay días que son día 7, porque hay días que coinciden en enero, en el primer mes de año, en la primera semana de este nuevo año. Porque hay días que me traen tus recuerdos con la brisa, con el despertador, con el insomnio del día 7. Hoy es 7 de enero.

Porque hay días abuela, que te recuerdo aun más si cabe, más que siempre. Hoy hace un año que  nos dejaste, hoy, precisamente hoy hace un año que intento aprender a vivir sin ti, a vivir de tus recuerdos, de tus fotos y de millones de recuerdos, de historias y de anécdotas de ti, porque por suerte, hemos tenido a la mejor abuela del mundo. Sí, esa que nos cuidaba cuando estábamos malos y se recorría medio León para venir a nuestra casa y traernos algún pastel, jugar con nosotros a las cartas o simplemente ver los dibujos. Sí, esa que nos contaba dos mil anécdotas de su vida, de su infancia, de su marido o de su pueblo, y que nosotros sabíamos de memoria y aún así, disfrutábamos cuando volvías a contarlas. Ojalá hoy volvieras a recordarnos quién era Colasa o cómo bailabas en el Casino los días de fiesta. Ojalá hoy volvieras a contarnos un chiste o a hacerte doscientas fotos con nosotros, mientras sacamos la lengua y ponemos caras raras.

Porque hay días abuela, que te despiertas estando ya triste, estando melancólica, como hoy. Recuerdo el día como si fuese ahora mismo. Recuerdo cómo me llamó mi madre y supe que algo había pasado. Recuerdo los dos mil pensamientos que se me pasaron por la cabeza antes de descolgar y enfrentarme a la realidad. Recuerdo como supe que tenía que irme de Barcelona, supe que tenía que estar allí, cerca de ti, cerca de los míos.

Porque hay días abuela, que todos nos necesitamos un poco más. Hoy es uno de esos días, en los que quizá, sería más llevadero si en vez de cargarme el día de quehaceres y de recados, hubiera recorrido los 800 kilómetros que nos separan y me hubiera visto con los míos, y todos juntos, iríamos a verte.

Porque hay días abuela, que me acuerdo de ti sobremanera, como hoy.

Aquí estamos mi amor, dos mil ciento noventa días después de aquella primera cita… De aquel primer momento en el que supe que te quería para mí, para siempre. Han pasado dos mil quinientos días con sus respectivas noches, con sus besos madrugadores y trasnochadores, con sus conversaciones interminables, con las confesiones bajo las sábanas… Han pasado los dos mil ciento noventa días más felices de mi vida… No lo dudes.

Han pasado tan rápido estos años a tu lado… ¡Que apenas me he dado cuenta! Porque si echo la vista atrás, he de reconocer, que a día de hoy te quiero más, te necesito más y te deseo más que nunca. Nunca me canso de ti, de tu compañía, de los cafés a media tarde contigo en los que nos ponemos al día y nos contamos cómo nos ha ido. Nunca me cansó de verte reír, de oírte contar historias, de que me recomiendes películas, de que me beses por la mañana aun medio dormida, de que me pidas que tenga cuidado con la moto cuando salgo de casa, de que me escribas cuando ya has llegado al trabajo para avisarme de que has llegado bien, de que me prepares el café recién levantada, de que me roces con los pies fríos para calentarte, de que me cojas la mano y me la acaricies, de que no dejes de planear nunca, de que me lleves al cine y compartamos las palomitas, de que te preocupes de cualquier dolor que tenga, de que siempre quieras acompañarme a todos los sitios, de dormir contigo y levantarnos tarde, de pasear por la playa a media tarde, de reírnos sin parar, de bailar encima de la cama mientras hacemos playback, de que me ayudes a estudiar, de que me peines y me des tu visto bueno sobre algún modelito, de que siempre seas la primera en leer cualquier cosa que escribo, de que estés tan enamorada de mí que con solo mirarme yo lo note, de tus sorpresas increíbles, de que veles por mí por la noche y también algunos días, de que confíes en mí cuando ni si quiera yo lo hago, de que me des una palmadita en la espalda cuando necesito ánimo y un fuerte abrazo cuando lo necesito. Es cierto cariño, no me canso… Siempre quiero más. Más de ti, más de nosotras, más vida y futuro, más recuerdos, más fotos, más… Eres mi mayor droga, mi mayor vicio, mi perversión y mi afición, eres todo para mí.

Dos mil ciento noventa días después de aquel primer café en el que no paramos de hablar, de conocernos, de preguntarnos miles de dudas y de, sin saberlo, empezar a enamorarnos. Dos mil ciento noventa días después de conocer a la mejor mujer que hay en la tierra, puedo decir, que no me he equivocado en nada contigo. Me volvería arriesgar, a tirar desde un puente y volvería una y mil veces a ese mismo café a disfrutar de una conversación contigo y desnudarnos a base de palabras. Porque aquel día fue el comienzo de mi vida.

Antes de ti, yo era otra persona. ¿Mejor? ¿Peor? Supongo que simplemente diferente. Me faltaba la gracia especial de la felicidad. Esa gracia que es tan absolutamente natural que te sale sola, sin pensarla, de manera automática… Esa gracia que se te nota en los ojos, en las palabras que usas al explicarte, en la voz… Esa gracia, que mi familia a más de 800km nota por el teléfono… Esa gracia que transmite lo inmensamente feliz que eres… Esa gracia la tengo desde que te conozco, mi amor.

Antes de ti me faltaba ese valor para lanzarme al vacío a por mis sueños, porque tenía miedo. No estaba demasiado acostumbrada a que la gente confiera en mí y apostará por ello. No es fácil. Sin embargo tú, veías a través de mí lo que yo deseaba y más aun, veías lo que yo era capaz de hacer y ni siquiera yo lo veía. Que ciega he estado… Tu me hiciste que me matriculara en la universidad, cuando llevaba varios años sopesándolo… Tu me hiciste que no tuviera miedo a escribir… Tu hiciste que escribiera de manera habitual sin temer lo que las letras pudieran revelar. Tu hiciste que afrontara todos mis complejos y luchara por superarlos, a diario. Tu me hiciste mejor persona, me hiciste feliz, fuerte, más confiada, más  segura y me has hecho darme cuenta de que en esta vida, solo basta con tener un sueño, una ilusión… Porque ello te lleva hacia delante. Gracias por darme las alas, el valor y quitarme ese miedo.

Gracias mi vida por todo lo que has hecho en estos seis años. Nunca pensé que tendría una vida como la que hemos construido juntas, jamás. Esto era demasiado para mí. Y ahí estamos, seguimos al pie del cañón, cada día más felices y cada día con más planes.

Este año ha empezado duramente, lo sabemos, pero creo que este año puede ser un gran año para nosotras ¿No crees?

Feliz aniversario mi vida… Dos mil ciento noventa días a tu lado me saben a poco…

Hoy hace cinco años que tomamos el primer café juntas, ¿lo recuerdas?

Hoy hace cinco años que estaba en mi casa eligiendo el modelito con el que me iba a presentar en tu casa para recogerte… Recuerdo como una compañera me ayudaba en la “difícil” elección.

Hoy hace cinco años que salí de mi casa nerviosa para ir a recogerte a la tuya. Iba en el coche, conduciendo y pensando en todo lo que podía pasar a partir de ese café…

Hoy hace cinco años que te recogí en tu casa, como a una princesa, y te llevé al centro de Barcelona, a una de las cafeterías que yo conocía y que tienen ese encanto especial para una primera cita.

Hoy hace cinco años que llegamos a nuestra cafetería, en pleno Born, toda ella iluminada a base de velas que estaban por todo el local. Nos tomamos un café y pudimos hablar más de nosotras, contarnos historias, anécdotas, sueños…  Recuerdo muchas de las cosas que nos contamos, me sentía tan cómoda que cada vez iba contando más y más cosas, hablándote de mí sin miramientos.

Hoy hace cinco años que pude conocer a una chica preciosa, simpática, con un gran sentido del humor y especial, muy especial.

Hoy hace cinco años que te llevé a cenar por primera vez. No sabía qué tipo de comida preferías, así que opté por unas tapas. ¿Lo recuerdas, cariño?

Hoy hace cinco años que me tembló el pulso cuando ví que te sentabas a mi lado en la cafetería, muslo con muslo, brazo con brazo.

Hoy hace cinco años que me quedé casi sin aliento al notar tu mano por mi muslo… Lo recuerdo tan bien… Estábamos cenando y ella, sin querer ( O no… ), tiró el vaso con todo su refresco…  Me dejó el pantalón empapado de Nestea… Y ella, muy nerviosa, comenzó a sacar servilletas y a intentar que no me mojara, así que servilleta en mano, me recorrió el muslo, mientras yo me reía y le decía que no importaba…

Hoy hace cinco años que te llevé de vuelta a tu casa, mientras en el coche seguíamos hablando e incluso en algún tramo, cantando. La cita estaba saliendo genial, las dos nos sentíamos muy cómodas, con ganas de que no se pusiera el sol y de que no acabara ese maravilloso jueves…

Hoy hace cinco años que aparqué en frente de tu portal sobre las once de la noche y nos dieron las cuatro de la mañana hablando… Sí, hablando. No pasó absolutamente nada, aunque las dos nos palpábamos las ganas, las cosas como son.

Hoy hace cinco años desde que me enamoré de ti, desde que supe que quería compartir mi vida contigo, desde ese día supe que yo había encontrado a mi mitad, porque cuando estoy sin ti, me siento mermada.

Hoy es un gran día, un día precioso, un día para celebrar… Hoy hacemos cinco años, mi vida y eso me hace muy feliz… Siempre lo hemos celebrado como se merece, ¿Recuerdas? Pero este año la celebración tendrá que esperar un poco….Pero muy poco, porque hoy ya es miércoles y tú el sábado de madrugada llegas… Un poco más, mi vida para disfrutar de todo juntas. Yo puedo, aunque me cueste ¿Y tú?

Sobre las 10 de la mañana me estaba terminando de arreglar para ir a correr y justo llamaron al telefonillo… Cuando abrí… Venía un repartidor con un paquete para mí… La caja estaba llena de corazones en los que se leía Te quiero… Y dentro me esperaba un desayuno bien acompañado por una rosa, por un peluche en forma de corazón, con una taza para el café y una nota, preciosa, que ha conseguido que me emocione y que se me empañen los ojos… Gracias mi vida, por el paquete y por toda la vida que me estás regalando. Te quiero.

 

Creo que jamás podré olvidar el pasado día 10 de septiembre… Y no es para menos.

El pasado martes pasaron dos hechos que para mí son muy importantes y que los he valorado mucho. Ese día el dijeron a mi hermana el sexo del bebé, cosa que os diré más adelante, por supuesto. Y la otra cosa es que ese día mi pareja y yo hacíamos un año de pareja de hecho.

 

Vayamos por “mi aniversario”. Pues bien, en verdad, nuestro aniversario, el de siempre, el que siempre hemos celebrado es en enero, que es cuando comenzamos a salir… Pero ahora hace un año que nos hicimos pareja de hecho y… ¿Por qué no celebrarlo?

Creo que los aniversarios, aunque su nombre me lleve la contrario, no han de celebrarse solo una vez al año. O explicado de otra manera, no debería solo de importar un día cada 365. El aniversario debería de celebrarse a diario, porque cada día puede ser un regalo si sabes cómo aprovecharlo.

Hay dos cosas que me definen perfectamente y que, según las mires, pueden ser una bendición o tu propio infierno. Una es que adoro la fotografía, cosa que creo que ya os he comentado. Tengo fotos de todas las cosas que os podréis imaginar y al llegar a casa las guardo con la fecha y el lugar donde las realicé. Y la otra “bendición” es mi memoria… Tengo una buena memoria, me acuerdo de las cosas más insignificantes o carentes de significado para muchos… Pero para mí, cargadas de magia. ¿Cuál es el problema? Que solo con pararme a pensar, recuerdo cosas que hice hace un año, lógicamente, cosas concretas, cosas algo especiales… ¿Cuál es el problema? Que tanto ella, cómo yo, procuramos y luchamos porque cada día sea distinto, porque cada semana tengamos mil recuerdos… Yo por mí, desde hace más de cuatro años, cada bien poco podría celebrar mi aniversario, porque siempre recuerdo algo que hice con ella en esa misma fecha…

Al principio… No sabía si celebrarlo, si no… Si comprarle un detalle… Si llevarla a cenar… Pero ¿Sabéis qué? Ya está bien de que el calendario me avise de cuando he de tener un detalle o invitarla a cenar… Ya está bien… Así que si salimos a cenar o tengo un detalle con ella o lo que sea… Que sea porque es lo que más deseo y porque la sonrisa y la cara de sorpresa que pone cuando la sorprendo, vale más que cualquier calendario, cualquier aniversario y cualquier cosa… Es de esas pocas… Que no se compran con dinero, pero tampoco pueden pagarse.

Y en lo referente a mi hermana… Sabíamos desde hace tiempo que el día 10 le harían la “ecografía”, en la que le dirían ya el sexo del bebé.

Siempre, cuando ves a una embarazada, la gente se aventura a decir, a apostar, a vaticinar el sexo de la criatura que lleva dentro… Nosotros no somos diferentes al resto…

Tanto mi chica como yo, desde hace ya tiempo, sospechábamos o teníamos el pálpito, llamarlo como queráis, de que sería una niña… El caso es que hablando con mi hermana nos dijo que tanto ella, como mi cuñado también creían que sería una niña…

Cuando la vimos hace unos días, que ya se le notaba más el embarazo, tenía la barriga muy redondita, y la cara también. Dicen, se cuenta, se rumorea… que cuando la forma de tu barriga es así, es porque llevas una niña… Yo la verdad, que no se si creer en estas cosas, pero yo también sentía que sería tía de una niña…

Ayer me llamó mi hermana para confirmarme lo que esperábamos. Será una niña… Una nena…

Estamos encantadas, las cosas como son. A mí la verdad, si os soy sincera, me daba igual una cosa que otra. Me hace tantísima ilusión el ser tía, que el resto, me es igual.

A veces, cuando salía a dar un paseo y veía algún vestido o algún peluche… Decía…”Espérate… espérate…” ¿Ahora? Al menos se lo que es… Y a partir de ahí… Ya puedo ir haciendo cosas…

Para mi pequeña, que algún día lo leerá, porque yo se lo enseñaré… El día 10 de septiembre, estando tu madre de cinco meses, me hiciste ya inmensamente feliz. No lo olvidaré, jamás…

El tiempo pasa a una velocidad increíble. No nos damos cuenta de lo rápido que corre, de cómo las estaciones se suceden, de cómo los días se van pisando los talones… A veces parece que el tiempo tiene prisa… Prisa por llegar, ¿a dónde? …

Ayer hizo un año desde que creé el blog… Un año, se dice pronto.

Recuerdo el día que lo abrí… Yo leía ya varios blogs, y decidí crear yo uno, poder contar en primera persona historias, sueños, escribir lo que en verdad me pedía el cuerpo… Así que me lo abrí.

En verdad me costó muchísimo encontrar mi momento para escribir. Me daba vergüenza contar mis sentimientos, enseñar lo que la noche anterior había escrito… Me daba vergüenza que no se me entendiera, que pareciera frívolo… Ahora no puedo pasar sin escribir, sin pensar en el blog, sin llevar papel y boli siempre encima…

Ayer día 18 hizo un año… Llevo un año con el blog abierto y llevo más de 8100 visitas… ¡Increíble! Es alucinante entrar en las estadísticas y ver esto… Aun no me lo creo… Son muchísimas visitas.

La verdad que el blog solo me ha dado cosas buenas. Cuando lo abrí, también me abrí una cuenta de twiter para publicitarlo y anunciar cada entrada nueva ( @BlogEntendemos ). Después me propusieron las chicas del Andamio ( @AndamioDe ) que si me apetecía participar en la #radiobollo … Y me apunté… Me uní a las andamieras. Y lo reconozco, me encanta emitir, me encanta la radio, me encanta compartir mi tiempo con la gente del andamio, me encanta ver que cada día somos más, que nos apoyamos, que nos valoramos… Son gente fantástica, son geniales…

Y a partir de aquí, ya ha venido todo un poco rodado…Participar en la revista InOutPost… que también me vino de la manera más tonta…

 Gané el concurso de “Mirales”, Semana Erótica, con un relato un poco subido de tono. Escribiré una entrada sobre este premio, porque es lo más grande que me ha pasado nunca…

Y hace unos días me propusieron para los premios Liebster Award… ¡¡Pues más de lo mismo!!

Este blog solo me ha dado cosas buenas, cosas que te hacen sentirte muy orgullosa, muy viva, muy capaz… Este blog me ha dado la oportunidad de conocerte a ti, a ti y a ti… De compartir muchas experiencias, de hablar de muchas cosas, de confiar en personas que están muy lejos de mí… Así que, por todo lo que puedo expresar aquí y por todo lo que a veces es mejor callarse, gracias.

Porque es cierto, este blog sigue funcinonando por la gente que está al otro lado, por la gente que me lee, por la gente que me anima a que suba otra entrada, por la gente que se alegra de corazón por un premio o por una mención… Porque esa gente… Sois mi motor… Sois geniales, y siempre os estaré agradecida, por todo.

¡¡Gracias!!