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Continuamos con la fiesta sorpresa de cumpleaños  ¿Os parece?

Cómo ya os dije, le había preparado una fiesta sorpresa con la ayuda de todos nuestros amigos. Me había puesto en contacto con todos y entre todos habíamos “tejido” este plan. Os puedo asegurar que me siento, enormemente orgullosa de los amigos que tenemos.

Pues ahí estaba mi pequeña cumpleañera, con los ojos vendados, al pie de las escaleras, con su alfombra roja iluminada por varias velas… Cuando se quitó el pañuelo y vio dónde estábamos, la alfombra, las velas… Se quedó… Imaginaros… La invité a que fuera subiendo, a que fuera entrando…

Allí nos esperaban nuestros amigos, todos elegantemente vestidos con sus sombreros y sus máscaras… No reconocía a nadie… Ahí estaban todos, grabando videos o haciendo fotos y ella les miraba, me miraba y me preguntaba porque no les reconocía…

Mi amiga Inma, la que se casó y, el marido salieron de detrás de la barra para sorprenderla. No os puedo decir su expresión, pero os aseguro que el brillo que tenía en su mirada, fue el mejor de los regalos que yo recibí esa noche.

Los amigos estaban ahí porque yo les había avisado para el cumpleaños de mi chica, pero no se olvidaron de que también era el mío. Había una pancarta que nos felicitaba a las dos y que decía eso, que no se habían olvidado. Son muy grandes.

Una vez que saludamos a todos, agradecimos a todos su presencia, bromearon por la fiesta, por la sorpresa, por como la habíamos engañado todos… Nos dispusimos a cenar.

Yo me sentía como en mi boda, os lo aseguro. Habían dispuesto las mesas en forma de C para que todos pudiéramos vernos las caras y en el centro estábamos nosotras, presidiendo.

Terminamos de cenar y antes del postre nos dieron el “primer regalo”. Porque a pesar de que la fiesta era para ella… No se olvidó nadie de que también era mi cumpleaños….

Nos dieron una caja enorme que ponía “KIT DE SUPERVIVENCIA”. Cuando lo abrimos vimos muchos paquetitos pequeños y unas “normas” de cómo debíamos de proceder para ir abriendo. Las normas eran: Primero ponernos unas coronas, unas gafas, unas pulseras y un colgante de cartón, a continuación coger el paquete que correspondía, ya que estaban numerados y antes de abrirlo debíamos darnos dos besos, darnos un abrazo y gritarnos ¡feliz cumpleaños! … Os digo que había 15 paquetes… Ni más ni menos… La verdad que fue muy gracioso tanto lo que teníamos que hacer, lo que nos iban escribiendo y lo que nos encontrábamos en el paquete, son increíbles.

Después comencé a darle algún regalo mío, claro. Le había hecho un “Libro Hoffman” con sus mejores recuerdos, con fotos desde que era niña, con las fotos de los viajes, con la familia, con los amigos…

Después le di dos sobres. Uno contenía un bono para poder ir a montar a caballo y hacer una ruta, cosa que le encanta, ya que adora a este animal. Y el otro sobre tenía las entradas para ir al concierto de Malú en Barcelona el próximo noviembre, que también le encanta…

Y por último el regalo más esperado, el regalo que más tiempo me costó preparar, el regalo que con más cariño preparé y que se, que aunque fue muy cursi, le encantó. Era mi primer libro… Sí, mi primer libro encuadernado y todo lo tiene ella. Si me acuerdo haré unas fotos  y las subiré para que podáis verlo ¿De acuerdo?

Luego los amigos nos iban dando los regalos “a pares”. Se pusieron detrás de nosotras y nos iban pasando los regalos. Una bolsa para ella, una para mí… ¡¡TENEMOS UN MONTÓN DE REGALOS!! Muchísimos regalos, más de lo que yo me hubiera imaginado. Millones de gracias a todos.

Pero entonces llegó el regalo… EL REGALO… Mis hermanos no pudieron venir a la fiesta porque vivimos muy lejos… Y para mí la familia es muy importante, muchísimo. Y ya no os digo nada de mi sobrina, que aún no le he visto la cara y ya la quiero cómo a nada…

Nos sentaron y nos dieron un regalo para las dos. Rompimos el envoltorio entre nervios y risas y ahí estaba…Era un marco con la foto de la ecografía 4D de mi pequeña, de nuestra pequeña… Su primera foto ya enmarcada y con esta leyenda a pie de foto: ¡¡FELICIDADES TITAS!! Fue un momento tierno, bonito, dulce… Enseguida llamé a mi hermana y le di las gracias por colaborar. Esa foto, a día de hoy, preside nuestro salón.

Pero no nos dio tiempo a guardarnos el pañuelo… No… Sobre todo a ella. Últimamente me estoy haciendo una experta en esto de hacer videos… Ya hice uno para la boda de mi amiga y decidí hacerle uno a ella.

Seleccioné las fotos con mimo, con sumo cuidado… El video comenzó con su infancia, con las fotos de bebe, con sus padres (que también estaban en la fiesta)… Después ya de niña, de adolescente y después ya de adulta. Con todos sus cortes de pelo, con sus amigos, con sus viajes, conciertos… Cómo había faltado mucha gente por diversos motivos, les pedí que si me podían mandar una foto/video felicitándola para poder incluirlo. La mayoría de la gente colaboró, y así acabé mi video. Con toda la gente felicitándola, incluso mi bisabuela, mis hermanos, amigos que viven en Madrid…y por supuesto, todos los presentes. Fue muy bonito y emotivo.

Después ya comenzó el baile, el cachondeo, los pasos más estereotipados que os podáis imaginar, pero… ¿Qué hay más bonito que un montón de gente bailando la misma canción y sabiéndonos todos los pasos?

Era un día especial, pero más aun, era para alguien muy especial. Quería que por una cosa o por otra nunca olvidase este día. Quería que se sintiera en el centro de la fiesta, quería que sintiera todo el cariño que le tienen sus amigos, lo querida que es, lo mucho que la aprecian. Quería que sintiera que yo haría cualquier cosa por ella… Que yo movilizaría a los amigos, que conseguiría que todos le engañasemos, incluso sus padres, que conseguiría hacer y deshacer un montón de cosas sin que ella se enterase, aunque para ello me robase el sueño y me pasara todo el día muuuuuuy cansada. Quería que sintiera eso, que es mi princesa sin peros y sin porqués…

Así que a todos GRACIAS. Porque me ayudasteis en todo, en preparar, en idear, en engañar… Porque no solo hicisteis todo eso, sino que no os olvidasteis de mí y me hicisteis sentir como si estuviera en casa… Porque sois geniales, porque cada uno de vosotr@s, de una u otra manera sois indispensables para las dos y os queremos, mucho.

¡¡ Gracias de todo corazón a todos los que habéis colaborado !!

 

 

Me gusta leer, tumbarme en el sofá junto a una taza de café humeante y leer, sin preocupaciones, sin prisas, sin teléfono sonando… Empaparme en la historia, ser la protagonista, o la amiga de la protagonista y disfrutar por un rato de una vida que no es la mía.

Me gusta escribir, sentarme en mi escritorio con mi boli azul y vaciarme, vaciar mi mente, mi alma y sangrar cada una de las que cosas que atesoro dentro de mí. Escucho música, me embebo de mil y una sensaciones y esculpo estas palabras, brotan, nacen y mueren y alguna de ellas, deja huella en mí.

Me gusta hablar, conversar con la gente, oír sus voces e intuir su estado de ánimo. Me gusta conocer distintas formas de pensar, de vivir, de razonar… Porque en el fondo todos tenemos nuestra razón, nuestra verdad, nuestra piedra filosofal…

Me gusta mirarte cuando sé que no te das cuenta, cuando sé que no puedes mirar la cara de tonta que se me queda… Me gusta mirarte en silencio, en medio de un griterío, mientras comes, mientras caminas, mientras hablas por teléfono… Me gustas.

Me gusta tu voz, sí, el sonido de tu voz, tan pausado, tan tranquilo, tan… íntimo. Me gusta escucharte, me gusta que susurres mi nombre, me gusta que me menciones…

Me gusta el mar, me gusta la playa, me gusta escribir tonterías en la arena con el pie, me gusta pasear por la orilla, descalza, disfrutando de la brisa, recargando mi batería solar y salina. Me gusta que me dé el sol en la cara, cerrar los ojos y disfrutar de mi fotosíntesis particular.

Me gusta conducir, aunque en Barcelona capital no mucho, me gusta llevar el volante y conducir, disfrutar del paisaje, de la música que sirve de banda sonora para ese viaje en cuestión. Me gusta las conversaciones sobre las expectativas de lo que nos vamos a encontrar, lo que vamos a hacer, lo bien que lo vamos a pasar…

Me gusta el café… Adoro el café. Me da igual que sea verano o invierno, que sea de noche o que esté saliendo el sol, que esté sola o con toda mi familia… Me gusta su olor, que llega a cada rincón de mi casa. Me gusta su color, como tus ojos. Me gusta que me embriague con su cafeína, que despierte hasta partes de mi cuerpo que no estaban ni dormidas. Me gusta disfrutar de cómo excita a mis papilas gustativas antes de dejarse caer dentro de mí. Me gusta el café, su amargura, su textura, su olor…

Me gusta las noches de verano, como a Shakespeare. Las noches de verano son mágicas, cómicas, divertidas, llenas de sorpresas iluminadas por la luna, llenas de paseos nocturnos, llenas de sudores fríos a la hora de dormir, de baños en la noche de San Juan…

Me gusta la fotografía, las fotos, retratar el momento, captar la energía de “algo” en concreto. A pesar de tener buena memoria, me gusta tener un disco duro que guarde todo lo que mis ojos han visto y se han podido deleitar. Así que salgo con mi objetivo y capturo todo lo que de una manera u otra ha removido algo en mí, ha cambiado algo, me ha llamado por mi nombre, tuteándome, y ha hecho que me gire y que toda mi atención, todo mi campo visual y toda mi energía… Se dirija hacia allí, que congele, que capture, que robe ese instante.

Me gusta cuando disfrutaba de las fiestas de mi ciudad, de la feria, de las casetas, de las mil y una atracciones que montaban y que valían un ojo de la cara. Me gustaba ir a los conciertos, siempre venía gente muy importante y muy conocida a nivel nacional, así que si querías ver actuar a alguien, tenía que ser en las fiestas o bien en otra ciudad. Me gustaba mucho ir a las casetas con mis amigos. La mayoría de la gente bebía sidra, que es muy típica por allí. Me encanta la sidra, siempre que la bebo recuerdo esos momentos.

Me gusta ver los fuegos artificiales, noche oscura, y el cielo brillando, temblando.

Me gusta que haya alguien al otro lado, detrás de su pantalla de ordenador, que haya entrado en mi blog conscientemente, solo para leerme, solo para leer mi última entrada, solo por leer qué cosas me gustan, qué cosas escribo, qué cosas siento… Me gusta ver las estadísticas, que siento reconocer, miro cada poco, soy vanidosa quizá, pero es tal “subidón” el que me da cuando veo que me lee tanta gente, cuando veo la gente que repite, la gente que se había conectado esta misma semana y que ha vuelto a conectarse… Me gusta escribir para vosotrXs, me gusta saber que estáis ahí, a mi lado, leyéndome, apoyándome, disfrutando de las cosas que me pasan, que siento o que simplemente modelo para poder publicar… Me gusta teneros ahí.

En la entrada anterior os decía que comencé a escribir desde que era muy joven, desde que era una cría, desde que supe que era diferente, que sentía diferente, que no conocía a nadie que sintiera como yo… Desde que supe que las cosas no serían fáciles, que no me regalarían nada… Desde que supe que mi voz se podía volver líquida, como la tinta. Que mi timbre tendría la mejor caligrafía. Que mi acento lo entendería todo el mundo, aquí, allí…
Supongo que utilice el boli papel como escudo. Era la única manera que tenía de poder sacar, vaciarme de todo lo que llevaba dentro e intentar ser yo misma, sin tanto peso, sin tantas responsabilidades, sin tanto miedo acumulado… Era difícil ser yo misma, era difícil sentir todo lo que sentía, no entender nada de lo que me sucedía, no poder hablar con nadie, sentirme tan sola… Era muy difícil, fue inmensamente difícil…
¿Qué hice? Refugiarme en mí misma a priori. No me defraudó la relación, quiero que lo sepáis. Nadie (Y cuando digo nadie, es nadie) Nadie es tan importante en esta vida como nosotros mismos, como vosotros… Como nosotros en singular. Así que quereros, escucharos, atended vuestras necesidades, vuestras ganas de vivir, de salir, de bailar… Porque somos únicos, en todo, únicos. No permitáis que nadie os diga lo contrario.
Soledad
¿Sabéis? A mí me dijeron mil veces cosas parecidas a esas que acabo de decir, referentes a mil aspectos diferentes de mi persona. Lo peor no es que la gente te diga o te deje de decir, ¿sabéis que es lo peor? Que yo me lo creí, me lo creí a pies juntillas… Y no había nadie cerca para decirme que eso era absurdo, que eran tonterías. Pasaba el tiempo y yo no hablaba mucho con la gente, me lo seguía callando, lo seguía escribiendo, pero todas esas cosas, hacían mella en mí, hicieron mella, mejor dicho.
Es difícil, supongo que la edad, las circunstancias, las personas que me rodeaban, de las que yo me rodeaba… Pero a día de hoy me cuesta superar muchas de esas palabras, muchas de esas cosas que me decían las tengo presentes, como si las estuviera escuchando… Ha llovido mucho, muchísimo… Y os puedo asegurar que no soy la misma persona que hace quince años, de verdad que no. Por decir, os diría, que poco queda de aquella niña.
La vida te va haciendo fuerte, a golpes, pero te fortalece. No sufro igual ni por las mismas cosas. No me decepciona casi nadie, porque de poca gente espero cosas hacia a mí. No quiero llevarme palos, no quiero llevarme preocupaciones a dormir.
Y sí, si echo la vista atrás, creo que si juntamos mi timidez, mi introversión y por supuesto, todas estas vivencias… Creo que el resultado es lo que veis. Una chica que sobretodo intenta pasar desapercibida (ni os imagináis hasta qué punto), no me gusta llamar la atención. Soy la discreción en persona… Y todo viene de ahí, de todos los medios que me metieron (me metí) en la cabeza, de tener mil complejos, de tener las palabras en la punta de la lengua, pero que no quieran salir…
Últimamente el blog va de confesiones ¿verdad? Bueno, como me las he callado durante tanto tiempo, ya creo que no se consideran ni confesiones, son conversaciones entre amigos, frente a una taza de café (el mío con hielo, que ya hace calor).
Bueno, aquí queda un trocito más de mí, en estas letras, en vuestras pantallas, en vuestra retina, en vuestras vivencias…