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Igual no lo sabéis, pero tuvimos la boda más bonita del mundo.

Todo valió la pena con creces. La espera, los nervios, la ansiedad y las ganas de verla de blanco, todo mereció la pena.
Me había imaginado mil veces cómo sería su vestido, cómo le quedaría y cómo iría peinada, pero ni mis ilusiones más increíbles pudieron hacer sombra a la realidad de aquel día.

El coche se detuvo frente a las escaleras, el cochero se giró y nos avisó de que ya habíamos llegado, el trayecto se había terminado. Notaba los nervios flotar por dentro de mi ser, moviéndome el vestido. Mi hermano se precipitó y salió antes de que yo pudiera hacer ningún movimiento, me abrió la puerta y me ofreció su mano, ayudándome a salir.
No había nadie esperándome, todos estaban dentro ya. Mi chica había llegado antes que yo, por eso estaban todos dentro ya, esperando.
Cogida con fuerza al brazo de mi hermano, intentando así controlar no solo el movimiento de mi cuerpo, sino mi propia respiración, ascendimos los escalones que me separaban de ella…
Comenzó a sonar nuestra canción y noté como la emoción sobrepasaba mi piel y brotaba a través de mis ojos. “Over the rainbow” me acompañó en cada uno de esos escalones, y después también, cuando enfilé el pasillo y me puse de frente a todos nuestros amigos y familiares, aunque aún, no podía verla. Aún no había podido verme. [ Durante la ceremonia salió el arco iris. Nos encontrábamos en una sala acristalada, encontrándonos nosotras al fondo, delante del ventanal. Se nos veía a nosotras y al fondo, el arco iris… No podía haber sido más perfecto]

Muchas caras conocidas me saludaban, me gritaban, sonreían y me hacían sonreír a mí. Ahí, en esa pequeña sala, estaba todo mi mundo, toda mi gente, todo lo que quiero…
Seguí caminando con paso firme,a pesar de los nervios y entonces la ví. Tuve que llegar hasta la mitad de la sala para poder verla, pero lo hice.

 

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A pesar de que os he hablado mil veces de mi chica, siempre lo hago, nunca os he dicho lo guapa que es, ¿verdad? Pues ese día, el día 24 de junio no estaba guapa, no, estaba increíblemente espectacular. Creo que ese día, cuando al fin pude verla, me volví a enamorar.
Todos los silencios que habíamos tenido en cuanto al vestido, al peinado, a lo que íbamos a hacer o no, habían merecido la pena. Estaba allí, de pie, preciosa como ella sola y mirándome, esperándome.
Nos quedamos unos segundos, dos o tres, mirándonos y gritándonos en silencio millones de cosas. Al fin. me acerqué y le di un beso en la mejilla, para después besar también a mi suegra, que esperaba paciente a su lado.

Le habíamos pedido a mi tío que se encargara él del acto y fuera el maestro de ceremonias.Tengo la suerte de tener un tío increíble, que está acostumbrado a dar discursos y hablar en público. Y desde que comenzó a hablar, nos puso la piel de gallina y la lágrima queriendo escapar.
Fue una ceremonia emotiva, sencilla y familiar. Fue espectacular.

Os podría contar mil anécdotas, mil cosas que ocurrieron durante la ceremonia y la posterior cena. Aunque la fiesta no acabó ahí, nosotras llegamos a la suite que nos habían regalado los amigos a las 09,30 de la mañana, por lo que las anécdotas pueden ser tantísimas…

No se si el día 24 fue el día más importante de mi vida, pero sin duda será uno de los más bonitos, de los más emotivos y de los más especiales. Tenía millones de sensaciones distintas rondándome, y todas eran increíbles.
El hecho de estar en mi casa, en mi tierra, con mis dos mundos más queridos. Con la gente de Barcelona, con la gente de Alicante, con la gente de Madrid y por supuesto, con los de casa… Eso tiene un valor incalculable.
El hecho de dar el sí quiero, por fin, después de más de siete años juntas y saber, que este solo es le comienzo de todo lo que vamos a vivir…
El hecho de que nuestras sobrinas se encargaran de llevarnos los anillos y por supuesto, de darle ese punto de humor a todo…
El hecho de haberme casado con la persona más maravillosa del mundo, a la que le volvería a pedir matrimonio mil millones de veces más y con la que, quiero pasar siempre los días, las noches y todo lo que nos regale la vida. Ella es la que da sentido a todo lo que hago, ella lo es todo y por eso todo vale la pena.

Gracias amor por ese día, ¿repetimos?
En alguna otra entrada os subiré alguna foto de los detalles, de los anillos o del sitio tan espectacular en dónde nos casamos ¿os hace?

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Lo reconozco… Preparar una boda, no es fácil. Lo cierto, es que nunca pensé que lo fuese, pero tampoco pensé que fuera tan… ¡estresante!

Pero por muy estresante que sea, resulta realmente maravilloso… ¡es nuestra boda! Cada uno de los detalles que hay dentro de una boda, ha sido elegido democráticamente (bueno, casi siempre) y tiene un porqué… Un porqué que no todo el mundo conoce o que no todo el mundo entiende, pero tiene un sentido, está por algo…

Es genial elegir la música, por ejemplo. Mi chica viene hasta mi escritorio y se sienta sobre mis rodillas… “Busca esta canción, a ver que te parece…” Y así, buceando entre nuestros recuerdos, nuestras bandas sonoras y nuestras secretos confesables, elegimos la música que nos acompañara a la entrada, a la salida, en el intercambio de anillos… Así, sin casualidad.

Es mágico preparar cada una de las cosas nosotras mismas, poniendo tanto mimo en cada uno de ellos y mandando millones de mensajes para quien quiera leerlos, o sepa. Me gusta las cosas que no están hechas al azar, que se pueden explicar, relatar e incluso mostrar. Así es cada una de nuestras cosas, de alguna manera únicas, como un recuerdo.

 

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He tenido varios días “importantes” en mi vida pero ninguno comparable a una boda. Cuando tengo uno de esos días, me gusta anunciarlo a bombo y platillo. Me gusta colgarme del teléfono y avisar, contar e invitar a mi gente. Porque siempre me gusta estar rodeada de mi gente, siempre, pero en un día especial ya no es una cuestión de gusto o de preferencia, se trata de necesidad. Les necesito a mi lado, sentirles cerca.

Por eso, para el día de nuestra boda les queríamos a todos cerca, muy cerca. Pero a veces, cuando preparas días tan grandes, tan importantes, tan necesitados de tú gente, corres el riesgo de sufrir cuando no están. Y eso es lo que nos ha pasado, particularmente a mí, nos hemos caído. Porque, hay cosas que se pueden explicar y entender, cosas que son normales y por lo tanto asumibles, cosas que con solo mencionarlas no tienes que justificar… Pero después hay otras cosas, que no se pueden justificar, Justificar una mentira es decir una verdad.

La verdad duele, duele mucho. Pero duele más el hecho de que alguien a quien quieres tanto y a quien valoras, no “quiera”, “pueda” o simplemente “Te mienta” para no estar en tú día… Eso duele más, la caída de un mito.

Lo cierto es que, cuando estas cosas pasan, que a todos nos han pasado, siempre nos fijamos en esos que no están, que nos han fallado y que nos han mentido… ¡Qué gran error! Si te han fallado pudiendo evitarlo, ya han quedado retratados. Debemos quedarnos con aquellos que, pudiendo no ir, han hecho todo lo que estaba en su mano para estar allí ese día. Porque puede que para nosotras sea muy importante rodearnos de toda nuestra gente, pero para algunas personas es igual de importante acompañarnos ese día. Esas personas, esas y no las otras, son las que merecen este post, las que merecen todos nuestros agradecimientos y todos esos detalles que nos quitan tanto tiempo y nos llenan de nervios. Por ellos.

Porque no es fácil nuestra situación, lo sabemos. Vivir en Barcelona y celebrar la boda a 800 km de aquí, es una putada. La familia y amigos que tenemos aquí, en Barcelona, se tienen que trasladar con todo lo que ello conlleva, dinero, tiempo, pedir días en el trabajo… Muchas cosas. Y sin embargo, lo hacen.

Cuando yo llegué aquí a Barcelona sola y comencé a salir con mi chica, enseguida noté como toda su gente me “adoptaba”, ya no era una más que pasaba por allí, sino que era parte de un gran grupo, de una gran familia.

Lo cierto, es que yo soy muy familiar. Adoro una mesa grande, llena de sillas y de gente. Adoro un salón lleno de juguetes, gente corriendo, millones de conversaciones entrecruzadas… Lo cierto es que, yo echo mucho de menos a mi familia, mucho. Pero gracias a la familia y amigos de mi chica, he logrado tener parte de lo que allí dejé. Por eso mismo, porque les considero familia, quería tenerles cerca ese día… Y están, ¿qué más puedo pedir?

Por todos aquellos que sí cogeréis un tren, el coche o incluso el avión. Que os habéis tenido que coger el día libre en el trabajo. Que os habéis gastado una pasta entre todo… Gracias, de corazón.

Compartir ese día con todos vosotros es muy importante, pero saber que en realidad sois lo que siempre habíamos pensado, es más grande aún. Sois nuestra familia.

Os queremos.

Siempre había oído que preparar una boda no era fácil, que había que tocar muchos palos y arreglar muchas cosas… Siempre había oído que no era fácil, que más bien era estresante… Algo que sí, que había que hacer pero que, agotaba. Pues bien, para todas esas personas que se casaron antes que yo y nos contaron sus experiencias, enhorabuena. No habéis mentido.

Es agobiante preparar tantísimas cosas, preparar los detalles, los recuerdos, el menú, el vestido, la ropa interior, los meseros, preparar las mesas… ¡¡Son muchas cosas!! Pero no contentas con todo esto… Además, nosotras lo tenemos que hacer casi a distancia, porque nos casamos lejos de Barcelona, por lo que aún se complica un poco más el tema.

Hoy, volvemos a salir hacia allí para arreglar otros asuntillos… El lunes, por ejemplo, tenemos la prueba de peluquería y maquillaje y yo, la prueba de vestido (la segunda), así que, vamos con poco tiempo y muchas cosas que ir adelantando…

Ahora bien, sí que es verdad que muchas veces te agobias, muchas veces acabas harta de tener que preparar muchísimas cosas, de las invitaciones, de las no confirmaciones, de las mesas… (¡UY! las mesas….) pero es tan… especial estar haciendo esto, no por el hecho en sí, por supuesto, sino por lo que significa, sobre todo para nosotras.

No ha sido fácil llegar hasta aquí, hasta el momento de estar preparando nuestra boda, sin embargo y contra todo pronóstico, aquí estamos siete años después, haciendo nuestra boda. Eso es especial… Es especial preparar una invitación nosotras mismas, crearla, modificarla, encajar una frase para que sea totalmente nuestra… Es tan especial crear algo de la nada y que ese algo consiga transmitir la magia de ese día, que te olvidas del estrés. Es mágico preparar todo esto con una chica como la mía, es mágico.

Así que sí, hay mucho que hacer, mucho que acabar y mucho que decidir… Pero mientras compartes algo que de verdad, es mágico.

Gracias cariño, no solo por estos siete años, ni por casarte conmigo… Gracias por los momentos, porque cargas mis días de ellos y… Es genial poder vivir a base de eso y de ti, de tus besos.

¡¡Vamos que perdemos el avión….!!

Solemos pensar que el tiempo no corre, que se estanca, que las semanas se paran en los miércoles, y descansan al sol los últimos minutos, convirtiéndolos en días…
Solemos pensar que los planes a largo plazo, no llegan. Que por más que avance el tiempo, nunca llegará ese día…
Recuerdo cuando le pedí a mi chica que se casara conmigo. Lo recuerdo como si fuese ayer, y recuerdo también como entre las dos decidimos posponerlo para el año siguiente. Recuerdo cuando estábamos con el calendario del 2016 viendo las fechas posibles y nos decantamos por el día 24 de junio, San Juan, una noche clave. Sabíamos que quedaba mucho tiempo para preparar las cosas, preparar los detalles, las flores, las canciones, los discursos, el menú, el vestido y los zapatos, la ropa interior, la luna de miel… ¡Quedaba tantísimo tiempo! Pero ya no, el tiempo corre, como nuestros nervios.
Te das cuenta de que la boda está cada vez más próxima cuando tienes la prueba de menú, y eso mismo es lo que pasara esta noche. Hoy, después de estar casi un año (O más…) hablando de este tema, de la organización, de los platos que elegiremos y de cómo queríamos que fuesen las cosas, hoy por fin nos sentaremos en ese salón que hemos elegido, y probaremos todo aquello que durante semanas estuvimos estudiando y decidiendo. Hoy tendremos la respuesta en nuestro paladar, hoy probaremos ese menú, nuestro menú,.
Pero si el menú per se no fuese suficiente para saber lo próximo que está junio… Además me llama la modista, mi modista (Suena bien, ¿eh?), para hacer la prueba de vestido… ¡La prueba de vestido! Volveré a ponerme de blanco, con mis zapatos nuevos y volveré a soñar con que ya es junio y que ya es nuestro día. Pero para esto, habrá que esperar un poco más, esto será el lunes.

 

 

 

Así que sí, hoy nos embarcamos en un viaje relámpago, que comienza hoy a medio día y nos traerá de vuelta el lunes. ¡Benditos aviones!

Mentiría si dijera que no, pero estoy nerviosa… Estoy nerviosa por la prueba de menú, por saber si hemos elegido bien los platos a probar, por ver que sale todo bien y que, no nos hemos confundido de sitio.
Pero lo cierto que lo que más nerviosa me poen es la prueba de vestido, la verdad. Cuando me decidí por ese en concreto, estaba acompañada de las personas que más quiero y que, más me quieren. Fui a comprar el vestido junto a mis dos hermanos y mi mejor amiga. Me probé varios, pero cuando me puse ·”el elegido”, supe que sería ese. No solamente me gustaba a mí, que era importante, sino que sus caras reflejaban lo que yo esperaba, les gustaba. Hay ciertas emociones que no sabemos fingir o simplemente, no podemos. Una es la de sorpresa… Y ese vestido les encantó, además, así me lo transmitieron. Así que, volveré a ponerme el vestido, a calzarme los zapatos que compré el otro día y… A volver a soñar.

Ojalá pudiera compartir con todas vosotras las fotos… Pero hoy por hoy… ¡Será imposible!

 

 

 

Queridos Reyes Magos:

Como cada año, aquí está mi carta, con todos mis deseos para el próximo año.
Quiero y deseo con todas mis fuerzas, compartir estas fechas una y otra vez con ella. Me da igual que cada año tenga que romperme la cabeza buscando el regalo perfecto, o que no nos pongamos de acuerdo a la primera sobre el menú o el regalo de las sobrinas. Quiero estas fechas a su lado para siempre, porque solo a su lado cobran sentido para mí, una pagana que ha comenzado a creer, pero en ella.
Quiero domingos de despertares tardíos, café en la cama y charlas antes de poner un pie en el suelo. Sí, eso mismo. Quiero que no haya prisa ni estrés, que el café dure lo que tenga que durar,sin imponer topes o toques de queda.
Quiero todo esto que comparto con ella, pero elevado a la máxima potencia, mi potencia a su lado. Quiero todo lo que ahora tengo, pero multiplicado por lo que la quiero. Quiero más, de cada cosa que tenemos, de cada sentimiento que compartimos, de cada noche que hemos dormido abrazadas, quiero más. No me canso de pedir más, no me canso de querer más.
Quiero un salón lleno de juguetes, un bebé que llore y un niño que me llamé mamá. Compartir todo ese que hemos multiplicado por infinito, con nuestros hijos. Nuestros y en plural, no podía ser de otro modo. Quiero levantarme por la noche, y asomarme a la cuna solo para poder sonreir una última vez, antes de abrazarte por la espalda y recordarte lo mucho que te quiero.
Quiero que en mi mesilla de noche, junto a las novelas que leo haya algún cuento infantil, sí. Porque nada me apetece más, que cada noche leer a mis hijos algún cuento. Me encantaría estar ahí, imitando las voces de los distintos protagonistas, mientras se le van cerrando los ojos y se va quedando dormido, en paz.

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Quiero pasear sin tener un destino fijo, mientras comentamos, hablamos e imaginamos. Es nuestro pequeño refugio del mundo, de nuestras obligaciones e incluso a veces, de nosotras mismas y nuestras responsabilidades. Mientras paseamos, no existe nadie más. No hay móvil, no hay estudios, no hay trabajo… Solo tú y yo, y la ciudad por delante, conversando.
Quiero seguir haciendo el amor y seguir sintiendo que nos unen tantísimas cosas. No puedo imaginarme lo que sería no sentirte. Pocas cosas hay tan placenteras, como saberte llena de deseo por la chica a la que amas. A mí me pasa. Siete años después, la deseo más y más cada vez. Es maravilloso, como ella.
Quiero días en los que no importe no peinarte y quedarte en pijama, en los que no importe no querer levantarte del sofá, en los que no importe nada más, que nosotras, despeinadas y en pijama, en el sofá. Compartiendo quizá un café, una película, o el silencio, pero será nuestro momento.
Quiero mirarla a los ojos cada noche, todas las noches. No importa lo que haya pasado ese día, no importa el estrés que tenga acumulado o la carga que llevemos cada una sobre nuestros hombros, quiero mirarla todas las noches a los ojos, porque solo así, me sentiré en casa, tranquila y confiada. Capaz de soportar esa carga o ese estrés, porque sé que merecerá la pena.
¡Quiero ahorrar agua con ella! Me encanta, cuando el tiempo nos pisa los talones y nos duchamos juntas, compartiendo esponja y champú. Pero aún me encanta más, cuando lo hacemos sin que haya un motivo aparente para ello, cuando lo hacemos por estar juntas, compartiendo el agua. Es increíble, ella lo es.
Quiero poder darte una casa, una casa de verdad. Grande, bonita, con suelo de parquet y con terraza. Quiero esa casa llena de niños, al menos tres, y que correteen por toda ella, dejando el pasillo inundado de juguetes a su paso.
Quiero un gran árbol de Navidad, dónde poner nuestros regalos y nuestros calcetines. Me gustaría tener muchísimas cajas, perfectamente envueltas colocadas a sus pies. Ella ya sabe, que no las envolvería yo, porque soy muy torpe. Pero estarían perfectamente envueltas para la ocasión.
Quiero casarme con ella, lo quiero. Aún quedan unos meses, cada vez menos y aun así, se me está haciendo eterno. Desde que se lo pedí, hasta que finalmente hemos dado el paso y hemos comenzado a organizarlo, ha pasado tiempo. Deseo que llegue ese día, verla de blanco y poder decirnos al fin, el sí quiero. Lo estoy deseando…
Quiero más noches de felicidad, sí. De esas en las que yo me recuesto en la cama y abro algún libro y ella, se recuesta a mi lado, me abraza y se queda dormida. No hay nada más placentero que eso, es de las cosas que hacen cosquillas al corazón.
Quiero viajar con ella, viajar alrededor del mundo. Me da igual ir a las zonas más pobladas, más bellas o más desérticas del mundo. Me da igual ir a veinte kilómetros de casa o a seis mil. Me da igual que mi equipaje sea de mano, facturado o una triste mochila y un bocata de tortilla, me da igual. Porque cada experiencia que vivimos, cada viaje, cada espacada, cada “cosa” fuera de nuestro día a día, es especial. Quiero más momentos de esos, más.
Quiero hacerla feliz, siempre. A veces, conoces a personas que son excesivamente buenas, excesivamente valientes, excesivamente luchadoras y trabajadoras. Ella es de este tipo de personas. No le cuesta ayudar a la gente, es más, está deseando hacerlo. Se ofrece para todo a todo el mundo. Trabaja muchísimo y sin mirar la hora, aunque tenga que comer a la hora de la merienda y se tenga que levantar antes que el cuco. Se merece ser feliz 365 días al año, se lo merece. Es lo justo. Yo quiero ser quién le haga feliz, al menos una de las personas. Quiero seguir estando a su lado, robándole una sonrisa y si se despista, una carcajada. Porque eso, es lo que le hace continuar y seguir ayudando. Quiero tener esa capacidad siempre.
Quiero una cita con ella, sí. Una cita romántica, una cita de salir a dar un paseo, quizá ir al cine a ver una película y por supuesto, llevarla a cenar. Así, podremos hablar, podremos compartir y podré intentar hacerla sentir la persona más importante del mundo. Quiero citas con ella a diario, y si a diario no puede ser, al menos que sean los días pares.
Quiero sorpresas, que nunca se acaben las sorpresas en nuestras vidas. Que siempre haya algo que veas y pienses, “esto le encantará a mi pequeña” y así, darle una sorpresa un miércoles, por el mero hecho de ser miércoles y ser la chica más bonita del mundo.
Quiero mensajes, muchos mensajes en mi teléfono. Me encanta cuando suena el móvil, con su melodía especial para ella y sale su foto en la pantalla. Se me viene el ánimo arriba y porque no, también se me escapa alguna sonrisa.
Quiero… Quiero… Quiero muchas cosas, queridos Reyes Magos. Pero todas con ella. Quiero ser feliz, quiero una casa, quiero hijos y juguetes, quiero leer cuentos e imitar voces. Quiero un árbol de Navidad gigante, dónde poner todos mis regalos, quiero citas y domingos en la cama. Sé que pido mucho, sé que las cartas normales son más cortas y más concretas. Piden cosas demasiado específicas, demasiado materiales.
No quiero ni necesito nada material, ¿Saben por qué? Porque el material ya lo tengo. Sí, el material para ser feliz, ya lo tengo. No quiero más jerséis, más vaqueros o un teléfono nuevo. Eso no me hace feliz, eso solo abriga o viste o me entretiene un rato. Yo quiero algo que de verdad abrigue el corazón, me vista con una sonrisa perenne y que no me entretenga un rato, que sea mi vida.