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Hay veces que nos da miedo decir en alto lo que en verdad queremos. Mirar al cielo y decir lo que soñamos cada noche, lo que añoramos cada hora, lo que querríamos tener a toda prisa, sin demora.

Hay veces que nos da miedo decir en alto aquello que nos da miedo. Como si el miedo, el orgullo o simplemente la vida, pudiera escucharnos y pudiera reírse a nuestro lado. No tengas miedo, no temas en mirar al cielo y en reconocer que a veces la vida, te causa cierto recelo, que a veces el amor y los sentimientos secuestran a Morfeo y te roban la razón e incluso el sueño.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo felices que somos… Cuenta la leyenda, cuenta la ficción, que quien dice en alto lo que sueña o lo que quiere se le gafa el futuro, se le gafa cada ocasión. Por eso las personas prefieren silenciar su boca, silenciar sus labios y al mirar al cielo, al contemplar los pájaros, deleitarse con su vuelo y olvidar sus deseos…

Hay veces que nos da miedo decir en alto un te quiero, un perdón, un me importas sin ninguna condición. A veces nos da miedo expresar lo que sentimos, descifrar lo que en realidad dice mi mirada, la forma en que te miro, la forma en la que te digo lo mucho que me importas y lo mucho que te cuido. A veces nos da miedo sentir por alguien que no siente lo mismo. A veces nos da miedo darle vida a esas palabras, darle luz verde a esa voz para que pronuncie miles de halagos… A veces nos da miedo sentir… A veces nos da miedo vivir… A veces morimos un poco de tanto temer.

Porque la vida no es blanca o es negra, porque la vida no es mala o es buena, porque la vida no es justa, porque la vida a todos nos asusta, porque la vida hay que vivirla de la única manera que sabemos y no es precisamente a base de miedo.

Porque el miedo te hacer ser quien en realidad no eres, porque el miedo te cambia, el miedo te traslada, el miedo se hace contigo y con tus palabras. Así que, se valiente y lucha, se valiente y vive, se valiente y levántate. Mira a la vida a los ojos, mírala fijamente, verás que no ataca, que ni siquiera muerde… Que no te intimide, que no te amedrente, porque quien está escribiendo, no te miente.

Sonríe y enseña bien los dientes, que sea una sonrisa amplia, limpia, transparente. Que la vida no te asuste, que la vida no te imponga sus miedos y sus temores. Sonríe y se feliz… Sonríe y no mientas a la vida, que ella todo lo sabe y todo lo entiende. Porque el miedo se te pega a la espalda, a la suela de tus zapatos a tus talones… Porque el miedo se convierte en tu sombra, aunque no la veas, está ahí, contigo, a tu lado. Porque el miedo es la peor negrura, porque el miedo no se tapa con una máscara ni con ninguna envoltura, el miedo te digan lo que digan, se cura, se alivia, se pasa…

Así que sal a la calle, llena tus pulmones de aire y mira al cielo… Cuéntale tus cosas, tus pasiones, tus pesares… Cuéntale, explícale, cálmate… Nadie te ve, nadie te oye, nadie se fija… Es una cosa tuya, para ti, por ti…

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Arráncame estas ganas locas de ti, de tenerte ya aquí, de abrazarme, de dormirme sobre ti, de dormirme sobre tu cansancio, de dormirme junto a tu sueño…

Arráncame estas ganas locas de verte, de vislumbrarte desde la ventana, de contonear mi mirada con el vaivén de tu cadera, de esforzarme por no gritar y dejar entrever mis ganas de ti.

Arráncame estas ganas locas de oírte, de sentir tu voz, de sentir como me acaricia de sentir como solo un triste acorde de tu garganta, calma todo mi oleaje, calma todo mi día…

Arráncame estas ganas locas de besarte, de morderte el labio, de jugar con tu lengua, de perderme en tu boca, en tus labios, en tu calidez vespertina, en tus ganas de besarme y en mis ansias porque lo hagas…

Arráncame esta ausencia, arráncame estas ganas de ti, arráncame este vacío que siento cuando al entrar en casa… Tú no estás… Porque si tú no estás en casa, no es nuestra casa, no es más que una biblioteca sin libros ni murmullos, no es más que un estanque sin patos, no es más que una quinceañera sin dudas y sin acné, no es más que una canción sin estribillo, no es más que un ser humano con los bolsillos llenos de imperfecciones, sin sueños ni ilusiones, no es más que un folio en blanco, no es más que un mechero sin piedra, no es más que un trozo de mármol sin unas manos que le moldeen… Si tú no estás, ni es casa, ni es nuestra, ni es nada… Si tú no estás, es solamente una putada.

Arráncame la ropa, a mordiscos, a tirones, de pie o tumbadas, pero arráncamela. Contigo no finjo, contigo soy yo, contigo me muestro desnuda, tal cual soy. No tengo miedo a que veas mis imperfecciones, no tengo miedo a que veas mis complejos, no tengo miedo a que me veas… No tengo miedo de que me mires y de que me veas. No hay nada más sexy que eso. No hay nada más sexy que tú. No hay nada más sexy que tú contemplando mi desnudez.

Arráncame todo menos la vida, porque es el pentagrama donde hemos de componer nuestra canción, nuestra melodía, nuestras estrofas o nuestro estribillo repetitivo… Arráncame todo… Menos la vida…

No supe que era lesbiana desde siempre, aunque siempre supe que sentía algo distinto. No sabía lo que era ser lesbiana, bollo, homosexual… Pero algo sentía, algo que no sentían el resto de mis amigas.

Ni si quiera sabía que era ser lesbiana. Nunca había conocido a nadie, nunca había visto nada por la televisión ni escuchado en mi casa hablar de este tema. Estaba perdida.

Yo lo único que veía es que a mi hermano y a mí nos gustaban las mismas cantantes ( y además, de la misma manera … je je ), que los dos decorábamos nuestro cuarto con las mismas artistas, que compartíamos hasta esos recortes… Pero yo no sabía por qué. Mis amigas tenían las carpertas decoradas con Leonardo Di Caprio, Brad Pitt… y este estilo de chicos. Yo no me acuerdo exactamente que recortes llevaba, pero sería de las novias de estos dos ! je je je.

La primera chica que me gustó se llama María. Vino nueva a mi colegio. Tendríamos sobre 14 años, aunque si no recuerdo mal, creo que ella era algo mayor, que había repetido o algo así. Era una buena chica, simpática, jovial, muy inteligente. Juntas nos apuntamos al “grupo de debate” y quedábamos para preparar nuestra defensa de temas a veces indefendibles, pero teníamos que ganar. Conseguíamos un montón de información del tema en cuestión, nos ibamos a una cafetería y a colocar la información y preparar nuestra defensa.

La confianza y la amistad creció entre ambas. Un día, hablando con ella, le expliqué lo que me pasaba. Le dije lo que estaba empezando a sentir, que era nuevo para mí, que estaba un poco desubicada, asustada… Ella, la verdad, fue muy comprensiva, hablamos sobre el tema, me tranquilizó saber que entendía lo que le decía y que entendía mi situación… Pero no podía ser.

Seguimos siendo amigas y por su parte puedo decir que no cambió nada. Por mi parte, no puedo decir lo mismo.

Al tiempo de pasar esto, decidí hablar con mi “mejor amiga”. Estaba asustada, no sabía que me estaba pasando, porque pensaba o sentía de esa manera. Tenía miedo.

Se lo expliqué a mi amiga, sabíendo que con ella, siempre había podido hablar desde el corazón, sin decorar palabras, sin mentiras, sin nada. Solo sentimientos, solo verdades. La respuesta de ella me dejó KO. Solo me dijo ” Eso no es normal, eso no está bien”. Nos despedimos y me fui con todo mi malestar a mi casa. Recuerdo haber llorado mucho ese día. Si mi propia amiga, mi amiga del alma pensaba eso, que no hiciera nada de lo que me sentía hacer, que esos sentimientos que tenía estaban mal, que no era normal… Si ella, que me quería de manera incondicional ( o eso creía yo ) hasta ese momento y pensaba así…

El tiempo fue pasando lentamente. Mis amigas iban haciendo y deshaciendo en estos temas del amor. Yo era … la que no era normal. Nunca encontraba a nadie que me gustara.

Llegó la hora de dejar el nido familiar, de vivir de la sopa boba. Me fuí a estudiar fuera, a una gran ciudad. Imaginaros la cantidad de miedos que llevaba en los bolsillos. Dejar mi ciudad pequeña por una gran ciudad, empezar de cero, conocer gente, vivir sola… Los primeros días, fueron dificiles, claro, pero después ya me acostumbré. Todos estábamos en las mismas situaciones, casi todos eramos de fuera.

Conocí a una chica con la que me sentí cómoda desde el principio. Esto fue muy importante para mí, porque soy muy tímida. Mientras que con el resto me costó entablar una amistad, con ella desde el principio todo fue bien. Ella fue la primera.

La verdad es que no se cómo fue o como dejó de ser. El caso es que una noche después de estar hablando durante horas, entre el frio y el miedo, pues nos besamos. Y a partir de ahí, comenzó una historia, mi primera historia.

Cuando comencé esta historia fue cuando empecé a mirar a mi alrededor y ¡qué sorpresa! había más chicas como nosotras. Había algunas que estaban en pareja, otras que entendían pero que no estaban con nadie… Empecé a sentirme dentro de la normalidad. Ni mejor ni peor, igual que el resto. Las amigas que tenía allí todas sabían lo que había entre nosotras. Me sentía cómoda, cómoda con mis sentimientos, cómoda con ella de cara a la gente. Cómoda.

Y esa fue mi primera vez… mi “medio salida del armario”. Esta historia se acabó, pero llegaron otras. De algunas guardo un buen recuerdo, de otras… no tanto.

Pero ya me sentía bien, me sentía como soy, una chica jóven, fuerte, luchadora, responsable y por supuesto, lesbiana.

Cuando empiezas a sentirte tu bien, a reconocerte lo que eres, a saber que puedes esperar de tí misma y del resto de personas que tienes cerca, es cuando puedes empezar a ser fuerte y a ser feliz.

Se que hay veces, que hay situaciones en las que ves dificil comportarte como lo harías en otros sitios y que si lo haces, quizás un par de cabezas se girarán a mirarte, pero ese es nuestro día a día.

Cuanto más cómoda te sientas tú, menos te importará que te miren o que te dejen de mirar, ni te darás cuenta !

Así que, chicas, sed fuertes, luchar por vuestro “yo”, sentiros cómodas y para adelante ! que la vida es muy bonita cuando la puedes vivir al 100% !!!

Un saludo, muac !