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Cariño, llévame al mar… Le dije entre sueños, entre palabras protestantes que se agolpaban en mi garganta, queriendo salir, huir y flotar. Quiero ir al mar, necesito ver el mar y la calma, necesito sentir la brisa en la cara y pasear mirando al infinito, a ese horizonte que no consigues distinguir. Quiero pasear hasta el cielo o hasta el final del mar, quiero mirarlo y calmarme. El mar tiene ese efecto en mí, me calma, me sacia, me trasporta, me eleva y me tienta, me sonríe y me acompaña. El mar tiene ese efecto en mí.
Cariño, llévame al mar… Le escribí en algún recóndito sitio, en algún escondite entre mi ansiedad y mis últimos siete días. Lo escribí, lo recuerdo como si no hubieran pasado esos días y cómo si aún, estuviéramos a principios de semana y acabara de coger el boli. Lo recuerdo. Lo escribí y lo guarde. Quizá lo hice bajo llave o quizá no, quizá solamente esté bajo arresto domiciliario y en cuanto me despiste, saldrá. No lo se. Pero si lo lees, si logras encontrarlo y logras leerlo, llévame al mar. Necesito mirar ese otro mundo, mi otro mundo. Ese otro mundo donde sentirse solo no es un crimen y dónde querer estar solo, no está mal visto. Llévame a estar sola, pero de tu mano. Llévame a refugiarme del mundo al mar, a nuestro mar, dónde solo nosotras podamos entrar y así, salir cuando lo deseemos. Llévame y quédate a mí lado, me encanta estar a solas contigo, sola y contigo.
Cariño, llévame al mar… susurré para mis adentros cuando me preguntabas que qué quería hacer la otra tarde. ¿No me oíste? ¿No pudiste escucharme? ¿No me leíste los labios? Te decía que quería ir a ver el mar, quería gritarlo y escribirlo en el cielo. Quería ir al mar y sentirme en calma, como en una noche de verano, cuando el agua se vacía de bañistas y la luna ilumina su otra cara. Quería estar así, en calma, mientras las olas rompen en la orilla y la espuma lo invade todo. Quería estar calmada, mientras veo como no todo es tan fácil y pienso que es lo que debo hacer. El mar me lo dirá, siempre me lo dice.
Cariño, llévame al mar… Y me llevaste. Sí, recogiste el testigo que mi ansiedad dejo por algún lugar de la casa, y me llevaste. Me pusiste mi música preferida mientras conducías por una Barcelona atestada de coches, semáforos y gente que cruza por donde no debe. No llegábamos, no llegábamos. Últimamente me parece que eso me pasa en todas las facetas de mi vida, que cada vez que estoy llegando a la meta, alguien la cambia de lugar y hay que volver a empezar.

barceloneta
Cariño, llévame al mar… Y allí me llevaste. Me cogiste del brazo y te abrazaste a mí. Sentías la brisa del mar en tu cuerpo y eso te hacía estremecer. Caminamos así, medio abrazadas y medio estremecidas por un paseo marítimo casi vacío, ideal para nosotras. Es nuestro escenario, pensé. Ideal para pasear, calmar, sanar y relajar. Y eso es el mar para mí, mi calma, mi sosiego, mi diazepan de sal y brisa, mi abrazo vespertino y fugaz.
Necesitaba el mar, cómo te necesito a ti. Necesitamos tanto la una de la otra, que cada día estoy más orgullosa de todo aquello que logramos, porque la manera de llegar hasta ello, es lo que nos hace grandes. Nada es fácil cariño, es verdad. Pero nosotras tampoco somos débiles ¿Verdad? Así que, ármate de valor, de paciencia, de ganas… Ármate de lo que quieras, pero hazlo. Esto solo acaba de empezar, aún nos queda toda la vida por delante.
Cariño, ¿volvemos a casa?

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Cada día me gustas más.

Cada día me gustas más, cariño. Me gustas enfadada y despistada, me gustas alegre y sarcástica, me gustas en pijama y también sin nada, me gustas callada y cuando no callas, me gustas de frente y también de espaldas, me gustas de todas formas, porque cada una de tus formas me transporta, me eleva, me sonroja y me devuelve a la fantástica realidad, la nuestra.

Cada día me gustas más, cariño. Me gusta pasear por las calles de una abarrotada Barcelona de tu brazo o tú del mío. Me gusta compartir un café, una conversación y siempre poder echar la vista atrás y recordar. Me gusta cocinar para ti, ponerme la música, una copa de vino blanco y cocinar con todo mi amor para ti. Me gusta despertarme a tu lado sin que suene el despertador y que seas tú, quien a besos, a insistentes besos, me despiertes.

Cada día me gustas más, cariño. Me gusta cuando tienes frio y te abrazas a mí, buscando mi calor. Me gusta que me calles, sí. Me da igual que  sea a besos, que sea a risas o con tu dedo sobre mis labios. Me gusta que me sigas el juego, cuando me da por interpretar papeles o por bailar encima de la cama cuando suena una canción que me gusta. Me gusta que te emociones ante mis palabras, ante una película o cuando recuerdas ciertas cosas. Me gusta que seas tan buena persona con tus amigos.

Cada día me gustas más, cariño. Me gusta cuando me miras y crees que yo no me doy cuenta. No sé lo que piensas, pero tiene pinta de ser algo maravilloso, como tú. Me gusta oírte hablar de nuestra sobrina, de chulear de sobrina, de no cansarte de enseñar fotos de ella… Me gusta que estés deseando salir del trabajo, para venir a casa, junto a mí. Me gusta que no tengas miedo a hacer kilómetros solo por verme, solo porque yo vea a mi gente, solo porque estemos bien.

Cada día me gustas más, cariño. Me gusta que seas tan valiente, tan echada para adelante, tan segura de ti misma, tan increíblemente especial. Me gusta tu voz, tu inconfundible y dulce voz. Me gusta oírte cantar, interpretar voces y ver cómo disfrutas. Me gusta mirarte cuando vemos una película y sentir tus emociones a flor de piel. Me gusta ducharme contigo y enjabonar tu cuerpo. Me gusta el olor que dejas en mi cuerpo después de abrazarme.

Cada día me gustas más, cariño. Me gusta verte comer, porque sé que con pocas cosas, disfrutas tanto. Me gusta la paciencia que tienes conmigo en infinidad de cosas. Me gusta que no me metas prisa cuando salimos por ahí y me dedicó a hacer mil fotos. Me gusta que me apoyes en cada cosa que se me ocurre hacer. Me gusta que me alientes, que confíes en mí, cuando ni si quiera yo misma lo hago. Me gusta que pienses que soy especial y mejor aún, me gusta que me hagas sentir así, especial.

Cada día me gustas más, cariño. Me gusta sentir que me quieres y sentir que sabes lo mucho que yo te quiero. Me gusta hacer planes contigo. Me gusta como haces las maletas. Me gusta que siempre me hagas el desayuno. Me gusta que siempre tengas soluciones para todos mis problemas. Me gusta que te impliques tanto en todo. Me gusta tenerte cerca, cuanto más, mejor. Me gusta bañarme contigo en el mar. Me gusta sacarte a cenar y compartir una cerveza contigo. Me gusta hacerte bromas.

Cada día me gustas más, cariño. Me gustas sin más, me gustas sin menos. Me gustas tú, sin peros ni porqués. Me gustas sin preguntas, y siendo tú la única respuesta. Me gustas y eso me gusta. Me gustas porque cambiaste mi vida, porque hiciste que olvidara todo lo demás. Me gustas a raudales.

Cada día me gustas más, cariño.

El otro día miré el calendario y vi que era día 7… Y entonces vino a mi cabeza… ¡Hace 6 años que llegué a esta increíble ciudad!

El 7 de junio del 2008 salía de mi casa en Alicante con destino la ciudad condal. Llevaba el coche lleno de maletas, de ropa, de recuerdos… Todo lo que me entraba en el coche, me lo traje y aun así, siempre es poco.

Por aquel entonces tenía una relación de esas que es difícil catalogar porque dependía del día, de la hora, o del estado de ánimo. Ella me acompañó y me ayudó con la mudanza y con todo. Me ayudó muchísimo en todo.

Me dolió mucho despedirme de ella y del resto de amigas que allí dejaba. Cuando me despedí de todas y las veía llorando mientras me alejaba, supe que una parte de mí se quedaría siempre allí, con ellas…

Las visitas se sucedieron en el mes siguiente, tanto por mi parte como por la parte de ella, aunque el jarro de agua fría no tardaría en llegar. Una tarde me llamó y me explicó que había quedado para tomar un café con un chico que le había presentado una compañera de trabajo. No le di ninguna importancia, ninguna. Hoy, ese chico es su marido y el padre de sus dos hijos.

Me sentí traicionada cómo nunca jamás lo he vuelto a sentir. No creo que jamás entienda el daño que me hizo… Aunque a día de hoy, tampoco es que me preocupe mucho

Mi vida se convirtió en una espiral de trabajo, casa, casa y trabajo. La espiral estaba acabando conmigo, aunque aún me quedaban más “buenas noticias”.

En agosto, la chica con la que compartía el piso decidió dejarlo y por supuesto, sin avisarme. Pasé de pagar 450 al doble sin darme cuenta… La espiral se había convertido en una obligación total. Cualquier gasto extra, supondría la ruina…

Me veía encerrada en casa, entre esas cuatro paredes, haciéndome miles de preguntas y sin obtener ninguna respuesta… Pasaron muchas otras cosas, por supuesto, con relación a la chica, pero en definitiva, podemos decir, que rompimos todo contacto… Rompimos con todo.

En noviembre mi vida comenzó a cambiar… Notaba que tenía mejor animo, que me relacionaba más aun con los compañeros de trabajo, con los que salía de vez en cuando a tomar un café o una cerveza… En noviembre me ofrecieron un chollo. Un piso muy bien de precio y en Barcelona capital, no a 40km como estaba yo… No lo dudé… Oportunidades así, muy pocas.

Con el piso nuevo, dinero en el bolsillo y sin tanta preocupación, comencé a  ver que Barcelona me sonreía y que Barcelona tenía un encanto de ese que te engancha…

En enero conocí a  mi chica… Me enamoré enseguida de ella.

En la primera cita que tuvimos, nos quedamos hablando en mi coche hasta las 4 de la madrugada… Ninguna de las dos quería decir adiós… Porque había sido un día tan bueno…

Desde ese enero del 2009 hasta hoy siento que mi suerte ha cambiado, que mi visión del mundo, de Barcelona, del amor, de las chicas y de lo que es querer, necesitar y valorar a alguien ha cambiado.

Gracias cariño por hacer de estos 6 años la mejor lección de vida… Por enseñarme que no es malo tocar fondo, lo malo es no levantar cabeza. Yo la levanté y pude verte y cuando vi que me sonrías, mi vida cambió. Tu sonrisa y tu ilusión se han convertido en mi brújula.

Cuando me imaginaba en pareja, viviendo y compartiendo todo… Jamás me imaginé un grado de compromiso como el que tengo yo con ella. Lo hacemos todo juntas y compartimos todo. Jamás pensé que sería tan feliz…

Me acuerdo mucho de mi vida de antes de Barcelona, por supuesto que sí. Pero mi vida está aquí, con ella. Las dos formamos un buen equipo, el mejor de los equipos.

 

 

 

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo la solución a mi problema. Tengo el aliento que le falta a mi garganta ya seca. Tengo el sol de un día gris y nublado. Tengo la ola que jamás llegó a la orilla. Tengo un trébol de cuatro hojas. Tengo tu mirada guardada como el mejor de los recuerdos. Tengo tu mirada guardada como el mejor de los regalos. Tengo tu mirada guardada como el mejor tesoro que podía tener, que podía encontrar, que podía custodiar…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo un camino marcado a fuego que habla de mí. Tengo miles de sueños y todos son contigo. Tengo la banda sonora de mi vida, de cada momento que he vivido, de cada momento que viviré. Tengo una casa, un hogar, un refugio ante la vida, una caseta, un alto en el camino. Tengo hambre y sed, hambre de vivir y sed de ti, de contigo, de nosotras, de las dos… Tengo una opinión o quizás dos. Tengo una familia, tengo unos orígenes, tengo un orgullo de ser, un orgullo de pertenecer, un orgullo de corresponder…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo una ventana por la que entra el sol aunque fuera esté nublado. Tengo una sonrisa perpetua, tatuada, perenne. Tengo una canción que habla de mí, tengo una canción que habla de nosotras, tengo una canción que habla de mis anhelos, de mis recuerdos, de muchos de mis sentimientos. Tengo un viaje pendiente, una aventura por delante, un sinfín de idas y venidas. Tengo una cámara para capturar todos esos momentos, para capturarte en todos esos momentos. Tengo el mejor objetivo y no hablo de cámaras de fotos.

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo tu mano apoyándome en cada paso que doy, en cada paso que inicio, en cada aventura que vivimos. Tengo tu mano que me ayuda, que me acuna, que alimenta mis esperanzas, que acuna mis sueños y espanta a mis fantasmas. Tengo tu mirada, llena de un sinfín de ternura, que me apremia, que me aconseja, que me llena de vida. Tengo tus palabras grabadas en mi memoria y a las cuales acudo cuando necesito paz, cuando te necesito. Tengo tu voz dulce de compañía cuando estoy sin ti.

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo nuestro futuro en mis manos, tengo tus manos, tengo tu sueño y el mío. Te tengo soñando sobre mi pecho, dormida, tranquila. Tengo tus labios suplicando mis besos. Tengo mis besos suplicando tu nombre. Tengo tu nombre tatuado en mi memoria, en mi cabeza, en mi ayer y en mi mañana.

 Tengo el mejor de los motivos para continuar. Te tengo a ti a mi lado. Tengo claro que ya no soy yo sola, ahora somos dos, para todo. Tengo el mejor de los motivos, preciosa, porque te tengo a ti al lado, te tengo al lado… Gracias.

Hoy es uno de esos días en los que necesito mimos, en los que necesito miradas cómplices, palabras susurradas al oído y gritadas en medio de la noche, en los que necesito tu mano calmando mis nervios, calmando mis disgustos, calmando mis palabras aceleradas…

Hoy es uno de esos días en los que todo lo que siento lo magnifico, lo confundo, lo asocio, lo borro… Lo multiplico… Por eso necesito tu mano sobre la mía, para dividirlo, para minarlo, para acabar con “eso”.

Hoy es uno de esos días en los que me alimento de tus abrazos, que me sujetan fuerte, que sujetan mi angustia, mi pesar, mis disgustos, mis exageradas preocupaciones…

Hoy es uno de esos días en los que necesito hablar, de ti de mí, de mi pasado, de nuestro futuro. Hoy es uno de esos días en los que quiero hablarte, en los que quiero contarte, en los que quiero sincerarme, solo contigo, solo para ti. Mi voz, mis preocupaciones y tú, con tu sonrisa y tu mano sobre la mía, calmándome.

Hoy es uno de esos días en los que ya no puedo fingir más, porque esa es mi mayor especialidad, fingir, mentir, aparentar… Pero a veces, a veces es tan difícil cariño, que no puedo más… NO debería fingir, lo sé, pero es tan duro verte preocupada, es tan duro ver que sufres y que lo haces por lo que yo te cuento, por lo que yo siento, por lo que yo estoy pasando… Que prefiero tragar yo, que prefiero agacharme un poco, cargármelo a la espalda y tirar hacia delante, como siempre he hecho, se me da tan bien… Pero ahora es distinto… Ahora no soy tan valiente… Ahora lo hago, sí, cierto, pero porque sé que tú estás a mi lado, velando por mí, como si fueras mi muleta o mi cayado… Que va junto a mí y si tropiezo o no puedo más… Me sujetarás, me abrazarás, me besarás y todo lo que siento, se esfumara mientras esté entre tus brazos…

Hoy es uno de esos días en los que miro al cielo y agradezco, sea quien sea quién esté allí arriba, por tenerte a mi lado, por ser mi cayado y la que me habla, la que me sugiere, la que sonríe a mis preocupaciones, la que acuna mis miedos hasta que se duermen, hasta que desaparecen, la que está a mi lado sin pesares, porque el hecho de no estar, sería un gran pesar.

Hoy es uno de esos días en el que te echo de menos a cada segundo, a cada parpadear, a cada “ahora vengo, no tardo…” Hoy es uno de esos días en los que necesito tu piel junto a la mía, tu piel sobre la mía, tu mano calmando cada poro de mi piel…  Hoy es uno de esos días, cariño, en los que no me aguanto ni yo, en los que pienso demasiado las pequeñas cosas, en las que me siento tan afortunada por mil razones y tan imbécil de no disfrutarlas. Hoy es uno de esos días, en los que sé que tengo más  de lo que merezco, de que tengo más que suficiente para ser feliz y sé que lo que hoy, y solo hoy, no me deja avanzar, son solo tonterías, pequeños cántaros en el camino, que puedo bordearlos, saltarlos e incluso cogerlos y arrojarlos al olvido, al rio, al desahucio… Pero seré débil, estaré débil, me estaré dejando ganar…

Hoy es uno de esos días en el que escribo estas letras y estoy deseando firmarlas, para ir a la habitación de al lado y darte un abrazo y que tus brazos me protejan de mi miedo. Hoy es uno de esos días, cariño…

Y comienza la mañana, como cualquier otra… El humo de mi cigarro se entremezcla con el de mi café hirviendo. Esa mezcla de nicotina y cafeína es lo que va despertando mis sentidos, poco a poco, cómo a cámara lenta.

Y a cámara lenta voy despertando, primero mis sentidos y después mi cuerpo. Y recuerdo, recuerdo que ayer fue un gran día y que hoy también lo será.

Estamos en Semana Santa, ¿sois creyentes? Es una pregunta complicada igual. Yo os puedo decir que hasta hace bien poco creía en pocas cosas. Creía en las verdades universales, por eso, porque eran universales, demostradas, observables, donde no cabía la duda…

Hasta hace bien poco creía en la amistad. En la amistad cómo su definición etimológica dice, si la buscamos del latín, significaría amigo ( amicus) que vendría del verbo amar (amore) ; y si buscamos su significado en el griego, vendría de a (sin) y ego (yo)  “sin mi yo”. Yo no sé dónde proviene exactamente la palabra, pero ambas me sirven. Mis amigos, los pocos que tengo, son eso.

Pero la vida te enseña, cometes errores y aprendes y te enseña a ver a quien tienes de verdad a tu lado. Es verdad que con la vida que llevo, habiendo viajado tanto, habiendo vivido en tantas ciudades tan distantes unas de otras, es complicado llevar la relación de amistad que lleva la mayoría de la gente. Pero un amigo está siempre, porque aunque no le veas, le sientes, le llevas contigo, como si fuese un amigo “poquet”.

Hasta hace bien poco creía en la amistad. Creía que ese vínculo que habíamos creado a base de cariño, confianza, visitas esporádicas y amor incondicional me acompañaría siempre. Que siempre tendría palabras de gratitud y cariño con mis amigos, que siempre tendría alguna confesión que hacerles.

Siempre he creído mucho en la gente. Tantos en sus posibilidades como en el efecto que causaban en mí. Siempre he creído más en ellos que en mi misma, es cierto, aunque sea duro de escribir.

Hasta hace bien poco, creía escasamente en mí y en mis posibilidades. Y desde hace un tiempo estoy desbordada de buenas noticias, de ilusiones, de sueños, de aspiraciones, de proyectos que suenan más a risa que a reales… Desde hace un tiempo, creo en mí, y creo que si tu crees en algo, y luchas, y te ilusiones y lo intentas conseguir… Se podrá conseguir. Yo (y tu) tengo la llave para abrir otro mundo. Yo tengo la clave para seguir soñando.

Desde hace un tiempo he descubierto que abrir el blog ha sido lo mejor que podía hacer. Al principio pensé… “Qué tontería, ¿qué escribiré? ¿Quién me leerá?”… Y ahora, no pasa un día sin que una sola persona entre a ver el blog.

Me encanta levantarme cada día pensando en que escribir y ver como salen solas las palabras en cuanto me pongo delante de una hoja en blanco. Me encanta ver que vía twittrer me apoyan para que escriba una nueva entrada. Me emociona ver que estoy a punto de llegar a las 3000 visitas ( tres mil visitas) que se dice pronto. Todo esto, no me lo esperaba, os lo aseguro.

Gracias al Blog comencé también a emitir en la Radio Bollo del andamio de enfrente. Y entre una cosa y la otra, los seguidores, las estadísticas y los oyentes… han ido aumentando. No os podéis ni imaginar lo que se siente.

Me encanta ver como he conectado tan bien con tanta gente del twitter. Hablamos, nos reímos, contamos alguna cosa más personal… Hemos creado un buen grupo, que al final, es lo que importa. Todas creemos en lo mismo y luchamos por lo mismo, aunque sea de manera diferente y desde sitios muy dispares, pero es lo mismo. Por eso conectamos tan bien y nos entendemos a la perfección.

Así que, gracias a todos los que entráis en el blog, me leéis e incluso me comentáis, los que escucháis la radio… Gracias de todo corazón.

Deciros que estoy muy ilusionada con varios proyectos, que aún estoy a la espera de confirmación, pero una vez que sea seguro, lo comentaré.

No paran de llegar buenas noticias, y como siempre, gracias a todas y cada una de vosotras.

Un saludo, muac.