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Hoy tengo una cita con la mujer más maravillosa del mundo.

Hay tantas cosas que tenemos que celebrar, que no podía pasar de esta noche. Así que, me llevo a la chica más maravillosa del mundo a cenar. Tenemos reserva en un céntrico restaurante donde podremos disfrutar de un suculento menú y brindar con una buena botella de vino.

Ha sido una semana llena de emocione y de noticias buenas, no queríamos dejar pasar la oportunidad de salir y celebrarlo, brindar y reír, rendirnos ante la suerte o ante su sonrisa, que me hará caer antes, seguro.

Esta semana envié el contrato firmado. ¡Uf! Ya está, enviado y mi copia guardada, a buen recaudo. Fue una sensación extraña firmar esos folios, ver mi firma plasmada debajo de “AUTORA”. Ni en mis mejores sueños hubiera podido imaginar algo así… Fue una firma especial. Cogí el bolígrafo y puse la punta justo donde tenía que esbozar la firma, mientras miraba fijamente el papel, mi chica me preguntó que si todo estaba bien, que si había algún problema… No, respondí yo. Pero era un momento tan importante, tan trascendental para mí, que necesitaba coger aire y disfrutarlo un poco, hacer ese momento mío, pero mío de verdad y para siempre.

Hemos tenido una semana de locas con muchísimo curro y demás obligaciones, por lo que la celebración se ha ido retrasando, retrasando y retrasando… Hace una semana que me llegó la carta y hace tres días que yo respondí a esa carta… Hoy podremos celebrarlo, las dos.

Pero es que, por si esto fuera poco, esta semana me entero que otro de los proyectos con los que estoy colaborando y del que pronto podréis conocer más cosas… Va viento en popa y a toda vela… Porque ha sido seleccionado… Pero hasta ahí puedo escribir. Espero que pronto, muy pronto, pueda decir más cosas y hablaros de ese proyecto con el que estoy también muy ilusionada, muchísimo. Ha sido una semana redonda.

Me hace mucha ilusión salir esta noche a salir y poder celebrarlo con ella, porque sin duda alguna, ella es mi alpha y mi omega. Porque ella fue la que me animó a escribir, ella fue la que me animó a continuar, ella es la protagonista de todas mis historias, ella es la dueña de mi blog, ella es la que hace que estos dedos tecleen más rápido, imaginen más cosas, sueñen imposibles y compongan guiones. Ella es el principio y el final. Ella es la causante de que esta noche tengamos una cena.

Así que, me voy a poner todo lo guapa que pueda, con mis mejores galas y mi mejor sonrisa, y nos vamos a ir a cenar y a brindar. A celebrar la vida, a brindar por ella y dejarnos embrujar. Porque la vida en general debería de ser celebrada. Sea en casa o en un restaurante, siempre hay algo que celebrar, siempre hay algo por lo que brindar, siempre hay algo por lo que luchar y siempre hay algo que decir. Yo celebro mi vida contigo y brindo porque haya muchas más noches como esta, con o sin noticias súper interesantes por las que brindar porque el motivo principal estará sentada en frente de mí.

Gracias cariño por darme tanto, por darme todo. Gracias.

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¡Buenos días y felices fiestas!

 

Siento haber tardado tanto en escribir, pero lo cierto es que he estado muy liada y no he podido. Entre el trabajo, las fiestas, los regalos, la comida… ¡Un no parar! Pero por suerte, podemos decir que todo salió más que bien, increíblemente bien.

Para el día de Noche Buena nos juntamos al final cuatro, no éramos muchas, pero éramos suficientes para pasarlo bien y tener una “Noche Buena”. Se quedaron en casa hasta las 4,30. Cuando se fueron, nos retiramos a ponernos el pijama, lavarnos los dientes… Y fue entonces, cuando Papá Noel dejó los regalos perfectamente ordenados en el salón, al lado del árbol. Cuando mi chica volvió del baño, ya con el pijama, al salón, a por mí y vio todos los regalos…. Se le iluminó la cara. Había un total de 14 regalos, de todos los tamaños.

Cada vez que abría uno, la emoción iba creciendo, se iba poniendo más colorada  y los ojos se le inundaban de lágrimas. En cada uno de ellos había una nota en la que le decía las cosas más bonitas que se me pasaron por la cabeza en el momento de envolverlo. También había corazones dibujados con rotulador rojo…. En el segundo regalo rompió a llorar (Tiene mucho aguante…) Estaba muy emocionada, tal vez porque no se esperaba nada o casi nada, porque debido a otros problemas, apenas hemos tenido tiempo de hacer compras…

Yo me acosté feliz, feliz de verla a ella tan radiante, de haber pasado nuestras cuartas navidades juntas y sabiendo que cada año lo pasamos mejor.

Al día siguiente, la mañana de Navidad, me dio ella  a mí uno de los regalos… ¡Tengo un vuelo en parapente! Me encanta… No sé cuándo podremos ir, pero estoy deseando hacerlo… Parapente…!!

Y hoy es fiesta aquí, es San Esteban, así que hoy vamos a comer con mis suegros y felicitarles las fiestas y por supuesto, darles el regalazo que ha dejado Papá Noel para ellos aquí… ¡Que les va a encantar!

Pues Felices Fiestas a todo el mundo, espero que lo estéis pasando bien y que estéis disfrutando de la familia y amigos. Ahora que queda poco para terminar este año, disfrutadlo, quedan pocos días… Agotar cada segundo en no parar de reír, en recordar a los vuestros lo que os importan, de no parar de soñar ni de formular sueños… No dejéis de vivir intensamente estos cuatro días… Hacerlo… ¡Veréis como engancha!

Hoy tengo una cita, sí, con mi chica.

Hoy hemos quedado para adornar la casa con motivos navideños. La Navidad ya está a la vuelta de la esquina y por una u otra cosa, nosotras cada vez estamos más liadas, por lo que hemos fijado el día de hoy como el día “a”… ADORNAR!!! Así que hoy desempolvaremos  todos los adornos, el árbol, las luces… Y dejaremos la casa lista para afrontar este mes, estas fiestas y comenzar como se merece el 2014.

A mi chica le encantan estas fiestas… Le encantan las luces, los árboles gigantes, los adornos con formas raras, las bolas redondas en las que siempre nieva… Le encanta las pistas de patinaje, la nieve, los villancicos, los gorros y los guantes de lana, los regalos, la ilusión de los niños (y de los no tan niños…) Le encantaría estar en New York en estas fiestas… Le encanta ver películas en las que salga esa ciudad en esta época…

Me encantaría tener un salón más grande para poder poner un árbol más grande… Porque se que a ella le encantaría… Pero nos conformaremos con lo que tenemos y con nuestro árbol pequeñito…

                                                               

Así que hoy es el día que hemos nombrado “Día A”… ADORNAR… así que, hoy he preparado una comida “más especial” que de costumbre… Hoy comeremos acompañadas de una copa de vino, un vino especial para mí, ella lo sabe. Un vino de esos que siempre tienes guardado por si viene alguien especial… Por si tenemos que celebrar algo… Por sí… ¡Ya está bien!

¿Qué hay más especial que ella y yo? ¿Qué hay más especial que nuestro “Día A”? ¿Qué hay más especial que un día más juntas, escuchando música, adornando nuestra casa juntas, entre risas y besos y sabiendo que serán unas grandes, bonitas e increíbles fiestas? Así que sí, hoy brindaremos con vino, por ella, por mí, por nosotras y por lo que queda por venir…

Así que ese es el plan de hoy… Veremos una película típica navideña, escucharemos villancicos y adornaremos la casa… Hasta la puerta de entrada… ¡TODO!

Las Navidades siempre me ha parecido que son unas fiestas llenas de contradicciones… Pero de eso hablaremos otro día. La verdad que me gustan estas feistas, que me gusta pasear por una Barcelona iluminada con motivos navideños, me gusta ver a la gente pasear, alegre, me gusta ver como la familia y amigos de devanan los sesos para buscar regalos… Me gusta pensar que el año que viene podré celebrar las Navidades con mi sobrina, con mi ahijada… A la que, sin que su madre se entere, la colmaré de regalos, de besos y de todo lo que esté en mi mano…

Por cierto, felicidades a todas las Inmas… Que hoy es su día y en mi vida hay más de una…!!

Pues es cierto eso que dice mi abuela de que “todo llega y todo pasa”. Ya estamos a martes, mis amigos ya son marido y mujer y yo puedo decir que he pasado uno de los fines de semana más bonito, más emotivo y os aseguro, que inolvidable.

Nosotras llegamos a media tarde, sobre las 18 del jueves. Lógicamente mi amiga no sabía absolutamente nada. Ese día su novio ( ya marido) le tenía preparada la serenata. Así que llegamos y nos dirigimos directamente a casa de la hermana de la novia, dónde se celebraría la fiesta. La ayudamos a preparar las cosas, la cena, colocar la mesa, sacar las sillas… Vamos, los preparativos.

El plan era, que sobre las 21,30 aparecieran los dos, porque iban a tener una cena con las amistades más íntimas, unas 8 personas. Así que llegaron, ella conducía y se puso a aparcar y él entró con la excusa de dejar la tarta que había traído para el postre. Nos pusimos todos en círculo dejándolo abierto por donde estaba la puerta de la casa. Éramos unas 25-30 personas, que se dice pronto. Todas en silencio, todas esperando a la novia. Entonces abrió la puerta, comenzó a sonar la música y todos los invitados comenzamos a cantar y el novio cogió un enorme ramo de flores y se acercó a ella… Fue muy bonito y muy emotivo.

No os puedo describir su cara cuando pasando la vista de uno en uno de los invitados, dando las gracias nos vio a mi chica y a mí entre los invitados. Comenzó a saltar y enseguida se acercó para darnos un abrazo y comernos a besos.

Pasamos una velada agradable con la familia de ambos y algún que otro amigo íntimo. Pudimos conocernos todos y ponernos caras. Comentar cosas de la boda, de los planes y de lo geniales que eran ellos, los novios.

Pude notar la emoción que sentía cada poco cuando nos miraba y sonreía. La habíamos sorprendido, no se lo esperaba.

El tema de la canción, la verdad que no salió demasiado bien, pero os puedo asegurar que nos reímos a carcajadas y que todos, desde los novios, los padres y el resto de familia y amigos, quedamos encantados, lo pasamos genial. Fue una gran noche.

La boda era el sábado, por lo que aún quedaba todo el día del viernes para terminar de ultimar los detalles. Los nervios, que llevaban todo el tiempo ausentes en la novia, comenzaron a verse, cosa de lo más normal. Cuando estábamos ultimando los detalles, se le olvidó donde había guardado una cosa, luego se le olvidó otra cosa en el coche… Los nervios.

El viernes pasó sin más pena que gloria. Ellos tenían muchas cosas que hacer y una cena con la familia del novio, por lo que el viernes estuvimos con el resto de amigas, de paseo, de cena, poniéndonos al día… Y entonces, llegó el día, el sábado, el día 21 de septiembre, su día.

 

 

Creo que jamás podré olvidar el pasado día 10 de septiembre… Y no es para menos.

El pasado martes pasaron dos hechos que para mí son muy importantes y que los he valorado mucho. Ese día el dijeron a mi hermana el sexo del bebé, cosa que os diré más adelante, por supuesto. Y la otra cosa es que ese día mi pareja y yo hacíamos un año de pareja de hecho.

 

Vayamos por “mi aniversario”. Pues bien, en verdad, nuestro aniversario, el de siempre, el que siempre hemos celebrado es en enero, que es cuando comenzamos a salir… Pero ahora hace un año que nos hicimos pareja de hecho y… ¿Por qué no celebrarlo?

Creo que los aniversarios, aunque su nombre me lleve la contrario, no han de celebrarse solo una vez al año. O explicado de otra manera, no debería solo de importar un día cada 365. El aniversario debería de celebrarse a diario, porque cada día puede ser un regalo si sabes cómo aprovecharlo.

Hay dos cosas que me definen perfectamente y que, según las mires, pueden ser una bendición o tu propio infierno. Una es que adoro la fotografía, cosa que creo que ya os he comentado. Tengo fotos de todas las cosas que os podréis imaginar y al llegar a casa las guardo con la fecha y el lugar donde las realicé. Y la otra “bendición” es mi memoria… Tengo una buena memoria, me acuerdo de las cosas más insignificantes o carentes de significado para muchos… Pero para mí, cargadas de magia. ¿Cuál es el problema? Que solo con pararme a pensar, recuerdo cosas que hice hace un año, lógicamente, cosas concretas, cosas algo especiales… ¿Cuál es el problema? Que tanto ella, cómo yo, procuramos y luchamos porque cada día sea distinto, porque cada semana tengamos mil recuerdos… Yo por mí, desde hace más de cuatro años, cada bien poco podría celebrar mi aniversario, porque siempre recuerdo algo que hice con ella en esa misma fecha…

Al principio… No sabía si celebrarlo, si no… Si comprarle un detalle… Si llevarla a cenar… Pero ¿Sabéis qué? Ya está bien de que el calendario me avise de cuando he de tener un detalle o invitarla a cenar… Ya está bien… Así que si salimos a cenar o tengo un detalle con ella o lo que sea… Que sea porque es lo que más deseo y porque la sonrisa y la cara de sorpresa que pone cuando la sorprendo, vale más que cualquier calendario, cualquier aniversario y cualquier cosa… Es de esas pocas… Que no se compran con dinero, pero tampoco pueden pagarse.

Y en lo referente a mi hermana… Sabíamos desde hace tiempo que el día 10 le harían la “ecografía”, en la que le dirían ya el sexo del bebé.

Siempre, cuando ves a una embarazada, la gente se aventura a decir, a apostar, a vaticinar el sexo de la criatura que lleva dentro… Nosotros no somos diferentes al resto…

Tanto mi chica como yo, desde hace ya tiempo, sospechábamos o teníamos el pálpito, llamarlo como queráis, de que sería una niña… El caso es que hablando con mi hermana nos dijo que tanto ella, como mi cuñado también creían que sería una niña…

Cuando la vimos hace unos días, que ya se le notaba más el embarazo, tenía la barriga muy redondita, y la cara también. Dicen, se cuenta, se rumorea… que cuando la forma de tu barriga es así, es porque llevas una niña… Yo la verdad, que no se si creer en estas cosas, pero yo también sentía que sería tía de una niña…

Ayer me llamó mi hermana para confirmarme lo que esperábamos. Será una niña… Una nena…

Estamos encantadas, las cosas como son. A mí la verdad, si os soy sincera, me daba igual una cosa que otra. Me hace tantísima ilusión el ser tía, que el resto, me es igual.

A veces, cuando salía a dar un paseo y veía algún vestido o algún peluche… Decía…”Espérate… espérate…” ¿Ahora? Al menos se lo que es… Y a partir de ahí… Ya puedo ir haciendo cosas…

Para mi pequeña, que algún día lo leerá, porque yo se lo enseñaré… El día 10 de septiembre, estando tu madre de cinco meses, me hiciste ya inmensamente feliz. No lo olvidaré, jamás…

Os voy a contar mí fin de semana romántico y especial, espero que os guste.

Me encanta sorprender a mi chica, organizarle mil cosas sin que ella colabore y después decirle…”Tachán…” Y cargarme las pilas con esa mirada y esa sonrisa que me dedica, que podría parar el reloj e incluso el movimiento de la tierra.

Me habían hablado de un sitio para hacer una escapada y poder relajarnos, cosa que tanto a mi chica, como a mí, nos venía de lujo. La zona en cuestión, El Valle de Arán.

Reservé un Hotel Rural precioso por esa zona, es más, cogí una suit que era digna de ver. Tenía todo pensado y organizado. Habría cena romántica, habría balneario, paseos eternos por los pirineos…

Como se cómo soy, se lo comenté. Lógicamente, no le comenté todo, solo a dónde íbamos. Busqué mucha información de los alrededores, de visitas obligadas… Hasta que un buen día, estaba en casa tranquilamente cuando me avisó una amiga de que pusiera las noticias y lo vi: Desastre en El Valle de Arán. Y ahora… ¿Qué hago…?

Veréis, cuando conocí a mi chica me llamó mucho la atención los dos sueños que me dijo que tenía y que haría cualquier cosa por cumplir. Uno era ir a New York, ciudad a la que adora, y el segundo era nadar con delfines.

El primero, el de ir a New York lo hicimos hace unos dos años, fue un viaje muy especial. Pero el segundo… ¿Dónde podríamos hacer eso?

Me puse manos a la obra, si no podíamos ir a los pirineos, algo tendríamos que hacer. Busqué información para poder nadar con delfines. Entre mi persistencia y la ayuda de otra amiga… Lo encontré. Se podía nadar con delfines en “MundoMar”, Benidorm. Así que miré hoteles, contraté todo, reservé todo y me guardé el secreto bajo llave, sabedora de la ilusión que le haría.

El día que hicimos la maleta fue muy especial. Ella iba doblando y metiendo ropa de montaña, botas, abrigo… Y yo metía el bikini, las chanclas, la crema… Pero de la manera más natural…

Cargamos el coche a primera hora y enfilamos el Mediterráneo, Benidorm, la ciudad de los rascacielos nos esperaba.

Hay que tener en cuenta que ella no sabía que no íbamos a Lleida, así que imaginad el desconcierto que tenía cuando veía que yo bajaba y bajaba por la costa. Ella venga a preguntar si había puesto bien la dirección, que el GPS tenía que estar loco, que cómo íbamos a ir a Lleida por ahí… En fin, que sacó su móvil para buscar el itinerario y yo tuve que parar en la primera área de servicio con la excusa de tomar un café y a continuación hacerle conducir a ella… Todo era poco para que tuviera las manos quietas.

Al final, se lo tuve que decir, porque era tan obvio y ella estaba tan nerviosa que a mí se me escapaba hasta la risa. No le dije a dónde íbamos, le dije simplemente que allí no podíamos ir.

Pasamos un día especial de comidas y cenas, de paseos por la playa al atardecer, de miradas, muchas miradas, de muchas conversaciones, de visitas…

Y llegó el día de llevarla a la sorpresa, al motivo de estar allí. Cuando cogimos el coche y empezamos a alejarnos del casco urbano ya empezó a mosquearse…  Pero cuando llegamos al parque se quedó un poco sorprendida… “¿Aquí me traes?”

Fuimos directamente a la taquilla y presenté mi reserva. Ella aun sin saber nada, me imagino que pensaba que era una entrada normal. La chica cogió mi papel, lo miró y me dijo: “Llegáis tarde, han adelantado la hora… Cómo ya nació el bebé delfín…” Y nos quedamos muertas… Enfilamos el camino hasta el delfinario, que para no variar estaba en la parte más alta y alejada del parque.

Por el camino ni hablaba, iba seria y con la vista puesta en el suelo… Cuando llegamos y nos sacaron el neopreno para bañarnos ya empezó a hacer preguntas… “¿Pero esto…? ¿Delfines, cariño?”

Nos hicieron esperar a pie de la piscina… Los delfines ya estaban allí. Los monitores nos dieron unas recomendaciones y unos consejos básicos mientras  les veíamos. La ilusión y el cumplir un sueño, se reflejaban en su cara. Ojalá hubiera podido captar con mi cámara ese momento, esa mirada, esa media sonrisa mezcla de timidez, de alegría, de una ilusión grandísima, tan grande que la podías tocar con la mano…

Todo pasó rapidísimo… Nos metimos en la piscina, nos hicimos fotos con los delfines, les tocamos, jugamos con ellos, hicimos “casi” el show con ellos… Fue increíble.

Yo me pasé todo el rato pendiente de ella, de verdad. Porque a pesar de que estar con los delfines es algo impactante, no os podéis imaginar cómo impactaba su mirada, su sonrisa… A veces me pillaba mirándola y me susurraba “Te quiero”, cuando nos juntábamos me abrazaba o me daba un beso… Fue especial, muy especial.

 

Lo tenía todo preparado, lo tenía todo pensado. Era nuestra escapada y quería que saliera todo bien, quería hacerla feliz, notarla feliz y con eso me quedo.

Mil gracias por estar siempre al otro lado.

Así que terminamos de cenar, de hablar, de conocernos cada vez más y sin darnos cuenta de irnos “pillando” con cada palabra que la otra decía.

Tenía el coche aparcado muy cerca de donde cenamos, así que nos montamos y puse rumbo a su casa, como una reina. Voy a por ella a casa, la llevo de paseo, de cena y la devuelvo a su casa antes de las 12 de la noche.

De camino seguimos hablando y ahora sí que me atrevía a girar la cabeza y mirarla mientras ella hablaba. Ya no había esa vergüenza o esa timidez del principio, y eso que solo habían pasado ….horas.

Llegamos a su casa y aparqué en frente de su portal, en un vado. Nos pusimos cómodas, nos quitamos el cinturón de seguridad, la música sonando bajito, creando ambiente. Ambas nos giramos, apoyando la espalda en la puerta del coche y mirándonos de frente. Os puedo decir que llegué antes de la medianoche y sin embargo a mi casa llegué a las 4 de la mañana… Os podréis preguntar, que es lo normal, que qué hicimos durante tanto tiempo. Yo os lo respondo, hablar. Y claro, os preguntaréis que como se puede hablar tantas horas, que de qué demonios hablábamos… Hablamos de todo. De recuerdos de infancia, de relaciones pasadas, de la familia, de historias para no dormir sobre la juventud, sobre nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras manías… No había miedo en contar algo personal, no había vergüenza. Si os digo la verdad, yo me fui con ganas de darle un beso y yo se que ella también. Solo con mirarnos se que es cierto. Pero había algo que me hizo tener paciencia o prudencia, no se. La chica me gustaba, me sentía con ella tan cómoda como en mi casa. Estar con ella era eso, estar en casa, así me sentía. ¿Qué prisa había entonces? Yo solo quería volverla a ver y se que ella sí quería volverme a ver, así que preferí esperar, disfrurtar de ese momento, de sus ojos, de su boca y su sonrisa y de cómo veía yo sus facciones con la poca claridad que entraba por las ventanas.

Volví a casa a las 4 de la mañana, todo el camino sonriendo, imaginando… Solo había un problema. Las dos trabajábamos por la mañana, así que a las 5 tenía que estar en pie para prepararme. Decidí no acostarme. Me quedé merodeando por la casa, sonriendo… Y después ya me duché, me preparé y me fui al metro.

Ella se levantaba sobre las 6, así que a esa hora, ya tenía un SMS mio dándole los buenos días y recordándole lo bien que lo había pasado. Así pasamos media mañana… Envíos masivos de sms..

Esa noche, había quedado con unas amistades para cenar y salir de fiesta. No podía verla y por primera vez en mucho tiempo, no quería salir, prefería quedarme en casa viendo una peli con ella, o salir a cenar, o a dar un paseo… Lo que sea, mientras ella fuera mi acompañante.

Nos juntamos tres amigas en mi casa, pedimos algo de comida e hicimos botellón. Nos lo pasamos bien, muchas risas, muchos chistes y algún que otro “chisme” de gente conocida. Sin embargo, yo me pasé toda la noche con el móvil en la mano ( que rabia me da eso, la verdad) y hablando con ella.

¿Cuándo podía volver a verla? Pensaba mientras estaba en el Arena ( un pub de ambiente). Sí, bailé, me lo pasé bien e incluso ligué, sí sí, pero a mi no me importaba nada más. No tenía ganas de nada de eso. No me llenaba.

Al día siguiente volvimos a vernos, no podía pasar más tiempo sin verla de nuevo. Así que le dije que viniera a mi casa, había quedado con un amigo y una amiga para ver unas pelis en casa y la invité. No era el mejor plan, porque la verdad que prefería estar con ella a solas, pero era enero, hacía frío y en el sofá, con la manta, tampoco se estaba tan  mal.

Bajé a buscarla a la parada del metro. Allí apareció ella, con esa mirada que todo lo cambiaba. Tiene una mirada, en serio, que cuando te mira a ti, te sientes especial. La típica mirada que te da confianza, que te hace estar agusto, que te hace ser tu misma y estar tranquila.

Me arreó dos besos cuando nos vimos… que ni os lo imagináis, con fuerza, agarrándome bien la cintura, apretando sus labios a mi mejilla…

Llegamos a casa, le presenté a mis amigos. Ella tiene ese don, que cae bien, que enseguida se siente cómoda, que encaja en los sitios.

Nos pusimos ella y yo en uno de los sofás y los amigos en el sofá de enfrente. Tocaba “El diario de Noa” … Sí, sí, esa película tocaba. Así que nos pusimos a verla. Las dos sentadas, muy juntas, pero sin ni siquiera rozarnos. Había que hacer algo. No se puede estar en el sofá viendo una película con una chica que te gusta y ni si quiera tocarla, no se puede. Así que me levanté, cogí una manta y nos tapé. Los amigos estaban más pendientes de nosotras que de Noa… Y eso me ponía nerviosa. Así que nos tapamos. Ella me decía que estaba bien, que no tenía fría, y yo le insistía con una sonrisa un tanto maliciosa que se tapara, que confiara en mi. Así que ahí estábamos las dos, en el sofá, tapadas. Y entonces le cogí la mano, todo por debajo de la manta, claro. Y ella me la apretó. Empezó a recostarse poco a poco sobre mí, poniéndose cómoda. Yo le pasé el brazo por encima de los hombros y la atraje hacia a mí. Todo muy despacio. Ella me abrazó el cuerpo, la cintura, mientras yo le besaba la cabeza y la abrazaba. Y en uno de los momentos que levantó la cabeza para mirarme, le di el beso. Me lancé, así sin más. Hay cosas que dan un poco de miedo o de reparo, pero yo sabía que ella quería y yo quería. No hay nada más fácil de hacer que hacer algo sabiendo con certeza que saldrá bien. No hay nada que temer.

Mis amigos comenzaron a aplaudir mientras nosotras seguíamos saboreándonos. Nos cortaron todo el rollo. Aunque las dos estallamos en risas. Y así pasamos la tarde, abrazadas, rozándonos, besándonos, abrazándonos… Vamos, todo muy empalagoso. Aunque muy bonito, al menos para mí. Aun a día de hoy, muchas veces nos ponemos a hablar de ese día, a recordar, y se nos escama una risa tonta. Fue muy bonito y casi imposible describir con palabras todo lo que pasó en mi sofá.

Y así fue como nos besamos por primera vez. He de decir que estaba deseando besar y morder esos labios tan carnosos, tan sonrojados. He de confesar que me encantó el primer beso, y el segundo , y el tercero… Besaba ( y besa, of course) genial. Además era de las mías, muy cariñosa. Y eso me encantaba.

Decidí prepararle la cena. Me encanta cocinar y no se me da del todo mal. Abrí la nevera mientras pensaba que le preparaba. Era un día especial y quería que se fuera con un buen sabor de boca, con una buena sensación.

Me decanté por salmón. Preparé salmón con unas patatas, algo fácil, rápido y que sabe genial. Le preparé la mesa y le serví la cena. Cuando vi su cara, se me vino todo el mundo abajo. ¿Qué pasa? Le pregunté.. Y ella me dijo con más cara de vergüenza que otra cosa… “No como pescado, no me gusta”… Lo estoy recordando mientras lo escribo y se me escapa la sonrisa tonta.

Volví a la cocina a preparar algo rápido de carne. Lo que ella quisiera. Con todo lo que habíamos hablado y sin embargo no sabía que no le gustaba el pescado. Fallo.

Y así fue como comenzó la relación. Tras este día ya fue todo en serio. Nunca hablamos de lo que teníamos o dejábamos de tener, simplemente nos fuimos dejando llevar. Yo ya la consideraba mi pareja, hay veces que no hace falta aclarar nada, ¿Qué iba a aclarar? Estaba clarísimo ya.

Mil gracias de todo corazón por dejaros caer por mi blog, por leerme, por comentar, por apoyarme.

Un saludo, muac.