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A veces es duro estar lejos de casa…

Sí, a pesar de que llevo poco más de 9 años fuera de casa, hay días que lo echo tanto de menos…

Salí de mi casa siendo aún muy joven para buscarme la vida o encontrar un futuro. Debía de prepararme y luchar por lo que quería. Eso hice. A los 19 años, cogí una maleta grande y dejé atrás todo aquello que conocía, todas las personas a las que siempre había tenido cerca… No fue fácil, pero volvería hacerlo, sin duda. Estaban por llegar los mejores años de mi vida.

Me acostumbre enseguida a estar fuera, a estar lejos. Me acostumbré a echar de menos a los míos, a mis costumbres, a mis manías, a mi casa y a mi cama, a la manera de cocinar de mi madre, a los sonidos típicos de mi casa… Me acostumbré a no tenerlo y me acostumbré a continuar hacia delante.

Las nuevas etapas que tenía por delante, marcarían un antes y un después en mi personalidad y en mi actitud ante la vida, ante el amor y ante la amistad. Fue una época de muchos cambios, de muchos quebraderos de cabeza y sin duda, una época que no podré olvidar.

Descubrí quien soy, o mejor dicho, reuní el valor suficiente para ser yo misma… No fue fácil, pero lo hice. Aprendí de la vida, de la distancia, del estar lejos de casa, de no ahogarme en un vaso de agua por alguna nimiedad. Aprendí del valor de sentirme sola, de la libertad y de la soledad que esto me daba… Aprendí a llorar tan en silencio, que ni siquiera mi compañera de habitación se percataba. Aprendí a llevar una relación con una chica, en secreto al principio, sin ser descubiertas por nadie. Aprendí a sonreír mientras besaba y a besar sonriendo. Aprendí a estar sola y los míos se acostumbraron a mi ausencia…

Lo mejor de irse, sin duda, es volver. Siempre he notado que cuando voy a casa a pasar unos días, toda mi gente se vuelca en mí. Me preparan mis comidas preferidas, me hacen café, me van a buscar en coche, quedan conmigo, me llevan a comer fuera de casa… Pero aun así, no consuela.

Hay días en los que, a pesar de todo, me siento sola. Sí, sola. Me he dado cuenta de que he dejado muchos amigos por el camino, que cada poco me despido de gente que me ha importado mucho y que ha significado mucho para mí. Me doy cuenta de que tengo amigos en muchas ciudades de España, pero todos lejos.

Es cierto que estoy genial en Barcelona y que adoro esta ciudad, que adoro la vida que aquí llevo, que adoro a mi chica sobre todas las cosas, pero también es cierto que echo de menos los planes que hacíamos antes con nuestros amigos. Nosotras seguimos llevando el mismo ritmo que hace unos meses, por lo que en ese aspecto, seguimos igual de bien. Pero desde hace un tiempo a estar parte, parece que nuestros amigos tengan planes, no tengan tiempo, no puedan quedar…

No penséis mal, no hay ningún problema, ni ningún mal rollo. Nos llevamos genial y pongo la mano en el fuego en que tanto por su parte, como por la nuestra, cualquier cosa que necesiten, aquí estaremos… Pero no hace falta necesitar a un amigo para estar  o para que la otra persona sienta que “estás”… No sé si me explico… Me gustaría quedar para ir al cine porque surge o ir a cenar sin ser un sábado, salir a tomar un café y al final tomar tres porque no paramos de hablar, planear una escapada de fin de semana, salir a tomar unos cócteles… Pero todo esto, porque sí, sin más, sin dar ninguna explicación… Echo de menos la espontaneidad que teníamos, sí, podríamos decir que es así. Quedar por quedar, hablar por hablar.

Echo de menos tantas cosas…

Hoy he tenido el día libre y he estado pensando y añorando muchas cosas… Me puse la música a todo volumen y me puse algunas fotografáis… Hoy me he puesto a pensar en mis amigos, en mis pocos y fieles amigos. Daría cualquier cosa por cualquiera de ellos… Pero últimamente les noto tan lejos… No lejos de distancia… No lejos si les necesito… Lejos comparado a lo cerca que estábamos antes, a todas las cosas que hacíamos juntos, a todas las veces que hablábamos para contarnos todos los pormenores de nuestra vida, a todas las veces que nos visitábamos, a todas las veces que compartíamos un café sin importar la hora o el día de la semana, a todas las veces que se nos hacía tarde y al final cenábamos juntos, a todas las veces que me sonaba el teléfono  y me proponían un plan, a todas las veces que me sentí como parte de una gran familia, mi familia…

 

Una vez alguien me dijo que lo peor de crecer, es que perdías a los amigos. Jamás entendí aquella frase, aunque me resultó tan impactante, que siempre la he recordado… Aunque sin saber aún muy bien a qué se refería…

Un amigo es parte de ti, es uno más de tu familia, es una persona que no necesita llamar para avisar de que pasará por tu casa, es una persona que tiene vía libre a tu tiempo, a tus charlas, es una persona que no tiene por qué decir nada, porque hay silencios que lo dicen todo. Un amigo es quien no teme decirte la verdad, quien no te engaña ni se deja llevar… Un amigo es la mejor compañía para un martes o para un sábado por la noche, porque cuando estás entre amigos, es como estar entre familia… Te sientes cómodo y eso a día de hoy, es tan difícil…

He tenido la suerte de tener a personas en mi vida que han significado todo eso para mí… Han sido la familia que he tenido lejos, han sido mi apoyo y mi fuerza para continuar, han sido las únicas personas que han confiado en mí cuando ni si quiera yo lo hacía, han sido mi aliento y las únicas visitas que he tenido en mucho tiempo. Han sido la ayuda que jamás pensé que tendría y han sido los recuerdos más extraordinarios que podía tener… Han sido media vida…

Pero hoy por hoy, me paro a pensar en esa frase que una vez oí… “Lo peor de crecer, es perder a los amigos…”

No los pierdes de manera literal, no los pierdes para siempre, no los pierdes del todo, pero creo que sí, que poco a poco, algo se pierde…

La vida da muchas vueltas y cada persona terminar teniendo sus propias responsabilidades, horarios, familia, rutina… Y hay veces que cuesta encontrar un hueco para esas personas que antes eran parte de ti…

Así me siento… Siento que la mayoría de la gente que es importante para mí cada vez está más lejos. Procuro estar y ser como antes, como siempre, pero ya no es lo mismo… Cuando me pregunto qué ha cambiado, en verdad, lo único que ha cambiado es la vida… Entiendo perfectamente que las cosas evolucionan y que a veces sin querer, se complican y eso hace que todo cambie… Pero echo tanto de menos los momentos que compartía con mis amigos…

A veces echo la vista atrás y pienso que en verdad estamos en el mismo punto que hace un tiempo, pero que nos vemos menos y que cada vez hacemos menos cosas juntos. A mi chica y a mí nos encanta hacer cosas, muchas y muy diferentes… Nos apuntamos a todo… Y les invitamos a todo… Es tan complicado que a alguna cosa digan que sí… Siempre hay algo que hacer, horarios que cumplir, siempre hay alguna excusa… Siempre hay algo.

Muchos de nuestros amigos viven en pareja y sin hijos, como nosotras. Otros ya tienen hijos, por suerte. A nosotras nos encanta que cuando hacemos algún plan, vengan con los niños. Nos gusta compartir actividades al aire libre con ellos, disfrutamos muchísimo… Por eso siempre intentamos buscar planes que sean más “familiares” para que puedan venir todos, los que ya tienen niños y los que no, y pasarlo bien… Echo de menos hacer más cosas…

Sé que si en algún momento tuviera que contar con cualquiera de mis amigos para cualquier tema, sé que estarían ahí y me darían todo lo que necesito. No dudo de su fidelidad y de que me quieren, no me malinterpretéis. Se lo que tenemos y lo que nos significamos. Solo es añorar el pasado… Añorar cuando hacíamos cosas juntos.

¿Será cierto eso de que lo peor de crecer es perder a tus amigos?

Hoy hace cinco años que tomamos el primer café juntas, ¿lo recuerdas?

Hoy hace cinco años que estaba en mi casa eligiendo el modelito con el que me iba a presentar en tu casa para recogerte… Recuerdo como una compañera me ayudaba en la “difícil” elección.

Hoy hace cinco años que salí de mi casa nerviosa para ir a recogerte a la tuya. Iba en el coche, conduciendo y pensando en todo lo que podía pasar a partir de ese café…

Hoy hace cinco años que te recogí en tu casa, como a una princesa, y te llevé al centro de Barcelona, a una de las cafeterías que yo conocía y que tienen ese encanto especial para una primera cita.

Hoy hace cinco años que llegamos a nuestra cafetería, en pleno Born, toda ella iluminada a base de velas que estaban por todo el local. Nos tomamos un café y pudimos hablar más de nosotras, contarnos historias, anécdotas, sueños…  Recuerdo muchas de las cosas que nos contamos, me sentía tan cómoda que cada vez iba contando más y más cosas, hablándote de mí sin miramientos.

Hoy hace cinco años que pude conocer a una chica preciosa, simpática, con un gran sentido del humor y especial, muy especial.

Hoy hace cinco años que te llevé a cenar por primera vez. No sabía qué tipo de comida preferías, así que opté por unas tapas. ¿Lo recuerdas, cariño?

Hoy hace cinco años que me tembló el pulso cuando ví que te sentabas a mi lado en la cafetería, muslo con muslo, brazo con brazo.

Hoy hace cinco años que me quedé casi sin aliento al notar tu mano por mi muslo… Lo recuerdo tan bien… Estábamos cenando y ella, sin querer ( O no… ), tiró el vaso con todo su refresco…  Me dejó el pantalón empapado de Nestea… Y ella, muy nerviosa, comenzó a sacar servilletas y a intentar que no me mojara, así que servilleta en mano, me recorrió el muslo, mientras yo me reía y le decía que no importaba…

Hoy hace cinco años que te llevé de vuelta a tu casa, mientras en el coche seguíamos hablando e incluso en algún tramo, cantando. La cita estaba saliendo genial, las dos nos sentíamos muy cómodas, con ganas de que no se pusiera el sol y de que no acabara ese maravilloso jueves…

Hoy hace cinco años que aparqué en frente de tu portal sobre las once de la noche y nos dieron las cuatro de la mañana hablando… Sí, hablando. No pasó absolutamente nada, aunque las dos nos palpábamos las ganas, las cosas como son.

Hoy hace cinco años desde que me enamoré de ti, desde que supe que quería compartir mi vida contigo, desde ese día supe que yo había encontrado a mi mitad, porque cuando estoy sin ti, me siento mermada.

Hoy es un gran día, un día precioso, un día para celebrar… Hoy hacemos cinco años, mi vida y eso me hace muy feliz… Siempre lo hemos celebrado como se merece, ¿Recuerdas? Pero este año la celebración tendrá que esperar un poco….Pero muy poco, porque hoy ya es miércoles y tú el sábado de madrugada llegas… Un poco más, mi vida para disfrutar de todo juntas. Yo puedo, aunque me cueste ¿Y tú?

Sobre las 10 de la mañana me estaba terminando de arreglar para ir a correr y justo llamaron al telefonillo… Cuando abrí… Venía un repartidor con un paquete para mí… La caja estaba llena de corazones en los que se leía Te quiero… Y dentro me esperaba un desayuno bien acompañado por una rosa, por un peluche en forma de corazón, con una taza para el café y una nota, preciosa, que ha conseguido que me emocione y que se me empañen los ojos… Gracias mi vida, por el paquete y por toda la vida que me estás regalando. Te quiero.

 

Sorpresa />

Necesitaba hacer una entrada para poder explicar qué es lo que me ha hecho mi chica, con qué me ha sorprendido y por supuesto, darle las gracias a ella y a todo el mundo que la ha ayudado, porque sois geniales, las cosas como son.

Ayer mi chica vino a recogerme al aeropuerto, que venía de Alicante de la despedida de soltera de mi mejor amiga, cosa que contaré en otra entrada. Como mi vuelo llegaba a las 22 me llevó a cenar a uno de nuestros restaurantes favoritos y así, mientras cenábamos, ponernos al día de lo que habíamos hecho el fin de semana. Yo, lógicamente, le enseñé mil fotos, vídeos, le conté anécdotas… ¡Qué alegría volver a estar en casa con ella!

Cuando llegamos a la puerta de mi casa, giré la llave en la cerradura y lo primero que vi fue eso… ¡Me quedé muerta!

Me quedé unos segundos mirando el panel, con la boca abierta, las manos en el pecho, luego en la cara… La miraba a ella, miraba el panel, que por cierto, es enorme…

Me emocioné mucho, muchísimo.

El panel me felicita por mi aniversario con el blog, que ya ha hecho un año, por superar las 8000 visitas… Y eso, que a mí me emociona ya de por sí, imaginaros si la gente con la que más hablo, que siempre me leen, que siempre me comentan… Han escrito, de su puño y letra, unas palabras para mí, para felicitarme… Es increíble… Sois geniales, ¡¡todos!!

Así que muchas gracias por vuestras palabras, por colaborar con mi chica y ayudarla, por la sorpresa, por guardar silencio y no decir nada… Porque gracias a todo eso, salió todo bien.

Y a ti… ¿Qué te digo? Si es que eres genial… Si es que… ¿Cómo no voy a quererte, cariño? A ti mil gracias… Porque si el blog lleva un año abierto, si el blog lleva más de 8000 visitas, en parte, es culpa tuya… Porque tú eres la protagonista de este blog, tú eres la que palabra a palabra emociona a estas personas, tú eres la que hace que todas esas cosas que siento, broten, salgan y se hagan realidad… porque tú eres todo lo que siempre quise tener y todo lo que ahora no soportaría perder… Porque tú eres… todo, mi todo. ¡¡Gracias preciosa!!

Necesitaba hacer una entrada para poder explicar qué es lo que me ha hecho mi chica, con qué me ha sorprendido y por supuesto, darle las gracias a ella y a todo el mundo que la ha ayudado, porque sois geniales, las cosas como son.

Ayer mi chica vino a recogerme al aeropuerto, que venía de Alicante de la despedida de soltera de mi mejor amiga, cosa que contaré en otra entrada. Como mi vuelo llegaba a las 22 me llevó a cenar a uno de nuestros restaurantes favoritos y así, mientras cenábamos, ponernos al día de lo que habíamos hecho el fin de semana. Yo, lógicamente, le enseñé mil fotos, vídeos, le conté anécdotas… ¡Qué alegría volver a estar en casa con ella!

Cuando llegamos a la puerta de mi casa, giré la llave en la cerradura y lo primero que vi fue eso… ¡Me quedé muerta!

Me quedé unos segundos mirando el panel, con la boca abierta, las manos en el pecho, luego en la cara… La miraba a ella, miraba el panel, que por cierto, es enorme…

Me emocioné mucho, muchísimo.

El panel me felicita por mi aniversario con el blog, que ya ha hecho un año, por superar las 8000 visitas… Y eso, que a mí me emociona ya de por sí, imaginaros si la gente con la que más hablo, que siempre me leen, que siempre me comentan… Han escrito, de su puño y letra, unas palabras para mí, para felicitarme… Es increíble… Sois geniales, ¡¡todos!!

Así que muchas gracias por vuestras palabras, por colaborar con mi chica y ayudarla, por la sorpresa, por guardar silencio y no decir nada… Porque gracias a todo eso, salió todo bien.

Y a ti… ¿Qué te digo? Si es que eres genial… Si es que… ¿Cómo no voy a quererte, cariño? A ti mil gracias… Porque si el blog lleva un año abierto, si el blog lleva más de 8000 visitas, en parte, es culpa tuya… Porque tú eres la protagonista de este blog, tú eres la que palabra a palabra emociona a estas personas, tú eres la que hace que todas esas cosas que siento, broten, salgan y se hagan realidad… porque tú eres todo lo que siempre quise tener y todo lo que ahora no soportaría perder… Porque tú eres… todo, mi todo. ¡¡Gracias preciosa!!

Y por fin llegó el domingo, nuestro día, nuestro único día libre para poder estar las dos juntas y tranquilas, sin problemas de horarios, sin problemas de madrugar o cualquier otra cosa que alterase nuestra marcha. Era para nosotras, nuestro día.

Me encanta tener estos días para nosotras, para no hacer “nada”, para simplemente estar juntas, sin la presión de las agujas del reloj, sin comer a carreras, sin robarnos un beso de despedida que no es más que un sutil roce de labios…

Nos pasamos toda la tarde en el sofá viendo películas, como en los viejos tiempos, disfrutando de historias que hacen que te metas en el papel de los actores, comentando la jugada de lo que iba y no iba a pasar… Así, hasta que bajó el sol, entonces comenzamos a arreglarnos.

No hay nada más motivador que estar arreglándote, en mi caso me estaba pintando el ojo… Y cuando me quise dar cuenta ella me observaba desde la puerta. No os puedo decir cuánto tiempo estuvo ahí o si acababa de llegar, no lo sé. Yo la miré y le dediqué una sonrisa, estaba guapísima, le sienta bien los colores claros… Y ella me miró y me dijo exactamente lo mismo… “Estás guapísima, cariño, guapísima…” Y no te queda otra que comértela a besos…

Íbamos a cenar cerquita de la playa de la Mar Bella. Mucho ambiente, mucha gente, las calles llenas de gente que sale a tomar una cerveza, que sale a tapear… Una delicia para los sentidos pasear y escuchar a tanta gente, en diferentes lenguas, oler el mar, oler las diferentes tapas que servían por el paseo y sentirla a ella, a mi lado, junto  a mí a cada paso…

Nos sentamos en una de las muchas terrazas que hay por aquella zona. Disfrutamos de una cena muy “española” y de una conversación muy nuestra. Por nuestros horarios muchas veces no podemos ponernos al día. Pero siempre tenemos nuestros momentos de no callar, de contarnos todo lo que nos ha pasado durante toda la semana, hablar de sentimientos, de risas, de nosotras… Que es cuando nos damos cuenta de que no se nos acaban las palabras para hablar de nosotras…

Fuimos dando un paseo hasta la playa, que estaba más cerca de lo que me esperaba y allí, en el paseo, nos sentamos en un banco, las dos y nos dejamos seducir por una Barcelona bien distinta a la que conocíamos. Una Barcelona que dormía en el Mediterráneo, una Barcelona a la que la luna, majestad indomable donde las haya, la acunaba, una Barcelona que se dejaba embelesar por muchas parejas, que cómo nosotras, se sentaban a contemplarla, a maravillarse de su costa, de sus vistas, de su paz y de su sosiego… Una Barcelona, que bajo un manto de estrellas, nos recibió, una Barcelona camuflada entre besos de turistas y helados con sabores demasiado dulces cómo para expresarlos… Una Barcelona que nos hizo sentirnos especiales, una Barcelona que enamora a cada paso que das, porque es tan polifacética… Porque es tan especial…

Y allí, piel con piel, mi chica y yo, su mano en mi mano, su mirada en mi boca, mi boca rezando por sus labios, sus labios  entre abiertos esperándome… Y entonces, algo me detuvo, algo cambió los planes de mis labios, algo sucedió… ¡Vi una estrella fugaz!

Sí… Si la noche no era ya mágica solo por estar las dos… Encima había contemplado una de las cosas más bonitas que existe… Una estrella fugaz… Una rastro de luz que cruzó todo el cielo y que a mí me hizo cruzar mi mirada para mirar su paso…

Las estrellas fugaces son especiales… A mí me lo parecen. Porque es cierto que todo el mundo sabe lo que son, pero no se ven a diario, no es una cosa que estemos cansadas de ver… Pero yo la vi ayer… Y tenía que pedir un deseo…

Me quedé un poco pensativa… ¿Qué pido…? ¿Qué deseo pido…? Y la miraba… Puede parecer ridículo, puede parecer de ciencia ficción, pero es cierto… ¿Qué más pido? Lo único que yo puedo desear ahora mismo, hablando de algo meramente personal e íntimo sería continuar como estoy… Solo eso, porque yo… Lo tengo todo, de verdad que sí…

Y mi deseo… Mi deseo se vino con ella a casa… Y mi deseo se acrecentó al acostarnos en la cama… Y mi deseo se acrecentó al sentirla cerca… Y mi deseo… Y mi deseo…

Barcelona es una ciudad a la que odias o a la que amas. Que te parece preciosa y te atrapa, o que no te gusta, sirviendo cualquier excusa. Yo he pasado por las dos etapas, la buena y la mala.

No es fácil empezar una nueva vida en ningún sitio. No es fácil estar en una ciudad de millones de habitantes y sentirte sola, bueno, más que sentirte, tener la certeza de que estás sola. Solo me conocía la gente del trabajo y porque compartíamos ocho horas de trabajo, nadie sabía nada de mí y la verdad es que lo prefería.

Poco a poco fui haciendo amistad con algunos compañeros de trabajo. En concreto con dos chicos y con una chica. Los chicos me trataban genial, además que sabían que era lesbiana e incluso salían conmigo por zonas de ambiente, aunque eso ya llegará. Y también conocía a mi amigo gay que se había trasladado a estudiar a la ciudad condal. Tampoco pintaba tan mal la cosa…

Los chicos siempre me insistían para que saliera con ellos después del trabajo a tomar una cerveza, a cenar o simplemente a dar un paseo. Pero como vivía tan lejos me daba un poco de apuro. Pero un día acepté. ¿Qué más dará coger el tren a las diez de la noche que a las once? Si total, nadie me esperaba. Y sabía que me iba venir bien salir y cambiar de ambiente, hablar de otras cosas, de temas más personales.

Tuve una época de la que no me siento orgullosa pero de la que tampoco me arrepiento. Supongo que simplemente quería disfrutar, reír, no estar en casa sola. Así que me daba igual que día de la semana fuera, que si nos juntábamos los tres, nos liábamos. Jamás falté o llegué tarde al trabajo, así que, tampoco estuvo tan mal. Salíamos mucho, más de lo que debía de permitirme.

Encontré otro piso, en Barcelona capital, en un barrio que me gustaba mucho, y que, económicamente hablando, era adecuado para mí, me lo podía permitir y vivir desahogada.

Una vez instalada en Barcelona y con un alquiler más bajo, comencé a disfrutar a mi manera. Si os digo que llevaba cerca de seis o siete meses en la ciudad y que ni si quiera había visto la Sagrada Familia o el Parque Güell, ¿Me creeríais?  Pues eso fue lo que pasaba, no tenía ganas de hacer nada, de salir, de recorrer Barcelona… Y comencé a hacerlo. Y así, despacito, tratándonos de tú a tú, me enamoré de Barcelona, de sus rincones, de sus calles estrechas o de sus amplias avenidas. Comencé a mirarla a los ojos, ya no me daba miedo ese cielo color ceniza de otoño… Ahora ese cielo, se había convertido en parte de mi vida.

¿Queréis saber cómo fue la primera vez que salí de ambiente por Barcelona? Pues mirad, quedé con mi amigo gay para salir, las discotecas de ambiente están por el centro. Hay una cadena que se llama “Grupo Arena” que tiene varias discotecas muy cerca las unas de las otras: Aire y Arena. Bueno, nosotros no sabíamos a cuál de todas entrar, éramos vírgenes, por decirlo de alguna manera. Así que, tras dar una vuelta de reconocimiento, aprovechando que están muy cerca, nos decidimos por uno.

Una vez dentro, yo no sabía si reír o llorar. Yo era la única chica del local, cosa que tampoco me importaba demasiado, pero me hizo sospechar de que no estábamos en el sitio adecuado. Había muchísimos televisores  por toda la sala y todas ellas con películas porno homosexuales, de chicos, para ser más exactos. Solo había hombres en la sala y la mayoría de ellos podrían ser el padre de cualquier de nosotros. También había un cuarto oscuro. Mi amigo triunfó como creo que no volverá a triunfar en su vida. Se le acercaban muchísimos hombres para invitarle a ir al cuarto oscuro. No os podría decir cuántos hombres se le acercaron, pero muchos. Imaginaros lo incómodo que se sentía mi amigo, yo ni os lo digo, que me pidió que nos fuésemos ipso facto. Así que decidimos cambiar de local.

Al llegar a la puerta del nuevo, vimos que entraba gente joven, de nuestra edad, de nuestra apariencia… Efectivamente. Ese era el sitio del que hablaba todo el mundo. Una discoteca de dos plantas, con dos ambientes totalmente diferenciados por la música y también por la gente. La planta de arriba, la principal, ponían música más tecno y house y se supone que la mayoría de la gente que allí estaba era heterosexual. Sin embargo, en la planta de abajo, ponían  más pachangueo, más música divertida y el 90% de los que allí estábamos, entendíamos.

Luego había otra subdivisión en la planta de abajo. La parte derecha, era de chicas y la izquierda de chicos, lo que quedaba en la separación de ambas, la parte central, era para las divas que allí iban a bailar. No lo digo ni con segundas, ni con malas formas, por supuesto. Pero en esa parte es donde se ponen a bailar las coreografías que ensayaban, era su sitio, su ambiente.

Cuando bajamos mi amigo y yo, y vi el espacio tan grande, la de gente que había allí, y todos o casi todos, entendían, vi las tarimas que había en el lado derecho, ocupadas por chicas de diferentes estilos, todas bailando… Creí morir. Pensé que no me podía morir sin ver algo como esto, ahora ya puedo morir tranquila.

Vengo de una ciudad pequeña en la que el único sitio de ambiente era minúsculo, no pequeño. Donde todos los días nos reuníamos las mismas personas y donde cuando alguien nuevo aparecía, era una novedad que se comentaba durante meses, así que, cuando llegue a esa discoteca, de dos plantas, amplias, llena a rebosar, con chicas bailando en la tarima, muchas chicas, se me antojó un sueño.

No sabía ni a donde mirar, ni cómo comportarme… Era increíble, ¡qué de chicas lesbianas! Pero claro, mi amigo gay también quería disfrutar, rendirse ante Barcelona y me quería llevar al otro extremo de la discoteca. Así nos pasamos media noche, de un sitio a otro de la discoteca. Hablamos con un montón de gente, disfruté muchísimo. Desde aquel día, siempre que salgo deseo que sea ahí, me encanta esa discoteca.

Con los compañeros del trabajo ya no salía tan a menudo, y cuando lo hacía les liaba para que fuera allí. Me encantaba. Yo nunca había ligado con nadie, por decirlo de alguna manera, o no había tonteado. Y esos días lo hacía o me lo hacían siempre que salía.

Con lo tímida que soy para la mayoría de las cosas, una vez estaba allí, no me daba ningún miedo acercarme o que se me acercara nadie. Hablabas, comentabas, ligabas… No se, una época de mucho salir, supongo.

No os penséis que yo soy de las que salía y que me iba con alguien siempre a casa. No, tampoco es eso, aunque tampoco pasaría nada si lo hubiera hecho. Pero si conocía a alguien con quien sí estaba agusto,  que sí que me gustaba, que me apetecía estar con ella… Me lanzaba.

Yo no tenía que dar explicaciones a nadie de nada… Y mucho menos de lo que hacía. Así que me ví en Barcelona, la gran Barcelona, jovencita, con el corazón a trocitos y con ganas de comerme la ciudad cada día que pasaba. Así que, intenté aprovecharlo.

No lo recomiendo como terapia, desde luego que no. Porque sí, sales, bebes, disfrutas, te ríes y te vas de la mano con alguien a tu piso…. Hasta ahí todo de acuerdo, pero después te despiertas y sigues estando tan sola como el día anterior, pero con el aliciente de tener más cosas en las que pensar. Pero yo lo hice, a veces me despertaba bien, porque en verdad había sido una gran noche, y otras me despertaba pensando… No debería de haberlo hecho.

Además de todo lo que os estoy contando, de todo lo que me pasaba en mi vida personal, también he de deciros que en el trabajo tenía dos compañeros que me hacían la vida imposible. Y cuando digo imposible, lo es. No es que me hicieran el vacío, que sí, me lo hacían, pero no era solo eso. A veces aparecía mi coche con una esvástica dibujada en la luna, un post it con alguna palabra tan original como “tortillera” o cosas parecidas. Llamadas por la noche de madrugada, diciendo que sabían quién era, que me observaban, que tuviera cuidado… Y al día siguiente, comentar en el trabajo que si había recibido llamadas nocturnas… Ir al trabajo se convirtió en casi, un suplicio. Pero no me rendí, ni agaché la cabeza ni nada parecido.

¿Qué conocía a una chica que me gustaba? Fácil… La invitaba a que viniera a buscarme al trabajo y me la llevaba a comer o a cenar. No me cortaba, cada vez menos.

¿Que en el trabajo aparecía alguien con quien me pitara el gaydar? Fácil… Le decía siempre alguna cosa, dando a entender a todo el mundo que me importaba un pito lo que pensaran o dejaran de pensar, que no cambiaría, primeramente porque no puedo, y segundo y más importante, porque no quería.

Así que así se desarrolló casi mi primer año en esta gran ciudad. Un año en el que experimenté todas las sensaciones del mundo.

Después de esta etapa tan desastrosa pero para mí necesaria para valorar y aprender, después de todo esto, llegó ella, mi vida, mi tranquilidad, mi serenidad, mi todo, porque ella trajo a mi vida, todo.

Mil gracias por estar al otro lado, de verdad.

Un saludo, muac.