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Apagué una a una las luces de todo el piso y cerré la puerta con llave tras de mí. Me puse mis gafas de pasta que solo me ponía para leer y me dirigí al dormitorio.
Encendí la luz de la mesita y me acosté, besando a mi chica en la cabeza. Ella, se volvió hacia a mí y me devolvió el beso.
-¿Qué miras amor? – Le pregunté.
-Lo de la luna de miel, cariño. –Me dijo enseñándome la pantalla del móvil – Me han dicho que esta agencia es muy buena y hace muy buenos precios.
Cogí el libro que acababa de comprar y que descansaba ya en mi mesita, junto al interruptor de la lámpara de noche. Acomodé los almohadones tras de mí y abrí el libro en la primera página.
Me encanta la sensación de abrir un libro por primera vez, la sensación de saber que todas esas páginas me van a regalar momentos increíbles, sin saber exactamente cuáles serán. Leer es un vicio, pero no es un vicio apto para cualquiera.
Comencé a leer el capítulo 1 mientras mi chica se acomodaba sobre mi pecho, sujetando el teléfono entre sus manos.
Entonces sonreí. Sonreí para mí misma, en silencio, sin muecas ni aspavientos. Sonreí por la vida, por los pequeños detalles, por las grandes ocasiones. ¡Eso era! Era una gran ocasión… Grandísima ocasión, era tan grande, que yo misma firmaría porque todas las noches a partir de esta, me acueste abrazando a la misma mujer mientras sujeto un libro entre mis manos y me siento tan absolutamente feliz. Porque firmaría por acariciar su pelo mientras la observo pensativa hacer o deshacer millones de cosas y sentir que soy feliz. Porque firmaría por tener como preocupación cada noche, cuantos capítulos voy a leer…. Por eso firmaría, por más noches cómo la de hoy, por más días como este.
Ahora ya, buenas noches. He dejado el libro en mi mesita, he apagado la luz y he besado a mi chica. Ahora, solo me queda acurrucarme a su lado y… Seguir soñando, porque eso es lo que es mi vida. Un sueño, mi sueño.

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A veces es duro estar lejos de casa…

Sí, a pesar de que llevo poco más de 9 años fuera de casa, hay días que lo echo tanto de menos…

Salí de mi casa siendo aún muy joven para buscarme la vida o encontrar un futuro. Debía de prepararme y luchar por lo que quería. Eso hice. A los 19 años, cogí una maleta grande y dejé atrás todo aquello que conocía, todas las personas a las que siempre había tenido cerca… No fue fácil, pero volvería hacerlo, sin duda. Estaban por llegar los mejores años de mi vida.

Me acostumbre enseguida a estar fuera, a estar lejos. Me acostumbré a echar de menos a los míos, a mis costumbres, a mis manías, a mi casa y a mi cama, a la manera de cocinar de mi madre, a los sonidos típicos de mi casa… Me acostumbré a no tenerlo y me acostumbré a continuar hacia delante.

Las nuevas etapas que tenía por delante, marcarían un antes y un después en mi personalidad y en mi actitud ante la vida, ante el amor y ante la amistad. Fue una época de muchos cambios, de muchos quebraderos de cabeza y sin duda, una época que no podré olvidar.

Descubrí quien soy, o mejor dicho, reuní el valor suficiente para ser yo misma… No fue fácil, pero lo hice. Aprendí de la vida, de la distancia, del estar lejos de casa, de no ahogarme en un vaso de agua por alguna nimiedad. Aprendí del valor de sentirme sola, de la libertad y de la soledad que esto me daba… Aprendí a llorar tan en silencio, que ni siquiera mi compañera de habitación se percataba. Aprendí a llevar una relación con una chica, en secreto al principio, sin ser descubiertas por nadie. Aprendí a sonreír mientras besaba y a besar sonriendo. Aprendí a estar sola y los míos se acostumbraron a mi ausencia…

Lo mejor de irse, sin duda, es volver. Siempre he notado que cuando voy a casa a pasar unos días, toda mi gente se vuelca en mí. Me preparan mis comidas preferidas, me hacen café, me van a buscar en coche, quedan conmigo, me llevan a comer fuera de casa… Pero aun así, no consuela.

Hay días en los que, a pesar de todo, me siento sola. Sí, sola. Me he dado cuenta de que he dejado muchos amigos por el camino, que cada poco me despido de gente que me ha importado mucho y que ha significado mucho para mí. Me doy cuenta de que tengo amigos en muchas ciudades de España, pero todos lejos.

Es cierto que estoy genial en Barcelona y que adoro esta ciudad, que adoro la vida que aquí llevo, que adoro a mi chica sobre todas las cosas, pero también es cierto que echo de menos los planes que hacíamos antes con nuestros amigos. Nosotras seguimos llevando el mismo ritmo que hace unos meses, por lo que en ese aspecto, seguimos igual de bien. Pero desde hace un tiempo a estar parte, parece que nuestros amigos tengan planes, no tengan tiempo, no puedan quedar…

No penséis mal, no hay ningún problema, ni ningún mal rollo. Nos llevamos genial y pongo la mano en el fuego en que tanto por su parte, como por la nuestra, cualquier cosa que necesiten, aquí estaremos… Pero no hace falta necesitar a un amigo para estar  o para que la otra persona sienta que “estás”… No sé si me explico… Me gustaría quedar para ir al cine porque surge o ir a cenar sin ser un sábado, salir a tomar un café y al final tomar tres porque no paramos de hablar, planear una escapada de fin de semana, salir a tomar unos cócteles… Pero todo esto, porque sí, sin más, sin dar ninguna explicación… Echo de menos la espontaneidad que teníamos, sí, podríamos decir que es así. Quedar por quedar, hablar por hablar.

Echo de menos tantas cosas…

Para muchos de nosotros puede parecer que ha pasado mucho tiempo, pero lo cierto es que no es así, solo han pasado 24 años desde que la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad. Hace solo 24 años que ya no nos consideran enfermos mentarles por sentir atracción por personas de nuestro mismo sexo… Hace 24 años ya había televisión en color, había videoconsolas y otros inventos revolucionarios, pero también había homofobia y mucha.

Hace 24 años, tenía yo cinco… Y creía que el mundo era un lugar en el que nadie podría faltarte al respeto, ni infravalorarte como persona por ser quien eres y ser cómo eres, pero yo solo tenía cinco años y un millón de experiencias por delante.

Es cierto que a pesar de que ha pasado el tiempo, a pesar de que ya no se considera una enfermedad, a pesar de que se ha regulado la situación de las parejas que conviven juntas, que se quieren casar o incluso formar una familia, es cierto que aún queda demasiado por lo que luchar. En cuanto a derechos, podemos afirmar que sí, que hemos “ganado más derechos”, pero para mí eso no es ganarlos… ¿Por qué se considera que he ganado derechos cuando simplemente se ha equiparado mi situación a la del resto de la población que vive en España?

Estamos muy equivocados… Muchas veces, la gente comenta que ya hemos avanzado… Que ya hemos conseguido esta y aquella cosa… Pero yo no tendría que luchar por conseguir unos derechos que deberían serme intrínsecos por el mero hecho de ser una persona y sin embargo, me tengo que sentir orgullosa de que no me consideren una enferma mental, de que no me arresten, ni me condenen a alguna cárcel, de que me dejen convivir y formar una familia con otra mujer… Porque al final, mi vida ha sido un regalo de todos aquellos que han querido cambiar las cosas…

El pasado día 17 de mayo se celebró este día, el día internacional contra la homofobia y la transfobia. El pasado 17 de mayo se rememoró que ya no es una enfermedad mental y que la mayoría de los países desarrollados aceptan a las parejas del mismo sexo, aunque no hay que olvidar que aún quedan más de 80 países que condenan a las  personas del mismo sexo, desde a prisiones hasta la pena de muerte… Aún queda tanto por hacer…

Yo celebré ese día con mi chica, como si fuera un día más… Porque para mí, cada día a su lado, es una lucha contra la homofobia y apoyando la visibilidad lésbica. No hay nada mejor que mostrarse para que lleguen a respetarte. El tabú mata, el tabú engaña.

Se tu misma, porque al final solo te engañas a ti…

Hoy es uno de esos días en los que necesito mimos, en los que necesito miradas cómplices, palabras susurradas al oído y gritadas en medio de la noche, en los que necesito tu mano calmando mis nervios, calmando mis disgustos, calmando mis palabras aceleradas…

Hoy es uno de esos días en los que todo lo que siento lo magnifico, lo confundo, lo asocio, lo borro… Lo multiplico… Por eso necesito tu mano sobre la mía, para dividirlo, para minarlo, para acabar con “eso”.

Hoy es uno de esos días en los que me alimento de tus abrazos, que me sujetan fuerte, que sujetan mi angustia, mi pesar, mis disgustos, mis exageradas preocupaciones…

Hoy es uno de esos días en los que necesito hablar, de ti de mí, de mi pasado, de nuestro futuro. Hoy es uno de esos días en los que quiero hablarte, en los que quiero contarte, en los que quiero sincerarme, solo contigo, solo para ti. Mi voz, mis preocupaciones y tú, con tu sonrisa y tu mano sobre la mía, calmándome.

Hoy es uno de esos días en los que ya no puedo fingir más, porque esa es mi mayor especialidad, fingir, mentir, aparentar… Pero a veces, a veces es tan difícil cariño, que no puedo más… NO debería fingir, lo sé, pero es tan duro verte preocupada, es tan duro ver que sufres y que lo haces por lo que yo te cuento, por lo que yo siento, por lo que yo estoy pasando… Que prefiero tragar yo, que prefiero agacharme un poco, cargármelo a la espalda y tirar hacia delante, como siempre he hecho, se me da tan bien… Pero ahora es distinto… Ahora no soy tan valiente… Ahora lo hago, sí, cierto, pero porque sé que tú estás a mi lado, velando por mí, como si fueras mi muleta o mi cayado… Que va junto a mí y si tropiezo o no puedo más… Me sujetarás, me abrazarás, me besarás y todo lo que siento, se esfumara mientras esté entre tus brazos…

Hoy es uno de esos días en los que miro al cielo y agradezco, sea quien sea quién esté allí arriba, por tenerte a mi lado, por ser mi cayado y la que me habla, la que me sugiere, la que sonríe a mis preocupaciones, la que acuna mis miedos hasta que se duermen, hasta que desaparecen, la que está a mi lado sin pesares, porque el hecho de no estar, sería un gran pesar.

Hoy es uno de esos días en el que te echo de menos a cada segundo, a cada parpadear, a cada “ahora vengo, no tardo…” Hoy es uno de esos días en los que necesito tu piel junto a la mía, tu piel sobre la mía, tu mano calmando cada poro de mi piel…  Hoy es uno de esos días, cariño, en los que no me aguanto ni yo, en los que pienso demasiado las pequeñas cosas, en las que me siento tan afortunada por mil razones y tan imbécil de no disfrutarlas. Hoy es uno de esos días, en los que sé que tengo más  de lo que merezco, de que tengo más que suficiente para ser feliz y sé que lo que hoy, y solo hoy, no me deja avanzar, son solo tonterías, pequeños cántaros en el camino, que puedo bordearlos, saltarlos e incluso cogerlos y arrojarlos al olvido, al rio, al desahucio… Pero seré débil, estaré débil, me estaré dejando ganar…

Hoy es uno de esos días en el que escribo estas letras y estoy deseando firmarlas, para ir a la habitación de al lado y darte un abrazo y que tus brazos me protejan de mi miedo. Hoy es uno de esos días, cariño…

Creo que jamás podré olvidar el pasado día 10 de septiembre… Y no es para menos.

El pasado martes pasaron dos hechos que para mí son muy importantes y que los he valorado mucho. Ese día el dijeron a mi hermana el sexo del bebé, cosa que os diré más adelante, por supuesto. Y la otra cosa es que ese día mi pareja y yo hacíamos un año de pareja de hecho.

 

Vayamos por “mi aniversario”. Pues bien, en verdad, nuestro aniversario, el de siempre, el que siempre hemos celebrado es en enero, que es cuando comenzamos a salir… Pero ahora hace un año que nos hicimos pareja de hecho y… ¿Por qué no celebrarlo?

Creo que los aniversarios, aunque su nombre me lleve la contrario, no han de celebrarse solo una vez al año. O explicado de otra manera, no debería solo de importar un día cada 365. El aniversario debería de celebrarse a diario, porque cada día puede ser un regalo si sabes cómo aprovecharlo.

Hay dos cosas que me definen perfectamente y que, según las mires, pueden ser una bendición o tu propio infierno. Una es que adoro la fotografía, cosa que creo que ya os he comentado. Tengo fotos de todas las cosas que os podréis imaginar y al llegar a casa las guardo con la fecha y el lugar donde las realicé. Y la otra “bendición” es mi memoria… Tengo una buena memoria, me acuerdo de las cosas más insignificantes o carentes de significado para muchos… Pero para mí, cargadas de magia. ¿Cuál es el problema? Que solo con pararme a pensar, recuerdo cosas que hice hace un año, lógicamente, cosas concretas, cosas algo especiales… ¿Cuál es el problema? Que tanto ella, cómo yo, procuramos y luchamos porque cada día sea distinto, porque cada semana tengamos mil recuerdos… Yo por mí, desde hace más de cuatro años, cada bien poco podría celebrar mi aniversario, porque siempre recuerdo algo que hice con ella en esa misma fecha…

Al principio… No sabía si celebrarlo, si no… Si comprarle un detalle… Si llevarla a cenar… Pero ¿Sabéis qué? Ya está bien de que el calendario me avise de cuando he de tener un detalle o invitarla a cenar… Ya está bien… Así que si salimos a cenar o tengo un detalle con ella o lo que sea… Que sea porque es lo que más deseo y porque la sonrisa y la cara de sorpresa que pone cuando la sorprendo, vale más que cualquier calendario, cualquier aniversario y cualquier cosa… Es de esas pocas… Que no se compran con dinero, pero tampoco pueden pagarse.

Y en lo referente a mi hermana… Sabíamos desde hace tiempo que el día 10 le harían la “ecografía”, en la que le dirían ya el sexo del bebé.

Siempre, cuando ves a una embarazada, la gente se aventura a decir, a apostar, a vaticinar el sexo de la criatura que lleva dentro… Nosotros no somos diferentes al resto…

Tanto mi chica como yo, desde hace ya tiempo, sospechábamos o teníamos el pálpito, llamarlo como queráis, de que sería una niña… El caso es que hablando con mi hermana nos dijo que tanto ella, como mi cuñado también creían que sería una niña…

Cuando la vimos hace unos días, que ya se le notaba más el embarazo, tenía la barriga muy redondita, y la cara también. Dicen, se cuenta, se rumorea… que cuando la forma de tu barriga es así, es porque llevas una niña… Yo la verdad, que no se si creer en estas cosas, pero yo también sentía que sería tía de una niña…

Ayer me llamó mi hermana para confirmarme lo que esperábamos. Será una niña… Una nena…

Estamos encantadas, las cosas como son. A mí la verdad, si os soy sincera, me daba igual una cosa que otra. Me hace tantísima ilusión el ser tía, que el resto, me es igual.

A veces, cuando salía a dar un paseo y veía algún vestido o algún peluche… Decía…”Espérate… espérate…” ¿Ahora? Al menos se lo que es… Y a partir de ahí… Ya puedo ir haciendo cosas…

Para mi pequeña, que algún día lo leerá, porque yo se lo enseñaré… El día 10 de septiembre, estando tu madre de cinco meses, me hiciste ya inmensamente feliz. No lo olvidaré, jamás…

Aprovechando que hoy es el día del orgullo, aprovechando que hoy es #28J, aprovechando que cada año más gente conoce este día, aprovechando que tengo la oportunidad de escribir, quería desearos un feliz día, un feliz orgullo y muy feliz visibilidad.

Algunos dicen que la gente que es como yo… no somos gente sana, que no estamos mentalmente bien, que estamos enfermos, que somos depravados, que “no tenemos derecho a tener derechos”, valga la redundancia… Y dicen esto y se quedan tan tranquilos, se encienden un puro y continúan con su vida, sin preocupaciones, sin miedo ni temor, sin aguantar insultos, vejaciones, humillaciones…

Muchos de nosotros hemos sufrido, nos han puesto trabas, nos han surgido miles de problemas por el camino y hemos llorado lágrimas de orgullo, lágrimas que escupían la realidad de esta sociedad… Así que sí, tenemos nuestro día, nuestro día del orgullo, nuestro PRIDE. No es que seamos especiales, ni mucho menos, el día del orgullo viene de lejos, aunque no tanto, y viene como la mayoría de las cosas importantes que tenemos, de una lucha, de una pugna, de hombres y mujeres valientes, luchadores, que no se cohibieron, que no tuvieron miedo y se enfrentaron a quien se le puso por delante… Por esa gente que se manifestó, que se enfrentó, que luchó, que fue golpeada, insultada, detenida y a saber qué más… Por esa gente estamos hoy donde estamos y podemos disfrutar de miles de cosas…
Cierto que esas cosas deberían de ser derechos inherentes a las personas, estamos de acuerdo, pero nunca lo fueron. Esos derechos que hoy en muchos sitios podemos disfrutar se consiguieron por el esfuerzo, el sudor y la sangre de muchas personas que no se rindieron, que sabían que el amor jamás puede considerarse algo malo, algo enfermizo, algo a que tratar a base de terapias que lo único que saneaban era las cuentas corrientes…

Un día en el programa de radio ( www.elandamio.org ) hablé sobre este tema, contando toda la historia de los disturbios de Stonewall, la historia de nuestra bandera, del arco iris… Es muy interesante saber de dónde vienen las cosas y por qué.

Así que, amigXs, disfrutar del día de hoy, disfrutar de esto 28 de junio que viene cargado siempre de millones de proyectos, planes, de luchas nuevas que debemos afrontar… Pero como siempre, unidos, dándonos apoyo, luchando unos junto a otros, somos fuertes, somos muchos y luchamos por una causa común.

Y sí, quizá esté enferma, porque me he dado cuenta de que me gustan mucho las mujeres, que me gusta mucho desnudar a mi chica, botón a botón, suspiro a suspiro… No hay sensación tan quimérica como desnudar a alguien a quien deseas… No hay enfermedad más palpable que observar mis ojos cuando la miro, cuando la siento, cuando recibo un mensaje de ella, cuando me dice ¡guapa!, cuando me llama con algún apelativo cariñoso, cuando me despierto sabiendo de ella… Así que sí, estoy enferma, pero me encanta esta enfermedad… Porque si hubiera más gente como yo, como tú, que lees esto, el mundo iría mejor, todo estaría mejor… No hay nada como acostarse sintiéndose querida y sabiendo que tu amor, tu cariño, tu fuerza, tu energía sirve para mucho, para muchas personas.

¡¡Feliz día amigos!! Y a los que estáis por Barcelona ¿Nos veremos?

Cómo todo lo bueno en esta vida… Mis vacaciones se acaban. Bueno, aun tenemos por delante tres días llenos de planes, escapadas, quedadas y cenas… Pero se acaban, cuando queramos darnos cuenta, estaremos de nuevo en Barcelona, disfrutando de nuestro día a día y volviendo a lo cotidiano, que para que engañarnos, ¡tampoco está mal!

Pero si hacemos balance de nuestros días fuera de la rutina, se nos queda un buen sabor de boca. Hemos pasado unos días increíbles lejos de Barcelona y muy cerca de toda mi gente.

Para mí es increíble poder pasear por mi ciudad con mi pareja y ver todos los sitios que han marcado mi vida, en diferentes aspectos, porque al fin y al cabo, he nacido y he crecido aquí y me siento más que orgullosa de ello.

Además, por suerte, soy de una ciudad con mucho pasado histórico y con muchos monumentos que lo acreditan. Recuerdo cuando iba al instituto que además de dar la historia o el arte de muchísimos sitios, nos “metían caña” con la historia de nuestra ciudad, con todo nuestro arte, con leyendas y anécdotas… Y ahora, varios años después, salgo a pasear con mi chica y le voy explicando todos los recuerdos que tengo sobre la historia y las leyendas.

Tengo la suerte de que a ella le encanta escuchar lo que le cuento, así que yo hablo y hablo sobre mil temas diferentes, mezclando unos con otros, porque a cada paso que damos, recuerdo una cosa… Y ella, paciente, me escucha, me pregunta las dudas que le surgen…

Pero e1n fin, nos han venido bien estos días, lejos de todo… lejos de ruidos, despertadores, jefes impacientes, atascos en las rondas… No me creeréis si os digo que casi… Ni he mirado el móvil… Estoy tan relajada y tan tranquila, que cuando saco el móvil y lo miro… Me asusto de la cantidad de mensajes o menciones que tengo…

Lo que más echaba de menos era escribir… Tengo pendientes varias publicaciones, pero como no paramos, no he podido sentarme dos minutos e informar de nuestros pasos, pero al final de esta semana volveremos a casa y seguiremos con nuestra rutina, que si os digo la verdad, me encanta… Aunque lo de madrugar no tanto… El resto, sí. Es nuestra vida, la que hemos ido construyendo las dos, a base de ideas, de gustos, de largas conversaciones, es NUESTRA vida, y para mí, es maravillosa.

Os mando un beso muy fuerte y deciros que a finales de esta semana estaré ya por allí dándolo todo…!!

Un saludo, muac!