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Está claro que las palabras no son barro para poderlas moldear. Ni son notas, para poderlas componer y después tocar. Ni  son estrellas a las que en el cielo, seguir sus huellas. No, no son nada de esto. Las palabras no son barro, ni son notas, ni son estrellas. Son rimas, huérfanas de vocales, son prosas, desabrigadas de tildes, que describen lo que siento, como un alfarero, cómo un músico, cómo un amante del cielo. Cómo yo cuando te veo.

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Me quedaba sin aire, necesitaba respirar, necesitaba salir a la oscura noche y empaparme de ella. ¿Cuántos días llevaba sintiéndome así? Desde que ella se había ido, desde que en ella se  había dormido la vida.

Decidí moverme, acelerar mi corazón a base de subir escaleras y no de enjuagarme las lágrimas. Subí a la azotea del edificio, la puerta estaba cerrada. Busqué en mi bolsillo el manojo de llaves y al fin, logré abrir aquella puerta que me separaba de ese aire que necesitaba para seguir respirando.

El aire en las alturas siempre es más frío, menos denso y se respira mejor. Te cala hasta los huesos en una sola bocanada. Me empapé de aire frío y me acerqué al borde, para ver bien la ciudad, para ver a la gente pasear, aunque desde un octavo, apenas se aprecia el movimiento.

Me encendí un cigarro, el humo azul lo impregnó todo, menos su recuerdo. “¿Recuerdas el primer cigarro que compartimos?” Pregunté en voz alta mirando al cielo. “¿Recuerdas como tosía?”… Y expulsé el humo con la mirada clavada arriba y sintiéndome observado por alguien sin vida.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo que en verdad queremos. Mirar al cielo y decir lo que soñamos cada noche, lo que añoramos cada hora, lo que querríamos tener a toda prisa, sin demora.

Hay veces que nos da miedo decir en alto aquello que nos da miedo. Como si el miedo, el orgullo o simplemente la vida, pudiera escucharnos y pudiera reírse a nuestro lado. No tengas miedo, no temas en mirar al cielo y en reconocer que a veces la vida, te causa cierto recelo, que a veces el amor y los sentimientos secuestran a Morfeo y te roban la razón e incluso el sueño.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo felices que somos… Cuenta la leyenda, cuenta la ficción, que quien dice en alto lo que sueña o lo que quiere se le gafa el futuro, se le gafa cada ocasión. Por eso las personas prefieren silenciar su boca, silenciar sus labios y al mirar al cielo, al contemplar los pájaros, deleitarse con su vuelo y olvidar sus deseos…

Hay veces que nos da miedo decir en alto un te quiero, un perdón, un me importas sin ninguna condición. A veces nos da miedo expresar lo que sentimos, descifrar lo que en realidad dice mi mirada, la forma en que te miro, la forma en la que te digo lo mucho que me importas y lo mucho que te cuido. A veces nos da miedo sentir por alguien que no siente lo mismo. A veces nos da miedo darle vida a esas palabras, darle luz verde a esa voz para que pronuncie miles de halagos… A veces nos da miedo sentir… A veces nos da miedo vivir… A veces morimos un poco de tanto temer.

Porque la vida no es blanca o es negra, porque la vida no es mala o es buena, porque la vida no es justa, porque la vida a todos nos asusta, porque la vida hay que vivirla de la única manera que sabemos y no es precisamente a base de miedo.

Porque el miedo te hacer ser quien en realidad no eres, porque el miedo te cambia, el miedo te traslada, el miedo se hace contigo y con tus palabras. Así que, se valiente y lucha, se valiente y vive, se valiente y levántate. Mira a la vida a los ojos, mírala fijamente, verás que no ataca, que ni siquiera muerde… Que no te intimide, que no te amedrente, porque quien está escribiendo, no te miente.

Sonríe y enseña bien los dientes, que sea una sonrisa amplia, limpia, transparente. Que la vida no te asuste, que la vida no te imponga sus miedos y sus temores. Sonríe y se feliz… Sonríe y no mientas a la vida, que ella todo lo sabe y todo lo entiende. Porque el miedo se te pega a la espalda, a la suela de tus zapatos a tus talones… Porque el miedo se convierte en tu sombra, aunque no la veas, está ahí, contigo, a tu lado. Porque el miedo es la peor negrura, porque el miedo no se tapa con una máscara ni con ninguna envoltura, el miedo te digan lo que digan, se cura, se alivia, se pasa…

Así que sal a la calle, llena tus pulmones de aire y mira al cielo… Cuéntale tus cosas, tus pasiones, tus pesares… Cuéntale, explícale, cálmate… Nadie te ve, nadie te oye, nadie se fija… Es una cosa tuya, para ti, por ti…

La noche cae sobre mí, a plomo, sin miramientos. El cielo oscuro lo envuelve todo, desde la inmensa Barcelona hasta mi alma. Desde el mar Mediterráneo hasta mis sueños más profundos y secretos. La noche lo envuelve todo, con su manto negro, sin estrellas, sin concesiones.

La noche cae sobre mí. Todos duermen, mi alma piensa, mi alma escribe estas letras mientras yo, me embebo de esta oscuridad, mientras yo busco la luna entre la negrura.

La noche cae sobre mí y todos duermen, tú también, preciosa. Sé que estarás durmiendo, sé que estarás bien. Y yo, al tenerte lejos, al estar separada de ti, mientras busco la luna, te pienso, así es más corta la distancia que nos separa, así, mientras estás durmiendo, sin que te des cuenta y sin despertarte, te acaricio el pelo y te beso en la frente.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti, en tus ojos grandes, en la manera que me miran, en la manera que sé que me ven, no es mirar por mirar. Sé que me miras y que me ves, que ves lo que hay en mí, lo que siento, lo que pienso y lo que necesito a cada momento, lo sé, es lo que me haces sentir.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti, en tus labios gruesos, en tus labios sonrosados, en tus labios siempre intentando robarme un beso. Pienso en esos labios, en como dibujan la sonrisa más preciosa que ilumina mi día a día. Esa sonrisa que, por suerte, duerme cada noche al otro lado de mi almohada. Esa sonrisa que compartes conmigo y que se ha convertido en mi sino. Sí, ese es mi sino, el hacer que esa sonrisa salga todos los días a iluminar el mundo, mi mundo. Que esa sonrisa no se borre nunca, ni un solo segundo, porque de la misma manera que yo veo luz cuando la sacas a pasear, se que el resto de la gente también puede verlo. No hay nada más grande que hacer feliz a alguien solo por sonreír, y tú lo haces.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en tu dulce voz y como esa melodía pagana es capaz de transportarme a cualquier parte, cómo puede un simple hilo de voz calmar toda la ansiedad y liberarme de la carga que aplasta mis hombros, una simple voz, una voz dulce, tu voz, que calma todos mis males, que sacia todas mis necesidades y que, me acaricia el alma al darme las buenas noches.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en todos los miedos que me has hecho superar, en todas las batallas que contigo comencé a librar y que a día de hoy ya están superadas y olvidadas, en todos los complejos que ya no siento ni veo, gracias a ti, en todo el apoyo que recibo por tu parte en las mil y una empresas que inicio, en las mil y una que se me ocurren y en cada una que caigo o que fracaso.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en las ganas que tengo de poder estar en la cama, junto a ti, arropando tus sueños a base de besos, arropando tus sueños junto a los míos. Porque si tuviera el placer de estar ahora mismo acostada a tu lado, no lo dudes cariño, estaría abrazada a ti, dándote todo mi calor y mi cariño. Ojala estuviera allí contigo.

La noche cae sobre mí y todos duermen, en embargo yo estoy despierta. Busco la luna entre las tinieblas, entre este manto negruzco que ha caído hoy sobre el cielo de Barcelona. Busco el resplandor de la luna, dama indomable donde las haya, y así voy robando horas al reloj… Robando tiempo al tiempo va pasando la noche…Robando tiempo al tiempo llegaré antes a ti, al calor de nuestra casa, nuestro hogar, al calor de esos labios a los que he echado de menos toda la noche, al calor de una cama que a tu lado es mucho más que eso, es un refugio, mi refugio, el nuestro.

La noche cae sobre mí y todos duermen…

Me falta una semana y un día para coger las vacaciones, mis ansiadas vacaciones. No os podéis hacer una idea de las ganas que tengo… Pensareis, ¿Quién no tendría ganas de coger vacaciones? Ya… Supongo que es lo normal, pero yo estas vacaciones me voy a casa, a mi casa.

Puede parecer una tontería pero no voy desde principios de octubre y el tiempo ya hace mella. Tengo ganas de ver a mis hermanos, a mi abuela, a mis padres y al resto de la familia y amigos, por supuesto. Pero también tengo ganas de “Estar en mi casa” de terminar de comer y sentarme en mi sofá, donde siempre me sentaba, disfrutar del olor característico de mi casa, ese que nota la gente de fuera y yo soy ya de fuera y lo noto. Me apetece comer la comida de mi madre, porque en ningún sitio se come como en casa.

A mí me encanta cocinar y siempre que hago algo nuevo, hablo con mi madre para que me ayude, pero no sabe igual. No sé si será la casa, la familia o el truco final, pero las comidas no saben igual.

Tengo ganas de vivir diez días como si el tiempo no hubiera pasado. Durmiendo en mi casa, mi madre llamándome para comer o salir de cervezas.

Me encanta estar en mi casa, en mi ciudad y además, como siempre, me acompaña mi chica, lo que significa que durante diez días le contaré mil historias. Las historias que voy recordando mientras paseamos. En cada calle tengo algo que contar, siempre. El problema es que hemos ido muchas veces juntas y la mayoría de las historias ya las sabe, pero me escucha como si fuera la primera vez que las cuento, creo que nota mi ilusión.

Me gusta mi ciudad, me gusta toda la historia que se puede leer en sus calles. Me gusta pasear por sus calles estrechas, tranquila, sin prisa, sin el sonido de las sirenas de bomberos o ambulancias, sin la prisa que lleva la gente por aquí por Barcelona. Pasear por pasear. Parar, tomar una caña o un vino, comer la tapa que te ponen ( Sí, gratis) y continuar.

No tener que coger el metro, coche o moto durante diez días, porque a todos los sitios se puede ir andando, si quieres, claro. Disfrutar de los espacios verdes que me ofrece la ciudad, que son muchísimos. Y respirar. Mirar al cielo y respirar y llenarme los pulmones de aire limpio.

Tengo ganas de estar con mi abuela que hace unos días fue su cumpleaños y no pude estar en la celebración. Le llevaré unos regalos. Estoy deseando que los abra, ver la cara de niña pequeña que se le pone, con una ilusión en los ojos que es indescriptible. Terminar de comer y jugar con ella al parchís, durante al menos dos horas… Y mientras jugamos que me cuente mil historias, las mismas de siempre, y como siempre, a mí me encanta. Disfruto como si fuese la primera vez, porque es ella, porque estoy junto a ella.

Estoy deseando estar por mi casa… Estar por mi ciudad… Estar con mi gente…

La verdad que echo mucho de menos mil cosas de allí. Echo muchísimo de menos a las personas que dejé allí, a las tradiciones, a las costumbres, a la forma de vida, a los paisajes… Pero sobre todo, echo de menos a mis hermanos.

Somos tres, contándome a mí, yo soy la del medio. Y puedo asegurar que estamos los tres muy unidos. Yo no doy más de dos pasos sin comentarlo con ellos. Son un gran apoyo.

La verdad es que no lo hemos pasado demasiado bien y solo contábamos con el apoyo que nos podíamos aportar nosotros. Es decir, que en las personas que más confío, son ellos. ¿Qué me pasa algo extraordinario? A ellos se lo cuento… Igual a mis padres ni se lo comento, por falta de confianza, por falta de cercanía… Pero a ellos sí.

Y estoy deseando que estemos los tres juntos, porque cuando estamos juntos, sé que no nos puede pasar nada. Cuando estamos juntos disfrutamos, nos reímos muchísimo, nos ponemos al día… Mi chica alucina cuando nos ve juntos, porque somos como un terremoto…

Así que, deseando que llegue el próximo domingo para poder estar diez días por mi tierra, que ya toca! Y descansar y recargar las pilas.

Un saludo, muac.