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A veces es duro estar lejos de casa…

Sí, a pesar de que llevo poco más de 9 años fuera de casa, hay días que lo echo tanto de menos…

Salí de mi casa siendo aún muy joven para buscarme la vida o encontrar un futuro. Debía de prepararme y luchar por lo que quería. Eso hice. A los 19 años, cogí una maleta grande y dejé atrás todo aquello que conocía, todas las personas a las que siempre había tenido cerca… No fue fácil, pero volvería hacerlo, sin duda. Estaban por llegar los mejores años de mi vida.

Me acostumbre enseguida a estar fuera, a estar lejos. Me acostumbré a echar de menos a los míos, a mis costumbres, a mis manías, a mi casa y a mi cama, a la manera de cocinar de mi madre, a los sonidos típicos de mi casa… Me acostumbré a no tenerlo y me acostumbré a continuar hacia delante.

Las nuevas etapas que tenía por delante, marcarían un antes y un después en mi personalidad y en mi actitud ante la vida, ante el amor y ante la amistad. Fue una época de muchos cambios, de muchos quebraderos de cabeza y sin duda, una época que no podré olvidar.

Descubrí quien soy, o mejor dicho, reuní el valor suficiente para ser yo misma… No fue fácil, pero lo hice. Aprendí de la vida, de la distancia, del estar lejos de casa, de no ahogarme en un vaso de agua por alguna nimiedad. Aprendí del valor de sentirme sola, de la libertad y de la soledad que esto me daba… Aprendí a llorar tan en silencio, que ni siquiera mi compañera de habitación se percataba. Aprendí a llevar una relación con una chica, en secreto al principio, sin ser descubiertas por nadie. Aprendí a sonreír mientras besaba y a besar sonriendo. Aprendí a estar sola y los míos se acostumbraron a mi ausencia…

Lo mejor de irse, sin duda, es volver. Siempre he notado que cuando voy a casa a pasar unos días, toda mi gente se vuelca en mí. Me preparan mis comidas preferidas, me hacen café, me van a buscar en coche, quedan conmigo, me llevan a comer fuera de casa… Pero aun así, no consuela.

Hay días en los que, a pesar de todo, me siento sola. Sí, sola. Me he dado cuenta de que he dejado muchos amigos por el camino, que cada poco me despido de gente que me ha importado mucho y que ha significado mucho para mí. Me doy cuenta de que tengo amigos en muchas ciudades de España, pero todos lejos.

Es cierto que estoy genial en Barcelona y que adoro esta ciudad, que adoro la vida que aquí llevo, que adoro a mi chica sobre todas las cosas, pero también es cierto que echo de menos los planes que hacíamos antes con nuestros amigos. Nosotras seguimos llevando el mismo ritmo que hace unos meses, por lo que en ese aspecto, seguimos igual de bien. Pero desde hace un tiempo a estar parte, parece que nuestros amigos tengan planes, no tengan tiempo, no puedan quedar…

No penséis mal, no hay ningún problema, ni ningún mal rollo. Nos llevamos genial y pongo la mano en el fuego en que tanto por su parte, como por la nuestra, cualquier cosa que necesiten, aquí estaremos… Pero no hace falta necesitar a un amigo para estar  o para que la otra persona sienta que “estás”… No sé si me explico… Me gustaría quedar para ir al cine porque surge o ir a cenar sin ser un sábado, salir a tomar un café y al final tomar tres porque no paramos de hablar, planear una escapada de fin de semana, salir a tomar unos cócteles… Pero todo esto, porque sí, sin más, sin dar ninguna explicación… Echo de menos la espontaneidad que teníamos, sí, podríamos decir que es así. Quedar por quedar, hablar por hablar.

Echo de menos tantas cosas…

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Llevo unos días un poco indignada… Llevo unos días intentando hacerme a la idea de las cosas que he leído, de las noticias que han llegado hasta a mí, intentando darles forma, intentar comprender el porqué de estas cosas…Pero lo siento, no encuentro ninguna explicación.

Hace unos días salió en todos los telediarios la mega manifestación que se produjo en París, en la mismísima ciudad de la luz y la ciudad del amor, en contra del matrimonio igualitario. Qué contradicción ¿verdad? La ciudad de la luz y la ciudad del amor en contra de algo tan bonito como es que dos personas, independientemente de todo, se quieran.

París siempre ha sido una ciudad muy importante y Francia un gran país y sin embargo cientos y cientos de personas se congregan en la capital para manifestarse. No lo entiendo…

No entiendo porque en pleno año 2013, en pleno siglo XXI, tengamos que estar todos nosotros luchando y peleando por nuestros derechos. ¡Ojo! Digo nuestros derechos, por supuesto. Porque lo son, ¿O acaso alguno de nosotros somos distintos al resto? ¿Acaso alguno de nosotros no cotiza y no paga sus impuestos? ¿Acaso alguno de nosotros se quiere aprovechar o sacar partido de su condición? ¿Verdad que no? Somos iguales, pero en lo bueno y en lo malo, para disfrutar y para pagar, para todo.

Si a alguno le da por revisar la Declaración de los Derechos Humanos, donde se supone que se recogen todos los derechos de todas las personas sin importar nada más, dice en su artículo primero ( fijaros si es importante ):

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Así que, que no nos engañen ahora. Nacemos libres e iguales en dignidad y en derechos. Si a mí me cuestionan por mi orientación sexual y se me excluyen derechos por esta condición, están afectando a mi dignidad y a mi sentir como persona.

El artículo 2 dice y cito textualmente:

                “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole […]”

No soy abogada ni mucho menos, pero me ha quedado muy claro.

Me imagino que mucha gente puede desconocer mil detalles sobre la vida de cualquier homosexual, lo puedo imaginar, pero ¿Qué quieren o necesitan saber? No hay nada. Un homosexual es simple y llanamente una persona que se siente atraída por una persona del mismo sexo. Y lo más importante de la definición que he dado es “persona”, pero es lo primero que se le olvida a muchos.

Sí, soy lesbiana, sí, soy mujer y sí, quiero mis derechos. Porque yo cumplo con las obligaciones que tengo, ¿por qué entonces no voy a poder disfrutar de los derechos que me son intrínsecos por el mero hecho de ser persona? Porque no hay que olvidar, que según la Declaración de los Derechos Humanos todas las personas tienen esos derechos desde que nacen, por el mero hecho de nacer, de ser personas, de ser uno más en este mundo…Tienen esos derechos. Sin luchar, sin pelear, sin que tengan que aprobar ninguna ley ni ninguna medida… Los tienen, son suyos.

Estoy harta de leer que ha habido un nuevo suicidio, un nuevo caso de homofobia, un nuevo caso de discriminación, de violencia, de acoso escolar… ¿A dónde queremos llegar? No creo que sea tan difícil de entender… ¿O sí?

Mirad, yo no elegí ser lesbiana, no lo elegí. Quizá, si fuera heterosexual mi vida sería mucho más fácil, eso seguro, ¿pero sabéis qué? Que aunque parezca raro, aunque no queráis creerme, os aseguro que hoy por hoy no cambio nada de mí. Así de claro. Estoy orgullosa de ser quien soy y de cómo soy. Con todos mis matices, con todos mis defectos, con todas mis virtudes, con todas las metas que he conseguido y con la certeza de que esta noche cuando vuelva  a casa  me acostaré al lado de la persona más maravillosa que me ha brindado la vida, una mujer, la mía.

Así que, le pese a quien le pese, le duela a quien le duela, soy así y no puedo cambiar (OJO) y no quiero cambiar. El que quiera tenerme a su vera, día a día, me tendrá y quien no entienda que dos personas del mismo sexo puedan ser pareja o quererse o… que no esté a mi lado, ¿sabéis por qué? Porque soy yo la que no quiero tener cerca a alguien que, primero, no me acepta a mí ni a mi pareja, segundo, infravalora a las personas que pertenecen a esta comunidad, que son muy grandes y valientes y tercero, ha perdido todo mi respeto  como persona, porque es el primero que no respeta, que no acepta y que no nos quiere.

Gracias, como siempre, y perdonar el “sermón” Pero es que llevamos una semana de malas noticias para la comunidad LGTB… que no puedo con ello. Ojalá llegue el día en que este tema pertenezca al pasado y no se tengan que dar miles de explicaciones. Ojalá llegue el día en que este tema, no sea un tema.

Un saludo, muac.

Me falta una semana y un día para coger las vacaciones, mis ansiadas vacaciones. No os podéis hacer una idea de las ganas que tengo… Pensareis, ¿Quién no tendría ganas de coger vacaciones? Ya… Supongo que es lo normal, pero yo estas vacaciones me voy a casa, a mi casa.

Puede parecer una tontería pero no voy desde principios de octubre y el tiempo ya hace mella. Tengo ganas de ver a mis hermanos, a mi abuela, a mis padres y al resto de la familia y amigos, por supuesto. Pero también tengo ganas de “Estar en mi casa” de terminar de comer y sentarme en mi sofá, donde siempre me sentaba, disfrutar del olor característico de mi casa, ese que nota la gente de fuera y yo soy ya de fuera y lo noto. Me apetece comer la comida de mi madre, porque en ningún sitio se come como en casa.

A mí me encanta cocinar y siempre que hago algo nuevo, hablo con mi madre para que me ayude, pero no sabe igual. No sé si será la casa, la familia o el truco final, pero las comidas no saben igual.

Tengo ganas de vivir diez días como si el tiempo no hubiera pasado. Durmiendo en mi casa, mi madre llamándome para comer o salir de cervezas.

Me encanta estar en mi casa, en mi ciudad y además, como siempre, me acompaña mi chica, lo que significa que durante diez días le contaré mil historias. Las historias que voy recordando mientras paseamos. En cada calle tengo algo que contar, siempre. El problema es que hemos ido muchas veces juntas y la mayoría de las historias ya las sabe, pero me escucha como si fuera la primera vez que las cuento, creo que nota mi ilusión.

Me gusta mi ciudad, me gusta toda la historia que se puede leer en sus calles. Me gusta pasear por sus calles estrechas, tranquila, sin prisa, sin el sonido de las sirenas de bomberos o ambulancias, sin la prisa que lleva la gente por aquí por Barcelona. Pasear por pasear. Parar, tomar una caña o un vino, comer la tapa que te ponen ( Sí, gratis) y continuar.

No tener que coger el metro, coche o moto durante diez días, porque a todos los sitios se puede ir andando, si quieres, claro. Disfrutar de los espacios verdes que me ofrece la ciudad, que son muchísimos. Y respirar. Mirar al cielo y respirar y llenarme los pulmones de aire limpio.

Tengo ganas de estar con mi abuela que hace unos días fue su cumpleaños y no pude estar en la celebración. Le llevaré unos regalos. Estoy deseando que los abra, ver la cara de niña pequeña que se le pone, con una ilusión en los ojos que es indescriptible. Terminar de comer y jugar con ella al parchís, durante al menos dos horas… Y mientras jugamos que me cuente mil historias, las mismas de siempre, y como siempre, a mí me encanta. Disfruto como si fuese la primera vez, porque es ella, porque estoy junto a ella.

Estoy deseando estar por mi casa… Estar por mi ciudad… Estar con mi gente…

La verdad que echo mucho de menos mil cosas de allí. Echo muchísimo de menos a las personas que dejé allí, a las tradiciones, a las costumbres, a la forma de vida, a los paisajes… Pero sobre todo, echo de menos a mis hermanos.

Somos tres, contándome a mí, yo soy la del medio. Y puedo asegurar que estamos los tres muy unidos. Yo no doy más de dos pasos sin comentarlo con ellos. Son un gran apoyo.

La verdad es que no lo hemos pasado demasiado bien y solo contábamos con el apoyo que nos podíamos aportar nosotros. Es decir, que en las personas que más confío, son ellos. ¿Qué me pasa algo extraordinario? A ellos se lo cuento… Igual a mis padres ni se lo comento, por falta de confianza, por falta de cercanía… Pero a ellos sí.

Y estoy deseando que estemos los tres juntos, porque cuando estamos juntos, sé que no nos puede pasar nada. Cuando estamos juntos disfrutamos, nos reímos muchísimo, nos ponemos al día… Mi chica alucina cuando nos ve juntos, porque somos como un terremoto…

Así que, deseando que llegue el próximo domingo para poder estar diez días por mi tierra, que ya toca! Y descansar y recargar las pilas.

Un saludo, muac.

Hola a todxs!! Os dejo con una entrada que no he escrito yo, sino Mervea. Se titula Me gustas tú e iremos subiendo más partes. Serán entregas por capítulos. Esperamos que os guste.

 

 

 

Era un día normal, cómo todos, menos para mí…

 

Aquel día me levanté armado de valor, estaba decido a cambiar mi vida, no podía seguir así, oculto, sin poder ser yo mismo. Me sentía seguro de mi mismo, así que decidí salir del armario ese mismo día. Eran sobre las 10 y media y cogí el teléfono, cómo todos los días, para llamar al que yo consideraba mi mejor amigo, él nunca se había pronunciado sobre la homosexualidad, ni a favor ni en contra, así que lo llamé, me cogió el teléfono y le propuse quedar a las 6 de la tarde, en nuestro sitio, un pequeño parque construido a las afueras de la ciudad. Sabía que aquél lugar me daría cierta intimidad para dar un paso tan importante cómo el que iba a dar. Aquella misma tarde me preparé y fui al parque, no lo ví por ningún sitio, me preocupó bastante porque siempre estaba allí, al menos, 10 minutos antes. De repente sentí que alguien se me abalanzaba por detrás, era él, Pablo, me empezó a hacer cosquillas, el sabía que no podía soportarlas, así que prolongó su tortura durante más o menos, 1 minuto, hasta que me puse rojo.

Me dijo que se había entretenido un poco más porque fue a comprarme un dulce de chocolate, cualquiera que me conozco un poco sabe que soy muy goloso, al dármelo, notó que tenía las manos completamente heladas. Me tomé el dulce y nos fuimos andando a nuestro sitio favorito; un claro en un pinar pequeño, el cual quedaba lejos de la ciudad. Yendo al claro me notó raro, suelo ser una persona que está sonriendo siempre y, aquel día, con los nervios pues pasa lo que pasa…

Una vez llegamos nos sentamos en un tronco que habíamos talado nosotros mismo de un pino que se había caido en una tormenta. Le dije que tenía que decirle una cosa importante, y, se calló.

Estaba anocheciendo, se escuchaba el sonido de un búho, y el sonido de una arroyo, me volví a armar de valor y se lo dije. Se quedó mudo…