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Mañana de Reyes…
Noto sus labios despertándome, dándome los buenos días. No tardo en sumarme al baile de besos y caricias que queman la piel.
-¿Que te parece el regalo de Reyes?
Me pregunta mi chica mientras introduce su mano por debajo de mi camiseta…
-Es el mejor regalo… -Digo robándole un beso- siempre pido lo mismo, como me conocen…
Otro año más, los Reyes volvieron a acertar. Me desperté junto a ella, queriéndola más que el primer día.
Me desperté junto a ella, siendo aún más feliz que el año pasado.
Me desperté junto a ella, sintiéndome querida, amada, deseada y encantada…
¿Qué más puedo pedir?

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Cada día estoy más enamorada de mi chica.

Cada día estoy más enamorada de mi chica. Cada día me doy cuenta de que la quiero más, cada día me doy cuenta de que la necesito más, cada día me doy cuenta de que la admiro más, cada día me doy cuenta de que me quedo más tiempo embobada mientras la miro, cada día me doy cuenta de que a su lado rio con más fuerza, cada día me doy cuenta de que planeamos más y más cosas, cada me doy cuenta de que la intento proteger de todo, cada día me doy cuenta que el día que empieza es un regalo.

Cada día estoy más enamorada de mi chica… ¿Es esto posible? Yo la verdad, no lo sé. Es la primera vez que quiero así. No sé si es posible que el amor crezca, como crece el deseo o la admiración. No sé si es posible querer más que el día anterior y saber que mañana me pasará lo mismo. Es la primera vez que quiero más cada día y sé que será la última.

Cada día estoy más enamorada de mi chica y lo noto. Siento dentro de mí aun las mariposas en el estómago cuando de ella se trata, no puedo dormir ni una noche sin abrazarme a ella y susurrarle lo mucho que me importa, la miro y entiendo mis deseos y mis miedos. Es ella… Ella es mi amor, ella es lo que yo necesitaba y lo que quería para mi vida…

Cada día estoy más enamorada de mi chica y se que es culpa de ella y no de mi gran capacidad para amar… Ella se deja querer, ella se hace querer y ella se merece que la quiera como jamás quise a nadie. Ella es preciosa, ella está preciosa y ella me hace sentirme preciosa. Ella es mi carcajada más fuerte, porque la risa nos acompaña allá dónde vayamos. Ella es mi sonrisa disimulada, pícara, oculta… Ella es mi despertar un domingo sin tener que trabajar y desayunar en la cama. Ella es mi sábado noche de sofá, manta y película. Ella es mi pareja de baile y mi pareja de cine preferida. Ella es lo que termina por completarme a mí. Ella es mi alter ego, mi sombra, mi amor y mi devoción…

Cada día estoy más enamorada de mi chica y cada día me siento más orgullosa de sentir tanto amor. Estoy orgullosa de muchas cosas en mi vida, de todas las cosas que he podido conseguir a base de tesón y lucha. Estoy orgullosa del carácter que he terminado por forjar a pesar de todas las circunstancias. Estoy orgullosa de cada una de las palabras que sangro en este blog. Estoy orgullosa de mi familia, de mis orígenes, de mi ciudad y de mis costumbres. Estoy orgullosa de ti, mi amor, y de lo que soy yo a tu lado. Estoy orgullosa de nosotras y de la imagen que proyectamos. Estoy orgullosa de haber encontrado a tan buena acompañante de viaje. Estoy orgullosa de tu sonrisa y de tu mirada llena de luz. Estoy orgullosa de ti, mi vida, porque eres y siempre has sido, una gran luchadora. Estoy orgullosa de tu seguridad, de tu libertad y de tu saber estar. Estoy orgullosa, muy orgullosa.

Cada día estoy más enamorada de mi chica y creo que es lo más normal. El amor no es tan ambiguo como a veces pensamos… El amor crece, como crece el deseo o como crecen las flores… Todo crece porque tiene vida propia. A la vida hay que cuidarla, mimarla, adorarla… Y crece hasta límites desorbitados. Tú eres mi órbita.

Y por fin llegó el domingo, nuestro día, nuestro único día libre para poder estar las dos juntas y tranquilas, sin problemas de horarios, sin problemas de madrugar o cualquier otra cosa que alterase nuestra marcha. Era para nosotras, nuestro día.

Me encanta tener estos días para nosotras, para no hacer “nada”, para simplemente estar juntas, sin la presión de las agujas del reloj, sin comer a carreras, sin robarnos un beso de despedida que no es más que un sutil roce de labios…

Nos pasamos toda la tarde en el sofá viendo películas, como en los viejos tiempos, disfrutando de historias que hacen que te metas en el papel de los actores, comentando la jugada de lo que iba y no iba a pasar… Así, hasta que bajó el sol, entonces comenzamos a arreglarnos.

No hay nada más motivador que estar arreglándote, en mi caso me estaba pintando el ojo… Y cuando me quise dar cuenta ella me observaba desde la puerta. No os puedo decir cuánto tiempo estuvo ahí o si acababa de llegar, no lo sé. Yo la miré y le dediqué una sonrisa, estaba guapísima, le sienta bien los colores claros… Y ella me miró y me dijo exactamente lo mismo… “Estás guapísima, cariño, guapísima…” Y no te queda otra que comértela a besos…

Íbamos a cenar cerquita de la playa de la Mar Bella. Mucho ambiente, mucha gente, las calles llenas de gente que sale a tomar una cerveza, que sale a tapear… Una delicia para los sentidos pasear y escuchar a tanta gente, en diferentes lenguas, oler el mar, oler las diferentes tapas que servían por el paseo y sentirla a ella, a mi lado, junto  a mí a cada paso…

Nos sentamos en una de las muchas terrazas que hay por aquella zona. Disfrutamos de una cena muy “española” y de una conversación muy nuestra. Por nuestros horarios muchas veces no podemos ponernos al día. Pero siempre tenemos nuestros momentos de no callar, de contarnos todo lo que nos ha pasado durante toda la semana, hablar de sentimientos, de risas, de nosotras… Que es cuando nos damos cuenta de que no se nos acaban las palabras para hablar de nosotras…

Fuimos dando un paseo hasta la playa, que estaba más cerca de lo que me esperaba y allí, en el paseo, nos sentamos en un banco, las dos y nos dejamos seducir por una Barcelona bien distinta a la que conocíamos. Una Barcelona que dormía en el Mediterráneo, una Barcelona a la que la luna, majestad indomable donde las haya, la acunaba, una Barcelona que se dejaba embelesar por muchas parejas, que cómo nosotras, se sentaban a contemplarla, a maravillarse de su costa, de sus vistas, de su paz y de su sosiego… Una Barcelona, que bajo un manto de estrellas, nos recibió, una Barcelona camuflada entre besos de turistas y helados con sabores demasiado dulces cómo para expresarlos… Una Barcelona que nos hizo sentirnos especiales, una Barcelona que enamora a cada paso que das, porque es tan polifacética… Porque es tan especial…

Y allí, piel con piel, mi chica y yo, su mano en mi mano, su mirada en mi boca, mi boca rezando por sus labios, sus labios  entre abiertos esperándome… Y entonces, algo me detuvo, algo cambió los planes de mis labios, algo sucedió… ¡Vi una estrella fugaz!

Sí… Si la noche no era ya mágica solo por estar las dos… Encima había contemplado una de las cosas más bonitas que existe… Una estrella fugaz… Una rastro de luz que cruzó todo el cielo y que a mí me hizo cruzar mi mirada para mirar su paso…

Las estrellas fugaces son especiales… A mí me lo parecen. Porque es cierto que todo el mundo sabe lo que son, pero no se ven a diario, no es una cosa que estemos cansadas de ver… Pero yo la vi ayer… Y tenía que pedir un deseo…

Me quedé un poco pensativa… ¿Qué pido…? ¿Qué deseo pido…? Y la miraba… Puede parecer ridículo, puede parecer de ciencia ficción, pero es cierto… ¿Qué más pido? Lo único que yo puedo desear ahora mismo, hablando de algo meramente personal e íntimo sería continuar como estoy… Solo eso, porque yo… Lo tengo todo, de verdad que sí…

Y mi deseo… Mi deseo se vino con ella a casa… Y mi deseo se acrecentó al acostarnos en la cama… Y mi deseo se acrecentó al sentirla cerca… Y mi deseo… Y mi deseo…