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Hace un tiempo leí que los pingüinos eran de los animales más románticos. Se pasaban media vida buscando su media naranja, su amor verdadero, pero una vez que lo encontraban, pasaban juntos el resto de su vida.

No descansan, recorren muchísimas distancias en un ambiente totalmente helado para buscar a su pareja, a su compañera de viaje… Hasta que la encuentran.

Se complementan de tal manera, que a partir de que se eligen lo hacen todo juntos. Los dos ayudan en la crianza de los hijos, en la búsqueda de comida y en la creación de un hogar.

Juntos, sintiéndose complementados, perfeccionados por la presencia del otro, colmados de amor, de felicidad, colmados de vida y sintiéndose colmados por ella, así, envejecen, juntos, de la misma manera que se enamoraron, de la misma manera que se juraron pasar sus días juntos…

Un día, después de un día duro de trabajo, de estudio, de vida en general, cuando ya estábamos en la cama, cada una en los brazos de la otra y comentábamos lo que nos había deparado el día, le comenté esta historia, porque de una manera o de otra, me había encantado conocerla. A ella también le entusiasmó saberlo. Entonces me incorporé, me apoyé sobre mi brazo, la besé en los labios y la miré a los ojos…:” ¿Quieres ser mi “pingüina”? “. Le pregunté de la manera más dulce que supe. Las dos estallamos en risas y nos besamos sonriendo a la vida, sonriendo al destino…Yo le sonreía a ella, que para mí, es todo lo anterior.

 

Hace unos días fue nuestro cumpleaños. Y ella fue la primera en darme uno de los regalos. Recorrió el pasillo con un paquete entre las manos… “¿Qué será? ¿Qué será?” Venía diciendo mientras se reía de manera maliciosa… Yo ardía en deseos de arrancar el papel que cubría el regalo y salir de dudas… Pero se hizo desear, me hizo que deseara hacerlo.

Era un pingüino, sí. Cuando rompí el papel y el animalito salió saludándome, yo sonreí como solo sonríen las personas que son conocedores de un gran secreto, de una gran verdad, de un gran sentimiento… “Sí quiero ser tu “pingüina”… Porque tú ya eres la mía”.

Así que, de esta manera tan bonita, de esta manera tan divertida, tan diferente, tan inusual, un día más, nos demostramos lo que somos la una para la otra, su mitad, su vida…

Porque yo no sé cuánto tiempo había estado buscando a esta chica, nunca lo he calculado… Pero siempre supe que quería a alguien como ella. Con sus defectos, con sus virtudes, con su sonrisa y sus labios gruesos, con su cicatriz en el ojo, con sus manos morenas, con la fascinación con la que pinta su mirada cuando le cuentas alguna cosa que le interesa, por su amor por los niños, por sus ganas de jugar, a pesar de seguir cumpliendo años, por tener ese alma, esas ganas de dar, de ayudar, de compartir, de participar… Por sentirse especial, por su fortaleza, que me arrastra, que me lleva, que me empuja cuando no puedo ni moverme. Por su gran amor, tanto que dar… tanto que ella misma da… Por ella, que sabía que estaba en algún lado, que no la había imaginado, que existía, no solo en papel, no solo entre letras… Existía, porque la encontré.

La noche cae sobre mí, a plomo, sin miramientos. El cielo oscuro lo envuelve todo, desde la inmensa Barcelona hasta mi alma. Desde el mar Mediterráneo hasta mis sueños más profundos y secretos. La noche lo envuelve todo, con su manto negro, sin estrellas, sin concesiones.

La noche cae sobre mí. Todos duermen, mi alma piensa, mi alma escribe estas letras mientras yo, me embebo de esta oscuridad, mientras yo busco la luna entre la negrura.

La noche cae sobre mí y todos duermen, tú también, preciosa. Sé que estarás durmiendo, sé que estarás bien. Y yo, al tenerte lejos, al estar separada de ti, mientras busco la luna, te pienso, así es más corta la distancia que nos separa, así, mientras estás durmiendo, sin que te des cuenta y sin despertarte, te acaricio el pelo y te beso en la frente.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti, en tus ojos grandes, en la manera que me miran, en la manera que sé que me ven, no es mirar por mirar. Sé que me miras y que me ves, que ves lo que hay en mí, lo que siento, lo que pienso y lo que necesito a cada momento, lo sé, es lo que me haces sentir.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti, en tus labios gruesos, en tus labios sonrosados, en tus labios siempre intentando robarme un beso. Pienso en esos labios, en como dibujan la sonrisa más preciosa que ilumina mi día a día. Esa sonrisa que, por suerte, duerme cada noche al otro lado de mi almohada. Esa sonrisa que compartes conmigo y que se ha convertido en mi sino. Sí, ese es mi sino, el hacer que esa sonrisa salga todos los días a iluminar el mundo, mi mundo. Que esa sonrisa no se borre nunca, ni un solo segundo, porque de la misma manera que yo veo luz cuando la sacas a pasear, se que el resto de la gente también puede verlo. No hay nada más grande que hacer feliz a alguien solo por sonreír, y tú lo haces.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en tu dulce voz y como esa melodía pagana es capaz de transportarme a cualquier parte, cómo puede un simple hilo de voz calmar toda la ansiedad y liberarme de la carga que aplasta mis hombros, una simple voz, una voz dulce, tu voz, que calma todos mis males, que sacia todas mis necesidades y que, me acaricia el alma al darme las buenas noches.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en todos los miedos que me has hecho superar, en todas las batallas que contigo comencé a librar y que a día de hoy ya están superadas y olvidadas, en todos los complejos que ya no siento ni veo, gracias a ti, en todo el apoyo que recibo por tu parte en las mil y una empresas que inicio, en las mil y una que se me ocurren y en cada una que caigo o que fracaso.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en las ganas que tengo de poder estar en la cama, junto a ti, arropando tus sueños a base de besos, arropando tus sueños junto a los míos. Porque si tuviera el placer de estar ahora mismo acostada a tu lado, no lo dudes cariño, estaría abrazada a ti, dándote todo mi calor y mi cariño. Ojala estuviera allí contigo.

La noche cae sobre mí y todos duermen, en embargo yo estoy despierta. Busco la luna entre las tinieblas, entre este manto negruzco que ha caído hoy sobre el cielo de Barcelona. Busco el resplandor de la luna, dama indomable donde las haya, y así voy robando horas al reloj… Robando tiempo al tiempo va pasando la noche…Robando tiempo al tiempo llegaré antes a ti, al calor de nuestra casa, nuestro hogar, al calor de esos labios a los que he echado de menos toda la noche, al calor de una cama que a tu lado es mucho más que eso, es un refugio, mi refugio, el nuestro.

La noche cae sobre mí y todos duermen…

Hola a todxs!! Os dejo con una entrada que no he escrito yo, sino Mervea. Se titula Me gustas tú e iremos subiendo más partes. Serán entregas por capítulos. Esperamos que os guste.

 

 

 

Era un día normal, cómo todos, menos para mí…

 

Aquel día me levanté armado de valor, estaba decido a cambiar mi vida, no podía seguir así, oculto, sin poder ser yo mismo. Me sentía seguro de mi mismo, así que decidí salir del armario ese mismo día. Eran sobre las 10 y media y cogí el teléfono, cómo todos los días, para llamar al que yo consideraba mi mejor amigo, él nunca se había pronunciado sobre la homosexualidad, ni a favor ni en contra, así que lo llamé, me cogió el teléfono y le propuse quedar a las 6 de la tarde, en nuestro sitio, un pequeño parque construido a las afueras de la ciudad. Sabía que aquél lugar me daría cierta intimidad para dar un paso tan importante cómo el que iba a dar. Aquella misma tarde me preparé y fui al parque, no lo ví por ningún sitio, me preocupó bastante porque siempre estaba allí, al menos, 10 minutos antes. De repente sentí que alguien se me abalanzaba por detrás, era él, Pablo, me empezó a hacer cosquillas, el sabía que no podía soportarlas, así que prolongó su tortura durante más o menos, 1 minuto, hasta que me puse rojo.

Me dijo que se había entretenido un poco más porque fue a comprarme un dulce de chocolate, cualquiera que me conozco un poco sabe que soy muy goloso, al dármelo, notó que tenía las manos completamente heladas. Me tomé el dulce y nos fuimos andando a nuestro sitio favorito; un claro en un pinar pequeño, el cual quedaba lejos de la ciudad. Yendo al claro me notó raro, suelo ser una persona que está sonriendo siempre y, aquel día, con los nervios pues pasa lo que pasa…

Una vez llegamos nos sentamos en un tronco que habíamos talado nosotros mismo de un pino que se había caido en una tormenta. Le dije que tenía que decirle una cosa importante, y, se calló.

Estaba anocheciendo, se escuchaba el sonido de un búho, y el sonido de una arroyo, me volví a armar de valor y se lo dije. Se quedó mudo…