Posts etiquetados ‘email’

Si hay algo mágico en la lectura de unos votos, es precisamente eso, los votos. Porque cada una de esas palabras que le lees a la persona que amas tiene vida propia, la que consigue hacer sonreír a una persona, la magia que consigue que te tiemblen las piernas, el corazón y las lágrimas. Esa magia que no sale de una chistera, pero que revoluciona todo.

Si hay algo mágico en la lectura de unos votos, es tenerte a ti enfrente, mi vida. Pronunciar las palabras que llevaba tanto tiempo hilando de garganta para dentro y que, con voz temblorosa y velocidad no apta para cardíacos, intenté recitar.
De vez en cuando, levantaba la vista del papel y te miraba. Emocionada y sonriente, me mirabas. Y eso cala, cala tanto que el corazón se me aceleraba y las palabras buscaban salir de mi y encontrarse contigo.

Si hay algo mágico en la lectura de unos votos, es que ese sentimiento crece cada día, a cada momento. Crecen las palabras que te dije hace apenas medio año. Crecen los sentimientos que intentaba recoger en varios renglones. Crece la necesidad de ti y el amor por ti, crece todo… Todo. Mis votos no se han estancado, no se han parado y se han dejado arrastrar, no. Mis votos no son de esos, como tampoco lo es lo que yo siento por ti.

Mis votos, al igual que yo, somos de los que crecemos a tu lado y nos hacemos grandes y fuertes. Somos de los que saltamos al vacío si ese vacío lleva tu nombre. Somos de los que nos sentimos los seres más afortunados de la tierra, porque lo tenemos todo… Todo. Yo te tengo a ti, mi todo más completo.

Quería compartir aquí mis votos, porque quiero que nunca olvides ese día y lo que representó para nosotras. No quiero que olvides todo aquello que nos prometimos y todo aquello por lo que decidimos luchar. No será fácil, pero estamos juntas, mi vida. Todo saldrá bien, todo saldrá bien, no puede ser de otra manera.

 

 

1

 

Una vez leí que hay dos días importantes en la vida de una persona: Uno es cuando nace, y el otro, el día que sabe para qué.
Desde hace 7 años tengo claro para que nací yo… Nací para encontrarte, aunque para ello tuviera que cruzarme España entera.

No sé si alguien puede enseñar a otra persona a amar la vida, pero creo que es lo que tú has hecho conmigo. Has conseguido dar sentido a aquello que me rodea, a todo lo que soy y a todo lo que estamos construyendo. Contigo he aprendido mi vida, a ser feliz sin sentir miedo, y eso no tiene precio, es incalculable, como lo que tú significas para mí.

Llegué a Barcelona sintiéndome bastante perdida u quizá, algo sola. Tú has llenado esos vacíos a base de abrazos, de confianza y del hecho de estar siempre conmigo, al pie del cañón.
Tú has cambiado mi vida, convirtiéndola en algo tan sumamente valioso e importante, que cada mañana me levanto con ganas de luchar porque así soy. Porque las cosas importantes, hay que cuidarlas y valorarlas, hay que amarlas y mimarlas, hay que levantarse e ir a por ellas. Hay que cogerlas con las dos manos.

La vida no ha sido fácil, cariño. Tú y yo lo sabemos, pero al final eso
Nos ha unido más aún y nos ha hecho más fuertes, demostrando que tú h yo juntas, somos mucho más que dos
Así que prometo luchar por nuestra vida, esa que hemos construido juntas. Prometo que siempre habrá momentos para sonreír o salir a cenar para celebrar algo, y si no lo hubiera, lo crearíamos nosotras, imaginación no nos falta. Prometo que cuando los días no sean buenos, que los habrá, intentare arrimar el hombro, escuchar, ayudar o simplemente guardar silencio, pero no desapareceré. Prometo que habrá besos de buenos días y por supuesto, de buenas noches, cafés a media tarde, paseos por la montaña, domingos sin prisa en la cama… Prometo que tendremos tiempo para todo aquello que queremos hacer, aunque para ello tenga que atrasar los relojes… Prometo que tendremos muchos días para hacer promesas y que habrá muchos días con promesas.
Prometo que te voy a querer siempre.

Anuncios

Y así iban transcurriendo los días en la Barcelona que soñaba, la que estaba llena de posibilidades y de sueños.

Comencé a intimar cada vez con algunos de los compañeros de trabajo y salíamos a menudo de cenas, de cañas, al cine… En una de esas cenas que venían amistades de mis compañeros apareció ella. ELLA. En mayúsculas, sí. Nos presentaron, nos dimos dos besos y me pareció encantadora, repito, EN-CAN-TA-DO-RA. No sé qué vi en ella tan rápido, pero me gustó. Durante el resto de la velada a penas hablamos, aunque yo he de reconocer, ahora que no me lee nadie, que a hurtadillas la miraba, pero tenía tanta presión por si ella me pillaba observándola, que apenas me quedé con sus facciones.

Cuando acabó la cena, hablando con los compañeros sobre qué me habían parecido sus amigos, sus respectivas parejas, las conversaciones… Me preguntó por ella. Lo debió de notar en mi cara, quizá por el rubor que iba creciendo en mis mejillas, por la sonrisa esa de tonta que se nos pone, por la mirada gacha, mirando a “ningún lado”…. Así que me lo dijo claro, sin rodeos, sin preámbulos…” No se si te has dado cuenta de qué juega en tu equipo…” La sonrisa de tonta se multiplicó por mil aproximadamente. Cierto, mi gaydar no me había dicho nada sobre esta misteriosa chica, pero la noticia terminó de alegrarme la noche. Él continuó dándome algún dato básico sobre ella y me preguntó que sí quería su e-mail. A mí me hacía ilusión tener su e-mail, pero ¿ella querría que yo escribiera? El hecho es que yo sí que noté que me miraba, pero pensé que era su manera de responder a mi poco disimulada observación.

Lo acepté, que narices, tampoco tenía nada que perder e igual, mucho que perder. El caso es que la chica me gustaba, había visto algo en ella que me encantaba, me había fijado en cómo hablaba con los demás, los temas, como se expresaba… Me gustaba.

Y así comenzó nuestra historia. Por terceros, como suele decirse. Tiempo después, nos enteramos de que había sido una “encerrona”. Que además de hacer la cena con la excusa de juntarnos y pasar una noche agradable, el plan B era que nos conociéramos.

Comenzamos a hablar por mail, después por msn, después nos dimos los números de teléfono y después, volvimos a vernos, pero vayamos por partes.

Imaginaros como estaba yo frente a mi ordenador intentando escribir un mail a una chica que me había encantado y sin embargo no sabía ni cómo empezar. ¿Cómo me presento? ¿Qué le digo? ¿Estará esperando que haga esto? ¿Le habré gustado?… Demasiadas preguntas, pero por suerte, tenía la solución frente a mí, tenía que escribir ese mail.

Estuvimos varios días hablando, días que se convirtieron en días de esperanza y de ilusión. Esa chica tenía todo lo que yo buscaba. Éramos perfectas la una para la otra, quizá tan perfectas, que asustaba, me explico. Teníamos los mismos gustos musicales, los mismos sobre cine, sobre aficiones, sobre tiempo libre, sobre estilo de vida… Da igual de lo que hablásemos, estábamos de acuerdo. Da igual lo que propusiéramos, la otra estaba encantada.

En esos días de correo deseado y esperado comencé a recordar lo que recordaba de ella. Lo primero que pensé fue en su boca. Me encantaba (ahora más). Labios muy carnosos, sonrosados, sonrisa blanca y perfecta. Su risa… amplia, enmarcada por esos labios de los que me costaba apartar la vista, parecía una sorda intentando leer los labios. Su mirada, me gustaba como miraba a la gente, la forma de sus ojos, sus cejas, sus patas de gallo cuando sonreía. Te miraba como con un halo de luz, dándote la bienvenida. Su nariz… Sí, sí, su nariz. Estaba deseando morderle la nariz ( he de reconocer que tengo fijación con las narices… pero solo mordisquitos cariñosos, eh? ). Qué ganas tenía de verla de nuevo.

Las conversaciones versaban sobre todos los temas. Enseguida nos dimos los números de teléfono y comenzamos a mandarnos sms. Esos mensajes que todo el mundo está deseando recibir. Esos mensajes que cuando suena el Tic Tic de la notificación de que te ha llegado uno nuevo se te pone el corazón a mil, se te seca la boca y estás deseando abrirlo.

Otra de las cosas que teníamos en común, y que ya lo comenté en un anterior post, y que a todo el mundo sorprende, a mí la primera, es la fecha de nacimiento. Nacimos el mismo día, aunque de diferente año.  Es una cosa muy curiosa, nunca había conocido a nadie que naciera el mismo día que yo…

Un día, hablando por el msn por la noche, le dije un chiste, una gracia y recuerdo que mi sarcasmo no atravesó la pantalla del pc… Lo estaba malinterpretando. Así, que me armé de valor y la llamé por teléfono. Cómo quien dice, era la primera conversación que íbamos a tener, aunque nos conociéramos mucho y supiéramos muchísimo la una de la otra… Quería oír la voz, su voz.

Y ahí estaba, la valiente que se había a llamar por teléfono… Ella contestó sorprendida, más lo estaba yo. Tiene la voz más dulce que os podáis imaginar. Creo que en la radio, haciendo alguna lectura un poco…intensa, triunfaría. Increíble su voz, su forma de expresarse, el sonido de su risa, sus silencios… Ese día, hablamos hasta las 4 de la mañana… que se dice pronto.

Al final, llegó el día en que quedamos. Yo, que sabía lo que me gustaba y lo que me interesaba esta chica decidí ir a buscarla a casa. Ella vivía fuera de Barcelona, y no quería que estuviera pendiente de trenes y de horarios. Así que en su casa me planté. Ella bajó, entró en el coche y me plasmó dos besazos en cada mejilla como si le fuera la vida en ello y saludando con un “Hola guapa”… Ya tenía el corazón a mil. Había decidido el sitio al que iba a llevarla. De camino de vuelta a Barcelona hablamos de varias cosas, pero no me giré ni un solo momento para mirarla, ni uno. Ella sin embargo, iba sentada de lado y me miraba cuando hablaba, lo normal. Hasta que no aparqué el coche y nos bajamos no me atreví a observarla, a mirarla, a memorizarla… Pero lo hice, y mi memoria no me fallaba, me encantaba, su boca, su sonrisa, su mirada…

Fuimos a una cafetería del barrio del Borne (para las que sois de por aquí), que a mí me encantaba. Solo estaba iluminada por velas y era… íntimo, romántico.

¿Sabéis lo que pasa una vez que te vence la vergüenza y la miras a la cara, a los ojos? Qué estás perdida, porque ya no pude apartar mis ojos de ella. Nos pedimos dos tazas de café que aún estaba humeante cuando nos lo sirvieron y hablamos de mil cosas, de historias nuestras, de nuestros amigos, de nuestra familia. Cuando miré la hora, era ya la hora de cenar. Qué rápido se pasa el tiempo con esta mujer, increíble.

Por supuesto, me la llevé a cenar. En la cena ya se veía que había más confianza, más seguridad, más ganas… Se notaba. Fuimos a un bar que sirven tapas, que está muy bien la relación calidad precio… Pues ese día no. Ese día las tapas estaban malas, estaban frias, otras recalentadas… Horrible… Pero ella se sentó a mi lado, de cara al resto del bar que disfrutaba de una tarde de futbol y “sin querer” me tiró el Nestea por encima. Digo sin querer entre comillas, porque me lo limpió ella… Yo creo que estaba deseando tocarme y no sabía que excusa poner… Así que ahí estábamos las dos sentadas, en un bar, y ella secándome toda la pernera… Fue… divertido, por no decir nada más.

Otro día cuento a partir de este momento, desde que la llevé a casa y alguna cita más.

Mil gracias por estar al otro lado, de verdad.

Un saludo, muac