Posts etiquetados ‘estudiar’

Me despojo de mi capa de súper heroína. La dejo aquí colgada, en el galán de noche. Quizá, mañana me haga falta.
Me despojo de mis súper poderes de heroína. Los dejo aquí guardados, a beun recaudo en el cajón de los calcetines. Quizá mañana tenga que echar mano de ellos.
Me despojo de mi capacidad de hacer (O al menos intentarlo) mil quinientas cosas a la vez. La dejo aquí, escondida en el mismo cajón que mis súper poderes. Sí, en el mismo cajón y encima de ellos. La capacidad de hacer mil quinientas cosas tiene un tope, exactamente mil quinientos es el tope. Cuando esa capacidad llega al tope, tengo que echar mano de los poderes. Es una secuencia bien organizada. Los poderes llegan cuando la capacidad se agota.
Me despojo de mi tesón, mi paciencia y mi fuerza de voluntad. Las dejo aquí, sobre esta repisa. Quizá alguien las necesite este tiempo, quizá alguien pueda hacer algo productivo mientras yo no las uso. Aquí quedan, no tengas miedo. Acércate y llévate una, o quizá todas. ¿Cuál necesitas?
Me despojo de mis gafas. Aunque en verdad, solo las uso por mi astigmatismo, pero ahora no me hacen falta. No hay nada que observar con detenimiento durante más de una hora. No las necesito, pero lo haré. Tendrán que volver a mí.
Me despojo de todas y cada de mis responsabilidades. Hoy seré eso, una irresponsable, una rebelde. Pero con causa, con propósito. Hoy mis responsabilidades descansan al lado de mi capa, de mis poderes o de mi capacidad de hacer mil quinientas cosas. No van conmigo en mi bolsillo, machacándome a cada paso. Hoy no, hoy se quedarán en casa.
Me despojo de mi reloj, total ¿para qué sirve? ¿Para hablarme de plazos? ¿De entregas? ¿Del tiempo que queda para que algo acabe…? ¿Para eso sirve? Desterrado al cajón de los calcetines, a ti sí que se te acabó el tiempo.
Me despojo del móvil. Sí, leéis bien. Me despojo del móvil y del hilo invisible que me ata a él. Necesito romper ere hilo y no puedo si tengo el teléfono en la mano. Se acabó hilo mío, se acabó tu tiempo.
Me despojo de todo… De todo. Menos de mí misma. Es la única manera de no perderme, de no perder mi esencia y desubicarme en este mundo. Necesito volver a ser yo por un momento, volver a disfrutar de lo que hago y hacerlo mejor si cabe. Necesito volver a respirar sin tener que mirar la hora, sin tener que responder al teléfono, sin tener prisa por hacer o dejar de hacer.
Me despojo de todo… De todo. Menos de mí misma. Necesito un día, solamente un día sin poderes ni capa, sin horarios ni plazos, sin tener ninguna responsabilidad salvo salir a la calle a no hacer nada y sonreír por ello. Me despojo de todo aquello que me ata, que me condena y que me está llevando por un camino que no es el mío.
Me despojo de todo… De todo. Pero no es una despedida, no es un homenaje, no. Simplemente necesito el día de hoy sin libros ni apuntes, sin el calendario pisándome los talones para presentar otro trabajo para la universidad, otra redacción para inglés… Solo necesito un día sin que importe si he corregido alguna página más de “mi novela” o no he hecho nada. Solo necesito eso, no hacer nada durante un día. Hoy es mi día.
Adoro mi vida y mi capacidad de hacer mil quinientas cosas a la vez, os lo aseguro. Pero nunca había tenido que lidiar con todas esas responsabilidades, más una novela en curso, más un trabajo cada vez más estresante y más mis problemas de mi día a día, de mi vida personal. Ha sido una semana dura por todas estas cuestiones, pero hoy tengo la tarde llena de planes con mi chica. Hoy nos iremos por ahí y después saldremos a cenar. Tendremos tiempo para nosotras y eso, lo cura todo.

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Me gustas tú y todo lo que envuelve tu personalidad, tu vida, tus recuerdos… Me gusta el café, caliente, con poco azúcar… Me gusta el mar, con grandes olas, con su olor a sal… Me gusta escribir, sobre papel, sentir como mi puño crea todas esas palabras, como plasma todo lo que se me mueve dentro, todo lo que recuerdo o que me invento… Me gusta la luna, con su luz, con su majestuosidad, cómo es la reina de todas las noches, cómo con solo mirarla me transmite mil sensaciones… Me gusta la montaña, cómo cuando llego allí arriba me siento libre, siento lo que es la libertad, siento la belleza de todo lo que me rodea como si me lo suministrasen con cuenta gotas… Me gusta la cerveza, la cerveza bien fría, en una terraza, en verano, contemplando tu cara, hablando… Me gusta la gente, conocerla, hablar, que me cuenten lo que quieran, escucharles, sabes cuáles son sus recuerdos, sus sueños, sus anhelos, en fin, conocerles… Me gusta pasear sin rumbo, sin destino, solo sentir que mis piernas se mueven y pasear, contigo del brazo, de la mano… Fijarnos en el resto de la gente, cómo muchos tienen prisa, otros están distraídos, otros hablan por teléfono… La vida continua y continua mientras nosotras caminamos por la ciudad… Me gusta la música, sentirla, entender la letra, entender porque el compositor escribió esas letras… Me gusta cocinar sobre todo si hay gente en casa, me relaja, me sienta bien… Me gusta leer, por la noche en mi cama, mientras te observo dormir, tranquila, serena y mientras yo me empapo de cualquier historia, eso es tranquilidad, eso es felicidad… Me gusta viajar, no simplemente coger el coche y desaparecer, que también, sino desde el momento que decidimos el destino, hasta que salimos. Preparar el viaje, la ruta, buscar puntos de interés, buscar restaurantes… Para mí el viaje comienza en el momento que elegimos el destino, desde ese momento, estoy disfrutando ya… Me gusta conducir, ya sea el coche o la moto. Desde que tengo la moto, me encanta sentir el viento en mi cara, me encanta conducir a primera hora de la mañana por el centro de Barcelona y disfrutar de sus calles vacías, solo para mí. Me gusta hablar con mis hermanos, pasar tiempo con ellos, reírme, salir a comer, estar en el sofá, poner una película y compartir una pizza, me gusta estar con ellos, sentirles cerca… Me gusta la vida que he ido formando, me gusta estudiar, aunque me cueste por tema de tiempo, me gusta nuestra casa, cómo hemos ido adornándola, haciéndola nuestra, me gusta nuestro gato, lo cariñoso que es, lo bien que se porta y la compañía que hace, me gusta nuestro sofá, tan grande, tan cómodo… Me gusta sentir en mis pies la arena húmeda de la orilla del mar, sentir la brisa mientras las olas llegan a mis pies y me hacen cosquillas, me gusta adentrarme dentro y volver la vista atrás para ver como me miras mientras y me saludas… Me gusta el cine, en casa, en nuestro sofá mientras te abrazo. Me gusta que me sorprendas, porque tus sorpresas son las mejores, no son regalos sin más, son sorpresas que igual no abrigan mi cuerpo o no lo adornan…pero abrigan el corazón, cosas importantes, cosas que no son tangibles pero que llegan más allá. Me gusta dormir, aunque duermo muy poco, pero la sensación de estar en la cama, con el edredón hasta arriba, sabiendo que ese día el despertador no sonará… Me gusta Italia, sus gentes, sus ciudades, su historia, su gastronomía… Me gusta compartir contigo un plato de pasta y una buena pizza en las inmediaciones de la Plaza del Popolo, por ejemplo… Me gustan los grandes espacios, los espacios abiertos, las grandes terrazas, los parques… me gusta poder sentir el aire, me gusta poder observar más allá… Me gusta el deporte y lo bien que me hace sentir, me gusta quemar de esa manera tanto las calorías como el estrés…. Me gusta cuando hacemos un viaje a mi casa y entramos en mi provincia, tocar el claxon dos veces… es la manera de decir “estoy en casa”… Me gusta recibir cartas, bueno ahora ya mails, de gente que me importa, que me cuenten cosas, que me recuerden cosas… Me gusta despertarme tranquila, sin un sonido en el despertador demasiado estridente, sin que nadie me grite o me despierte zarandeándome, porque me levanto nerviosa… Me gusta disfrutar de la noche de San Juan en un sitio como Barcelona, con mar. Oír los petardos, ver las hogueras, pasear por la playa… Me gustan los niños, los adoro. Comparto con ellos toda mi imaginación y jugamos a un sinfín de cosas, nos reímos, me los como a besos, ellos a mí… Me encantan los niños… Me gusta la sinceridad, aunque duela, más duele una mentira; Las cosas bien dichas, pero sinceras, no deberían de sentar mal. Me gusta cuando salgo de hacer un examen y mi padre me llama por teléfono. Me llama muy poco con esto de las nuevas tecnologías, pero si es mi cumpleaños o he tenido un examen, me llama siempre… Me encanta que mi bisabuela, que aún vive, me cante canciones. Yo la llamo por teléfono y siempre cantamos, parecemos tontas, pero si vierais tanto mi sonrisa, como la de ella, veríais que no, que es felicidad, añoranza, cariño… Me gusta ver fotos de épocas pasadas y recordar la historia de esa fotografía. Cuando vuelvo a casa por vacaciones, siempre saco las fotos, me siento con mi hermana y con mi chica, y le contamos las historias… Me gusta pensar que lo bueno siempre está por venir, que mañana siempre será mejor que hoy, que lo que hoy me hace daño, mañana ni lo recordaré. Me gustan las comidas fuertes, con sabor, típicas de mi tierra. Me gusta hacer cualquier tontería con tal de sacar una sonrisa.Me gusta ir de vacaciones a mi casa, ver que todo ha cambiado muchísimo, que todo ha evolucionado, pero que mi bisabuela sigue siendo la mejor jugando al parchís. ¿Cuántas partidas echamos cuando estoy? Siempre estamos jugando… Me gusta jugar al parchís, con ella.

Me gusta que estés al otro lado, leyendo lo que acabo de escribir. Conociendo lo que me gusta, conociéndome un poco más, mis gustos, mis manías, mi vida… Me gusta que haya alguien al otro lado, me gusta sentirme “leída”. Me gusta… que os guste.

Mil gracias, como siempre, por estar ahí.

Un saludo, muac.