Posts etiquetados ‘familias lgbti’

Envidio como tu madre puede sentirte en su interior, saber cómo y cuándo te mueves, conocer si tienes el día regular o si por el contrario, estás tranquilo. Envidio que te note, que te sienta como parte de ella, su parte más importante.
Pero hoy te he sentido, y aunque no lo creas, no era la primera vez.
Desde que el pasado abril supiéramos que estabas ya con nosotras, te siento cerca. Se que estás, que nos acompañas, que nos escuchas y que nos sientes… Pero no ha sido hasta hoy cuando has respondido a mi cercanía con la tuya propia.
Hoy, cuando veíamos la televisión en el sofá y acariciaba la barriga de tu madre, como suelo hacer siempre, te moviste y mi mano, mi palma y mis dedos, notaron como te moviste traspasando la piel, y lo que no es dermis, hasta llegar a mis terminaciones nerviosas y acelerarme el corazón.
Aparté la mirada de la televisión y la dirigí como un resorte hacia tu madre, que sonriendo me preguntó si te había notado… ¡Sí! Si te he notado… te he sentido tan cerca, que no te imaginas la emoción que me has causado…

Hace un par de días o quizá tres, tu madre me envió un audio increíble.
Yo estaba apunto de salir del trabajo y de volver a casa con vosotros. Sonó el móvil y tras desbloquearlo escuché el mensaje.
Tu madre, con voz adormilada y la emoción bien despierta me explicaba cómo se había despertado al sentir que te movías.
Me explicaba que te sentía perfectamente, que tus movimientos eran claros y contundentes, y que era una sensación increíble como le habías removido el sueño y la vida.

He guardado ese audio Saúl, para que llegado el momento entiendas lo que ha significado cada paso que hemos dado juntos. Desde el magnifico positivo que nos cambio la vida, hasta un pequeño movimiento que nos desvela y nos despeina el alma.
Seguiré acariciando la barriga de mamá en tu búsqueda, así que no te hagas de rogar y déjame sentirte, tocarte y palparte, porque hasta que vengas en enero, se me va a hacer cuesta arriba.

Anuncios

Hace un día de perros y yo, que no se ladrar, me pierdo en el embrujo de la luna que me mira, me observa y me hace temblar.
Hace un día de perros, de cuestas atropelladas sin freno de mano, de flores marchitas sobre un jarrón cansado, de domingos sin vísperas y de noches sin almohada ni pijama. Hace un día de perros, de lluvias intensas y truenos ladradores que taladran el día.
Hace un día de perros y yo, que descanso de la vida en pasillos kilométricos, me escondo bajo una capucha que me resguarda de la lluvia y de un cielo negro, que parece que en cualquier momento, se va a desplomar.

 
Hace un día de perros y mi capa protectora se desquita del polvo que la envuelve. Llueve y mancha la soledad de esta carcasa de embrujo pero sin abrigo, que me da y me quita a partes desiguales y que, me mira a los ojos después de haberte robado la cartera.
Pero sigo siendo yo, aunque no pueda identificarme mediante el DNI o el carné de la biblioteca. Sigo siendo yo aunque, el miedo haya condensado mi fatiga y la lluvia haya lavado un mal día. Sigo siendo yo porque, a pesar de que siga siendo un día de perros y yo no haya aprendido a ladrar, la luna ya no me hace temblar, aunque lo intenta intensamente. Sigo siendo yo, porque me reconozco en las sombras y en los reflejos que me devuelven los charcos, aún humeantes. Sigo siendo yo porque la piel que me cuida y me protege y me hace ser tan fuerte, sigue aquí, pegada a mí, convirtiendo los temblores en simples escalofríos y convirtiendo el sentir en la vida en un palpitar cercano y ruidoso que me hace agarrarme con fuerza al mundo y, luchar.

 

lluvia-en-la-ventana.jpg
Sigo siendo yo, porque si cierro los ojos y respiro hondamente, reconozco mi propio olor y mi propio tacto. No huelo a miedo o a humedad, a pesar de que hace un día de perros. No siento la sequedad de mi piel, a pesar de que la lluvia ha hecho mella en mí. Me siento a mí misma, con ese tacto seguro y certero que te transmiten las cosas que reconoces sin ver. Me siento yo misma, porque aspiro mi propio yo, y eso me hace sentirme en casa, en paz, tranquila… A pesar de que haga un día de perros y el chubasquero esté calado.
Hace un día de perros y yo, sin carcasa ni chubasquero, sin miedo y con la identidad intacta, me empapo de esa lluvia que, solo me recuerda el valor de las cosas. No tengo miedo de mirar la lluvia caer sobre mí y empaparme entera, de cabeza hasta el alma. No tengo miedo de la humedad o del frío que me transmiten unas minúsculas gotas de agua, no tengo miedo. El miedo lo olvidé en uno de esos charcos que, sin darme cuenta pisé tras la tormenta.
No temo al día de perros ni a la luna, ni siquiera a una carcasa rota. Temo que llegue un día en el que no tenga osadía para salir a la calle y mirar a la lluvia a la cara, mientras le reto a que me empape de realidad. Porque si la lluvia cae, bailemos bajo ella.

girldancingrain1.jpg