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Pensábamos que este sería nuestro año, nuestro 2016. Nuestros 365 días para compartir y vivir como nunca antes habíamos vivido. Iba a ser el año en el que llevaríamos a cabo los planes que han ocupado y han llenado nuestras tertulias, nuestros cafés de media tarde e incluso, las conversaciones entre almohada, pijama y calma prestada.
¿Recuerdas como celebramos la Noche Vieja pasada el cambio de año? Fue una sensación extraña, que acompañada por las burbujas del cava, hicieron la noche dorada.
Comentamos y brindamos tantas veces, que perdí la cuenta por este nuevo lienzo en blanco que se abría ante nosotras y por todo lo que iba a significar.
Un año es más que 365 días, os lo aseguro. No importa si es bisiesto o el veranillo de San Miguel viene con rebeca y manoplas.
No importa que tengas o no ganas de comerte todas las horas del día para dormir a tu lado cada noche. Los días tienen su tempo, y es incontrolable para corazones informados como los nuestros.

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No importa que todas tus fuerzas se conjugen con el universo, las mareas, la luna e incluso con algún madrugón algún lunes de abril. No importa, porque toda la fuerza de la que tú puedas disponer, no para el destino. ¡Ni si quiera lo ralentiza! El destino va por libre, sin mirar atrás y sin poner el intermitente… Él es su propio grumete, su propio capitán y si me apuras, el último trago de un bar.
Yo quería este año, lo quería con todas esas fuerzas que no sirven para nada más que para sentirme fuerte… Sentía este año tan mío, que me sentía la mujer más afortunada que había en este mundo. No eran solo 365 días más por delante, por llenar, por abrazar y salpicar de oro. Eran mis nuevos 365 días para completarme, para hacerme a ti, para cambiar de rumbo…
Nuestro año, nuestros nuevos 365 días han ido pasando, y aún veo sus huellas por el camino, el camino embarrado que nos separa de aquello que habíamos imaginado.
Las profundas huellas se pueden ver desde cualquier parte, incluso con los ojos vendados de optimismo. Las veo, las miro, las siento, las hablo, las… ¡Ahí siguen! Haga lo que haga, ahí sigue el barrio, en mis zapatos.

No ha sido lo que esperábamos, mi vida. Nuestro 2016 ha pasado dejándonos la boca seca y el corazón con un latido menos. Nada es como habíamos imaginado. Nada se parece ni siquiera a lo peor que hubiéramos imaginado, nada. Pero ha pasado, ha pasado en este 2016 en el que teníamos depositadas todo, hasta nuestros votos.
Pero alza la cabeza y mira el barro, mira los 300 y pico días que llevamos a las espaldas y dame la mano. Ha sido duro, durísimo, pero no olvides que más duras somos tú y yo, mucho más.
No ha sido fácil, no puede serlo, pero seguimos aquí, más juntas y más unidas que nunca. Y seguimos aquí, luchando, esforzándonos en dar la vuelta a la tortilla y ponernos la vida por bandera. Aún nos queda tanto… Tanto…

Se acaba este año en el que, a pesar de haberle dado nuestros mejores pensamientos, nuestros mejores momentos y nuestras mejores galas, nos ha dejado desnudas.

Lo que viene siempre tiene que ser mejor, mi vida. Siempre. Y quedan por venir tantos 365 días que, se me llena la boca de los te quieros que te puedo decir y de los besos que te podré robar. Se me inundan las manos de cosquillas de saber, que aún te podré acariciar tantas veces, como casillas hay en los calendarios de casa. Las mariposas que aún siguen sin posarse sobre mi estómago, revolotean más alto, tanto que casi las siento en mi garganta.
Nos quedan tantas cosas por hacer y decir, por sentir y por ver. Tantas cosas por disfrutar y por no hacerlo. Nos quedan tantos bosques en los que perdernos y tantas noches de desenfreno. Nos quedan tantos amaneceres sin cafés y atardeceres pronunciando tu nombre. Nos quedan tantas noches de sábanas desgastadas y películas a media tarde. Nos quedan tantas comidas para dos y otras tantas para más de dos…

 

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Nos queda tanta vida, mi amor, ¿que para que encasillarnos en los próximos 365 días? No… No quiero sólo 365 días cuando se trata de nosotras. No quiero un maldito calendario con solo 12 páginas. No. Nos merecemos más. Más días, más domingos. Más semanas de veinte días. Nos merecemos los días de nuestra vida.

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Hoy es 19 de marzo… Día del padre, día de los Josés y de las Josefas, pero sobre todo, hoy es el cumpleaños de alguien muy especial para mí.

“Un día como hoy pero de hace mucho tiempo, venías al mundo. Un día como hoy, de esos que hemos celebrado tantas y tantas veces… Siento no poder estar hoy ahí para poder brindar con un poco de vino por un año más, pero algo se me ocurrirá, ya verás.

¿Sabes? Eres sin duda alguna de las personas más importantes que tengo en mi vida, sin duda. Me has enseñado tantísimas cosas, tantos valores, tantos dichos, tantas canciones y refranes… Me has enseñado a sonreír siempre, siempre… Pase lo que pase, porque no todo es malo y de algo malo siempre se puede sacar algo bueno, ¿Verdad? Cuando estás triste, cuando estás ausente y de mal humor, no ves todo lo que la vida te ofrece, lo que el mundo te da y todo lo que tu gente hace por ti. Estar triste y de mal humor te hace estar ciego, no serlo.

Tú me has enseñado que en la vida, todo cuenta. Todo. Lo que haces hoy y lo que haces mañana, todo cuenta. Por ello hay que estar, hay que luchar y hay que sobrevivir. La vida no es fácil, por eso estamos todos aquí juntos, para luchar en equipo.

Tú me has enseñado que hay que disfrutar de la vida y de los momentos que te ofrece. Que la vida pasa y la vida se termina. Pero los recuerdos y los momentos, perduran. Como perduran las imágenes, las fotos, las risas, los llantos… Haz que tu día perdure, como perdura cada día que yo he vivido contigo.

Tú me has enseñado a valorar todo lo que tengo, todo a lo que tengo alcance. Puedes tener todo lo que te propongas, pero si no lo cuidas y si no lo valoras, perderá todo su significado y no valdrá nada. Las cosas existen porque nosotros les damos ese don. Ten solo lo que necesitas, todo lo que necesitas y cuídalo. Cuídalo porque es tuyo y tú lo elegiste.

Tú me enseñaste que hay que ser ordenada, tú me decías “una cosa para cada sitio y un sitio para cosa…” ¿Lo recuerdas? Así siempre tenemos todo a mano, siempre está donde lo hemos guardado.

Tú me enseñaste que sí existe el amor y que sí puede ser para toda la vida, solo tiene que ser la persona adecuada. Cuando encuentras a esa persona lo sientes y lo sabes, lo demás viene solo, sin darte cuenta.

Tú me enseñaste a bailar, porque bailar es la mejor manera de espantar los fantasmas y sonreír. Es tan divertido… Comienzas a dar esos pasos y te olvidas del mundo, te olvidas de los problemas, te olvidas de todo… Y si estás feliz, bailas y sonríes y en cada paso que das, lo trasmites. ¡Baila! Porque la vida al fin y al cabo es eso, un conjunto de pasos que intentan estar coordinados…

Tú me enseñaste que siempre hay que recordar, que siempre hay que echar la vista atrás para entender por qué estamos donde estamos y acordarnos de todas las personas con las que nos hemos topado. Porque todos terminan siendo importantes, aunque a priori no lo sepamos.

Tú me has enseñado tantas cosas, abuela… Que siento enormemente no poder estar ahí contigo y brindar con un poco de vino para celebrar esos 98 años que cumples. Hoy será un gran día, pero para nosotras, cualquiera nos vale, ¿Verdad? Porque nosotras cantamos, bailamos, jugamos al parchís o vemos fotografías antiguas y estamos felices.”

 

Hoy es el cumpleaños de mi bisabuela, mi abuela, casi como una madre para mí… Hoy cumple años una gran persona que me ha dado todo y que se ha volcado tanto en mí, como en mis hermanos para que no nos faltase nunca de nada, pero sobre todo, que nunca nos faltasen valores.

Ha tenido una gran vida y tiene una gran familia que la quiere por encima de todas las cosas. Tienes tres bisnietos y hasta una tataranieta… ¿Qué más podemos pedir, abuela?

Yo solo pido que soples hoy las velas sonriendo, que brindes con un poco de vino ( Échale gaseosa por si acaso… ) y que puedas cumplir muchos años más a nuestro lado, porque para mí eres tan especial que no me imagino no tenerte…

¡Feliz cumpleaños, abuela!

 

 

 

Continuamos con la fiesta sorpresa de cumpleaños  ¿Os parece?

Cómo ya os dije, le había preparado una fiesta sorpresa con la ayuda de todos nuestros amigos. Me había puesto en contacto con todos y entre todos habíamos “tejido” este plan. Os puedo asegurar que me siento, enormemente orgullosa de los amigos que tenemos.

Pues ahí estaba mi pequeña cumpleañera, con los ojos vendados, al pie de las escaleras, con su alfombra roja iluminada por varias velas… Cuando se quitó el pañuelo y vio dónde estábamos, la alfombra, las velas… Se quedó… Imaginaros… La invité a que fuera subiendo, a que fuera entrando…

Allí nos esperaban nuestros amigos, todos elegantemente vestidos con sus sombreros y sus máscaras… No reconocía a nadie… Ahí estaban todos, grabando videos o haciendo fotos y ella les miraba, me miraba y me preguntaba porque no les reconocía…

Mi amiga Inma, la que se casó y, el marido salieron de detrás de la barra para sorprenderla. No os puedo decir su expresión, pero os aseguro que el brillo que tenía en su mirada, fue el mejor de los regalos que yo recibí esa noche.

Los amigos estaban ahí porque yo les había avisado para el cumpleaños de mi chica, pero no se olvidaron de que también era el mío. Había una pancarta que nos felicitaba a las dos y que decía eso, que no se habían olvidado. Son muy grandes.

Una vez que saludamos a todos, agradecimos a todos su presencia, bromearon por la fiesta, por la sorpresa, por como la habíamos engañado todos… Nos dispusimos a cenar.

Yo me sentía como en mi boda, os lo aseguro. Habían dispuesto las mesas en forma de C para que todos pudiéramos vernos las caras y en el centro estábamos nosotras, presidiendo.

Terminamos de cenar y antes del postre nos dieron el “primer regalo”. Porque a pesar de que la fiesta era para ella… No se olvidó nadie de que también era mi cumpleaños….

Nos dieron una caja enorme que ponía “KIT DE SUPERVIVENCIA”. Cuando lo abrimos vimos muchos paquetitos pequeños y unas “normas” de cómo debíamos de proceder para ir abriendo. Las normas eran: Primero ponernos unas coronas, unas gafas, unas pulseras y un colgante de cartón, a continuación coger el paquete que correspondía, ya que estaban numerados y antes de abrirlo debíamos darnos dos besos, darnos un abrazo y gritarnos ¡feliz cumpleaños! … Os digo que había 15 paquetes… Ni más ni menos… La verdad que fue muy gracioso tanto lo que teníamos que hacer, lo que nos iban escribiendo y lo que nos encontrábamos en el paquete, son increíbles.

Después comencé a darle algún regalo mío, claro. Le había hecho un “Libro Hoffman” con sus mejores recuerdos, con fotos desde que era niña, con las fotos de los viajes, con la familia, con los amigos…

Después le di dos sobres. Uno contenía un bono para poder ir a montar a caballo y hacer una ruta, cosa que le encanta, ya que adora a este animal. Y el otro sobre tenía las entradas para ir al concierto de Malú en Barcelona el próximo noviembre, que también le encanta…

Y por último el regalo más esperado, el regalo que más tiempo me costó preparar, el regalo que con más cariño preparé y que se, que aunque fue muy cursi, le encantó. Era mi primer libro… Sí, mi primer libro encuadernado y todo lo tiene ella. Si me acuerdo haré unas fotos  y las subiré para que podáis verlo ¿De acuerdo?

Luego los amigos nos iban dando los regalos “a pares”. Se pusieron detrás de nosotras y nos iban pasando los regalos. Una bolsa para ella, una para mí… ¡¡TENEMOS UN MONTÓN DE REGALOS!! Muchísimos regalos, más de lo que yo me hubiera imaginado. Millones de gracias a todos.

Pero entonces llegó el regalo… EL REGALO… Mis hermanos no pudieron venir a la fiesta porque vivimos muy lejos… Y para mí la familia es muy importante, muchísimo. Y ya no os digo nada de mi sobrina, que aún no le he visto la cara y ya la quiero cómo a nada…

Nos sentaron y nos dieron un regalo para las dos. Rompimos el envoltorio entre nervios y risas y ahí estaba…Era un marco con la foto de la ecografía 4D de mi pequeña, de nuestra pequeña… Su primera foto ya enmarcada y con esta leyenda a pie de foto: ¡¡FELICIDADES TITAS!! Fue un momento tierno, bonito, dulce… Enseguida llamé a mi hermana y le di las gracias por colaborar. Esa foto, a día de hoy, preside nuestro salón.

Pero no nos dio tiempo a guardarnos el pañuelo… No… Sobre todo a ella. Últimamente me estoy haciendo una experta en esto de hacer videos… Ya hice uno para la boda de mi amiga y decidí hacerle uno a ella.

Seleccioné las fotos con mimo, con sumo cuidado… El video comenzó con su infancia, con las fotos de bebe, con sus padres (que también estaban en la fiesta)… Después ya de niña, de adolescente y después ya de adulta. Con todos sus cortes de pelo, con sus amigos, con sus viajes, conciertos… Cómo había faltado mucha gente por diversos motivos, les pedí que si me podían mandar una foto/video felicitándola para poder incluirlo. La mayoría de la gente colaboró, y así acabé mi video. Con toda la gente felicitándola, incluso mi bisabuela, mis hermanos, amigos que viven en Madrid…y por supuesto, todos los presentes. Fue muy bonito y emotivo.

Después ya comenzó el baile, el cachondeo, los pasos más estereotipados que os podáis imaginar, pero… ¿Qué hay más bonito que un montón de gente bailando la misma canción y sabiéndonos todos los pasos?

Era un día especial, pero más aun, era para alguien muy especial. Quería que por una cosa o por otra nunca olvidase este día. Quería que se sintiera en el centro de la fiesta, quería que sintiera todo el cariño que le tienen sus amigos, lo querida que es, lo mucho que la aprecian. Quería que sintiera que yo haría cualquier cosa por ella… Que yo movilizaría a los amigos, que conseguiría que todos le engañasemos, incluso sus padres, que conseguiría hacer y deshacer un montón de cosas sin que ella se enterase, aunque para ello me robase el sueño y me pasara todo el día muuuuuuy cansada. Quería que sintiera eso, que es mi princesa sin peros y sin porqués…

Así que a todos GRACIAS. Porque me ayudasteis en todo, en preparar, en idear, en engañar… Porque no solo hicisteis todo eso, sino que no os olvidasteis de mí y me hicisteis sentir como si estuviera en casa… Porque sois geniales, porque cada uno de vosotr@s, de una u otra manera sois indispensables para las dos y os queremos, mucho.

¡¡ Gracias de todo corazón a todos los que habéis colaborado !!

 

 

Hará cosa de un mes decidí que quería hacer un regalo especial a mi chica por su cumpleaños. No quería regalarle un detalle y llevarla a cenar…No, este año, sería distinto, este año lo recordaría el resto de su vida, así que, me puse manos a la obra.

Cree un grupo de “WhatsApp” con nuestros amigos más directos y les comenté la idea que había tenido. La verdad que no me esperé que la gran mayoría, sin importar el día, ni el lugar, ni el precio… Aceptase, todo por estar en su día, con ella.

¿Os acordáis de mi amiga, la que se casó? Pues bien, ella y su marido, adelantaron su luna de miel dos días para poder acompañarnos ese día… Os lo digo todo ¿Verdad?

Me pasé un mes hablando en “secreto” con los amigos, escondiendo el móvil, quitándole las notificaciones cada vez que llegaba a casa, silenciándolo… No os podéis imaginar el estrés que llevaba encima.

Al final encontramos el sitio donde lo íbamos a celebrar y apalabramos un menú. El restaurante en cuestión, tiene cuatro escalones antes de acceder, dónde pondrían una alfombra roja con velas a ambos lados hasta llegar a la puerta de entrada. Así la recibiríamos. Así que una vez que teníamos el restaurante, el menú, los invitados, los sombreros de copa y las máscaras que íbamos a llevar, solo quedaba… “engañarla”, y esa era mi misión, je je.

Creo que ya os había comentado que nuestro cumpleaños es el mismo día, que nacimos exactamente el mismo día y que siempre celebramos el cumpleaños juntas… Pues bien, este año cayó en viernes y no teníamos preparado “nada” para hacer, así que ella, escribió a todos nuestros amigos ( a los mismos que había escrito yo… ) para quedar a  cenar todos juntos y así alegrarme el cumpleaños y sorprenderme, por supuesto… Pero todos dijeron que no podían, se inventaron mil y una excusas para no ir, por lo que os podéis imaginar su indignación y su enfado… “Vaya amigos, no quieren venir a cenar, ya les vale…” Y mientras, en realidad, todos estaban haciendo cosas para que el sábado saliera todo a pedir de boca, para ella.

Y llegó el sábado… ¡¡Qué estrés!! Yo tuve que dar mil vueltas con el coche para recoger todo lo que teníamos escondido por ahí, para recoger los regalos, para recoger a mi amiga y a su marido, para llevarles al restaurante y dejarles abandonados allí, porque si no nos pillaba… Muchísimo estrés. Pero todos, los amigos, sus padres y yo, estuvimos al pie del cañón, preparados para todo.

A las 19,30 o así llegó ella del trabajo y la lie para que se quedara conmigo en el sofá, diciéndole que la película que daban en antena 3 estaba muy interesante ( yo acaba de llegar del restaurante, que había dejado allí a mis amigos…). Nos dieron las 9 viendo la película, entre bromas y risas.

Habíamos quedado que el sábado saldríamos a cenar, ya fuera solas o con alguien, pero como todo el mundo tenía planes… Iríamos nosotras… Así que me preguntó que si al final íbamos a salir y al decirle que sí, se fue directamente a la ducha.

Tras prepararnos, la monté en el coche y le vendé los ojos… Lo sé, lo sé, eso ya deja poco a la imaginación, pero no tenía más remedio, sino me pillaría nada más doblar la esquina… Le di varias vueltas por el pueblo antes de salir y dirigirme al restaurante. Le iba hablando, dándole besos, cogiendo las manos… Estaba tranquila.

Al llegar, aparqué el coche, la ayudé a bajar y con los ojos aun tapados la dejé al pie de las escaleras. Cuatro escalones la separaban de todos sus amigos, cuatro escalones la separaban de la gran sorpresa que llevábamos tiempo tejiendo en el silencio del whatsapp…

Le quité el pañuelo que cubría sus ojos y se quedó un poco aturdida al ver el restaurante… ¿Qué hacemos aquí…? Me dijo. Yo la animé a que subiera y entrara en el local. Aun no veía a nadie. Nada más entrar, con el paso temeroso que iba, comenzó a ver a gente con sombreros de copa tintados a base de purpurina de colores y unas máscaras con gafas y narices enormes… No reconocía a nadie… Pero todos la saludaban y le cantaban el mítico “Cumpleaños Feliz” de Parchís….