Posts etiquetados ‘futbol’

Hoy os escribo y uso mi blog personal para decir o tal vez gritar, que no doy crédito a lo que estoy viendo por los distintos medios de comunicación. Me refiero a ese grupo de personas que han venido a nuestro país para acudir a un partido de fútbol y mientras, llega la hora del mismo, se dedican a ir por ahí riéndose y avergonzándose de las personas que están pidiendo en la calle…
¿En qué mundo vivimos? ¿Cómo puede pasar esto? ¿Cómo hemos llegado a esto?
Me da igual de dónde sean esas personas, si son de aquí o son de más allá… ¡Me da igual! Una persona que se mofa de otra que pide dinero para poder comer o poder alimentar a sus hijos, no merece que se le llame persona, no se merece nada de nada.
Estamos acudiendo en primera fila a muchos cambios sociales, a muchas desigualdades, a muchas… ¡A mucho de todo! Hay cosas con las que no se puede luchar desde el punto individual, desde nuestra posición. Pero esos pequeños cambios individuales suman, y suman mucho, aunque parezca que no.
Por desgracia, cada día existen más temas a los que recurrir para “crear” o simplemente fomentar las desigualdades. Ya no basta con la religión, el color de piel, la orientación sexual o alguna característica física tales como, los kilos, la estatura, el uso de gafas… Ahora, somos aún más crueles, somos aún menos personas y nos reímos de los que piden para comer… ¿Qué será lo siguiente?
Nadie se merece que nos riamos de él, nadie. Independientemente de a quién rece o a quién ame, nadie se merece que nos mofemos de él, nadie. No se puede consentir, no se puede generar más odio y más desigualdad de manera tan sumamente gratuita. Además, por si no fuese ya grave y humillante per se, encima, para hacerlo aún más circense si cabe, se dedicaban a tirar monedas pequeñas, para que su cruel juego durase aún más e intentar que esas personas parecieran más desesperadas. ¡Es de locos!

 

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La nacionalidad de uno de esos grupos era holandesa… ¡Holanda! Sí, amigos, Holanda… El país en el que todo está bien visto mientras haya respeto. El país en el que su premisa es esa misma, el respeto. Los holandeses son ante todo, abiertos, tolerantes, galantes de buena educación, gente que aboga por cuidar el medio ambiente, por cuidar nuestras necesidades individuales. ¡Holanda! Seguramente, alguno de aquellos que estaba ahí, tirando monedas de cobre a una pobre mujer que no tiene ni para comer, sea un acérrimo defensor de los derechos y libertades individuales, seguramente esté en contra de las políticas que está adoptando Europa para con los refugiados sirios, seguramente esté en contra de cualquier cosa, derecho o deber que vaya en contra de la libertad personal, expresada esta de cualquier manera. Seguramente, alguno de esos que tiraba monedas es de los que se le llena la boca predicando cómo arreglar el mundo, seguramente.

Muchas veces no sabemos cómo podemos ayudar, qué podemos hacer para echar una mano o dónde acudir para hacerlo. A veces, pensamos que las organizaciones que nos piden dinero para prestar esa ayuda, no son de fiar o nos da por pensar mal sobre su finalidad. A veces, aunque tenemos buenas intenciones o buena predisposición para ayudar o al menos intentarlo, no lo hacemos.
“No hacer nada” está mal, sea por el motivo que sea, pero ojo, siempre es mejor eso que meterse con esa pobre gente. Igual no he ayudado lo que debía, puede ser, pero jamás he faltado a nadie al respeto y menos, de esa manera, eso os lo aseguro.
Esas personas juegan con las monedas y con la desesperación de esa gente, de una manera despiadada, ridícula y hasta obscena. Por suerte, aún queda mucha gente valiente que se atrevió a llamarles la atención… Aún queda gente valiente, que sabe lo importante que era eso que estaba pasando…

No os dejéis humillar, no humilléis.

 

 

http://www.20minutos.es/deportes/noticia/espana-holanda-coordinan-identificar-hinchas-psv-humillaron-indigentes-madrid-2700849/0/

 

http://www.20minutos.es/deportes/noticia/fiscalia-investigara-incidentes-hinchas-psv-madrid-2700414/0/

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Indignada. Estoy indignada. Vosotras aun estáis a tiempo de no leer esto y no cabrearos… Os aviso.

Son continuas las noticias que nos llegan sobre otras mujeres que no están teniendo la vida que se merecen. Mujeres que son despojadas de sus derechos a golpe de guantazo, que son usadas hasta que se cansan, cambiadas y vendidas por cualquier cosa insignificante, que son burladas, heridas y violadas… Todos los días, hay noticias como estás, por desgracia, todos los días hay una mujer en algún punto del planeta, que está sufriendo algo de lo dicho anteriormente… Todos los putos días.

Y tú piensas… Menos mal que nosotras vivimos en España, en Europa, que tenemos nuestros derechos, que podemos estudiar o trabajar, que podemos casarnos e incluso con otra mujer, que podemos tener hijos, adoptarlos o no, que nuestro voto cuenta, que nuestro NO cuenta, que… Somos una parte más de la sociedad… Al menos en la mayoría de los casos… Pero existen otros casos, otros casos que no son cómo estos… Hay mujeres en España que sufren a diario violencia y vejaciones hacia ellas y hacia la gente que las rodea. Existe en España, mujeres que son vendidas o cambiadas por dinero u objetos. Existe el tráfico de mujeres para la prostitución. Hay violaciones casi a diario, abusos sexuales en el trabajo… Existe todo esto… Y a mí, cuando lo pienso, se me viene el mundo encima. ¿Cómo es posible?

Todos sabemos que todo esto existe… A la mayoría nos indigna, a otros les beneficia y a unos pocos, les hace de oro… ¡Qué lástima!

Pero… Entonces, me conecto a mis redes sociales y descubro la guinda del pastel… Hace un par de días escuché un fragmento de un programa deportivo en el que hablaban de un posible fichaje de un jugador de futbol al Betis. Los participantes de la tertulia comenzaron a dar información y opiniones al respecto. Uno mencionó que ese mismo jugador había tenido problemas en el pasado, ya que en el pasado, durante una fiesta de fin de año, había golpeado  a su mujer. Fue entonces, cuando uno de los comentaristas (No si ni siquiera si es periodista, aunque me importa un pepino), opinó y matizó hasta en dos ocasiones, por si en la primera no te había quedado claro, que “Si con dos copas, le pegas dos guantadas a tu mujer, ni es agresión ni es nada”.

No os podéis ni imaginar el nivel de enfado que experimenté cuando le escuché decir esa aberración… No me limité a leer el titular, no, decidí escuchar lo que decía y cómo lo decía. Noté como comenzaba a hervirme la sangre. Qué facilidad tiene este tipo de personas para manifestar este tipo de opiniones e irse tan pancho a su casa. Es increíble, que en pleno siglo XXI, un hombre haga una declaración así, en un medio público, en uno de los programas más escuchados de la ciudad y no pase absolutamente nada… ¿Eso es todo lo que hemos conseguido?

Estoy harta de escuchar como compañeros míos de trabajo o incluso amigos, me repiten que ya no hay machismo, que esto no es lo que era, que la violencia de género se da solo en personas mayores, no en las parejas jóvenes, cómo nosotros. Pero no es así, no nos damos cuenta de que es un problema que sigue entre nosotros, jóvenes y no tan jóvenes. Porque, más de una de nosotras seguro que ha escuchado algún comentario (más o menos light) defendiendo  o suavizando algún hecho que vaya en contra de los derechos y libertades de las mujeres.

No sé si debería decir lo que este hombre se merece y creo que no lo haré. Solo espero, que no tenga tanta facilidad de ponerse enfrente de unos micrófonos y decir más sandeces… Y por supuesto, espero que rectifique, pida perdón o alguna cosa parecida, aunque ya sabemos qué es lo que piensa… Ya se ha delatado.

Javier Mérida:

http://www.diariovasco.com/sociedad/201506/09/copas-pegas-guanta-mujer-20150609223210.html

Pues después de la famosa frase de “No me gusta el pescado”  todo fue bien. Ella no me defraudó, porque supongo que nos habrá pasado a todas, que conoces a alguien que parece que es de una manera pero después te das cuenta de que no, que las apariencias engañan y nunca sabes hasta qué punto conoces a alguien.

Pues ella era tal cual se mostraba y tal cual yo la imaginaba. Su sentido del humor fue soltándose poco a poco y cada vez nos reíamos más juntas. Su confianza conmigo igual, hablábamos de más temas, de temas más personales, del día a día, de sueños…

Y bueno, supongo que ahora viene la primera vez que nos acostamos, pero como comprenderéis es algo que no voy a contar aquí. Os puedo decir, que antes de estar con ella me había acostado con más chicas y casi ipso facto sabes lo que esperas de la otra persona. Me explico. Que conoces a una chica y te gusta físicamente, porque no te ha dado tiempo a más, sabes lo que esperas de ella y lógicamente, ella de ti. No hay más que rascar.

Sin embargo, con ella fue especial. No puedo decir que la quisiera ni mucho menos, pero había algo. No fue sexo por sexo, hubo algo más.

Había ganas de sentir, de estar y cuando digo estar me refiero al significado completo. Quería sentir sus besos, sus caricias, sus abrazos, su aliento… Casi me importaba más ese intercambio de intimidad que lo que es el sexo en sí mismo. Quería conectar con ella como lo había hecho hasta ese momento. Porque con el sexo se disfruta, sí, pero creo que se disfruta más cuando hay esas ganas de conocer a la otra persona, de impregnarte de ella, de saborearla.

Para todo hay una primera vez y para estar con una persona, también. Ninguna primera vez es igual. Puedes hacer, decir, experimentar cosas parecidas, pero cada una tiene un encanto que lo hace único. Lo bueno de experimentar de nuevo una primera vez, es que parece que las otras que has sentido, quedan en un segundo plano. No las borras, ni las olvidas, pero están en el fondo, tras el telón. Las primeras veces, hablemos de lo que hablemos, me encantan. Es sentir la inquietud de la novedad. Los nervios, las risas tontas, las caricias igual un poco torpes, que se , tirán perfeccionando con el tiempo. Me encantó la primera vez con ella. Me encanto verla que dormía con mi pijama, porque ella quería oler a mí, olerme mientras dormía. Me encantó poder abrazarla durante varias horas seguidas por primera vez. Y al despertar, aun un poco tímida o cortada por vernos así, recién levantadas y volver a besarla… Eso no tiene precio ni tiene nombre.

Esa mañana, le preparé el desayuno y me acompañó al trabajo. Tuvimos que ir en taxi porque llegaba tarde. Y después, cuando ya había amanecido, ella se cogió el tren y volvió a su casa.

Esa fue nuestra primera noche, nuestra primera mañana, nuestro primer desayuno, nuestro primer taxi compartido, nuestra primera vez en el lavabo para lavarnos la cara y los dientes… Fue la primera vez de tantas otras. La primera vez que empecé a anhelarla, a desear que llegara la hora de salir del trabajo para ir a verla, la primera vez que escuchando cualquier canción, asiento y pienso, “tiene razón, eso es lo que pasa”. La primera vez que preparé tostadas para dos y que la otra persona lo valore y lo agradezca. La primera vez de tantas otras, en un solo día, en una sola noche, en un ridículo cúmulo de horas…

A partir de aquí comencé mi nueva vida, mis nuevos pensamientos, mis nuevos sueños e ilusiones. Comenzó a aflorar la nueva yo. Todo tiene su explicación. Hasta que ella llegó, nada iba bien. Las cosas iban pasando y yo solo intentaba hacerles frente, pero no lo conseguía y las cosas se me amontonaban, y al final, decidía pasar, sin más, almacenar esos “problemas” en algún lugar oscuro de mi memoria, intentar no recordarlo, intentar no pensar más.

De mi época de antes de estar con ella me acuerdo, por supuesto que sí… Pero he olvidado tantas cosas, que si no me las recuerdan, me enseñan fotos, me ponen una canción, un vídeo, un sonido o un olor.. No sería capaz de explicarlos.

Sin embargo, desde que comencé con ella, parece que la memoria se ha convertido en mi nuevo don. Recuerdo conversaciones, mensajes, emails, primeras veces, menús, viajes, fechas, canciones… En fin, recuerdo muchas veces.

Hasta este punto de mi vida, no había tenido la suerte de encontrar a alguien que me valorase de verdad. Que interpretara mis sueños, que me diera una palmadita en la espalda y que me dijera, “Adelante”. Que me tendiera la mano cuando estaba en el suelo… Que me sonriera cuando más lo necesitaba.

Me explico. Siempre me gustó el deporte, mucho. Cuando tenía once años, engañé a mi padre para ir a hacer unas pruebas para un equipo de futbol, lógicamente, mi padre pensó que era femenino, y aun así, no le parecía bien. Cuando llegamos y vio a todos los niños de mi edad preparándose, creo que casi le da un infarto. Al final, aceptó. Hice las pruebas y ya ves la sorpresa que las pasé. Comencé a jugar en uno de  los mejores equipos de mi ciudad. Contra todo pronóstico el entrenador me sacaba de titular, jugaba bien, disfrutaba, los compañeros me querían (y yo a ellos) y para más inri, quedé pichichi de esa temporada y salí en el periódico local. ¿Cuál fue la respuesta de mi padre? Sacarme del equipo, sin explicación.

Siempre dije que algún día retomaría los estudios y que estudiaría psicología. Bien. ¿Para qué? Si total, vale mucho dinero y no creo que lo saques…

O cuando me pasaba horas escribiendo y se lo enseñaba a mis padres y… lo volvían a dejar encima de la mesa sin leerlo… Esas cosas.

Sin embargo, desde que empecé con ella… Me escuchaba. Eso es un privilegio que la gente no lo valora. Le dije que quería estudiar, pero que me daba miedo, que trabajar y estudiar iba a ser mucho para mí. Ese mismo año, me acompañó a la universidad y me matriculé en el grado de psicología. Voy poco a poco, me cuesta sacar tiempo para todo.

Me ve escribir, leer, soñar con todas estas cosas. Me ayudó a abrirme el blog. Me lee todo lo que escribo, me apoya y valora.

Le dije que me habían propuesto hacer lo de la radiobollo …. Y claro, que me daba vergüenza, miedo, ¿yo de locutora? Miradme, ahí estoy. Es ella la que me empuja a que haga estas cosas, a que supere mis miedos, a que procure valorarme yo misma. Me ve capaz de cualquier cosa que se me pase por la cabeza y últimamente, son muchas. Eso es lo que yo he encontrado en ella, por eso prefiero cualquier recuerdo con ella, que cualquiera de los que tenía antes.

Un saludo, muac.

La adolescencia como todas sabemos es una época difícil, para mí y para la mayoría de la gente. Son muchísimos sentimientos nuevos, experiencias, aventuras… Y no hay nada mejor ( o peor) que cuándo algo lo vives por primera vez. Esa sensación de novedad, de miedo, de ilusión, el no saber qué hay más allá… Eso es lo que lo hace tan grande.

En mi adolescencia se juntaron muchos factores. Era una chica muy deportista, por ejemplo. Practicaba a la vez futbol, kárate y básquet. Y también durante una época me empeciné con el atletismo y la natación. Figuraros, no tenía desperdicio. Siempre me ha gustado el deporte, y lo peor, es que se me daba bien. Por ejemplo, en futbol fui la única chica que jugó en ese equipo, que por cierto, era el mejor por categoría de mi provincia. A mi padre no le gustó mucho la idea de que jugara al futbol, ya sabéis, es cosa de chicos. Esa temporada acabé pichichi del equipo y llegué a salir en el periódico. Cuando acabó el año mi padre me hizo dejarlo, no estaba bien que una niña jugara con solo chicos, a pesar de que todos me apoyaban y éramos de verdad un buen equipo. Lo tuve que dejar.

En kárate era una máquina. Disfrutaba practicándolo. A los 13 años me preparé para el cinturón negro y lo saqué. Me presenté a varios torneos en mi provincia y no todos fueron muy buenos, pero tengo varias copas y medallas.

Del básket guardo miles de maravillosos recuerdos. Me apunté siendo muy joven. Y terminé jugando en la liga provincial. Ya no solo en la escolar dentro de mi propia ciudad, jugábamos por toda la provincia. Así, que todos los fines de semana montábamos en el autocar y nos íbamos de viaje para jugar. Muchas de mis amigas de esa época eran del equipo. Lo pasábamos muy bien.

También es cierto, que ya por esta época, a pesar de que mi vida era el deporte, ya había comenzado a fumar. Recuerdo perfectamente la primera vez que fumé un cigarro. Fue en casa de una amiga que vivía en el mismo sitio que yo. Nos lo fumamos en el baño de su casa, un CORONAS que ella le había “robado” a su padre. No me gustó nada la sensación. Notaba que me ahogaba, que me faltaba el aire, comencé a toser… Pero no se muy bien por qué, ese cigarro solo fue el comienzo de una adicción.

La chica con la que compartí el cigarro comenzó a salir con malas compañías. Y tanto yo, como el resto de las chicas que solíamos estar juntas… caímos en la trampa. Yo no entendía por aquel entonces porque mis padres o mi hermano me decían que no anduviese con esa gente, que les dejara, que tuviera cuidado… Nos trataban bien, las cosas como son, pero no estaba bien todo lo que hacían. Y yo, que no se por qué, siempre he tenido la conciencia como muy definida y muy marcada, ví que esa no era yo, que no me gustaba lo que hacía esa gente y que no quería ser uno de ellos. Porque si en verdad lo que hacíamos no estaba mal y eran tan buena gente, ¿Por qué no le podía contar a nadie lo que hacíamos?

Una parte de mi adolescencia que recuerdo con mayor tristeza fue cuando me lesioné. Entrenando a baloncesto me dieron un balonazo que intenté frenar con las manos. Aquí comienza una aventura de médicos, quirófanos, recuperaciones que duraría hasta mis 18 años.

Al parecer, ese balonazo me había fracturado un hueso de la mano. He pasado tres veces por quirófano, la última de ellas, a 600 km de mi casa y mediante pago ( mucho dinero, os lo garantizo). Tuve que dejar todos los deportes que hacía, todos. Imaginaros hasta que punto la lesión era fastidiada que no podía ni con la botella de lecha. Además, fue en la mano izquierda, y yo era zurda. Digo era, porque desde aquella época, he aprendido a usar la mano derecha. Tenia 14, 15, 16 años y no era capaz de coger la bolsa de la compra…. Fue una época mala. Recuerdo pasarme noches enteras llorando pensando que qué iba a ser de mí, que no podía hacer nada, que tenía que operarme de nuevo, recuperarme… En fin.

Además sentía que nadie me comprendía. Está claro que el hecho de dejar todos los deportes fue un palo para mí, un batacazo pero yo tenía las miras puestas al futuro. Si no podía con la botella de leche… ¿qué sería de mí?

Yo me iba haciendo mayor y sabía que quería estudiar, por lo que mis padres y la gente cercana me decía que no me preocupase, que para estudiar no me hacía falta la mano… Nadie entendía que esa lesión significaba mucho más para mí.

Por aquellos días escribía lo que no os podéis imaginar. Estaba todo el día con mi cuaderno de pastas rojas conmigo. Lo llevaba a todos los sitios y escribía sobre un sinfín de cosas, de pensamientos, de conversaciones e incluso poesía o cuentos. Cualquier cosa con el fin de sacar de mi cabeza mi vida, mi realidad.

Un gran amigo mío abrió una escuela de informática y necesitaba ayuda para darse a conocer. Yo me había matriculado en el instituto con horario nocturno, estaba en 2º de bachiller. Por las mañanas me dedicaba a repartir publicidad de la academia de mi amigo. Me pagaba 6 euros la hora, no estaba mal. Así que, todas las mañanas, me cargaba la mochila con los panfletos, la música a todo volumen y me recorría mi ciudad. Por casualidad de la vida me llamaron de otra academia, así que repartía de las dos academias, por coches, bares, en mano… Y me sacaba un dinero. Y después, por la tarde a estudiar. Al llegar a casa, cenaba, me duchaba y me ponía a estudiar, porque al día siguiente había que empezar de nuevo.

Respecto a la chica que os comenté que me gustó, M, ella se apuntó a un colegio privado para sacarse el bachiller, a escasos 200 metros de mi instituto, así que muchas veces nos encontrábamos. Al final perdí el contacto con ella, pero puedo decir que se portó genial conmigo y sé que si algún día nos volvemos a encontrar, nos saludaremos con todo el cariño del mundo.

Por desgracia vi muchas peleas. Había una chica, X, que por el motivo que sea, fijaros si el motivo era importante que ni lo recuerdo, que se llevaba mal con mi grupo. Conmigo no, porque llevarse mal conmigo es muy difícil, tengo demasiada paciencia y soy demasiado tranquila. Bueno, pues un día, de esos que habíamos ido a una sesión de fiesta para gente de nuestra edad, vi que muchas de las chicas de mi grupo… se iban corriendo al baño. Me extrañó y me esperé lo peor, así que allí me planté. Cuando entré me encontré que le estaban dando una gran paliza a la chica esta. Estaba de pie, doblada sobre sí misma mientras una le estaba dando patadas en la barriga, pecho… donde pillaba. No se ni cómo lo hice, aunque sí el por qué. Les separé, las saqué del baño medio a empujones y me quedé con esta chica. Tenía el cuerpo entero dolorido y creo recordar que alguna herida en la cara. Imaginaros la estampa, la chica no paraba de llorar, yo intentando consolarla. Le limpié la cara, las lágrimas y la saqué del local. Llamamos a su padre y se la llevaron al hospital. Tenía una costilla fracturada. Yo no me lo podía perdonar. ¿Pero qué clase de gente eran? Yo no quería ese tipo de personas cerca de mí, yo no era ni soy así, no me gusta ver como cuatro valientes fracturan una costilla a una chica que está sola e indefensa.

Por cierto, esta chica, a día de hoy es una de mis mejores amigas, de las pocas que me quedan por allí. Un encanto, una tía estupenda, una gran amiga.

Habíamos hecho varias veces botellón, pero nunca me había emborrachado. Recuerdo perfectamente la primera vez que me emborraché y recuerdo que pensé que sería la última.

Los padres de un amigo habían comprado un piso y aun estaba vacío, así que allí nos metimos. Era carnaval. Bebí mientras disfrutaba, nos lo estábamos pasando genial. Salimos de la casa y yo ví que me encontraba bien y de repente, todo cambió. Lo que pasó a partir de aquí lo tengo medio borroso. Se que me llevaron a casa y que me acosté ( después de vomitar, tropezarme… ) y que no me gustó para nada esa sensación, la de la primera borrachera.

Y por ahora, ya está. La siguiente entrega será cuando ya tenga 17 o 18 años y ya esté apunto de irme de casa, ¿de acuerdo?

A veces es complicado abrirte, contar las cosas que te han pasado, que te has sentido. Pero espero que os guste esta nueva entrada. Para mí un placer escribirla.

Un saludo, muac