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Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo la solución a mi problema. Tengo el aliento que le falta a mi garganta ya seca. Tengo el sol de un día gris y nublado. Tengo la ola que jamás llegó a la orilla. Tengo un trébol de cuatro hojas. Tengo tu mirada guardada como el mejor de los recuerdos. Tengo tu mirada guardada como el mejor de los regalos. Tengo tu mirada guardada como el mejor tesoro que podía tener, que podía encontrar, que podía custodiar…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo un camino marcado a fuego que habla de mí. Tengo miles de sueños y todos son contigo. Tengo la banda sonora de mi vida, de cada momento que he vivido, de cada momento que viviré. Tengo una casa, un hogar, un refugio ante la vida, una caseta, un alto en el camino. Tengo hambre y sed, hambre de vivir y sed de ti, de contigo, de nosotras, de las dos… Tengo una opinión o quizás dos. Tengo una familia, tengo unos orígenes, tengo un orgullo de ser, un orgullo de pertenecer, un orgullo de corresponder…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo una ventana por la que entra el sol aunque fuera esté nublado. Tengo una sonrisa perpetua, tatuada, perenne. Tengo una canción que habla de mí, tengo una canción que habla de nosotras, tengo una canción que habla de mis anhelos, de mis recuerdos, de muchos de mis sentimientos. Tengo un viaje pendiente, una aventura por delante, un sinfín de idas y venidas. Tengo una cámara para capturar todos esos momentos, para capturarte en todos esos momentos. Tengo el mejor objetivo y no hablo de cámaras de fotos.

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo tu mano apoyándome en cada paso que doy, en cada paso que inicio, en cada aventura que vivimos. Tengo tu mano que me ayuda, que me acuna, que alimenta mis esperanzas, que acuna mis sueños y espanta a mis fantasmas. Tengo tu mirada, llena de un sinfín de ternura, que me apremia, que me aconseja, que me llena de vida. Tengo tus palabras grabadas en mi memoria y a las cuales acudo cuando necesito paz, cuando te necesito. Tengo tu voz dulce de compañía cuando estoy sin ti.

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo nuestro futuro en mis manos, tengo tus manos, tengo tu sueño y el mío. Te tengo soñando sobre mi pecho, dormida, tranquila. Tengo tus labios suplicando mis besos. Tengo mis besos suplicando tu nombre. Tengo tu nombre tatuado en mi memoria, en mi cabeza, en mi ayer y en mi mañana.

 Tengo el mejor de los motivos para continuar. Te tengo a ti a mi lado. Tengo claro que ya no soy yo sola, ahora somos dos, para todo. Tengo el mejor de los motivos, preciosa, porque te tengo a ti al lado, te tengo al lado… Gracias.

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Hay veces que te despiertas con ganas de poder vaciar tu alma delante de un folio en blanco. De poder expresar todas las ideas e inquietudes que se te pasan por la cabeza, sé que muchas no tienen sentido, sé que muchas las pensamos muchas.

Hay veces que despierto sabiendo exactamente lo que tengo que hacer, por lo que tengo que luchar, cual es el motivo que me ha impulsado a ponerme el despertador más pronto de lo normal, por qué me he levantado, he sonreído a la imagen que me devolvía el espejo y he pensado “Hoy va a ser un gran día”.

Hay veces que despierto con ganas de besarte, de arrimarme a ti, de abrazarte tan fuerte que cualquier día me podría colar en uno de tus sueños.  Hay veces que despierto con ganas de susurrarte mientras duermes lo mucho que te quiero y que tu subconsciente me devuelva una sonrisa, a pesar de que sigues dormida, a pesar de que estás con Morfeo… Me sonríes.

Hay veces que despierto con hambre, con mucha hambre. No entendía cómo podía despertar tan hambrienta, ahora sí lo se. Cuando me despierto así, tengo claro que es porque llevo toda la noche despierta, en sueños, cuidando de ti, abrazándonos, hablando de mil historias mientras te muerdo el labio, mientras me acaricias la cara, mientras nuestros pies, se rozan, se hacen cosquillas…

Hay veces que despierto y aún no ha sonado el despertador. Y se, que lo que quiero es aprovechar bien las horas. Con 24 horas a mí no me da tiempo a hacer todas las cosas que debo hacer. Tengo tantos sueños por cumplir, tanta ilusión por alcanzarlos, que incluso me despierto antes, no hay tiempo que perder. Mis sueños, mis ilusiones están ahí, los veo, los siento… Hay que ir a por ellos.

Hay veces que despierto y tengo al gato recostado a mi lado, roneando, y me mira. Cuando ve que abro los ojos, se levanta, viene hacia a mí  y me huele la cara para después lamerme. Me gusta dormir con el gato, tenerlo cerca, oírle como ronea…

Hay veces que despierto y tengo la cama muy deshecha, las sábanas por un lado, el nórdico por otro… Y pienso ¿Qué ha pasado aquí? No todas las noches son buenas noches, supongo. Hay veces que despierto y se que he pasado una mala noche, que he soñado, que he tenido pesadillas. Es una cosa muy común, nos pasa a todos. El subconsciente es quien manda. Hay temas que lógicamente me preocupan o que me dan miedo. Hay recuerdos que es mejor no tenerlos y cuando estoy despierta, no les hago caso, yo y mi voluntad somos más fuertes, pero cuando duermes, estás a merced de lo que el subconsciente quiera pensar, imaginar o recordar. No importa lo fuerte que seas o el control que tengas sobre ti mismo y sobre tu mente, esta batalla la tienes perdida.

Hay veces que despierto y no se ni que día de la semana es… Supongo que eso no es tan grave, pero ¿Cuándo despiertas y no sabes ni que hora del día es? Eso es peor… Supongo que será por mis continuos cambios de horario. A veces tengo que dormir por la tarde, otras por la mañana y cuando tengo suerte y todo va bien, pues duermo por la noche.

Hay veces que despierto con una poesía en la cabeza o con un tema del que escribir. Hay veces que despierto con la inspiración pegada a mí, cual legaña. Esos días despierto, me preparo un café y ya tengo el bolígrafo en la mano, no hay tiempo que perder, las letras se evaporan, como el humo de mi cigarro.

Hay veces que despierto feliz, plena, tranquila. Esbozó una sonrisa mientras abro los ojos y te veo. Hay veces que despierto y el solo hecho de tenerte recostada sobre mí, abrazándome, es motivo suficiente como para levantarme, comerme el mundo y volar. Porque tú me das esas alas que necesito, tu eres mi sueño y mi vigilia, mi despertar, eres la pluma que al acariciar mi piel me hace cosquillas y me saca una sonrisa.  Tú eres mi cerveza bien fría en verano, en una terraza con vistas al mar Tú eres mi vértigo, la que cuando me mira me hace sentir que estoy en un rascacielos, mirando a la gente desde arriba viendo que parecen diminutos, parecen hormigas y eso es porque tú me haces sentirme grande, a tu lado me siento grande. Tú eres mi estufa en invierno, la que mantiene caliente mi cuerpo y mi alma. Tú eres mi musa, la que entra de noche por el balcón, descalza, con un camisón blanco y me susurra al oído, tú eres el motivo de estas letras, tú estás en cada uno de los versos, de las historias, de las frases que salen de esta mano que jamás se cansa de rozarte. Tú eres mi manivela, la que me da cuerda. Nunca te cansas de hacer girar la manivela y yo cada vez me siento con más fuerza, con más vitalidad, tú haces que tenga cuerda para rato. Tú eres la mejor película que he visto, eres mi principio y mi final feliz, eres mi escena romántica, mi escena subida de tono, mi reconciliación… Eres el mejor guion que he tenido en mi vida y yo soy la protagonista.

Hay veces que despierto… Y me da por escribir algo como esto.

Y así iban transcurriendo los días en la Barcelona que soñaba, la que estaba llena de posibilidades y de sueños.

Comencé a intimar cada vez con algunos de los compañeros de trabajo y salíamos a menudo de cenas, de cañas, al cine… En una de esas cenas que venían amistades de mis compañeros apareció ella. ELLA. En mayúsculas, sí. Nos presentaron, nos dimos dos besos y me pareció encantadora, repito, EN-CAN-TA-DO-RA. No sé qué vi en ella tan rápido, pero me gustó. Durante el resto de la velada a penas hablamos, aunque yo he de reconocer, ahora que no me lee nadie, que a hurtadillas la miraba, pero tenía tanta presión por si ella me pillaba observándola, que apenas me quedé con sus facciones.

Cuando acabó la cena, hablando con los compañeros sobre qué me habían parecido sus amigos, sus respectivas parejas, las conversaciones… Me preguntó por ella. Lo debió de notar en mi cara, quizá por el rubor que iba creciendo en mis mejillas, por la sonrisa esa de tonta que se nos pone, por la mirada gacha, mirando a “ningún lado”…. Así que me lo dijo claro, sin rodeos, sin preámbulos…” No se si te has dado cuenta de qué juega en tu equipo…” La sonrisa de tonta se multiplicó por mil aproximadamente. Cierto, mi gaydar no me había dicho nada sobre esta misteriosa chica, pero la noticia terminó de alegrarme la noche. Él continuó dándome algún dato básico sobre ella y me preguntó que sí quería su e-mail. A mí me hacía ilusión tener su e-mail, pero ¿ella querría que yo escribiera? El hecho es que yo sí que noté que me miraba, pero pensé que era su manera de responder a mi poco disimulada observación.

Lo acepté, que narices, tampoco tenía nada que perder e igual, mucho que perder. El caso es que la chica me gustaba, había visto algo en ella que me encantaba, me había fijado en cómo hablaba con los demás, los temas, como se expresaba… Me gustaba.

Y así comenzó nuestra historia. Por terceros, como suele decirse. Tiempo después, nos enteramos de que había sido una “encerrona”. Que además de hacer la cena con la excusa de juntarnos y pasar una noche agradable, el plan B era que nos conociéramos.

Comenzamos a hablar por mail, después por msn, después nos dimos los números de teléfono y después, volvimos a vernos, pero vayamos por partes.

Imaginaros como estaba yo frente a mi ordenador intentando escribir un mail a una chica que me había encantado y sin embargo no sabía ni cómo empezar. ¿Cómo me presento? ¿Qué le digo? ¿Estará esperando que haga esto? ¿Le habré gustado?… Demasiadas preguntas, pero por suerte, tenía la solución frente a mí, tenía que escribir ese mail.

Estuvimos varios días hablando, días que se convirtieron en días de esperanza y de ilusión. Esa chica tenía todo lo que yo buscaba. Éramos perfectas la una para la otra, quizá tan perfectas, que asustaba, me explico. Teníamos los mismos gustos musicales, los mismos sobre cine, sobre aficiones, sobre tiempo libre, sobre estilo de vida… Da igual de lo que hablásemos, estábamos de acuerdo. Da igual lo que propusiéramos, la otra estaba encantada.

En esos días de correo deseado y esperado comencé a recordar lo que recordaba de ella. Lo primero que pensé fue en su boca. Me encantaba (ahora más). Labios muy carnosos, sonrosados, sonrisa blanca y perfecta. Su risa… amplia, enmarcada por esos labios de los que me costaba apartar la vista, parecía una sorda intentando leer los labios. Su mirada, me gustaba como miraba a la gente, la forma de sus ojos, sus cejas, sus patas de gallo cuando sonreía. Te miraba como con un halo de luz, dándote la bienvenida. Su nariz… Sí, sí, su nariz. Estaba deseando morderle la nariz ( he de reconocer que tengo fijación con las narices… pero solo mordisquitos cariñosos, eh? ). Qué ganas tenía de verla de nuevo.

Las conversaciones versaban sobre todos los temas. Enseguida nos dimos los números de teléfono y comenzamos a mandarnos sms. Esos mensajes que todo el mundo está deseando recibir. Esos mensajes que cuando suena el Tic Tic de la notificación de que te ha llegado uno nuevo se te pone el corazón a mil, se te seca la boca y estás deseando abrirlo.

Otra de las cosas que teníamos en común, y que ya lo comenté en un anterior post, y que a todo el mundo sorprende, a mí la primera, es la fecha de nacimiento. Nacimos el mismo día, aunque de diferente año.  Es una cosa muy curiosa, nunca había conocido a nadie que naciera el mismo día que yo…

Un día, hablando por el msn por la noche, le dije un chiste, una gracia y recuerdo que mi sarcasmo no atravesó la pantalla del pc… Lo estaba malinterpretando. Así, que me armé de valor y la llamé por teléfono. Cómo quien dice, era la primera conversación que íbamos a tener, aunque nos conociéramos mucho y supiéramos muchísimo la una de la otra… Quería oír la voz, su voz.

Y ahí estaba, la valiente que se había a llamar por teléfono… Ella contestó sorprendida, más lo estaba yo. Tiene la voz más dulce que os podáis imaginar. Creo que en la radio, haciendo alguna lectura un poco…intensa, triunfaría. Increíble su voz, su forma de expresarse, el sonido de su risa, sus silencios… Ese día, hablamos hasta las 4 de la mañana… que se dice pronto.

Al final, llegó el día en que quedamos. Yo, que sabía lo que me gustaba y lo que me interesaba esta chica decidí ir a buscarla a casa. Ella vivía fuera de Barcelona, y no quería que estuviera pendiente de trenes y de horarios. Así que en su casa me planté. Ella bajó, entró en el coche y me plasmó dos besazos en cada mejilla como si le fuera la vida en ello y saludando con un “Hola guapa”… Ya tenía el corazón a mil. Había decidido el sitio al que iba a llevarla. De camino de vuelta a Barcelona hablamos de varias cosas, pero no me giré ni un solo momento para mirarla, ni uno. Ella sin embargo, iba sentada de lado y me miraba cuando hablaba, lo normal. Hasta que no aparqué el coche y nos bajamos no me atreví a observarla, a mirarla, a memorizarla… Pero lo hice, y mi memoria no me fallaba, me encantaba, su boca, su sonrisa, su mirada…

Fuimos a una cafetería del barrio del Borne (para las que sois de por aquí), que a mí me encantaba. Solo estaba iluminada por velas y era… íntimo, romántico.

¿Sabéis lo que pasa una vez que te vence la vergüenza y la miras a la cara, a los ojos? Qué estás perdida, porque ya no pude apartar mis ojos de ella. Nos pedimos dos tazas de café que aún estaba humeante cuando nos lo sirvieron y hablamos de mil cosas, de historias nuestras, de nuestros amigos, de nuestra familia. Cuando miré la hora, era ya la hora de cenar. Qué rápido se pasa el tiempo con esta mujer, increíble.

Por supuesto, me la llevé a cenar. En la cena ya se veía que había más confianza, más seguridad, más ganas… Se notaba. Fuimos a un bar que sirven tapas, que está muy bien la relación calidad precio… Pues ese día no. Ese día las tapas estaban malas, estaban frias, otras recalentadas… Horrible… Pero ella se sentó a mi lado, de cara al resto del bar que disfrutaba de una tarde de futbol y “sin querer” me tiró el Nestea por encima. Digo sin querer entre comillas, porque me lo limpió ella… Yo creo que estaba deseando tocarme y no sabía que excusa poner… Así que ahí estábamos las dos sentadas, en un bar, y ella secándome toda la pernera… Fue… divertido, por no decir nada más.

Otro día cuento a partir de este momento, desde que la llevé a casa y alguna cita más.

Mil gracias por estar al otro lado, de verdad.

Un saludo, muac