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El tiempo pasa y muchas veces no nos damos cuenta de la velocidad tan vertiginosa que llega a coger. Creo que solo somos conscientes de que el tiempo pasa porque arrancamos hojas del calendario, pasamos fechas importantes señaladas en rojo, porque celebramos cumpleaños, porque a la caída de las hojas de los árboles, sabemos que le sigue la nieve y a continuación los colores de las flores en flor. Creo que somos conscientes de ese paso, de ese correr de agujas, aunque es gradual, como a cámara lenta… Pero el tiempo pasa y si vuelves la vista hacia atrás, te darás cuenta.

El tiempo pasa y estoy encantada a día de hoy con todo el camino que he recorrido, de la manera que he decidido hacerlo, de la gente que me ha acompañado en mi viaje, de todos los recuerdos que he podido almacenar y de todos los que decidí borrar, de todas las puestas de sol de las que me he empapado, de todos los amaneceres que he pasado a ti abrazada, de todas las personas que he conocido y que de una u otra manera me han marcado, me han ayudado y me han valorado, porque sí, el tiempo pasa y ahora, hoy, mirar hacia atrás, a veces me da un poco de vértigo… Pero vértigo bueno, of course.

¿Sabéis? De las personas más importantes, que más quiero, que más valoro tener en mi vida y con los que no pasa un solo día que no hable… Son mis hermanos. Les adoro, les necesito, les quiero, cuento con ellos para cada paso que doy en mi vida, les comento cada jugada, cada preocupación… Es cierto que estamos muy unidos, que nos llevábamos muy bien y que son, los dos, un pilar importantísimo en mi vida.

Yo soy la del medio, mi hermana es la pequeña y mi hermano, obvio, el mayor. Mi hermano siempre ha cuidado de nosotras, es increíble ver cómo se preocupa por nosotras, a pesar de que yo ni siquiera vivo ya en casa, pero se preocupa. Mi hermana es la pequeña de la casa, ya sabéis, la mimada y la más consentida.

Pues bien, hace unas dos semanas o así me llamó mi hermana para anunciarme sin preámbulos, sin calentamientos y sin nada parecido que iba a ser tía, ¡¡YO!!… Me quedé sin palabras… ¡TÍA! Después de las mil preguntas de rigor sobre su estado, sobre cómo se encontraba, su estado de ánimo y demás, porque lo importante es que ella esté bien, ya me fui haciendo a la idea…

Mi hermana… La pequeña de casa… La pequeña… Me va a hacer tía… Y  estoy encantada…

Llamé corriendo a mi chica… y se lo conté, “Vamos a hacer tías”… No os imagináis hasta qué punto nos hace ilusión y hasta qué punto estamos felices… Nos encantan los niños, nos encantan… Pero ser tías ya… que mi hermana pequeña, que hasta hace dos días me pedía dinero, le ayudaba con los deberes o… cualquier cosa parecida… Vaya a ser mamá… Es sensacional.

Estoy muy feliz y puedo asegurar que me apetece mucho ocupar este rol, un rol completamente nuevo para mí, un rol que no se si sabré desarrollar, pero lo único que sí puedo asegurar es que a esa personita que lleva mi hermana en su vientre… Jamás le faltará un beso, una caricia, un te quiero, una conversación seria o de cachondeo… Lo que necesite.

Solo quería compartir con todos vosotros esta noticia que me ha hecho tan y tan feliz, y también a mi pareja. Es increíble como una noticia así puede cambiarte todo lo que te planteabas de la vida, todo lo que pensabas que iba a pasar y en qué orden sucedería… Pero sin embargo, una vez más, la vida viene… Y te sorprende, y yo, que soy una enamorada de la vida… Me dejo sorprender, me dejo querer y me dejo mimar por una vida que hasta hoy, me está dando todo lo que necesito y todo lo que me hace feliz.

A mi hermana, a la pequeña, ¿qué decirte? Que te adoro, que me parece increíble lo mayor que eres ya… Lo feliz que te veo y la felicidad que te viene en camino. Que te lo mereces todo, porque tú eres todo para mucha gente. Que se me hace tan y tan raro estar escribiendo estas cosas… pero me hace tanta ilusión… Que “acepto barco”. Que te quiero con locura, de verdad que sí. Y que en esta nueva etapa verás que todo saldrá bien y así, cuando nosotras nos decidamos, podrás asesorarnos sobre un sinfín de cosas. Gracias por hacernos partícipes de todo esto.

Eres grande, pequeña.

 

 

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Hoy es uno de esos días que me da por echar la vista atrás y ver todo lo que hemos avanzado, porque la verdad que hemos dado pasos de gigante. Hemos avanzado tantísimo, hemos superado tantas barreras, hemos reído y llorado con tantas ganas, que para mí todos son recuerdos que deben permanecer en mi memoria y que por nada en el mundo quiero perder.

Sí que es cierto que hemos pasado por situaciones que no son del todo agradables, que no son del todo bonitas, pero ¿cuánto hemos aprendido? Mucho, hemos aprendido mucho. Puede ser que esas circunstancias no sean preciosas, pero han de ser positivas, han de servir para algo, para enseñarnos a no volver a tropezar con la misma piedra, a enseñarnos a saber sobreponernos a las situaciones menos favorables, a aprender a valorar lo que tenemos cuando lo tenemos y no cuando ya no está… De todo se puede sacar tajada, de todo se puede aprender y sacar una lección importante, porque eso es la vida, una lección y cada día es maestro del siguiente. Nadie te va a preguntar si asimilaste lo que el día pasado aprendiste, pero la vida te va a poner una prueba similar.

Recuerdo mil momentos contigo, porque todos son momentos.

No recuerdo cuando te comencé a querer, supongo que fue una progresión y que el momento exacto no se puede saber, pero recuerdo sentir miedo. ¿Contradictorio? No lo sé… Pero sí, sentí miedo, miedo por quererte, por volver a sentir cosas bonitas por la persona que estaba a mi lado, por no saber si tu sentirías lo mismo.

Recuerdo que intenté poner mis pautas, mis normas, mis tiempos para precisamente evitar todo eso. Pero o yo soy muy débil o lo que tú me hacías sentir era muy fuerte, porque perdí la batalla. Por suerte, después de tanto tiempo, para nada me arrepiento, es más, me alegro de haberme dejado llevar y que hayamos llegado hasta aquí y que estemos como estemos.

Es cierto que a veces vemos algo tan claro (aunque solo lo vemos nosotras mismas) que nos tiramos a la piscina sin coger ni si quiera aire… y nos asfixiamos antes de haber podido disfrutar del salto en sí… Es cierto que la ilusión mueve montañas, que la ilusión nos hace ver lo que queremos ver, como los oasis en los desiertos… Es cierto que te dejas llevar por lo que sientes en ese preciso instante y quieres dar y recibir todo en un momento, y no se puede, es imposible.

No sé cuándo dejé de sentir miedo, pero sé que fue pronto. Sé que fue cuando realmente me solté y comencé a disfrutar de cada minuto que pasábamos juntas, de cada llamada que nos hacíamos, de cada buenos días o buenas noches y fue entonces y solo entonces, cuando comencé a sonreír, a sonreír de corazón, a sonreír sin ninguna preocupación, sin ayer y con un mañana en la palma de mi mano.

La vida es complicada porque nunca sabes cuando has de dejarte llevar y cuando tirar de las riendas y frenar un poco. Supongo que la respuesta está en cada una de nosotras, en una situación concreta. Pero hay que recordar que no hay más ciego que el que no quiere ver ¿y que es el amor? Pues el amor es esa venda que se nos pone en los ojos… que nos nubla la vista y los sentidos.

Así que, me encanta sentarme a mirar por la ventana con mi cigarro encendido y pensar en todo lo que hemos vivido, en todo lo que hemos compartido y en todos los planes que aún tenemos que llevar a cabo, porque esa es mi vida, la que yo había soñado incluso antes de conocerte, que quería vivir, la vida que tu habías soñado tener, y la podemos vivir juntas, compartiendo la una con la otra desde la almohada hasta los miedos, los pensamientos y el tiempo, que es lo más valioso.

Un saludo, muac