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Amanece un día nuevo en Barcelona, amanece un nuevo sábado, pasado por agua, en la ciudad condal.

Amanece y yo espero la luz en mi cama, sola, destapada y en pijama… Amanece y tú ya no estás a mi lado, no estás conmigo, ya te has ido… Amanece y el sol solo me trae tu recuerdo, cuando al girarme sobre la cama intentó abrazarte y no estás, aunque sí tu aroma impregnado en la almohada, tu pijama sobre la cama y tus besos aun latente en mis labios.

Amanece un día nuevo, amanece, y a medida que el día crece, el sol se deja sentir, se cuela por las ventanas e ilumina toda la estancia, todo mi cuerpo e incluso me ilumina mis ganas de sentarme a escribir. Entra el sol, me toca, me ilumina y yo me siento más viva que nunca.

Amanece en Barcelona y desde mi cama, me desperezo y decido comenzar un nuevo día como si fuese el último. Disfrutando y exprimiendo cada segundo. Refrescando mi garganta para que no se quede seca en el momento menos esperado y que así, diga todo lo que siente, todo lo que se ha guardado, que nunca muera una voz en una garganta, que nunca muera un gracias, un lo siento, un te echo de menos en una garganta… Que nunca nos callemos cosas tan importantes, cosas que podían cambiar el rumbo de las circunstancias, el rumbo de nuestra propia vida.>barcelona

Amanece y el nuevo día me trae un día más que sumar, un día más que puedo decir “no he fumado”, porque sí, he dejado de fumar. He tardado muchos días en decirlo porque no sabía si iba a aguantar o no, pero el caso es que lo dejé el día 2 y hoy ya es 11. Así que ahí vamos, poco a poco, día a día. Siempre, cuando me sentaba en mi escritorio venía con un café y un cigarro, hoy vengo solo con el café, pero aun así, contenta, no necesito más compañía.

Amanece, que no es poco, y mi memoria, que no me da tregua, me recuerda todas las cosas que tengo pendientes, todas las cosas que tengo por hacer, todas las cosas que deseo hacer… La verdad que con 24 horas al día, a mí no me llega. Y además, agradecida, porque todo lo que hago, en todo lo que participo, en todo lo que trabajo, todo, me encanta y lo he elegido yo. Cada una de las cosas que hago, aunque estén relacionadas, aunque solo sea un poco, representan facetas de mi misma, facetas diferentes, independientes, pero que todas juntas, forman mi carácter, mi forma de ser, os representan cómo fue mi ayer y porque hoy por hoy, soy así, podéis leer entre líneas, podéis saber lo que quiero, lo que anhelo, lo que espero de la vida, de las sensaciones… Gracias a todo esto que hago, a todo esto que me encanta y con lo que no concibo mi vida, gracias a esto, he conocido a muchísima gente y tod@s vosotr@s, me habéis conocido a mí, porque en cada escrito, me he desnudado, os he contado, os he relatado e incluso a veces, os he confesado… Gracias por estar al otro lado.

Un saludo, muac.

La noche cae sobre mí, a plomo, sin miramientos. El cielo oscuro lo envuelve todo, desde la inmensa Barcelona hasta mi alma. Desde el mar Mediterráneo hasta mis sueños más profundos y secretos. La noche lo envuelve todo, con su manto negro, sin estrellas, sin concesiones.

La noche cae sobre mí. Todos duermen, mi alma piensa, mi alma escribe estas letras mientras yo, me embebo de esta oscuridad, mientras yo busco la luna entre la negrura.

La noche cae sobre mí y todos duermen, tú también, preciosa. Sé que estarás durmiendo, sé que estarás bien. Y yo, al tenerte lejos, al estar separada de ti, mientras busco la luna, te pienso, así es más corta la distancia que nos separa, así, mientras estás durmiendo, sin que te des cuenta y sin despertarte, te acaricio el pelo y te beso en la frente.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti, en tus ojos grandes, en la manera que me miran, en la manera que sé que me ven, no es mirar por mirar. Sé que me miras y que me ves, que ves lo que hay en mí, lo que siento, lo que pienso y lo que necesito a cada momento, lo sé, es lo que me haces sentir.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti, en tus labios gruesos, en tus labios sonrosados, en tus labios siempre intentando robarme un beso. Pienso en esos labios, en como dibujan la sonrisa más preciosa que ilumina mi día a día. Esa sonrisa que, por suerte, duerme cada noche al otro lado de mi almohada. Esa sonrisa que compartes conmigo y que se ha convertido en mi sino. Sí, ese es mi sino, el hacer que esa sonrisa salga todos los días a iluminar el mundo, mi mundo. Que esa sonrisa no se borre nunca, ni un solo segundo, porque de la misma manera que yo veo luz cuando la sacas a pasear, se que el resto de la gente también puede verlo. No hay nada más grande que hacer feliz a alguien solo por sonreír, y tú lo haces.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en tu dulce voz y como esa melodía pagana es capaz de transportarme a cualquier parte, cómo puede un simple hilo de voz calmar toda la ansiedad y liberarme de la carga que aplasta mis hombros, una simple voz, una voz dulce, tu voz, que calma todos mis males, que sacia todas mis necesidades y que, me acaricia el alma al darme las buenas noches.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en todos los miedos que me has hecho superar, en todas las batallas que contigo comencé a librar y que a día de hoy ya están superadas y olvidadas, en todos los complejos que ya no siento ni veo, gracias a ti, en todo el apoyo que recibo por tu parte en las mil y una empresas que inicio, en las mil y una que se me ocurren y en cada una que caigo o que fracaso.

La noche cae sobre mí y todos duermen, sin embargo yo pienso en ti y en las ganas que tengo de poder estar en la cama, junto a ti, arropando tus sueños a base de besos, arropando tus sueños junto a los míos. Porque si tuviera el placer de estar ahora mismo acostada a tu lado, no lo dudes cariño, estaría abrazada a ti, dándote todo mi calor y mi cariño. Ojala estuviera allí contigo.

La noche cae sobre mí y todos duermen, en embargo yo estoy despierta. Busco la luna entre las tinieblas, entre este manto negruzco que ha caído hoy sobre el cielo de Barcelona. Busco el resplandor de la luna, dama indomable donde las haya, y así voy robando horas al reloj… Robando tiempo al tiempo va pasando la noche…Robando tiempo al tiempo llegaré antes a ti, al calor de nuestra casa, nuestro hogar, al calor de esos labios a los que he echado de menos toda la noche, al calor de una cama que a tu lado es mucho más que eso, es un refugio, mi refugio, el nuestro.

La noche cae sobre mí y todos duermen…

Así que terminamos de cenar, de hablar, de conocernos cada vez más y sin darnos cuenta de irnos “pillando” con cada palabra que la otra decía.

Tenía el coche aparcado muy cerca de donde cenamos, así que nos montamos y puse rumbo a su casa, como una reina. Voy a por ella a casa, la llevo de paseo, de cena y la devuelvo a su casa antes de las 12 de la noche.

De camino seguimos hablando y ahora sí que me atrevía a girar la cabeza y mirarla mientras ella hablaba. Ya no había esa vergüenza o esa timidez del principio, y eso que solo habían pasado ….horas.

Llegamos a su casa y aparqué en frente de su portal, en un vado. Nos pusimos cómodas, nos quitamos el cinturón de seguridad, la música sonando bajito, creando ambiente. Ambas nos giramos, apoyando la espalda en la puerta del coche y mirándonos de frente. Os puedo decir que llegué antes de la medianoche y sin embargo a mi casa llegué a las 4 de la mañana… Os podréis preguntar, que es lo normal, que qué hicimos durante tanto tiempo. Yo os lo respondo, hablar. Y claro, os preguntaréis que como se puede hablar tantas horas, que de qué demonios hablábamos… Hablamos de todo. De recuerdos de infancia, de relaciones pasadas, de la familia, de historias para no dormir sobre la juventud, sobre nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras manías… No había miedo en contar algo personal, no había vergüenza. Si os digo la verdad, yo me fui con ganas de darle un beso y yo se que ella también. Solo con mirarnos se que es cierto. Pero había algo que me hizo tener paciencia o prudencia, no se. La chica me gustaba, me sentía con ella tan cómoda como en mi casa. Estar con ella era eso, estar en casa, así me sentía. ¿Qué prisa había entonces? Yo solo quería volverla a ver y se que ella sí quería volverme a ver, así que preferí esperar, disfrurtar de ese momento, de sus ojos, de su boca y su sonrisa y de cómo veía yo sus facciones con la poca claridad que entraba por las ventanas.

Volví a casa a las 4 de la mañana, todo el camino sonriendo, imaginando… Solo había un problema. Las dos trabajábamos por la mañana, así que a las 5 tenía que estar en pie para prepararme. Decidí no acostarme. Me quedé merodeando por la casa, sonriendo… Y después ya me duché, me preparé y me fui al metro.

Ella se levantaba sobre las 6, así que a esa hora, ya tenía un SMS mio dándole los buenos días y recordándole lo bien que lo había pasado. Así pasamos media mañana… Envíos masivos de sms..

Esa noche, había quedado con unas amistades para cenar y salir de fiesta. No podía verla y por primera vez en mucho tiempo, no quería salir, prefería quedarme en casa viendo una peli con ella, o salir a cenar, o a dar un paseo… Lo que sea, mientras ella fuera mi acompañante.

Nos juntamos tres amigas en mi casa, pedimos algo de comida e hicimos botellón. Nos lo pasamos bien, muchas risas, muchos chistes y algún que otro “chisme” de gente conocida. Sin embargo, yo me pasé toda la noche con el móvil en la mano ( que rabia me da eso, la verdad) y hablando con ella.

¿Cuándo podía volver a verla? Pensaba mientras estaba en el Arena ( un pub de ambiente). Sí, bailé, me lo pasé bien e incluso ligué, sí sí, pero a mi no me importaba nada más. No tenía ganas de nada de eso. No me llenaba.

Al día siguiente volvimos a vernos, no podía pasar más tiempo sin verla de nuevo. Así que le dije que viniera a mi casa, había quedado con un amigo y una amiga para ver unas pelis en casa y la invité. No era el mejor plan, porque la verdad que prefería estar con ella a solas, pero era enero, hacía frío y en el sofá, con la manta, tampoco se estaba tan  mal.

Bajé a buscarla a la parada del metro. Allí apareció ella, con esa mirada que todo lo cambiaba. Tiene una mirada, en serio, que cuando te mira a ti, te sientes especial. La típica mirada que te da confianza, que te hace estar agusto, que te hace ser tu misma y estar tranquila.

Me arreó dos besos cuando nos vimos… que ni os lo imagináis, con fuerza, agarrándome bien la cintura, apretando sus labios a mi mejilla…

Llegamos a casa, le presenté a mis amigos. Ella tiene ese don, que cae bien, que enseguida se siente cómoda, que encaja en los sitios.

Nos pusimos ella y yo en uno de los sofás y los amigos en el sofá de enfrente. Tocaba “El diario de Noa” … Sí, sí, esa película tocaba. Así que nos pusimos a verla. Las dos sentadas, muy juntas, pero sin ni siquiera rozarnos. Había que hacer algo. No se puede estar en el sofá viendo una película con una chica que te gusta y ni si quiera tocarla, no se puede. Así que me levanté, cogí una manta y nos tapé. Los amigos estaban más pendientes de nosotras que de Noa… Y eso me ponía nerviosa. Así que nos tapamos. Ella me decía que estaba bien, que no tenía fría, y yo le insistía con una sonrisa un tanto maliciosa que se tapara, que confiara en mi. Así que ahí estábamos las dos, en el sofá, tapadas. Y entonces le cogí la mano, todo por debajo de la manta, claro. Y ella me la apretó. Empezó a recostarse poco a poco sobre mí, poniéndose cómoda. Yo le pasé el brazo por encima de los hombros y la atraje hacia a mí. Todo muy despacio. Ella me abrazó el cuerpo, la cintura, mientras yo le besaba la cabeza y la abrazaba. Y en uno de los momentos que levantó la cabeza para mirarme, le di el beso. Me lancé, así sin más. Hay cosas que dan un poco de miedo o de reparo, pero yo sabía que ella quería y yo quería. No hay nada más fácil de hacer que hacer algo sabiendo con certeza que saldrá bien. No hay nada que temer.

Mis amigos comenzaron a aplaudir mientras nosotras seguíamos saboreándonos. Nos cortaron todo el rollo. Aunque las dos estallamos en risas. Y así pasamos la tarde, abrazadas, rozándonos, besándonos, abrazándonos… Vamos, todo muy empalagoso. Aunque muy bonito, al menos para mí. Aun a día de hoy, muchas veces nos ponemos a hablar de ese día, a recordar, y se nos escama una risa tonta. Fue muy bonito y casi imposible describir con palabras todo lo que pasó en mi sofá.

Y así fue como nos besamos por primera vez. He de decir que estaba deseando besar y morder esos labios tan carnosos, tan sonrojados. He de confesar que me encantó el primer beso, y el segundo , y el tercero… Besaba ( y besa, of course) genial. Además era de las mías, muy cariñosa. Y eso me encantaba.

Decidí prepararle la cena. Me encanta cocinar y no se me da del todo mal. Abrí la nevera mientras pensaba que le preparaba. Era un día especial y quería que se fuera con un buen sabor de boca, con una buena sensación.

Me decanté por salmón. Preparé salmón con unas patatas, algo fácil, rápido y que sabe genial. Le preparé la mesa y le serví la cena. Cuando vi su cara, se me vino todo el mundo abajo. ¿Qué pasa? Le pregunté.. Y ella me dijo con más cara de vergüenza que otra cosa… “No como pescado, no me gusta”… Lo estoy recordando mientras lo escribo y se me escapa la sonrisa tonta.

Volví a la cocina a preparar algo rápido de carne. Lo que ella quisiera. Con todo lo que habíamos hablado y sin embargo no sabía que no le gustaba el pescado. Fallo.

Y así fue como comenzó la relación. Tras este día ya fue todo en serio. Nunca hablamos de lo que teníamos o dejábamos de tener, simplemente nos fuimos dejando llevar. Yo ya la consideraba mi pareja, hay veces que no hace falta aclarar nada, ¿Qué iba a aclarar? Estaba clarísimo ya.

Mil gracias de todo corazón por dejaros caer por mi blog, por leerme, por comentar, por apoyarme.

Un saludo, muac.

Y así iban transcurriendo los días en la Barcelona que soñaba, la que estaba llena de posibilidades y de sueños.

Comencé a intimar cada vez con algunos de los compañeros de trabajo y salíamos a menudo de cenas, de cañas, al cine… En una de esas cenas que venían amistades de mis compañeros apareció ella. ELLA. En mayúsculas, sí. Nos presentaron, nos dimos dos besos y me pareció encantadora, repito, EN-CAN-TA-DO-RA. No sé qué vi en ella tan rápido, pero me gustó. Durante el resto de la velada a penas hablamos, aunque yo he de reconocer, ahora que no me lee nadie, que a hurtadillas la miraba, pero tenía tanta presión por si ella me pillaba observándola, que apenas me quedé con sus facciones.

Cuando acabó la cena, hablando con los compañeros sobre qué me habían parecido sus amigos, sus respectivas parejas, las conversaciones… Me preguntó por ella. Lo debió de notar en mi cara, quizá por el rubor que iba creciendo en mis mejillas, por la sonrisa esa de tonta que se nos pone, por la mirada gacha, mirando a “ningún lado”…. Así que me lo dijo claro, sin rodeos, sin preámbulos…” No se si te has dado cuenta de qué juega en tu equipo…” La sonrisa de tonta se multiplicó por mil aproximadamente. Cierto, mi gaydar no me había dicho nada sobre esta misteriosa chica, pero la noticia terminó de alegrarme la noche. Él continuó dándome algún dato básico sobre ella y me preguntó que sí quería su e-mail. A mí me hacía ilusión tener su e-mail, pero ¿ella querría que yo escribiera? El hecho es que yo sí que noté que me miraba, pero pensé que era su manera de responder a mi poco disimulada observación.

Lo acepté, que narices, tampoco tenía nada que perder e igual, mucho que perder. El caso es que la chica me gustaba, había visto algo en ella que me encantaba, me había fijado en cómo hablaba con los demás, los temas, como se expresaba… Me gustaba.

Y así comenzó nuestra historia. Por terceros, como suele decirse. Tiempo después, nos enteramos de que había sido una “encerrona”. Que además de hacer la cena con la excusa de juntarnos y pasar una noche agradable, el plan B era que nos conociéramos.

Comenzamos a hablar por mail, después por msn, después nos dimos los números de teléfono y después, volvimos a vernos, pero vayamos por partes.

Imaginaros como estaba yo frente a mi ordenador intentando escribir un mail a una chica que me había encantado y sin embargo no sabía ni cómo empezar. ¿Cómo me presento? ¿Qué le digo? ¿Estará esperando que haga esto? ¿Le habré gustado?… Demasiadas preguntas, pero por suerte, tenía la solución frente a mí, tenía que escribir ese mail.

Estuvimos varios días hablando, días que se convirtieron en días de esperanza y de ilusión. Esa chica tenía todo lo que yo buscaba. Éramos perfectas la una para la otra, quizá tan perfectas, que asustaba, me explico. Teníamos los mismos gustos musicales, los mismos sobre cine, sobre aficiones, sobre tiempo libre, sobre estilo de vida… Da igual de lo que hablásemos, estábamos de acuerdo. Da igual lo que propusiéramos, la otra estaba encantada.

En esos días de correo deseado y esperado comencé a recordar lo que recordaba de ella. Lo primero que pensé fue en su boca. Me encantaba (ahora más). Labios muy carnosos, sonrosados, sonrisa blanca y perfecta. Su risa… amplia, enmarcada por esos labios de los que me costaba apartar la vista, parecía una sorda intentando leer los labios. Su mirada, me gustaba como miraba a la gente, la forma de sus ojos, sus cejas, sus patas de gallo cuando sonreía. Te miraba como con un halo de luz, dándote la bienvenida. Su nariz… Sí, sí, su nariz. Estaba deseando morderle la nariz ( he de reconocer que tengo fijación con las narices… pero solo mordisquitos cariñosos, eh? ). Qué ganas tenía de verla de nuevo.

Las conversaciones versaban sobre todos los temas. Enseguida nos dimos los números de teléfono y comenzamos a mandarnos sms. Esos mensajes que todo el mundo está deseando recibir. Esos mensajes que cuando suena el Tic Tic de la notificación de que te ha llegado uno nuevo se te pone el corazón a mil, se te seca la boca y estás deseando abrirlo.

Otra de las cosas que teníamos en común, y que ya lo comenté en un anterior post, y que a todo el mundo sorprende, a mí la primera, es la fecha de nacimiento. Nacimos el mismo día, aunque de diferente año.  Es una cosa muy curiosa, nunca había conocido a nadie que naciera el mismo día que yo…

Un día, hablando por el msn por la noche, le dije un chiste, una gracia y recuerdo que mi sarcasmo no atravesó la pantalla del pc… Lo estaba malinterpretando. Así, que me armé de valor y la llamé por teléfono. Cómo quien dice, era la primera conversación que íbamos a tener, aunque nos conociéramos mucho y supiéramos muchísimo la una de la otra… Quería oír la voz, su voz.

Y ahí estaba, la valiente que se había a llamar por teléfono… Ella contestó sorprendida, más lo estaba yo. Tiene la voz más dulce que os podáis imaginar. Creo que en la radio, haciendo alguna lectura un poco…intensa, triunfaría. Increíble su voz, su forma de expresarse, el sonido de su risa, sus silencios… Ese día, hablamos hasta las 4 de la mañana… que se dice pronto.

Al final, llegó el día en que quedamos. Yo, que sabía lo que me gustaba y lo que me interesaba esta chica decidí ir a buscarla a casa. Ella vivía fuera de Barcelona, y no quería que estuviera pendiente de trenes y de horarios. Así que en su casa me planté. Ella bajó, entró en el coche y me plasmó dos besazos en cada mejilla como si le fuera la vida en ello y saludando con un “Hola guapa”… Ya tenía el corazón a mil. Había decidido el sitio al que iba a llevarla. De camino de vuelta a Barcelona hablamos de varias cosas, pero no me giré ni un solo momento para mirarla, ni uno. Ella sin embargo, iba sentada de lado y me miraba cuando hablaba, lo normal. Hasta que no aparqué el coche y nos bajamos no me atreví a observarla, a mirarla, a memorizarla… Pero lo hice, y mi memoria no me fallaba, me encantaba, su boca, su sonrisa, su mirada…

Fuimos a una cafetería del barrio del Borne (para las que sois de por aquí), que a mí me encantaba. Solo estaba iluminada por velas y era… íntimo, romántico.

¿Sabéis lo que pasa una vez que te vence la vergüenza y la miras a la cara, a los ojos? Qué estás perdida, porque ya no pude apartar mis ojos de ella. Nos pedimos dos tazas de café que aún estaba humeante cuando nos lo sirvieron y hablamos de mil cosas, de historias nuestras, de nuestros amigos, de nuestra familia. Cuando miré la hora, era ya la hora de cenar. Qué rápido se pasa el tiempo con esta mujer, increíble.

Por supuesto, me la llevé a cenar. En la cena ya se veía que había más confianza, más seguridad, más ganas… Se notaba. Fuimos a un bar que sirven tapas, que está muy bien la relación calidad precio… Pues ese día no. Ese día las tapas estaban malas, estaban frias, otras recalentadas… Horrible… Pero ella se sentó a mi lado, de cara al resto del bar que disfrutaba de una tarde de futbol y “sin querer” me tiró el Nestea por encima. Digo sin querer entre comillas, porque me lo limpió ella… Yo creo que estaba deseando tocarme y no sabía que excusa poner… Así que ahí estábamos las dos sentadas, en un bar, y ella secándome toda la pernera… Fue… divertido, por no decir nada más.

Otro día cuento a partir de este momento, desde que la llevé a casa y alguna cita más.

Mil gracias por estar al otro lado, de verdad.

Un saludo, muac