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Lo cierto es que no se porque he esperado a que terminen todas las fiestas para darte mi carta de deseos… Igual lo he hecho sabiendo exactamente que lo hacía y no por descuido o por falta de tiempo como quizá piensas tú… No lo sé, pero bueno, tampoco importa demasiado el porqué.

Quería darte esta carta porque, de muchas maneras y todas ellas imprescindibles, sales en ella.
No es una carta al uso, con sus membretes, sus saludos, su fecha y el lugar dónde fue escrita. No es de ese tipo de cartas, no.
Es más bien de esas en las que las palabras revolotean sobre los renglones en blanco, dejándote elegir las palabras libremente, sobre el vuelo y después, dejar que se evaporen, traspasando el papel, el cristal y hasta el alma de aquellos que aspiran sus letras.
Más que una carta en papel, es un grito de tinta o un grito en “Arial 11 con interlineado sencillo”, pero un grito al fin al cabo, que traspasa el umbral del sonido y llega a dónde el silencio no pudo o no quiso. Mi carta, llena de gritos y de tinta, llega allí, allí dónde nadie quiso ir y dónde nadie está.
Ahí va, mi carta llena de exclamaciones y de gritos sin aliento pero con intenciones.

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Este año es diferente al anterior, pero igual que todos. Deseo muchas cosas, muchísimas, pero sin embargo, no necesito nada. ¿Qué más puedo pedir? No puedo, no quiero y no debo pedir nada más, lo tengo todo. Todo lo que se puede poseer, lo tengo.
No quiero pedirte un móvil nuevo, un ordenador o ropa. No voy a pedirte un reloj o quizá algún artilugio de deporte. No voy a escribirte que deseo cambiar la decoración de la casa o quizá, algún accesorio cool para enfrentar este invierno. No haré eso, porque no lo necesito y no lo quiero. Solo quiero esto:

No quiero que me regales un reloj, sino que me regales tiempo para vivir millones de momentos por segundo contigo, a tu lado y junto a ti. Quiero millones de momentos compartidos contigo, vividos contigo o recordados contigo. Quiero momentos y este momento, es nuestro. Porque este año viene cargado de tiempo, de únicos momentos y únicos días en los que, las dos juntas tendremos que enfrentarnos a todo lo que nos surja. Quiero esos momentos contigo, no les tengo miedo.

No quiero que me regales un ordenador, prefiero que me regales un disco duro o más espacio en el que ya tengo, porque todos los recuerdos que colecciono son importantes y todos tienen un sitio importante dentro de mí. No quiero perder, olvidar u obviar ninguno, por mucho que esos momentos no sean del todo buenos o que incluso, no me hagan sentir del todo bien. Todo forma parte de mi, de ti y por supuesto de nosotras, por lo que significan algo, lo que sea. Todo forma parte de todo.

Me encanta la cámara de fotos que tengo y que, siempre que puedo saco a pasear y a capturar la magia que, gracias a ti puedo vivir. Quiero eso, más paseos y más fotos por todo el mundo.
Ya sabes que tengo varios sitios pendientes de visitar y algunos de revisitar. Quiero fotos de todos esos sitios a todas las horas del día, porque la luz cambia tanto, que todo merece espacio en mi cámara y en mi nuevo disco duro.
Quiero que me lleves a mil sitios, o dejarte llevar por mi dónde la luz nos llevo, pero sin olvidarnos de mi “Puente del Petróleo”, tanto al amanecer como al atardecer. Quiero ir al templo budista y visitar el monasterio de Pedralbes. Quiero perderme por las historias de los refugios de Barcelona, del barrio gótico o de un atardecer compartiendo un café desde el Tibidabo o quizá desde el Carmel. Quiero perdernos por esta ciudad que comencé odiando y que ahora no solo me ha dado la vida, sino que continua haciéndolo día tras día.

Quiero más viajes y escapadas. Cerca de Barcelona y lejos. Mar y montaña. Entre semana, vacaciones o fin de semana. No importa si son horas o días, pero lo quiero. Porque necesito coger aire y sacudirme las responsabilidades y el estrés aunque sea un rato, y simplemente vestirme de la tranquilidad, mirarte y disfrutar del aire.

Quiero más comidas y cenas fuera de casa, muchas. Quiero que conozcamos todos esos sitios que tenemos pendientes, que son muchos. Quiero que te lances y que me invites a salir a cenar, sin miedo.

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Quiero muchas tardes de cine casero o cine en pantalla extra grande, pero sesión de cine. Adoro salir e ir al cine contigo, elegir una película y elegir el combo de palomitas que nos llevaremos a la sala. Adoro comentar la película una vez hemos abandonado la sala y caminamos hacia casa. Adoro todo eso.

Quiero más domingos de no madrugar y quedarnos en la cama, robando tiempo al tiempo y retrasando el desayuno. Quiero que esos domingos de descanso culminen con un paseo por nuestra Barcelona secreta y que, llegado el momento, nos sentemos en un café, de esos pequeños e íntimos y que, compartamos más que cafeína. Son nuestros momentos, únicos todos ellos.

¡Quiero compartirte con toda mi gente! ¡Quiero que tú me compartas con toda tu gente! Adoro ser muchos, adoro el jaleo y las voces. Adoro quedar con un grupo de amigos y compartir nuestra semana con ellos, contarles y que nos cuenten, alegrarnos los unos por los otros y en definitiva, preocuparnos. Porque los amigos son esa familia que no se elige, pero que es sumamente importante.

Quiero besos y abrazos a diario, de noche o sin preámbulos. Quiero que eso nunca se nos pase, que eso nunca muera, que no caduque, como lo que las dos sumamos. Quiero que luchemos y cuidemos lo que tenemos, porque es prácticamente magia, no hay más que vernos.

Quiero más noches de lectura mientras te duermes sobre mí, abrazándome. Tras un largo día es el mejor regalo que podía tener, entretener la mente leyendo y despistar la fatiga abrazada a ti, no hay nada mejor.

Así que envuelve este año con el mejor papel, porque nos traerá muchos momentos, muchos viajes, muchas escapadas arropadas de besos. No te preocupes de desenvolverlo, no tengas prisa y mucho menos miedo. Los días irán descubriendo el regalo, quitándole las capas del papel que intentaba esconder la verdad, nuestra verdad, pero al final saldrá y lucirá, como el sol desde el puente del petróleo… Igual que eso.

Feliz año y feliz día, no solo el de Reyes, no. Feliz día para cada uno de los días de este nuevo calendario. El mundo es muy grande y el tiempo inmortal como para encasillarlo en solo 24 horas. Se feliz cada día y regala momentos, sonrisas o lo que te de la gana cualquier día del año, porque todos cuentan y todos son importantes, incluso un martes 13 o un miércoles 14, todos.

Ser feliz es más que una condición, es una necesidad. Yo necesito ser feliz, busco ser feliz, lucho por serlo. No siempre es fácil pero ¿qué lo es¨? Nada que importe se consigue sin perseguirlo, nada. Así que, día tras día, lucho por aquello que me importa y ser feliz es lo máximo, porque reúne dentro todo lo que me importa.
Feliz día, feliz año. Feliz, tú.

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Me ha costado mucho saber quién soy y saber qué es lo que de verdad quiero. Nunca fue fácil comprenderme, saber qué sentía y porqué, saber qué quería y cuándo lo quería. Nuca fue fácil aguantarme en mis malos días o saber que necesitaba para calmarme. Nunca fui fácil, ¿qué le vamos a hacer?
Pero el tiempo va pasando y te va enseñando. Te va calmando y te va haciendo comprender. Te va animando y te va explorando. Te pone a prueba y te examina. Te halaga, te araña, te azota y te asusta. Te mece y te canta, te promete y te desmiente. El tiempo es cómo la vida, cómo las personas que llenan tu vida, tus días… Cada minuto de ese precioso tiempo es diferente, cada minuto te sorprende por ser insospechadamente real.
Así que, minuto a minuto, día a día, me fui conociendo. A base de tropezar y de reír, a base de explorar mis límites y llevarlos al extremo, a base de ir comprendiendo que lo realmente importante es lo que yo aporto, lo que yo soy, lo que yo llevo dentro de mí. A base de saberme única, porque para bien o para mal, solo estoy yo. No hay más detrás de mí, no hay más escondido en algún recoveco de mi cuerpo. Soy lo que ves, no hay ni trampa ni cartón. Soy yo.
Pero hay días que me levanto y parece que he perdido ciertas nociones. No sé qué habré soñado, no sé qué se me habrá pasado por la cabeza que por unos minutos o durante algunas horas, no me comprendo. No sé porque pienso ciertas cosas, cómo han llegado esas ideas a mi cabeza, no entiendo qué hacen dando vueltas a mi alrededor y no entiendo, por mucho que lo intento, porque consiguen afectarme.
Pero no importa, cojo aire y las valoro, las repaso y las tengo en cuenta. No dejan de ser miedos, preocupaciones o detalles que en el fondo de mí, me preocupan. No importa. No soy una cobarde, no tengo miedo a volver a recuperar la calma, no tengo miedo a repasar esos puntos, esos miedos, esas inseguridades,… Porque eso es lo que me hace fuerte, vencerme a mí misma. La única manera de vencerte es comprenderte y la única manera de comprenderte es escucharte. Nadie mejor que tú sabe lo que sientes, lo que necesitas y lo que quieres. Igual tu mente tarda un tiempo más en comprenderlo, pero tu corazón no. Pero en el fondo de ti misma, sabes lo qué es y sabes lo que has de hacer.
Si sientes esto algún día, si sientes que de repente, te levantas una mañana y te surgen dudas, miedos, inseguridades o preguntas que hasta hacía un par de días no te habías planteado… No tengas miedo. Esta es la prueba irrefutable de que la vida te sigue enseñando y de que tú, amiga mía, sigues en condiciones de aprender y exprimir cada minuto.
No me gusta sentir miedo y sentir como mi seguridad se pierde. Pero el tiempo me ha enseñado que sentir miedo de vez en cuando, nos ayuda a estar alerta, a aprender y captar lo que la vida quiere enseñarnos. A la vida no hay que temerla, hay que mirarla a los ojos y respetarla. No puedes respetar algo que temes. No puedes temer algo que te da igual.
La vida te enseña. Los días te enseñan. Las personas de tu alrededor te enseñan. Pero ojo, nada de esto servirá si tú no quieres aprender. Si tú te encierras en ti misma. Tú y solo tú, puedes cambiar lo que te propongas, porque tú puedes con todo. Nadie lo podrá hacer por ti, aunque tú quieras. Tú tienes que hacerlo. Así que, no esperes más. Se tu misma y toma las riendas de tu vida. A tu manera, a tu ritmo, a tu gusto. Pero no te dejes cambiar por la vida, por los problemas ni por el miedo. Porque lo mejor que te pueda pasar, es que te conozcas plenamente y eso es un gustazo…