Posts etiquetados ‘llamar’

Y así soy yo, porque no se ser de otra manera. Porque no puedo ser de otra manera. Porque la única manera que tengo de ser es así, existiendo. Sin más.
Y así soy yo, con mis virtudes y mis defectos, que os aseguro que son en ambos casos muchos, pero de los que aprendo a diario.
Porque sí soy de esas, de esas que sienten sin miedo, sienten lo que son y son lo que sienten. ¿Cómo iba a ser entonces?
Soy de esas que se preocupa por la gente. No solo de los amigos íntimos, no. Me preocupo por cualquiera que ha entrado en mi círculo, aunque haya sido de manera momentánea. Me preocupo por ayudarles, por ofrecerme, por indicarles… Me preocupo aunque apenas les conozca, pero no por eso se merecen algo malo.
Soy de esas que le gusta hablar con sus amigos, sí, así de rara soy. Me gusta escribirles un mensaje para saber cómo están aun sabiendo que están bien, porque si hubiera pasado algo, me harbían avisado. Me gusta escribir por escribir, por contactar con ellos. Me gusta sentir que les tengo cerca, aunque sea en la cercanía de un triste mensaje.
Soy de esas a las que le gusta recordar las fechas, sean más o menos importantes. Suelo recordar los cumpleaños de la gente más cercana y también, los tengo anotados en mi agenda. Cuando llega ese día, me gusta felicitar a mi gente. Es un día importante, no quiero olvidarlo.
Soy de esas que disfrutan dando una sorpresa más que recibiéndola. Puedo pasarme días o semanas preparando una sorpresa para alguien especial y disfrutar cómo si tuviera cuatro años. Adoro sorprender a la gente para su cumpleaños o por algún día especial. A veces, la mejor sorpresa es aparecer dónde estén y tomar un café, no siempre tiene que ser algo material.
Soy de esas a las que le gusta proponer cosas. Me paso el día proponiendo planes, rutas o cualquier otra cosa que nos pueda sacar de la rutina. Tengo la suerte de que mi chica es cómo yo, y siempre estamos planeando escapadas y cosas que hacer. Nos gusta proponer estos planes a nuestra gente, no hay nada más especial que compartir con ellos un día único.
Soy de esas personas que se refugia mucho en su gente, en sus amistades. Quizá el hecho de estar tan lejos de casa me fuerza a ello. No siempre s fácil sobrellevar la distancia, a veces me siento sola o poco arropada, no se como decirlo. Por eso un pilar fundamental aquí son ellos, los amigos.
Soy de esas personas que cuando alguien me llama, me escribe o me propone algún plan y lo he tenido que rechazar, no he podido responder o cualquier otra circunstancia, le debo una llamada. Y lo hago. Sí, soy de esas que devuelven las llamadas. No siempre tengo el teléfono operativo y no siempre responde de inmediato, por eso, en el momento que tengo tiempo, lo hago. No hay nada más importante que hacerlo.
Soy de esas personas que si se ofrecen a ayudar a alguien en algúna cuestión, lo hacen de corazón. No busco quedar bien o cualquier otro aliciente, no. Si me ofrezco es porque quiero, porque puedo y porque la otra persona lo necesita. Nunca me ofrecería sin más, por el mero hecho de quedar bien. Me gusta poder ayudar, pero claro, siempre que pueda.
Soy de las personas a las que le cuesta mucho confiar en las personas. Me cuesta mucho abrirme y conocer gente nueva. Me cuesta mucho confiar y hablar sobre mí misma. Supongo que para una persona tímida, este es el pan suyo de cada día. Por eso, cuando encuentras un grupo de amigos en los que te sientes cómoda y querida, es el extasis. Para mí no hay más.
Soy de esas personas que me gusta organizar cenas y comidas en los que tras cuatro horas, aun sigues café en mano arreglando el mundo y compartiendo una buena conversación. Me gusta rodearme de buena gente.
Soy de esas personas que echo de menos a mis amigos cuando, por exámenes o viajes, paso tiempo sin verles.
Soy de las personas a las que no le gusta pedir ni rogar favores. Aunque no por eso voy a dejar de pedir ayuda cuando sea necesario.
Soy de esas personas a las que le gusta tener fotos de las reuniones y hacer álbumes o videos. Cada momento vivido es especial.
Soy de esas personas que les gusta ser correspondida. Me gusta que se preocupen por mí en la misma medida que yo me preocupo por ellos, o los llamo o les doy una sorpresa. Me gusta sentir que todo ese cariño es reciproco 100%. Pocas sensaciones hay más bonitas que sentirte parte de algo y querida.
Soy de esas personas que me afecta no sentirme parte de algo…

Anuncios

Es increíble lo que cuesta hacer ciertas cosas, a pesar de que sabes que es la mejor medicina, el mejor remedio y el mejor medio para hacerlo, pero es tan difícil…

Esto es difícil, el escribirte esta carta ahora, dos meses después de que te fueras. Es muy difícil escribirte por primera vez y obligarme a hablar en pasado, cuando tu para mí, abuela, jamás estarás solo en el pasado.

Ya han pasado dos meses de aquella llamada temprana que me hizo temblar antes de responder. Lo recuerdo como si fuera ayer. Sabía el mensaje, lo intuía. Además, esa noche, había dormido mal, me desperté varias veces y me levanté otras tantas… ¿Era por ti?

Hablé con mi madre, que con la voz tomada por la pena, solo articuló “es la abuela”. Sobraba decir nada más… ¿Qué más se podía añadir? Me quedé unos segundos o minutos con el teléfono en la mano y la mirada apagada. La abuela, la abuela se ha ido… Apreté los puños y me volvía  la cama. Me arropé y me abracé a mi chica, que notó enseguida que algo no iba bien. “Es la abuela”, le dije.

Os puedo asegurar que perder a mi abuela ha sido lo peor que me ha pasado en mi vida. Sin medias tintas, sin exagerar, midiendo las palabras con todo lo que digo. Esa señora, ha sido mucho más que una abuela para mis hermanos y para mí. Siempre cuidó de nosotros, siempre.

Recuerdo cuando venías a buscarnos a casa para llevarnos al colegio y después hacíamos el camino contrario hasta casa. Recuerdo como mi madre te llamaba cuando me ponía mala para que vinieras a cuidarme por la mañana y siempre me traías un milhojas para que mejorara. Recuerdo cuando jugábamos al parchís o a las cartas, cómo te gustaba y cómo luchabas por no perder… Recuerdo los viajes que te hacías y que después, a la vuelta, siempre nos traías regalos de la costa blanca, la costa dorada, la costa… Recuerdo que te sabías dos mil canciones, cada una sobre un tema diferente y que siempre comenzabas a cantar en el momento preciso, como si lo tuvieras preparado. Recuerdo lo poco que te gustaban los tacos y los insultos. Recuerdo que siempre has sido una mujer que se arreglaba muchísimo. Recuerdo que te gustaba bailar y que lo hacías genial. Recuerdo cuando éramos niños e íbamos a andar en bicicleta. Recuerdo que odiabas comer garbanzos. Recuerdo que tenías un gran sentido del humor y también, un poco picaresco. Recuerdo que has sido una mujer muy valiente y muy echada hacia delante. Recuerdo que te gustaba mirar fotos y recordar tiempos pasados. Recuerdo que nos querías muchísimo. Recuerdo que siempre nos dabas muchos besos. Recuerdo tu pelo recogido en un moño, perfectamente peinado. Recuerdo tus labios rojos. Recuerdo las historias de tu pueblo. Recuerdo… Recuerdo… Abuela, te recuerdo a ti y lo que pude vivir contigo en mis 29 años. No lo olvido, no te olvido ¿Cómo podría?

Han pasado dos meses y este mes, este preciso mes es el tuyo. En unos días llegará tu santo y tu cumpleaños. Llegará el día de San José, tu santo querida Pepita y también, el día del padre, porque por suerte, puedo decir que has sido también “como un padre”, sí tú, abuela. Este año soplarías 99 velas, y aunque, por desgracia no podrás hacerlo, seguirá siendo tu día y todos, desde donde estemos, nos acordaremos de ti, abuela, todos. Es tu día, será tu día.

Gracias abuela por todo lo que has aportado a mi vida, por todo lo que me has enseñado, los valores que me has inculcado y por quererme, porque cuando estábamos contigo, nos sentíamos los tres muy queridos y muy cómodos.

Gracias.

Hoy me ha pasado una cosa que a pesar de ser predecible y que además la estaba esperando, no dejó de sorprenderme y conseguir que esbozara una amplia y emocionada sonrisa.

Hace un rato, llamaron a la puerta de mi casa. Cómo comprenderéis no estoy demasiado acostumbrada a que nadie me llamé directamente a la puerta de mi casa, pero hoy alguien llamó. Eché un vistazo a través de la mirilla y vi que era el cartero con un sobre grande.

Tras realizar los trámites de identificarme y firmar, el hombre me entrega el sobre. Cerré la puerta y me quedé con el sobre abrazado sobre mi pecho, como una idiota que siente que ahí hay un tesoro. Cogí aire varias veces antes de disponerme a abrirlo.

No es que sintiera miedo, ni nada parecido. Sentía una extraña sensación de bienestar, de orgullo, de felicidad controlada. Jamás pensé que el hecho de recibir ese sobre, que vuelvo a recordar, estaba esperando, podría hacerme sentir tantas cosas.

Me senté en el sofá mirando el sobre y leyendo mi nombre completo y mi dirección escrita a mano por mi remitente. Leí el remitente, escrito a mano también.

Rasgué la parte superior y lo abrí. Extraje unos folios que venían grapados y los dejé encima del sofá. Los miré, me puse de pie y los hice una foto para poder enviársela a mi chica junto a un mensaje tan claro como: “¡¡Ya llegó, cariño!!” o algo similar…

Me puse de cuclillas mientras comencé a leer esos folios perfectamente organizados en tres montones y grapados en su esquina superior.

Lo había leído tantas veces que yo creo que poco me faltaba para saberlo de memoria y poder recitarlo incluso. Pero no tiene nada que ver  leerlo desde el ordenador o desde el móvil a leerle sujetando tú esas páginas.

La primera vez que lo leí me emocioné, es verdad. Pero aun lo ves todo tan lejos, tan ficticio, tan exagerado… Que no le das la importancia y la trascendencia que en verdad tiene. Siempre restándole valor, restándole importancia… Cuando en verdad, si cierro los ojos y lo pienso, sonrió sin querer.

Hoy he tenido en mis manos por primera vez de manera física el contrato de mi editora para mi participación en el libro. Hoy he vuelto a leer cada uno de los puntos, he visto mi nombre que figuraba junto al de AUTORA. Hoy me ha emocionado tener esos papeles en la mano, esos papeles que pensé que eran ficticios, que pensé que no eran tan importantes, que pensé que jamás me entregaría el cartero en mano y que jamás tendría que firmar. Esos papeles que ahora descansan en mi salón y que han hecho que me levante y venga hasta aquí para escribir esta nueva entrada y haceros llegar la increíble noticia.

Todo va sobre ruedas, viento en popa. Mi participación en el libro está terminada y mis nervios a flor de piel. Supongo que es normal siempre sentir esos nervios. No sabes si gustara o qué pensarán. Pero ya está hecho y solo me queda dar las gracias a BUKUS por haber confiado en mí y por haberme regalado una de las mejores sensaciones que jamás he experimentado.