Posts etiquetados ‘LLORAR’

Abrázame fuerte, muy fuerte, tan fuerte que detengas el mundo o ralentices mi corazón, que late con tanta ferocidad, que lo noto ya fuera de mi cuerpo, lejos de mí.
Abrázame fuerte, muy fuerte, tan fuerte que consigas convencerme de que formo parte de algo, formo parte de nosotras. Convénceme de que soy de nosotras una parte, una parte fundamental, una parte de dos, una parte de la que no se puede prescindir. Déjame sentir eso, déjame sentir eso.
Abrázame fuerte, muy fuerte, tan fuerte que tu piel me proporcione la paz que necesito. Solo tu piel en contacto con mi piel puede transmitir tantísimas cosas. Solo tu y yo, juntas, podemos sentir tantas cosas. Deja que tu piel conduzca esa paz y deja que brote por sus millones de poros. Deja que llegue a mí, déjala venir, déjala entrar y que se quede en mí, en nosotras.
Abrázame fuerte, muy fuerte, tan fuerte que el silencio se apiade del mundo, aunque sea un segundo. Que el silencio me impida escuchar el traqueteo de mi corazón, que cada vez, late más fuerte, más rápido y en estéreo. Solo tú y tu piel, podéis silenciar el mundo. Solo tú puedes conseguir que no oiga más que tu voz. Solo tu aíslas los sonidos, solo tu piel sobre la mía y tus ojos, perdidos en los míos.
Abrázame fuerte, muy fuerte, tan fuerte que me obligues a cerrar los ojos al notar tu calidez. Tan fuerte que acomode mi cara sobre tu hombro. Tan fuerte que confunda mi corazón con el tuyo, sin saber si es el mío el que late en mi pecho o el tuyo. Tan fuerte, que no tenga miedo.
Abrázame fuerte, muy fuerte, tan fuerte que consiga volver a tener fe en el mundo y en las personas que lo llenan. Tan fuerte que crea de nuevo en la palabra amistad y en lo que significa. Tan fuerte, que me sienta parte de algo, aunque sea algo muy pequeño. Tan fuerte, que el lunes tenga igual valor que el sábado. Tan fuerte que crea más en mí, porque entre tus brazos, soy alguien importante y cuando estoy fuera de ellos, sigo siéndolo, porque me piensas, me quieres y me añoras cuando no me ves.
Abrázame cariño, sin mediar nada más. Porque solo así, entre tus brazos, me veo con la fuerza suficiente de luchar día a día por nosotras, por lo que hemos construido y por los cimientos que estamos colocando. Porque solo así, entre tus brazos, creo que el mundo es un sitio maravilloso, en el que poder ser feliz. Porque solo entre tus brazos añoro el momento de que traigas un ser a este mundo. Porque solo entre tus brazos, se la suerte que tengo de tenerte en mi vida y la suerte que tiene este mundo, de tener a una persona como tú luchando por él. Porque solo entre tus brazos alguien puede ser feliz, porque pocas cosas hay tan importantes y tan gratificantes como sentirse parte de algo y más aún, parte fundamental de algo. Porque solo entre tus brazos me siento así, parte de algo increíble, como es nuestra vida y lo que en ella estamos construyendo, que no es poco. Porque solo así, me siento que mi vida tiene una dirección, aunque doscientos mil caminos diferentes, aunque solo así, entre tus brazos, sé que no pasa nada por equivocarnos de camino, la dirección la tenemos grabada en la base de datos. Porque solo así cariño, puedo vivir.
No dejéis de abrazar, de cerrar los ojos y abrir los brazos. No dejéis de sonreír sobre el hombro de alguien a quien amáis, mientras descienden tus pulsaciones y aumentan los decibelios de vuestras risas. No dejéis de llorar mirando a los ojos a alguien, porque pocas cosas hay más importantes que esa, no esconder el sufrimiento ni el miedo. No dejéis de dar las gracias, todos merecemos saber que lo qué hacemos, lo hemos hecho bien. No dejéis de decir todo aquello que os reconcome por dentro, sea lo que sea, porque las cosas bien dichas, no deberían sentar mal y si sientan mal, igual no lo has dicho cómo debías o igual es que tenías demasiada razón. No dejéis que el tiempo enfríe un sentimiento por tener miedo de hablar, de llamar o de dar la cara. Ningún sentimiento se merece morir en un cajón por tu miedo o por tu orgullo. Tu orgullo no te hará más feliz, no lo olvides.
No dejéis de vivir… Nunca.

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Las semanas pasan volando, atropellando casi a los días, que con su juventud y su inocencia, se pasean. El tiempo vuela, el tiempo tiene alas y las despliega, arrancando las hojas al calendario, arrancando las horas al reloj, arrancándote una sonrisa…

Algunos dicen que lo más caro del mundo es un diamante… Otros dicen que es el oro… Otros dicen que es una propiedad en una gran ciudad… No tienen ni idea de la vida… Lo más valioso es el tiempo, lo tengo claro.

El tiempo ni se vende ni se compra, el tiempo no puede cambiarse por cualquier otro objeto, el tiempo no se detiene, no corre, no vuelve hacia atrás… El tiempo es el tiempo. Es eso que jamás podrás controlar perfectamente, es eso que te da la vida y que te la quita, el tiempo no es solo lo que marca tu reloj de pulsera, es lo que marca tu vida.

El tiempo me ha enseñado que la vida jamás es lo que te esperas, que siempre guarda un as en la manga, que siempre juega con ventaja… El tiempo me ha enseñado a que es más importante mirar hacia delante que hacia atrás. El tiempo me ha enseñado que una sonrisa, puede ser lo más cálido del mundo y que un abrazo, puede ser el único abrigo en un invierno frio.

El tiempo borra huellas y borra heridas, pero jamás dejes que borre una sonrisa o un buen día… El tiempo es quien realmente pone a cada uno en su sitio y creo que yo ya he encontrado el mío…

El tiempo pasa tan deprisa, que a veces asusta… Por eso hay que estar ahí, al pie del cañón, para hacer que todas las horas del día cuenten, que todas las horas del día tengan su momento, tengan su sonrisa y valgan la pena.

El tiempo pasa tan deprisa, que sin darme cuenta ya han pasado ocho semanas desde que nos alegraste la vida a todos. Ocho semanas que hemos pasado mirándote y queriéndote, aunque tu aun, no te das cuenta. Ocho semanas de noches sin dormir y de llantos. Ocho semanas de risas incontroladas y felicidad plena a la hora de dormir… Merece la pena.

Es increíble lo que el tiempo ha hecho contigo, cariño. Es increíble lo que el tiempo ha hecho con todos nosotros. Nos has cambiado la vida… No sabes hasta qué punto.

Puedo pasarme horas mirándote, mientras te doy algún beso o te canto alguna canción… Puedo pasarme el día revisando las fotos del móvil. Puedo pasarme el día entero hablando de ti… Eres, sin duda, el mejor regalo que mi hermana podía darme.

Hoy hace un mes, mi pequeña. Sí, hace un mes estábamos todos esperándote en aquella habitación que olía a nervios y sabía a ganas, sí ganas de ti.

Hoy hace un mes que caminaba nerviosa por aquellos pasillos, esperando ver a mi hermana, esperando ver a la niña a la que acaba de dar la vida.

Hoy hace un mes nos abrazábamos en la espera, nos sonreíamos entre sombras y nos tranquilizábamos con palabras. Teníamos ganas de ti.

Hoy hace un mes que me di cuenta que ibas a tener a la mejor madre del mundo, mi hermana. Lo sé, pequeña, lo sé porque para mí ha sido la mejor hermana, la mejor amiga, la mejor compañera, la mejor confidente, la mejor psicóloga en ocasiones, la mejor en todo lo que se ha propuesto, tanto es así, que para mí, tu madre es tantísimas cosas…

Hoy hace un mes que una enfermera atravesó el pasillo con una cuna, tu cuna, a toda velocidad, pero para mí el tiempo se paró, mi corazón bombeaba más despacio y pude verte. No sé si era tan grande el deseo que tenía de ponerte cara y ponerte piel para besarte, que yo te vi y me emocioné. Estabas preciosa, pequeña.

Hoy hace un mes que estábamos todos viendo cómo te bañaban y te peinaban por primera vez. Tenías tantísimo pelo… La enfermera te lavó y te desenredó el pelo y mientras, al otro lado del cristal te esperábamos… Todos, no faltó nadie… Nadie.

Hoy hace un mes que la enfermera entró empujando la cama de tu madre, que estaba preciosa. Salió más bonita que cuando entró, tienes suerte de tener esa madre.

Hoy hace un mes que me acerqué a la camilla en pleno pasillo y la abracé. La miré a los ojos, ya sabes que nunca mienten y estaban llenos de orgullo y de satisfacción, lo mismo que decía mi sonrisa tonta, mi mirada y mis lágrimas que ocultaba de vez en cuando.

Hoy hace un mes que, estando todos en la habitación hablando con tu madre, te trajo la enfermera y te puso en los brazos de tu padre. Te pudimos ver, te pudimos mirar, nos recreamos… Hubo lágrimas, muchas. Hubo risas. Hubo flases, muchos. Pero sobre todo había amor, mucho amor.

Hoy hace un mes en el que viví lo más bonito que me podía imaginar. Vi como tu papá te tenía en brazos y te miraba orgulloso, sonriendo… Vi como tu madre te esperaba en la cama, se colocó y se preparó para cogerte. No hay nada más maravilloso que ver a tu hermana pequeña teniendo en el regazo a la niña más preciosa que has visto nunca. Mi hermana sonreía y se perdía mirándola.

Hoy hace un mes que nos cambiaste la vida. Hoy hace un mes, justo un mes en el que sonreía y hacia la señal de la victoria.

Hoy hace un mes que mi vida está que rebosa de felicidad, de mimos, de sonrisas, de palabras…

Hoy hace un mes desde que viniste al mundo, llena de vida, llenando con tu llanto cualquier habitación. Hoy hace un mes en el que te besé por primera vez, aunque desde hace un mes, siempre que te veo, tu piel se hace mía. Hoy haces un mes, mi pequeña.

Y entonces, cerré los ojos y te vi.

Y entonces, cerré los ojos y te vi. Sí, pequeña, te vi. Te vi a pesar de tener los ojos cerrados, a pesar de no haberte visto nunca, a pesar de que ni siquiera has nacido, a pesar de mil pesares, te vi.

Tenías las mejillas sonrojadas y los ojos abiertos, muy abiertos. Me mirabas, devolviéndome el gesto. Estabas tranquila, serena. Movías tus manos, tus pequeñas y regordetas manos, de arriba abajo.

Y entonces te sentí, a años luz de ti y te sentí. Sí, te sentí, como se siente el aire en la cara, como se siente la falta en el alma, como se siente mi hermana cuando te mueves dentro de ella. Te sentí, sí. Muy dentro de mí, tan adentro que es imposible sacarlo, es imposible borrarlo. Te sentí tan fuerte, que tu sensación está en mí, tatuada, a fuego, a base de pensar en ti.

Y entonces te oí, sí, te oí. Nadie sabe cómo será tu voz, tu timbre… Yo voy un paso por delante, porque yo te oí, yo te escuché… No me llamabas, no llamabas a nadie. Pero te oí… No sé qué decías, no se a qué te referías, ni sé que querías… Pero te oí, tú lo sabes ¿Verdad?

Y entonces sonreí, si, y a mi risa le sustituyó una gran carcajada. Sí, sonreí, reí a carcajadas… Eras tú ¿Verdad? Que le estabas haciendo cosquillas a mis recuerdos, le estabas haciendo cosquillas a mi “yo interior”, que le estabas haciendo cosquillas a mi querida imaginación, a mi querida ilusión, a mi querida imagen de ti…

Y entonces lo entendí, sí, lo entendí… Tenía las respuestas, tu respuestas, mis preguntas… Aun no estás aquí y sin embargo lo llenas todo, ocupas todas nuestras mentes, todos nuestros sueños, todas nuestras ilusiones para el año 2014 están puestas en ti y aun no estás. Tu, que lo llenas todo sin estar, eres la que motiva estas letras, la que me impulsa a escribir, la que me impulsa a sonreír con solo imaginar tu cara, la que me impulsa a emocionarme solo con pensar en el momento en que tu madre, mi hermana, te ponga en mis brazos, sobre mí y pueda verte, por primera vez de tú a tú y besarte.

Y entones entendí lo feliz que nos has hecho. Te esperamos. Tenemos ganas de ti.

Y entonces entendí que vives con tanta fuerza dentro de mí, de mi imaginación, de mis ilusiones, de mis sueños… Que para mí eres real, para mí tienes ojos que miran y que ven, tienes una voz dulce y melosa, aunque aún no hayas pronunciado ni una sola palabra. Tienes unos labios gorditos que no paran de sonreír, de reír, de mascullar palabras…  Tienes una madre que te quiere por encima de todo, que te dará todo lo que tenga y que luchará por ti, siempre. No olvides, que tú, sin querer, solo por el hecho de existir, de venir en camino, has cambiado todo. De veras te lo digo, no te imaginas hasta qué punto has cambiado todo… Para bien.

Y entonces supe que te quería, sobrina.

Hoy es uno de esos días que me da por echar la vista atrás y ver todo lo que hemos avanzado, porque la verdad que hemos dado pasos de gigante. Hemos avanzado tantísimo, hemos superado tantas barreras, hemos reído y llorado con tantas ganas, que para mí todos son recuerdos que deben permanecer en mi memoria y que por nada en el mundo quiero perder.

Sí que es cierto que hemos pasado por situaciones que no son del todo agradables, que no son del todo bonitas, pero ¿cuánto hemos aprendido? Mucho, hemos aprendido mucho. Puede ser que esas circunstancias no sean preciosas, pero han de ser positivas, han de servir para algo, para enseñarnos a no volver a tropezar con la misma piedra, a enseñarnos a saber sobreponernos a las situaciones menos favorables, a aprender a valorar lo que tenemos cuando lo tenemos y no cuando ya no está… De todo se puede sacar tajada, de todo se puede aprender y sacar una lección importante, porque eso es la vida, una lección y cada día es maestro del siguiente. Nadie te va a preguntar si asimilaste lo que el día pasado aprendiste, pero la vida te va a poner una prueba similar.

Recuerdo mil momentos contigo, porque todos son momentos.

No recuerdo cuando te comencé a querer, supongo que fue una progresión y que el momento exacto no se puede saber, pero recuerdo sentir miedo. ¿Contradictorio? No lo sé… Pero sí, sentí miedo, miedo por quererte, por volver a sentir cosas bonitas por la persona que estaba a mi lado, por no saber si tu sentirías lo mismo.

Recuerdo que intenté poner mis pautas, mis normas, mis tiempos para precisamente evitar todo eso. Pero o yo soy muy débil o lo que tú me hacías sentir era muy fuerte, porque perdí la batalla. Por suerte, después de tanto tiempo, para nada me arrepiento, es más, me alegro de haberme dejado llevar y que hayamos llegado hasta aquí y que estemos como estemos.

Es cierto que a veces vemos algo tan claro (aunque solo lo vemos nosotras mismas) que nos tiramos a la piscina sin coger ni si quiera aire… y nos asfixiamos antes de haber podido disfrutar del salto en sí… Es cierto que la ilusión mueve montañas, que la ilusión nos hace ver lo que queremos ver, como los oasis en los desiertos… Es cierto que te dejas llevar por lo que sientes en ese preciso instante y quieres dar y recibir todo en un momento, y no se puede, es imposible.

No sé cuándo dejé de sentir miedo, pero sé que fue pronto. Sé que fue cuando realmente me solté y comencé a disfrutar de cada minuto que pasábamos juntas, de cada llamada que nos hacíamos, de cada buenos días o buenas noches y fue entonces y solo entonces, cuando comencé a sonreír, a sonreír de corazón, a sonreír sin ninguna preocupación, sin ayer y con un mañana en la palma de mi mano.

La vida es complicada porque nunca sabes cuando has de dejarte llevar y cuando tirar de las riendas y frenar un poco. Supongo que la respuesta está en cada una de nosotras, en una situación concreta. Pero hay que recordar que no hay más ciego que el que no quiere ver ¿y que es el amor? Pues el amor es esa venda que se nos pone en los ojos… que nos nubla la vista y los sentidos.

Así que, me encanta sentarme a mirar por la ventana con mi cigarro encendido y pensar en todo lo que hemos vivido, en todo lo que hemos compartido y en todos los planes que aún tenemos que llevar a cabo, porque esa es mi vida, la que yo había soñado incluso antes de conocerte, que quería vivir, la vida que tu habías soñado tener, y la podemos vivir juntas, compartiendo la una con la otra desde la almohada hasta los miedos, los pensamientos y el tiempo, que es lo más valioso.

Un saludo, muac

 

Aquí os dejo la segunda parte de la novela de Mervea. Espero que os guste.

 

 

Su cara lo decía todo, para él fue cómo un golpe bajo, una lágrima le recorrió su pálida cara, no se lo esperaba de mí, de su mejor amigo prácticamente desde la infancia.

Pero de repente sus ojos verdes pasaron de tristeza a llenarse de ira. Él se levantó de golpe, me llamó de todo menos bonito.

-No me lo puedo creer, ¿por qué no me lo dijiste antes? No hubiera perdido el tiempo con una aberración de la naturaleza cómo eres tú, pedazo de maricón. Cuando se suponía que yo jugaba contigo, para ti era cómo si te estuviese metiendo mano, ¿no?

Mis ojos se humedecieron, no me esperaba tal respuesta de alguien que yo consideraba cómo mi hermano, aquella persona que hacía un par de horas me estaba haciendo cosquillas y riéndose conmigo había pasado a ser una especie de bestia.

Él se fue a su casa, no quería saber nada más de mí, yo estaba destrozado completamente.

Aquella noche me acosté, no me puse música cómo siempre, puesto que todo me recordaba a él; cuándo cántabamos juntos y desafinando Caminando de Amaia Montero. Todos esos recuerdos me llenaban la cabeza, me pusé a llorar, no quería hacer nada más que eso, llorar.

Por la mañana me levanté aturdido y feliz, esos segundos en los que no te acuerdas de nada, pero esos segundos pasan, y los recuerdos vuelven otra vez, pensar que no volvería a ver sus ojos, su sonrisa, sus bromas, que aunque a veces eran repetitivas, siempre me hacían gracia.

Fui a la universidad, cómo siempre, llegaba tarde, pero Ana me guardaba el asiento.

Ana era una amiga que conocí en un bar, siempre se metían con ella por su físico, sólo porque estaba rellenita, así que el único que se juntaba con ella era yo.

Cuando llegué no estaba con su sonrisa y mi café, me senté al lado y pregunté que pasaba.

-Que conste que a mí me da igual y esto no va a dañar nuestra relación, pero, ¿es cierto que ayer le metiste mano a Pablo?

Le contesté que no, no tuve más remedio que contarle que era gay y lo que sucedió, total, que me tiré una hora. Al acabar de explicarle todo le pregunté que a qué venía esa pregunta.

-Pablo se lo ha estado diciendo a toda la clase, mucha gente no se lo creía, pero cómo siempre estais juntos pues…

Aquello fue un jarro de agua fría para mí, había calumniado contra mí, sin mediar palabra, me dirigí hacia él.

Estaba fuera del edificio, sólo. Al cruzar el edificio me encontré con gente mirándome y llamándome violador, burlándose…

Poco me importaban a mí esos insultos, puesto que en ese momento, sólo quería hablar con él.

-Pablo, ¿qué has hecho?- Le dije con la voz temblorosa.

Él bajó la cabeza y sólo se limitó a decir, te lo mereces, maricón de mierda.

 MERVEA