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Desde antes de embarcarnos en esta gran aventura, temía este día, el día 4. Tampoco os penséis que tenía un miedo desmedido o algo así, pero me “daba respeto”.

El día 4 íbamos a coger el coche y lanzarnos a conducir 7 horas y pico, para llegar a un magnífico pueblo, el último antes de llegar al Parque Nacionak del Gran Cañón. El pueblo en cuestión es Williams, Arizona.

Nos levantamos sin demasiada prisa y fuimos a desayunar por Hollywood Blv, como días anteriores. Y tras llenar el estómago y cargar las maletas, cogimos nuestro coche y pusimos rumbo al Gran Cañón.

La salida de los Ángeles tenía mucho tráfico, por lo que circulábamos muy lentas y con mil ojos, para no saltarnos las salidas. Pero a partir de ahí, fue todo como la seda.

Paramos a repostar en un área de servicio, y s pesar de que la máquina del surtidor era muy intuitiva, nos daba error, por lo que tuvimos que entrar y decir el famoso, Full, please!


También paramos a comer en un pueblo pequeño que había junto s la carretera, y por suerte topamos con una camarera súper simpática que nos ayudo con el pedido.

Al fin, sobre las 18 llegamos a Williams, y nada más entrar en el pueblo, nuestra boca comenzó a abrirse… ¡Era genial!

Williams es el típico pueblo del interior, rodeado de vegetación y alumbrado por las luces de neón de sus comercios. Todas las casas y locales eran casas bajas, de no más de dos alturas.


El pueblo olía a cuero, de las sillas de montar, botas, cinturones, y también a barbacoa… Era magnífico.

Desde allí pudimos ver una de las mejores puestas del sol…


Volvimos pronto al hotel, quedaba una ducha y prepares todo para el día siguiente, el Gran Cañón.

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Si, lo sé, va con retraso, pero lo cierto es que me ha sido imposible hacerlo antes. Acabamos todos los días, rozando la media noche y agotadas…. Así que, con retraso, pero aquí estoy.
El día 3 iba a ser nuestro día Tranquilo por los Ángeles… Pasear, empaparnos de todo lo que la cuidad ofrece….

Comenzamos con un paseo a primera hora de la mañana desde nuestro hotel, en el paseo de la fama, hasta el West Hollywood, el barrio gay. No sé qué pensaba encontrar, pero quizá, algo más. También es cierto que era por la mañana de un día de diari, por lo que quizá, eso tampoco ayudó.

Volvimos sobre nuestros pasos hasta el hotel, para coger el coche e ir hasta Beverly Hills que nos encanto! Paseamos alrededor de muchas casas, alucinando. Habíamos buscado varias rutas de los famosos, por lo que íbamos señalando y poniendo nombre a la gente que vivía ahí… Impresionante.

Sin pasar por el hotel, nos dirigimos directamente a Santa Mónica.

Aprovechamos el paseo y comimos por ahí. Un amigo me había recomendado el Jonny Roquets y lo cierto, es que estuvo genial. Además, rl camarero era hispano y nos trató fenomenal. Acabamos el paseo en el Pacific Park y disfrutando de sus atracciones.


Continuemos el paseo hablando y riendo, como siempre, hasta llegar a Venice Beach, que es genial también.

Queríamos ver atardecer desde el observatorio Griffith, y ver toda la cuidad s nuestros pies, por lo que cogimos el coche y pusimos rumbo hacia allí. No sabemos qué había pasado, pero una vez que llegamos al zoo, los accesos al observatorio estaban cerrados. Dimos varias vueltas buscando una ruta alternativa, pero no encontramos nada… ¡Fue lo peor del día! Estaba deseando ver toda esa inmensa ciudad desde arriba…

Volvimos exhaustas y cansadas al hotel. Al día siguiente nos quedaba un largo viaje, por lo que nos fuimos pronto a dormir…

Seguiremos!!

¡Qué difícil fue llegar hasta el hotel! 

No por nada en particular, sino porque parecía que era imposible.

Primero, nada más aterrizar, estuvimos un buen rato dentro del avión, porque al parecer no había sitio donde “aparcar”, y claro, después de 12,30 horas de vuelo más el vuelo de Barcelona a Madrid que nosotras llevábamos, eran ya muchas horas, y estábamos deseando llegar y darnos una ducha.

No penséis qu en tierra firme fue la cosa mucho más rápida… Primero vino las aduanas y los controles de pasaporte. Mi chica g yo lo hicimos juntas y le explicamos al funcionario que estábamos casadas. Fue todo muy bien, lo único que había mucha gente y tardamos.

También tardó en salir nuestra maleta por la cinta… Pero al fin salió y con todos nuestros bártulos y nuestra ilusión salimos, al fin a la calle.

Habíamos alquilado un coche para poder movernos bien por todos los sitios. Para llegar a la zona donde se encuentran las emprendas de alquileres de coches, tienes que coger un autobús, aunque está muy bien explicado. Has de seguir los carteles que indican “rental cae” y que te dejan en una parada de autobús.

Al fin con nuestro coche y con nuestro seguro a todo riesgo, nos dirigimos a Hollywood… ¡Qué ganas!

El camino, aunque con tráfico, lo hicimos sin ninguna dificultad. Al final llevó el coche mi chica, que es muy valiente para estas cosas, y yo indique, que se me da muy bien.

El hotel está tan cerca de Hollywood Blv, que tuvimos que atravesar por ahí, disfrutando de una de las atracciones más famosas de LAX, el paseo de la fama.

Se había hecho de noche y estábamos realmente cansadas, por lo que salimos a buscar aparcamiento para el coche, que de 20-8 es gratuito y nos fuimos a cenar.

Una amiga nos recomendó cenar en Hooters, muy cerca del teatro chino, por lo que allí nos dirigimos, muertas de sueño y de hambre.

Cenamos muy bien y las camareras muy simpáticas

Hamburguesa y nachos de Hooters


Mañana iremos al Downtown y veremos todo el centro de LAX, su calle Olivera, el auditorio… Y por la tarde queríamos ir a Santa Mónica y Venice… ¡Iré informando!

Lo cierto es que, he dejado muchas cosas sin contar… Cosas realmente importantes, como la boda. Pero para eso habrá tiempo, os lo aseguro. Ahora quiero hablar en presente, y contaros lo que ahora mismo, estoy haciendo…
Creo que siempre tuvimos claro dónde sería nuestra luna de miel… Bueno, siempre no, desde el verano pasado. Lo cierto es, que el septiembre pasado íbamos a hacer este mismo viaje… Pero en febrero mi hermana nos dijo que estaba embarazada y que la sobrina nacería en septiembre, por lo que decidimos posponerlo…
Hoy comienza nuestra luna de miel, hoy miércoles 29 de junio del 2016…. Hoy, haremos realidad uno de los viajes más esperados.
A las 06:00 sonaba la alarma, y apesar de la ilusión t de los nervios del viaje, el cansancio dominaba nuestro ánimo. Solo después de una ducha y un café bien cargado, fuimos realmente conscientes del día que era… ¡¡era 29!!
Mis suegros venían a recogernos a casa sobre las 06:45 para llevarnos en volandas hasta el aeropuerto de Barcelona, y así poder facturar y recoger nuestros billetes.
La cola hacia los mostradores de Iberia era inmensa, y más aún si solo hay un café despertando tus entradas. Pero lo conseguimos, y tras realizar todas las gestiones, pusimos rumbo a Madrid para coger, ahora sí, rl avión que nos llevaría de camino a Los Ángeles, nuestro primer alto en el camino.
Tras unas cuatro horas de vuelo y después de haber comido el menú del catering y de hasta haber tomado café, la gente ha comenzado a relajarse y se han podido oír varias respiraciones profundas, ya me entendéis. Es entonces cuando he sacado el teléfono y he comenzado a escribir… No sé cuando podré subirlo al blog, pero como muy pronto será ya en la madrugada del día 30, puesto que llegaremos al aeropuerto de LAX sobre la 01, teniendo después que ir a recoger nuestro coche de alquiler e ir dirección a West Hollywood, donde está nuestro hotel.
Había descargado un diario de viaje… Pero parece que no funciona del todo bien, por lo que intentaré ir escribiendo s través del blog nuestras aventuras por la tierra del tío Sam.
En España son las 17:50 por lo que estaréis disfrutando de una magnífica tarde de verano, mientras yo surco los mares…
¡¡Ay, qué de horas quedan de vuelo y qué ganas tengo yo de llegar!! El vuelo son 12 horas y media, por lo que solo hemos completado la primera parte… ¡Ya no queda nada! Casi puedo ver ya la noria en Santa Mónica…
Escribiré más y subiré fotos….

Un besazo bien fuerte desde la costa oeste de EEUU.