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Tómate el pulso. Dedica dos minutos a colocar tus dedos sobre tu muñeca y ver si respiras, si hay pulso, si el corazón sigue bombeando fuerza a través de las venas. ¿Respiras? ¿Late el corazón? Entonces, dale sentido a cada bocanada de aire y a cada paseo de la sangre recorriendo tu cuerpo. Si respiras, si aún hay pulso tienes lo más difícil, la vida.

Tómate cinco minutos o quizá diez, o los que estimes oportunos para valorar la situación. Tienes toda la vida por delante, porque aún hay pulso, por lo que tómate cinco minutos para ver dónde estás y dónde querías estar, porque ambos lugares no deberían distar mucho entre sí y si la distancia es demasiado grande, la tristeza y la culpa quizá carcoman tu corazón de madera. Piensa, valora e implícate en reducir la distancia, en recorrerla, en superarla… Ve dónde quieras ir y se quién quieras ser. No es fácil y seguramente el camino estará lleno de cuestas pronunciadas y de piedras que te dificultarán aún más el trayecto, pero cuando tienes la convicción de querer algo, no hay cuestas suficientemente empinadas ni piedras tan grandes como para no sortearlas a golpe de poder, porque puedes.

Tómate un respiro y deja de pensar por cinco minutos. No todo consiste en sintetizarlo ni en que las neuronas le den el visto bueno. Respira y lánzate, empieza la cabeza por el tejado, lucha sin escudo y saborea el sudor de la adrenalina palpitando en tu boca. La vida no es predecible, ni se puede vivir en automático ni con la quinta puesta. Desembraga y embraga, y no pienses por un instante en nada más. ¿Qué puede pasar? ¿Que el corazón se te cale?

 

Tómate un lunes en broma y un sábado en serio. Porque no todos los días son días de trabajar y generar, y no todos los fines de semana serán días de gastar y quemar. Los días son sólo 24 horas que transcurren juntas, consecutivamente, pero no tienen más etiquetas que las que tú les pongas. Un lunes puede ser el mejor día de la semana si tú te lo propones, aunque te toque madrugar, trabajar y luchar contra el mundo. Tú tienes las etiquetas y también, la grapadora que hará que se cumplan. Grapa tus decisiones al aire y a tu convicción, pero no a los días que manipularán tus horas.

Tómate un te o quizá un café, pero descansa del día, de la vida. Siéntate y contempla. La vida pasa, sí, pero tú estás en ese pasaje junto a ella. Quizá no vayáis de la mano o quizá no os deis las buenas noches a diario, pero vais juntos, como un viajero y su maleta de mano. Sois una extraña pareja que riñe pero que no pueden pasar sin estar juntos, por lo que tómate un té y valora lo que ves, porque no hay más realidad que la que podemos ver. Que nadie te cuente lo duro que es vivir, lo duro que es sufrir, lo duro que es un puto lunes de abril, que nadie te cuente cuentos sobre vivir, vive tú y contempla lo que la vida te da y te quita, lo que la vida te proporciona y te pide a cambio, lo que la vida necesita de ti y lo que tú estás dispuesto a ofrecer. Se siempre tú el que tiene la sartén por el mango y el reloj sin darle cuerda.

Tómate la vida como si fuera un gintonic. Tómatela con alegría y con ganas, porque solo tenemos una y muchos matarían por tener más tiempo, porque el tiempo es el único producto que en realidad caduca y perece, y nosotros con él. Tómatela junto a las personas que más quieres, reúnete con tus amigos, con tu familia y también con algún enemigo, y alza tu copa y brinda por las sacudidas que da la vida. Pero tómatela antes de que el hielo convierta en agua una ginebra sazonada y adornada como una ensalada cesar, porque después, no te sabrá igual. El tiempo todo lo vence, todo lo cura y todo lo convierte en agua o en polvo. No dejes que la vida te cale e impida que te muevas. La vida está para tomársela así, en frío y de varios tragos.

Tómate en serio y escúchate, nadie te conoce como tú mismo, aunque lo quieras negar. Tú conoces tus debilidades, y te aprovechas. Tú conoces tus garantías de éxito, y te aprovechas. Tú conoces tus necesidades, y te aprovechas. Tú conoces el cómo y el porqué, y te aprovechas. Pero aprovecha todo lo que sabes sobre tí mismo para ser feliz y poder aprender como hacer las cosas. Conocerse a uno mismo es lo mejor que te puede pasar, es como jugar una partida de póker conociendo las cartas de tus rivales, tienes media mano asegurada. Sabes cuando ir y cuando plantarte, cuando subir la apuesta o tirar las cartas. Eso amigo mío, es lo que tienes tú de ventaja conociéndote.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada día estoy más enamorada de ti.

Pasa el tiempo, pasa la vida, pasan historias y en todas junto a ti me quedaría. No me importa si la historia trata sobre un viaje o sobre una tarde en casa, sobre un fin de semana de baile y fiesta o sobre una mañana en la montaña, no me importa mientras te tenga cerca.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada día estoy más enamorada de ti.

Los sentimientos gravitan en mi interior haciéndome cosquillas y consiguiendo cambiar mi expresión. Ya no importa si he tenido un día gris y oscuro además de duro, porque las cosquillas consiguen que sonríe y el sonreír te devuelve a la vida dentro de mi. Todo pasa, todo se evapora, todo se va, salvo tú, que en ningún sitio te necesito más que cerca de mi, dentro de mi.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada día estoy más enamorada de ti.

Es tan grande el sentimiento que a veces cuando duermo, me despierta y necesito girarme y abrazarme a tu espalda, para sentirte cerca y besarte la cara. A veces creo que estoy dormida, y que lo he soñado, otras se que estoy despierta porque mientras te observo, procuro no ser descubierta.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada día estoy más enamorada de ti.

Invento, creo, planeo… Cualquier cosa para distraer la vida y que no resulte una acción fallida. No hay dos días iguales, ni más de dos males. No hay discusión que valga que no termine que un perdón. No hay noche que no empiece y termine con una retahíla de besos y confesiones de te quieros. No las hay porque no las queremos y no las queremos porque no nos lo merecemos.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada día estoy más enamorada de ti.

Me conoces tan bien que sabes cuando el día me ha dado más de un vaivén y cuando necesito escaparme en el primer tren. Me conoces tan bien, que cuando necesito a alguien, tú sabes a quién. Me conoces tan bien, que sabes cuando necesito un solo abrazo o quizá cien. Me conoces tan bien porque tú alma vive aquí, en mí, de retén, en medio de las costillas.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada día estoy más enamorada de ti.

Nunca imaginé que el amor sería esto. Amor, que siempre lo comparé o lo equiparé a dolor y que ahora siento que me cubre con una capa que me cuida, en su afán más protector, y que me lanza al mundo sin que sienta yo dolor. Porque gracias al amor, me levanto un lunes de buen humor y lucho por mis sueños, desde los más fáciles a los inalcanzables, porque ya no me para ningún factor. Tengo fuerza, tengo confianza y tengo ganas, la vida se rinde mientras yo pago mis impuestos en la aduana.

Igual no lo sabes, o quizá sí, pero cada estoy más enamorada de ti.

Soñaba contigo sin saber quién eras y mucho menos cómo serías, cosas que ahora me se de memoria y que, me encanta.
Soñaba contigo sin saber dónde vivías, cómo sonaba tu voz en la oscuridad o tu risa en tu inmensidad, pero te buscaba.
Soñaba contigo sin saber si tomabas café o té, si eras vegetariana o si te gustaba el cine.
Soñaba contigo, todos los días, y te buscaba entre brumas y odiseas. Has tenido mil caras, miles de timbres de voz distintos y sin embargo, siempre eras la misma, la misma.
Soñaba contigo desde siempre, como ahora, y para siempre.

Día gris en la ciudad condal, con cielos encapotados de ceniza y con ganas de estallar, como muchas veces nosotras mismas.

La lluvia repiquetea en el cristal, ahuyentando el sueño y quizá, la esperanza. El sonido cristalizado y empapado de oxigeno, que a mí me falta, llama mi atención y capta mi mirada.
La ventana está fría, muy fría. Acaricio su suave textura con mi mano y un escalofrío me recorre desde la nuca hasta el final de la espalda, dónde muere la calma y nace la tempestad.

No hay nadie al otro lado del cristal ¿a quién esperaba? Sonrío tristemente a un reflejo que apenas me devuelve una mueca disfrazada. Lo cierto es que, esperaba encontrar tanto detrás de aquel cristal, que la lluvia que sigue repiqueteando, me taladra muy adentro, dónde no llega nadie, ni una misma.

 

22d

 

Me recompongo de súbito, sin miramientos. No existe la pena, al no ser que la cultives tan dentro de ti, que tú mismo seas el abono y el barbecho. No existe la pena si no le dedicas las noches en vela, ni los días de sueños descafeinados y lunes de 72 horas. No existe. No existe aquello que no está.

Le doy la espalda al cristal frío y empapado de tristeza, gris escandaloso y huérfano de acordes. Le doy la espalda a aquello que consigue que me tiemblen las piernas al dudar de mi misma. No miro atrás, no quiero hacerlo, no he de hacerlo. ¿De qué serviría? No me hace falta comprobar si el miedo me persigue, tampoco me hace falta comprobar si hay alguien esperando. No debo mirar atrás ni comprobar. Se la verdad, porque la tengo dentro, pero cuesta tanto sacarla, que a veces somos nosotras mismas las que tragamos aire y la empujamos hacia el fondo de nosotras, a ese sitio dónde solo llega la desesperanza que te taladra. Sólo un taladro. Muy adentro.

Me siento en mi sofá, necesito tiempo, aunque soy consciente de que lo que más me sobra, es carretilla a mi segundero. Soy fuerte y soy valiente, esto ha de valer para mirar hacia delante sin desear echar la vista atrás, por si algo quedara. Soy valiente, lo soy y lo se. Soy fuerte, lo soy y lo se. Pero es el miedo el que pone todo patas arriba, desde mi coraje hasta mi sobrada osadía, sin olvidar que mis espaldas cargan con todo eso y nunca se han quejado.

No es fácil ser una misma, en ocasiones; pero no lo cambiaría por nada del mundo, a diario. Soy lo que soy a base de vivir cada día dentro de esta piel paliducha. No es fácil, pero tampoco lo fue el camino que he recorrido y mira, aquí sigo, de pie, mirando a la vida a los ojos y en ocasiones, hasta guiñándole un ojo.
Es fácil entender quién soy sabiendo de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí. Es fácil, si me conoces. Soy lo que veis envuelto en millones de circunstancias que me hacen única e irrepetible. A veces estúpida y a veces increíble, pero siempre única.

No me da miedo las tardes de diciembre, ni los domingos lluviosos. No me dan miedo los kilómetros, ni el silencio. No me da miedo el no saber o el no estar. No me da miedo tener miedo, de verdad que no. No me da miedo la prisa o las dudas. Solo me da miedo dejar de estar, dejar de ser, dejar de existir… No me refiero a la manera tradicional… ¡Hay tantas formas de dejar de existir, que de tantas que ahí… Existes!

Quiero seguir aquí, en este mismo punto dónde antes me sentía segura y feliz. Quiero seguir y que nada cambie, que evolucione, que el tiempo pase pero sin que nada cambie.
Quiero que, a pesar de que ese tiempo corra y salte por nuestras vidas y por nuestras memorias, sigamos en este mismo punto, en este sofá y en este domingo lluvioso, de lluvias calientes y velas con aromas, pero aquí.

La vida es dura, muy dura. No necesitábamos que venga nadie y que nos lo diga, que nos escupa la realidad como si nosotras mismas no fuéramos parte de ella, como si viviéramos lejos del mundanal ruido y complejidad, como si viviéramos ausentes de todo, ausentes de nada…

La vida es dura, muy dura. No todos los días tenemos la misma fuerza para levantarnos y poner en marcha cada uno de nuestros músculos y de enfrentarnos al día a día con una sonrisa, dibujada o tatuada, en el rostro. No todos los días son iguales y no todos tenemos la fuerza y el coraje para hacerles frente, pero de una manera u otra, lo hacemos. Suena el despertador y sabemos que nuestro día comienza, con o sin nuestra fuerza, por lo que hacemos de tripas corazón y de desgana, fortaleza, y nos aferramos a una taza de café ardiendo, listas para dar el pistoletazo de salida. Listas para continuar aquello que aún no ha terminado.

La vida es dura, muy dura. No siempre entendemos qué queremos, qué deseamos, porqué estamos dónde estamos y no más allá. No siempre entendemos lo que en silencio gritamos a los cuatro mares, y lo que en público callamos por miedo a que alguien nos escuche. No siempre entendemos los vaivenes de nuestro corazón, agitado o paciente, pero vivo. No siempre entendemos el porqué hacemos ciertas cosas o porqué sentimos cuando no queremos hacerlo. No siempre entendemos lo que esconde la naturaleza humana, nuestra propia naturaleza humana; pero lo intentamos. Una y otra vez. Una y otra vez…

La vida es dura, muy dura. Nos pone a prueba continuamente, sin descanso. Aquí no existen fines de semana ni fiestas de guardar. No hay recreo ni tiempo muerto. La vida viene, a su paso y sin más, prosigue, sin mirar atrás, sin dejar lo que ha dejado por medio, sin preocuparse por nada más que continuar su curso, que seguir llenando hojas de un diario o de seguir arrancando las hojas de un calendario. No mira atrás, la vida sigue, aunque tú te pares, aunque tú no camines, aunque tú no lo entiendas ni luches por hacerlo.

La vida es dura, muy dura. Nadie sabe las respuestas adecuadas y no creo, que haya ninguna. La vida no reconoce entre “el acierto” y “el fallo”, creo que las cuestiones de la vida, tienen más de dos opciones y son todas válidas, solo depende de quién esté al otro lado juzgando y valorando. Somos nosotros mismos los que “nos ponemos nota” y valoramos a los demás, juzgando y prejuzgando, dándoles un valor, dándoles una nota… Somos nosotros mismos, nosotros…

La vida es dura, muy dura. No sabemos cómo hacer ciertas cosas porqué no tenemos libro de instrucciones ni un croquis o un mapa conceptual que nos explique el cómo y el porqué, el cuándo y el dónde. No lo tenemos, y eso es lo que nos hace débiles, el no saber responder a nuestra propia vida. Nos sentimos como cuando salimos de Ikea con un mueble grandioso y vemos, que hemos tirado a la basura, junto al embalaje, las instrucciones de montaje… Así es la vida, como un puto mueble de ikea sin instrucciones y con siete llaves allen.

La vida es dura, muy dura. Pero lo más duro de la vida, es vivirla sola, sin nadie con quién compartir esa dureza o esa desgana, sin nadie que te ponga la mano en el hombro, mientras que notas que la vida se ralentiza, se pausa… La vida es dura, pero contigo es posible. No siempre tenemos las respuestas adecuadas o sabemos con certeza qué debemos de hacer, pero lo que sí tengo claro es que te tengo de mi lado, y así, somos mayoría para ganar el día a día. Juntas somos más que un equipo, más que una pareja, más que dos… Juntas somos la respuesta a la vida, a los días de desgana, a la desconfianza o a las preguntas de opción múltiple.

Somos la respuesta, cariño. La respuesta a la vida, somos nosotras mismas.

Igual no lo sabéis, pero tuvimos la boda más bonita del mundo.

Todo valió la pena con creces. La espera, los nervios, la ansiedad y las ganas de verla de blanco, todo mereció la pena.
Me había imaginado mil veces cómo sería su vestido, cómo le quedaría y cómo iría peinada, pero ni mis ilusiones más increíbles pudieron hacer sombra a la realidad de aquel día.

El coche se detuvo frente a las escaleras, el cochero se giró y nos avisó de que ya habíamos llegado, el trayecto se había terminado. Notaba los nervios flotar por dentro de mi ser, moviéndome el vestido. Mi hermano se precipitó y salió antes de que yo pudiera hacer ningún movimiento, me abrió la puerta y me ofreció su mano, ayudándome a salir.
No había nadie esperándome, todos estaban dentro ya. Mi chica había llegado antes que yo, por eso estaban todos dentro ya, esperando.
Cogida con fuerza al brazo de mi hermano, intentando así controlar no solo el movimiento de mi cuerpo, sino mi propia respiración, ascendimos los escalones que me separaban de ella…
Comenzó a sonar nuestra canción y noté como la emoción sobrepasaba mi piel y brotaba a través de mis ojos. “Over the rainbow” me acompañó en cada uno de esos escalones, y después también, cuando enfilé el pasillo y me puse de frente a todos nuestros amigos y familiares, aunque aún, no podía verla. Aún no había podido verme. [ Durante la ceremonia salió el arco iris. Nos encontrábamos en una sala acristalada, encontrándonos nosotras al fondo, delante del ventanal. Se nos veía a nosotras y al fondo, el arco iris… No podía haber sido más perfecto]

Muchas caras conocidas me saludaban, me gritaban, sonreían y me hacían sonreír a mí. Ahí, en esa pequeña sala, estaba todo mi mundo, toda mi gente, todo lo que quiero…
Seguí caminando con paso firme,a pesar de los nervios y entonces la ví. Tuve que llegar hasta la mitad de la sala para poder verla, pero lo hice.

 

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A pesar de que os he hablado mil veces de mi chica, siempre lo hago, nunca os he dicho lo guapa que es, ¿verdad? Pues ese día, el día 24 de junio no estaba guapa, no, estaba increíblemente espectacular. Creo que ese día, cuando al fin pude verla, me volví a enamorar.
Todos los silencios que habíamos tenido en cuanto al vestido, al peinado, a lo que íbamos a hacer o no, habían merecido la pena. Estaba allí, de pie, preciosa como ella sola y mirándome, esperándome.
Nos quedamos unos segundos, dos o tres, mirándonos y gritándonos en silencio millones de cosas. Al fin. me acerqué y le di un beso en la mejilla, para después besar también a mi suegra, que esperaba paciente a su lado.

Le habíamos pedido a mi tío que se encargara él del acto y fuera el maestro de ceremonias.Tengo la suerte de tener un tío increíble, que está acostumbrado a dar discursos y hablar en público. Y desde que comenzó a hablar, nos puso la piel de gallina y la lágrima queriendo escapar.
Fue una ceremonia emotiva, sencilla y familiar. Fue espectacular.

Os podría contar mil anécdotas, mil cosas que ocurrieron durante la ceremonia y la posterior cena. Aunque la fiesta no acabó ahí, nosotras llegamos a la suite que nos habían regalado los amigos a las 09,30 de la mañana, por lo que las anécdotas pueden ser tantísimas…

No se si el día 24 fue el día más importante de mi vida, pero sin duda será uno de los más bonitos, de los más emotivos y de los más especiales. Tenía millones de sensaciones distintas rondándome, y todas eran increíbles.
El hecho de estar en mi casa, en mi tierra, con mis dos mundos más queridos. Con la gente de Barcelona, con la gente de Alicante, con la gente de Madrid y por supuesto, con los de casa… Eso tiene un valor incalculable.
El hecho de dar el sí quiero, por fin, después de más de siete años juntas y saber, que este solo es le comienzo de todo lo que vamos a vivir…
El hecho de que nuestras sobrinas se encargaran de llevarnos los anillos y por supuesto, de darle ese punto de humor a todo…
El hecho de haberme casado con la persona más maravillosa del mundo, a la que le volvería a pedir matrimonio mil millones de veces más y con la que, quiero pasar siempre los días, las noches y todo lo que nos regale la vida. Ella es la que da sentido a todo lo que hago, ella lo es todo y por eso todo vale la pena.

Gracias amor por ese día, ¿repetimos?
En alguna otra entrada os subiré alguna foto de los detalles, de los anillos o del sitio tan espectacular en dónde nos casamos ¿os hace?

¡Qué difícil fue llegar hasta el hotel! 

No por nada en particular, sino porque parecía que era imposible.

Primero, nada más aterrizar, estuvimos un buen rato dentro del avión, porque al parecer no había sitio donde “aparcar”, y claro, después de 12,30 horas de vuelo más el vuelo de Barcelona a Madrid que nosotras llevábamos, eran ya muchas horas, y estábamos deseando llegar y darnos una ducha.

No penséis qu en tierra firme fue la cosa mucho más rápida… Primero vino las aduanas y los controles de pasaporte. Mi chica g yo lo hicimos juntas y le explicamos al funcionario que estábamos casadas. Fue todo muy bien, lo único que había mucha gente y tardamos.

También tardó en salir nuestra maleta por la cinta… Pero al fin salió y con todos nuestros bártulos y nuestra ilusión salimos, al fin a la calle.

Habíamos alquilado un coche para poder movernos bien por todos los sitios. Para llegar a la zona donde se encuentran las emprendas de alquileres de coches, tienes que coger un autobús, aunque está muy bien explicado. Has de seguir los carteles que indican “rental cae” y que te dejan en una parada de autobús.

Al fin con nuestro coche y con nuestro seguro a todo riesgo, nos dirigimos a Hollywood… ¡Qué ganas!

El camino, aunque con tráfico, lo hicimos sin ninguna dificultad. Al final llevó el coche mi chica, que es muy valiente para estas cosas, y yo indique, que se me da muy bien.

El hotel está tan cerca de Hollywood Blv, que tuvimos que atravesar por ahí, disfrutando de una de las atracciones más famosas de LAX, el paseo de la fama.

Se había hecho de noche y estábamos realmente cansadas, por lo que salimos a buscar aparcamiento para el coche, que de 20-8 es gratuito y nos fuimos a cenar.

Una amiga nos recomendó cenar en Hooters, muy cerca del teatro chino, por lo que allí nos dirigimos, muertas de sueño y de hambre.

Cenamos muy bien y las camareras muy simpáticas

Hamburguesa y nachos de Hooters


Mañana iremos al Downtown y veremos todo el centro de LAX, su calle Olivera, el auditorio… Y por la tarde queríamos ir a Santa Mónica y Venice… ¡Iré informando!

Solemos pensar que el tiempo no corre, que se estanca, que las semanas se paran en los miércoles, y descansan al sol los últimos minutos, convirtiéndolos en días…
Solemos pensar que los planes a largo plazo, no llegan. Que por más que avance el tiempo, nunca llegará ese día…
Recuerdo cuando le pedí a mi chica que se casara conmigo. Lo recuerdo como si fuese ayer, y recuerdo también como entre las dos decidimos posponerlo para el año siguiente. Recuerdo cuando estábamos con el calendario del 2016 viendo las fechas posibles y nos decantamos por el día 24 de junio, San Juan, una noche clave. Sabíamos que quedaba mucho tiempo para preparar las cosas, preparar los detalles, las flores, las canciones, los discursos, el menú, el vestido y los zapatos, la ropa interior, la luna de miel… ¡Quedaba tantísimo tiempo! Pero ya no, el tiempo corre, como nuestros nervios.
Te das cuenta de que la boda está cada vez más próxima cuando tienes la prueba de menú, y eso mismo es lo que pasara esta noche. Hoy, después de estar casi un año (O más…) hablando de este tema, de la organización, de los platos que elegiremos y de cómo queríamos que fuesen las cosas, hoy por fin nos sentaremos en ese salón que hemos elegido, y probaremos todo aquello que durante semanas estuvimos estudiando y decidiendo. Hoy tendremos la respuesta en nuestro paladar, hoy probaremos ese menú, nuestro menú,.
Pero si el menú per se no fuese suficiente para saber lo próximo que está junio… Además me llama la modista, mi modista (Suena bien, ¿eh?), para hacer la prueba de vestido… ¡La prueba de vestido! Volveré a ponerme de blanco, con mis zapatos nuevos y volveré a soñar con que ya es junio y que ya es nuestro día. Pero para esto, habrá que esperar un poco más, esto será el lunes.

 

 

 

Así que sí, hoy nos embarcamos en un viaje relámpago, que comienza hoy a medio día y nos traerá de vuelta el lunes. ¡Benditos aviones!

Mentiría si dijera que no, pero estoy nerviosa… Estoy nerviosa por la prueba de menú, por saber si hemos elegido bien los platos a probar, por ver que sale todo bien y que, no nos hemos confundido de sitio.
Pero lo cierto que lo que más nerviosa me poen es la prueba de vestido, la verdad. Cuando me decidí por ese en concreto, estaba acompañada de las personas que más quiero y que, más me quieren. Fui a comprar el vestido junto a mis dos hermanos y mi mejor amiga. Me probé varios, pero cuando me puse ·”el elegido”, supe que sería ese. No solamente me gustaba a mí, que era importante, sino que sus caras reflejaban lo que yo esperaba, les gustaba. Hay ciertas emociones que no sabemos fingir o simplemente, no podemos. Una es la de sorpresa… Y ese vestido les encantó, además, así me lo transmitieron. Así que, volveré a ponerme el vestido, a calzarme los zapatos que compré el otro día y… A volver a soñar.

Ojalá pudiera compartir con todas vosotras las fotos… Pero hoy por hoy… ¡Será imposible!