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Día gris en la ciudad condal, con cielos encapotados de ceniza y con ganas de estallar, como muchas veces nosotras mismas.

La lluvia repiquetea en el cristal, ahuyentando el sueño y quizá, la esperanza. El sonido cristalizado y empapado de oxigeno, que a mí me falta, llama mi atención y capta mi mirada.
La ventana está fría, muy fría. Acaricio su suave textura con mi mano y un escalofrío me recorre desde la nuca hasta el final de la espalda, dónde muere la calma y nace la tempestad.

No hay nadie al otro lado del cristal ¿a quién esperaba? Sonrío tristemente a un reflejo que apenas me devuelve una mueca disfrazada. Lo cierto es que, esperaba encontrar tanto detrás de aquel cristal, que la lluvia que sigue repiqueteando, me taladra muy adentro, dónde no llega nadie, ni una misma.

 

22d

 

Me recompongo de súbito, sin miramientos. No existe la pena, al no ser que la cultives tan dentro de ti, que tú mismo seas el abono y el barbecho. No existe la pena si no le dedicas las noches en vela, ni los días de sueños descafeinados y lunes de 72 horas. No existe. No existe aquello que no está.

Le doy la espalda al cristal frío y empapado de tristeza, gris escandaloso y huérfano de acordes. Le doy la espalda a aquello que consigue que me tiemblen las piernas al dudar de mi misma. No miro atrás, no quiero hacerlo, no he de hacerlo. ¿De qué serviría? No me hace falta comprobar si el miedo me persigue, tampoco me hace falta comprobar si hay alguien esperando. No debo mirar atrás ni comprobar. Se la verdad, porque la tengo dentro, pero cuesta tanto sacarla, que a veces somos nosotras mismas las que tragamos aire y la empujamos hacia el fondo de nosotras, a ese sitio dónde solo llega la desesperanza que te taladra. Sólo un taladro. Muy adentro.

Me siento en mi sofá, necesito tiempo, aunque soy consciente de que lo que más me sobra, es carretilla a mi segundero. Soy fuerte y soy valiente, esto ha de valer para mirar hacia delante sin desear echar la vista atrás, por si algo quedara. Soy valiente, lo soy y lo se. Soy fuerte, lo soy y lo se. Pero es el miedo el que pone todo patas arriba, desde mi coraje hasta mi sobrada osadía, sin olvidar que mis espaldas cargan con todo eso y nunca se han quejado.

No es fácil ser una misma, en ocasiones; pero no lo cambiaría por nada del mundo, a diario. Soy lo que soy a base de vivir cada día dentro de esta piel paliducha. No es fácil, pero tampoco lo fue el camino que he recorrido y mira, aquí sigo, de pie, mirando a la vida a los ojos y en ocasiones, hasta guiñándole un ojo.
Es fácil entender quién soy sabiendo de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí. Es fácil, si me conoces. Soy lo que veis envuelto en millones de circunstancias que me hacen única e irrepetible. A veces estúpida y a veces increíble, pero siempre única.

No me da miedo las tardes de diciembre, ni los domingos lluviosos. No me dan miedo los kilómetros, ni el silencio. No me da miedo el no saber o el no estar. No me da miedo tener miedo, de verdad que no. No me da miedo la prisa o las dudas. Solo me da miedo dejar de estar, dejar de ser, dejar de existir… No me refiero a la manera tradicional… ¡Hay tantas formas de dejar de existir, que de tantas que ahí… Existes!

Quiero seguir aquí, en este mismo punto dónde antes me sentía segura y feliz. Quiero seguir y que nada cambie, que evolucione, que el tiempo pase pero sin que nada cambie.
Quiero que, a pesar de que ese tiempo corra y salte por nuestras vidas y por nuestras memorias, sigamos en este mismo punto, en este sofá y en este domingo lluvioso, de lluvias calientes y velas con aromas, pero aquí.

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El otro día miré el calendario y vi que era día 7… Y entonces vino a mi cabeza… ¡Hace 6 años que llegué a esta increíble ciudad!

El 7 de junio del 2008 salía de mi casa en Alicante con destino la ciudad condal. Llevaba el coche lleno de maletas, de ropa, de recuerdos… Todo lo que me entraba en el coche, me lo traje y aun así, siempre es poco.

Por aquel entonces tenía una relación de esas que es difícil catalogar porque dependía del día, de la hora, o del estado de ánimo. Ella me acompañó y me ayudó con la mudanza y con todo. Me ayudó muchísimo en todo.

Me dolió mucho despedirme de ella y del resto de amigas que allí dejaba. Cuando me despedí de todas y las veía llorando mientras me alejaba, supe que una parte de mí se quedaría siempre allí, con ellas…

Las visitas se sucedieron en el mes siguiente, tanto por mi parte como por la parte de ella, aunque el jarro de agua fría no tardaría en llegar. Una tarde me llamó y me explicó que había quedado para tomar un café con un chico que le había presentado una compañera de trabajo. No le di ninguna importancia, ninguna. Hoy, ese chico es su marido y el padre de sus dos hijos.

Me sentí traicionada cómo nunca jamás lo he vuelto a sentir. No creo que jamás entienda el daño que me hizo… Aunque a día de hoy, tampoco es que me preocupe mucho

Mi vida se convirtió en una espiral de trabajo, casa, casa y trabajo. La espiral estaba acabando conmigo, aunque aún me quedaban más “buenas noticias”.

En agosto, la chica con la que compartía el piso decidió dejarlo y por supuesto, sin avisarme. Pasé de pagar 450 al doble sin darme cuenta… La espiral se había convertido en una obligación total. Cualquier gasto extra, supondría la ruina…

Me veía encerrada en casa, entre esas cuatro paredes, haciéndome miles de preguntas y sin obtener ninguna respuesta… Pasaron muchas otras cosas, por supuesto, con relación a la chica, pero en definitiva, podemos decir, que rompimos todo contacto… Rompimos con todo.

En noviembre mi vida comenzó a cambiar… Notaba que tenía mejor animo, que me relacionaba más aun con los compañeros de trabajo, con los que salía de vez en cuando a tomar un café o una cerveza… En noviembre me ofrecieron un chollo. Un piso muy bien de precio y en Barcelona capital, no a 40km como estaba yo… No lo dudé… Oportunidades así, muy pocas.

Con el piso nuevo, dinero en el bolsillo y sin tanta preocupación, comencé a  ver que Barcelona me sonreía y que Barcelona tenía un encanto de ese que te engancha…

En enero conocí a  mi chica… Me enamoré enseguida de ella.

En la primera cita que tuvimos, nos quedamos hablando en mi coche hasta las 4 de la madrugada… Ninguna de las dos quería decir adiós… Porque había sido un día tan bueno…

Desde ese enero del 2009 hasta hoy siento que mi suerte ha cambiado, que mi visión del mundo, de Barcelona, del amor, de las chicas y de lo que es querer, necesitar y valorar a alguien ha cambiado.

Gracias cariño por hacer de estos 6 años la mejor lección de vida… Por enseñarme que no es malo tocar fondo, lo malo es no levantar cabeza. Yo la levanté y pude verte y cuando vi que me sonrías, mi vida cambió. Tu sonrisa y tu ilusión se han convertido en mi brújula.

Cuando me imaginaba en pareja, viviendo y compartiendo todo… Jamás me imaginé un grado de compromiso como el que tengo yo con ella. Lo hacemos todo juntas y compartimos todo. Jamás pensé que sería tan feliz…

Me acuerdo mucho de mi vida de antes de Barcelona, por supuesto que sí. Pero mi vida está aquí, con ella. Las dos formamos un buen equipo, el mejor de los equipos.

 

 

 

Hoy quiero compartir con vosotros un relato que escribí para el concurso que organizaba Walskium, espero que os guste.

 

 

Santa Campaña

 

El ladrido de los perros me devolvió a la realidad del coche. Aparté a Carlos que me besaba con devoción. “¿Has oído eso?”. Se volvió hacia a mí susurrando un “tranquila” que murió cerca de mi nuca. “Algo pasa, Carlos, noto el nerviosismo de los perros”.

Me coloqué la ropa, “¿Qué haces, Inma?”, oí que me preguntaba sereno. “Estamos solos, estamos solos en este maldito bosque…” Dijo alzando la voz mientras se subía la cremallera.

Tiré de la maneta y abrí la puerta. Una ráfaga de oscuridad me devolvió a la realidad. Noche de San Juan, de madrugada en el bosque. “Bien Inma, bien…”

Los perros seguían ladrando de una manera desmedida, algo pasaba.

Dimos varias vueltas alrededor del coche, haciendo cada vez más amplios los círculos. No había nadie, pero no estábamos solos. Se oían una especie de cánticos, de oraciones. Se oían unos susurros ininteligibles que ponían la piel de gallina.

El aullido de un lobo cercano hizo que nos girásemos y nos buscásemos. “Nos vamos”, susurró Carlos. Nos dirigimos con el paso y la respiración acelerada hacia el coche. Fue entonces cuando ambos pudimos escucharlo con claridad. Era como una oración conjunta. “¿Eso es latín?” No me respondió. Entramos en el coche, puso la llave en el contacto, la giró, pero el coche no arrancó. “¡Mierda¡”. Comenzó a golpear el volante una y otra vez con sus manos. “¿Y ahora qué hacemos? ¿Qué hacemos?”.

Salimos del coche y la oración nos llegó de manera clara, como si la gente que rezaba estuviera a nuestro lado, decían: “Que propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de caelis et incarnatus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine…”

¿Por dónde venían? Mirábamos a derredor nuestro y no había nadie. Entonces recordé las palabras de mi abuela. “Cuando cae la noche y la oscuridad lo envuelve todo, la Santa Campaña sale de procesión y recorren errantes los caminos…” Pero… ¿Cómo iba a ser la Santa Campaña? ¿Cómo iba a ser un grupo de almas errantes vestidas con una túnica y capucha blanca, portando una vela mientras conducen a un mortal que pronto abandonará la tierra? ¡Eso es imposible!”

“Carlos ¿Has oído hablar de la Santa Campaña?” Le hice un breve resumen de lo que recordaba de las historias de mi abuela. “¿Y ahora qué hacemos?” Me dijo asustado.

Había varias maneras para evitar a la Santa Campaña. Mi memoria trabajaba a contrarreloj, intentando recordar. “No les mires a los ojos, ¿me has oído? Y si se te acercan haces un círculo en el suelo con una cruz dentro y te metes dentro. No dudes y hazlo”.

Las oraciones dieron paso a otro tipo de rezo más rítmico, como si cantaran, decían: “Quantus tremor est futurus,quando iudex est venturus.”  El olor a cera me recordó que estaban cerca.

Intentaré describir lo que vi. Un hombre extremadamente delgado portaba una cruz y un caldero, seguido de una procesión fantasmal, ataviados todos de blanco, descalzos y con una vela.

Se aproximaron a nosotros. “Carlos, no les mires, no les mires…” Le recordé mientras clavaba mi barbilla contra mi pecho.

El que precedía la comitiva se nos acercó, yo me agaché e hice un círculo en el suelo con una cruz y me metí dentro. “Carlos, el círculo… ¡Haz el círculo!”.

Estaba de pie, absorto, con su mirada clavada en el hombre tan delgado que llevaba la cruz. “No les mires”, le volví a decir, pero ya era tarde, demasiado tarde. Carlos cogió la cruz que le ofrecían y comenzó a andar delante de ellos, guiándoles.

 Le enterramos a los cuatro días.

 

A veces la vida te sorprende y te pone a alguien en tu camino con quien tropezar, con quien hablar, con quien discutir, a quien contar batallitas, con quien dormir abrazada, con quien caminar, con quien reír a carcajadas, con quien sincerarte, con quien soñar despierta, con quien jamás, podrás sacar de tu vida…

A veces la vida te sorprende…

                Y es cierto, a mí me sorprendió… Y me hizo tropezar contigo… Y me hizo volver a creer en las personas, volver a creer en los buenos sentimientos, creer en las buenas intenciones y dejar de hacerlo en las dobles intenciones. Volver a creer en que una sonrisa, no tiene precio. En que una llamada, un “¿Cómo estás?”, “te echo de menos”, “estoy orgullosa de ti…” Pueden más que tantas y tantas otras cosas…

Porque si hay algo que tú me has dado, si hay algo que he de agradecerte, si hay algo que siempre he valorado de ti es tu confianza. Sí, eso es, tu confianza.

Gracias por confiar en mí y gracias por hacer que yo también lo hiciera contigo.

Gracias por creer en mí, en mis palabras, en mi verdad, en mí como persona, en mis cualidades… Porque siempre has tenido palabras enormes para mí, siempre has tenido esas palabras que me daban el aliento suficiente para continuar, para intentarlo, para arriesgarme… Porque a veces, nos equivocamos, fallamos, suspendemos… Pero nunca fracasamos si lo hemos intentando… Y eso me lo has enseñado tú. Gracias.

Porque si hay algo que me has dado es energía. Sí, estar contigo es cargarme las pilas de energía positiva, de querer más, de lanzarme a comerme la vida, de enamorarme hasta la médula, de no tener miedo a todo y a todos… Porque gracias a ti, miro a la vida a los ojos, de tú a tú, sin miedo, sin titubeos… Porque gracias a ti, estoy donde estoy.

Porque si hay algo que me has dado es comodidad, y aunque parezca fácil, ya has visto que no lo es. Porque fuiste tú la primera persona que me preguntó si era lesbiana de la misma manera que alguien pregunta por la hora… Porque fuiste tú la que le dio normalidad al hecho de que me enamorase de una amiga. Porque fuiste tú la que me hizo sentirme cómoda aun cuando me presentabas como “mi bollito…” a todo el mundo. Porque fuiste tú la que me hizo sentirme orgullosa de ser quien era y de ser cómo era, porque tú fuiste la primera persona que sintió orgullo viéndome a mí… Porque tú, amiga, vienes a Barcelona a verme y salimos de fiesta por los locales de ambiente, quieres que te lleve al Pride y eres la primera que se dibuja un arco iris donde sea… Porque tu amiga, eres excepcional.

Porque si hay algo que me has dado… son conversaciones, son consejos, son buenas intenciones… Porque has hablado conmigo hasta la saciedad, me has escuchado las mil y una historias que tenía para contar, has sido mi hombro, mi abrazo y mi pañuelo. Has sido mi amiga, mi hermana y mi consuelo. Has sido muchas personas en una sola… (Esto se va pareciendo ya a la Biblia…)

Porque si hay algo que me has dado son, sin duda, buenos recuerdos. Muy buenos recuerdos. Y eso, por suerte, los tengo a buen recaudo, almacenados…

Pero lo que jamás creí que me darías… Lo que jamás creí que vería… Es verte de blanco… No sé por qué, pero… Sin embargo, qué equivocada estaba… Ese día va a llegar pronto, ese día va a ser tu día, ese día… Lucirás radiante, sonreirás y comenzará una etapa nueva en tu vida y yo, amiga mía, estaré ahí, a tu lado, para alegrarme por cada paso que des.

Sí amiga mía, septiembre está a la vuelta de la esquina. Sí, el tiempo corre, los días se atropellan unos a otros, así que ultimando detalles, que cuando te quieras dar cuenta, llega el día.

Me alegro tantísimo de que hayas encontrado al hombre de tu vida, con el que compartir cada minuto, con el que compartir alegrías, aficiones, recuerdos… Me encanta veros, porque se os ve tan bien… Incluso aunque discutáis por la boda, por pequeños detalles… Se os ve genial, se ve tanta complicidad, tanta confianza… Estoy segura, amiga mía, de que os irá genial. Te llevas a un pedacito de pan, de lo mejor que hay.

Así que, vamos a ponernos guapas, vamos a verte a Alicante, a ver como luces como nadie ese blanco virginal, a verte más feliz que nunca y a comerte a besos. Vamos a disfrutar cada minuto de esa boda, de ese enlace, de esas miradas que os vais a regalar. Vamos a disfrutar viéndote a ti en tu máximo apogeo… Es tu día, amiga mía, disfruta, déjate llevar, baila, canta, hazte fotos, besa… Pero sobre todo, se feliz, porque esto es solo el comienzo, esto es solo el preludio… Esto acaba de empezar.

Gracias amiga mía, por enseñarme, que no en todos los ríos te lleva la corriente.                      

Gracias amiga mía por demostrarme el poder que tiene la mente.                                        

 Gracias amiga mía por creerme, por no dudar, por no pedir nunca nada más.                             

Gracias amiga mía por ser, por estar, por confiar…                                                                    
Gracias amiga mía,  por hacerme la vida más fácil, por estar a mí lado, por apoyarme, por quererme, por valorarme y hacer que yo misma me valore, por estar al otro lado siempre… Gracias amiga mía, por enseñarme lo que es la amistad y no frivolizar con esta palabra.                                                                     

Gracias amiga mía por compartir este día, con nosotras, con tus bollitos.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo que en verdad queremos. Mirar al cielo y decir lo que soñamos cada noche, lo que añoramos cada hora, lo que querríamos tener a toda prisa, sin demora.

Hay veces que nos da miedo decir en alto aquello que nos da miedo. Como si el miedo, el orgullo o simplemente la vida, pudiera escucharnos y pudiera reírse a nuestro lado. No tengas miedo, no temas en mirar al cielo y en reconocer que a veces la vida, te causa cierto recelo, que a veces el amor y los sentimientos secuestran a Morfeo y te roban la razón e incluso el sueño.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo felices que somos… Cuenta la leyenda, cuenta la ficción, que quien dice en alto lo que sueña o lo que quiere se le gafa el futuro, se le gafa cada ocasión. Por eso las personas prefieren silenciar su boca, silenciar sus labios y al mirar al cielo, al contemplar los pájaros, deleitarse con su vuelo y olvidar sus deseos…

Hay veces que nos da miedo decir en alto un te quiero, un perdón, un me importas sin ninguna condición. A veces nos da miedo expresar lo que sentimos, descifrar lo que en realidad dice mi mirada, la forma en que te miro, la forma en la que te digo lo mucho que me importas y lo mucho que te cuido. A veces nos da miedo sentir por alguien que no siente lo mismo. A veces nos da miedo darle vida a esas palabras, darle luz verde a esa voz para que pronuncie miles de halagos… A veces nos da miedo sentir… A veces nos da miedo vivir… A veces morimos un poco de tanto temer.

Porque la vida no es blanca o es negra, porque la vida no es mala o es buena, porque la vida no es justa, porque la vida a todos nos asusta, porque la vida hay que vivirla de la única manera que sabemos y no es precisamente a base de miedo.

Porque el miedo te hacer ser quien en realidad no eres, porque el miedo te cambia, el miedo te traslada, el miedo se hace contigo y con tus palabras. Así que, se valiente y lucha, se valiente y vive, se valiente y levántate. Mira a la vida a los ojos, mírala fijamente, verás que no ataca, que ni siquiera muerde… Que no te intimide, que no te amedrente, porque quien está escribiendo, no te miente.

Sonríe y enseña bien los dientes, que sea una sonrisa amplia, limpia, transparente. Que la vida no te asuste, que la vida no te imponga sus miedos y sus temores. Sonríe y se feliz… Sonríe y no mientas a la vida, que ella todo lo sabe y todo lo entiende. Porque el miedo se te pega a la espalda, a la suela de tus zapatos a tus talones… Porque el miedo se convierte en tu sombra, aunque no la veas, está ahí, contigo, a tu lado. Porque el miedo es la peor negrura, porque el miedo no se tapa con una máscara ni con ninguna envoltura, el miedo te digan lo que digan, se cura, se alivia, se pasa…

Así que sal a la calle, llena tus pulmones de aire y mira al cielo… Cuéntale tus cosas, tus pasiones, tus pesares… Cuéntale, explícale, cálmate… Nadie te ve, nadie te oye, nadie se fija… Es una cosa tuya, para ti, por ti…

En la entrada anterior os decía que comencé a escribir desde que era muy joven, desde que era una cría, desde que supe que era diferente, que sentía diferente, que no conocía a nadie que sintiera como yo… Desde que supe que las cosas no serían fáciles, que no me regalarían nada… Desde que supe que mi voz se podía volver líquida, como la tinta. Que mi timbre tendría la mejor caligrafía. Que mi acento lo entendería todo el mundo, aquí, allí…
Supongo que utilice el boli papel como escudo. Era la única manera que tenía de poder sacar, vaciarme de todo lo que llevaba dentro e intentar ser yo misma, sin tanto peso, sin tantas responsabilidades, sin tanto miedo acumulado… Era difícil ser yo misma, era difícil sentir todo lo que sentía, no entender nada de lo que me sucedía, no poder hablar con nadie, sentirme tan sola… Era muy difícil, fue inmensamente difícil…
¿Qué hice? Refugiarme en mí misma a priori. No me defraudó la relación, quiero que lo sepáis. Nadie (Y cuando digo nadie, es nadie) Nadie es tan importante en esta vida como nosotros mismos, como vosotros… Como nosotros en singular. Así que quereros, escucharos, atended vuestras necesidades, vuestras ganas de vivir, de salir, de bailar… Porque somos únicos, en todo, únicos. No permitáis que nadie os diga lo contrario.
Soledad
¿Sabéis? A mí me dijeron mil veces cosas parecidas a esas que acabo de decir, referentes a mil aspectos diferentes de mi persona. Lo peor no es que la gente te diga o te deje de decir, ¿sabéis que es lo peor? Que yo me lo creí, me lo creí a pies juntillas… Y no había nadie cerca para decirme que eso era absurdo, que eran tonterías. Pasaba el tiempo y yo no hablaba mucho con la gente, me lo seguía callando, lo seguía escribiendo, pero todas esas cosas, hacían mella en mí, hicieron mella, mejor dicho.
Es difícil, supongo que la edad, las circunstancias, las personas que me rodeaban, de las que yo me rodeaba… Pero a día de hoy me cuesta superar muchas de esas palabras, muchas de esas cosas que me decían las tengo presentes, como si las estuviera escuchando… Ha llovido mucho, muchísimo… Y os puedo asegurar que no soy la misma persona que hace quince años, de verdad que no. Por decir, os diría, que poco queda de aquella niña.
La vida te va haciendo fuerte, a golpes, pero te fortalece. No sufro igual ni por las mismas cosas. No me decepciona casi nadie, porque de poca gente espero cosas hacia a mí. No quiero llevarme palos, no quiero llevarme preocupaciones a dormir.
Y sí, si echo la vista atrás, creo que si juntamos mi timidez, mi introversión y por supuesto, todas estas vivencias… Creo que el resultado es lo que veis. Una chica que sobretodo intenta pasar desapercibida (ni os imagináis hasta qué punto), no me gusta llamar la atención. Soy la discreción en persona… Y todo viene de ahí, de todos los medios que me metieron (me metí) en la cabeza, de tener mil complejos, de tener las palabras en la punta de la lengua, pero que no quieran salir…
Últimamente el blog va de confesiones ¿verdad? Bueno, como me las he callado durante tanto tiempo, ya creo que no se consideran ni confesiones, son conversaciones entre amigos, frente a una taza de café (el mío con hielo, que ya hace calor).
Bueno, aquí queda un trocito más de mí, en estas letras, en vuestras pantallas, en vuestra retina, en vuestras vivencias…

Hola a todxs!! Os dejo con una entrada que no he escrito yo, sino Mervea. Se titula Me gustas tú e iremos subiendo más partes. Serán entregas por capítulos. Esperamos que os guste.

 

 

 

Era un día normal, cómo todos, menos para mí…

 

Aquel día me levanté armado de valor, estaba decido a cambiar mi vida, no podía seguir así, oculto, sin poder ser yo mismo. Me sentía seguro de mi mismo, así que decidí salir del armario ese mismo día. Eran sobre las 10 y media y cogí el teléfono, cómo todos los días, para llamar al que yo consideraba mi mejor amigo, él nunca se había pronunciado sobre la homosexualidad, ni a favor ni en contra, así que lo llamé, me cogió el teléfono y le propuse quedar a las 6 de la tarde, en nuestro sitio, un pequeño parque construido a las afueras de la ciudad. Sabía que aquél lugar me daría cierta intimidad para dar un paso tan importante cómo el que iba a dar. Aquella misma tarde me preparé y fui al parque, no lo ví por ningún sitio, me preocupó bastante porque siempre estaba allí, al menos, 10 minutos antes. De repente sentí que alguien se me abalanzaba por detrás, era él, Pablo, me empezó a hacer cosquillas, el sabía que no podía soportarlas, así que prolongó su tortura durante más o menos, 1 minuto, hasta que me puse rojo.

Me dijo que se había entretenido un poco más porque fue a comprarme un dulce de chocolate, cualquiera que me conozco un poco sabe que soy muy goloso, al dármelo, notó que tenía las manos completamente heladas. Me tomé el dulce y nos fuimos andando a nuestro sitio favorito; un claro en un pinar pequeño, el cual quedaba lejos de la ciudad. Yendo al claro me notó raro, suelo ser una persona que está sonriendo siempre y, aquel día, con los nervios pues pasa lo que pasa…

Una vez llegamos nos sentamos en un tronco que habíamos talado nosotros mismo de un pino que se había caido en una tormenta. Le dije que tenía que decirle una cosa importante, y, se calló.

Estaba anocheciendo, se escuchaba el sonido de un búho, y el sonido de una arroyo, me volví a armar de valor y se lo dije. Se quedó mudo…