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Se fue

Publicado: 7 enero, 2015 en Uncategorized
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Todos se van, todos se irán. Nos iremos todos. Antes o después, pero el final es irse.
Se fue. Se fue como se van los grandes, en silencio. Amaneció, por supuesto, como este miércoles huérfano, pero nos dejó antes de que el sol empezara a despuntar. El sol se la llevó.
Se fue. Se fue como se van las grandes, dejando un inmenso vacío. Todo está vacío, todo está perdido. Es tanto el vacío que siento y el vacío en el que me he sumergido, que soy consciente del poco oxígeno que me queda. Se ha ido y con ella, tantas cosas…
Se fue. Se fue como se van los grandes, tranquila. Se fue con la tranquilidad de quien tiene la conciencia libre y serena. Se fue una de las mejores personas que he conocido.
Se fue. Se fue como se van los grandes, cambiando el mundo, al menos mi mundo… Yo jamás seré la misma. Ella me enseñó tanto… Ella me obsequió tanto… Ella… Ella se ha ido, pero nosotros nos quedamos aquí, echándola de menos e intentando no dejar que sí recuerdo muera. Aquí nadie ni nada muere… Ni ella, ni su recuerdo, ni nada… Sólo se ha desvanecido, pero sigue aquí… ¿Verdad?
Se fue. Se fue como se van los grandes, provocando millones dd emociones diferentes. Yo no se ni como me siento… Extraña… Vacía… Sola… Triste… Me siento sin ti. Ahora tengo que aprender a ser yo sin tenerte cerca.
Se fue. Y yo, vacía la echo de menos. Me siento tan vacía, que cojo aire, hinchando mi pecho, expandiendo mis pulmones, pero no me entra toda la pena. Estoy tan vacía, que no he llorado, y siento que esas lágrimas vendrán… Pero aún no. No me lo creo aún.
Se fue y yo con ella. Me cogí el primer tren y puse rumbo a casa… Tenía que decirle adiós.
8 horas de tren me separan de todos los míos, que te están despidiendo ya. Voy tan rápido como puedo. Espérame, ¿de acuerdo?
Todos sabíamos que cualquier día se iría, que cualquier día sería el día. Que ya era muy mayor, que tenía sus cosas… Pero en el fondo, no hacíamos más que querer retrasar ese día… Pero ese día ha sido hoy. Empezamos el año con una gran pérdida…
Hoy se ha ido una gran mujer… Mujer luchadora que sacó a su familia adelante. Una mujer generosa que repartía todo lo que tenía. Una mujer ingeniosa como ella sola. Una mujer con un sentido del humor que la ha acompañado hasta el último día, un sentido del humor que me ha regalado las mejores tardes de mi vida, una mujer cariñosa, que no tenía expresar lo que sentía. Una mujer con carácter, sin miedo. Una mujer extraordinaria.
Hoy se ha ido mi abuela… Hoy el mundo ha perdido a una gran mujer, os lo aseguro.

Hace unos días falleció la madre de una amiga mía. No puedo imaginar el dolor que tienen que sentir y lo duro que les tiene que estar resultando, eso es imposible de imaginar. Pero me gustaría que tuviera presente que para cualquier cosa que necesite, independientemente del día de la semana y de la hora… Me tiene aquí, para charlar, para llorar o para reír.

Me hizo pensar en la brevedad del tiempo, de la vida…

La vida es breve, demasiado breve.

Generalmente no nos damos cuenta de la brevedad de la vida, hasta que ya no hay tiempo. La vida es eso que pasa mientras estás despierto, mientras estás contando el tiempo que falta para algo, mientras miras el vacío y no piensas en nada, mientras cierras un libro y coges el móvil, mientras te encierras en ti mismo y cruzas los brazos, mientras tus labios sellan lo que tu alma siente, mientras el sol brilla con fuerza en lo alto del cielo y tu bajas la persiana, mientras llueve y truena con fuerza y tu sientes miedo, mientras acaricias a tu mascota y le susurras tus debilidades, mientras comes y saboreas tu plato preferido, mientras duermes en tu cama y te sientes lleno de vida, de tiempo y de paz. Mientras te sientas enfrente del ordenador e intentas poner orden a tu vida, mientras ves una película y te identificas tantísimo con la historia y los protagonistas, que te emocionan, mientras escribes notas de amor que repartes por  toda la casa, sabiendo que el receptor de tus palabras las irá encontrando y se irá sorprendiendo. Mientras te preparas una taza de café bien caliente y bien cargado, a partes iguales y notas como ese líquido marrón consigue despertar desde tu instinto hasta a tu musa. Mientras  añoras el pasado viendo un álbum viejo de fotos, mientras cuentas historias emocionantes que viviste hace tantísimo tiempo que ya no sabes si de verdad sucedieron o tu misma te las inventaste, mientras troceas una cebolla y las lágrimas humedecen tu cara, mientras una canción te devuelve a un sitio y en un momento determinado y una sonrisa bien conocida por ti, te sonríe y te besa, las canciones tienen memoria, como tus manos, como tus labios, como el tiempo…

La vida es breve, la vida no tiene tiempo de vivir más, la vida es esto mismo, este momento, estas palabras, estas frases, tus ojos leyendo y recapacitando… La vida es el tiempo que vivimos, el tiempo que disfrutamos, el tiempo que fingimos y el tiempo que gozamos. Todo es vida, todo cuenta aunque no cuente lo mismo. Todo vale, aunque su valor sea distinto… La vida son muchas cosas, demasiadas cosas… No dejes de vivir, no dejes de hacer, no dejes de soñar, no dejes de reír o de llorar, no dejes de respirar al no ser que bucees en pleno mar, no dejes de hacerte preguntas, no dejes de caerte, de aprender y volver a avanzar, no dejes de creer en las personas, no dejes de ilusionarte por un día nuevo, por un lunes nuevo o por unas vacaciones nuevas, no dejes escapar un amanecer, no dejes de abrazarte al anochecer, no dejes nada por hacer, no dejes nada por decir, no dejes nada… ¡Déjalo todo!

 

Siempre quise tener un animal en casa, al poder ser, un perro, pero mi padre calmaba todas esas ganas a base de hámster y tortugas… Pasaban los años y mis ganas de tener un perro en casa se acrecentaban.

No sé porque quería un perro, porque no cualquier otro animal doméstico… Adoro a ese animal, su compañía, su lealtad, su apoyo…  Aunque me tuve que consolar  disfrutando de la compañía de los perros de mis familiares y de mis amigos, a los que adoraba.

Muchísimos años después, mi cuñada, la hermana de mi novia nos pidió el favor de que cuidásemos de su gato durante un tiempo por un problema familiar. Aunque las dos éramos reacias a meter un gato en nuestra casa, accedimos.

Neo era un gato de cinco años cuando llegó a nuestra humilde casa y le adoptamos como uno más, porque jamás regresaría. Él nos dio todo. Desde el momento de entrar en nuestras vidas, se convirtió en una parte más de ella… Era un gato cariñoso y juguetón, era obediente y era un dormilón.

El hecho de que se hubiera criado con un perro, con un bóxer, creo que le ayudó a forjar su carácter y su forma de ser. Cuando entraba en casa a la vuelta del trabajo, el gato se levantaba y venía a recibirme a la puerta de casa, mientras movía el rabo. Cuando me ponía a cocinar y abría una lata de atún, el paquete de jamón york o cosas similares, el gato despertaba como por arte de magia y venía hasta la cocina para ponerme cara de cordero degollado y pedirme comida. Cuando, después de un día duro, nos tumbábamos en el sofá para ver una peli  y nos tapábamos con una manta, el venía y se refugiaba del mundo y del frio encima de mí, al igual que para dormir, que no se movía de mi vientre.

Neo ha sido un gato diferente que ha hecho nuestra vida diferente… Hasta que enfermó.

A partir del mes de febrero comenzó a comportarse de manera un poco extraña, pero ese comportamiento le duraba muy pocos días, y volvía a ser el mismo de siempre.

Pero hace unas dos semanas o así, comenzó a beber y a comer muy poco y le notamos muy débil… Le llevamos al veterinario y le hicieron un análisis de sangre en el que salió que el gato estaba muy débil y que le fallaban los riñones, tenía insuficiencia renal.

Nos mandó unos medicamentos y una comida especial que compramos ese mismo día para comenzar cuanto antes el tratamiento. Había que remontarlo, solo tenía 10 años…

Se pasó dos días sin comer ni beber, salvo lo que le metíamos en la boca con una jeringuilla de 5, porque no podía estar así. A los dos días le llevamos de urgencia al veterinario y se quedó ingresado. Jamás volvería a casa.

Nos llamó el veterinario de que había tenido dos paradas y que sería mejor ponerle la eutanasia… Y así fue, cuando cogimos el coche y llegamos a la clínica el gato ya no estaba con nosotras, pero estaría sin dolor.

Así que, por el mejor animal que podía entrar en mi vida, en nuestra vida. Por todas las noches que has compartido con nosotras, por las veces que has venido a lamerme la mano cuando me notabas triste, por las veces que me has recibido a la entrada de casa… Por todo, gracias Neo.

 

¿Sabéis una cosa? Jamás me imaginé que el blog iba a recibir tantas visitas, que iba a tener tantos seguidores en twiter, que mis palabras iban a tener tan buena acogida… ¡Jamás!

Comencé a escribir cuando era apenas una cría, porque me sentía sola, porque me sentía diferente y porque necesitaba explicar al mundo lo que pasaba dentro de mí. Quizás este fue el momento en el que me hice tan reservada en cuanto a mis sentimientos, en cuanto a las sensaciones que experimento en determinadas situaciones… Puedo pasarme horas hablando y sin embargo no decir ni una palabra acerca de mi estado de ánimo…

Así que empecé a escribir… No soy ninguna heroína, aunque parecía que nada me dolía, que era inmune al dolor, que nada me hacía perder la paciencia o la sonrisa… Después llegaba a mi habitación, me ponía los cascos con la música a todo volumen y “vomitaba” todo lo que sentía, todo lo que pensaba, todo lo que no decía.

Siempre me recuerdo escribiendo, siempre. Tenía un cuaderno que llevaba a todos los sitios y era el único con el que hablaba de tú a tú, sin miedos, sin vergüenza. Pero llegó un día en el que no quise escribir más, no sé exactamente qué es lo que se me pasó por la cabeza, pero dejé de escribir.

Alguna que otra vez volví a coger un bolígrafo y un papel en blanco y lo intenté, pero no salía nada. ¡Estaba vacía! No tenía nada que contar, mi alma estaba silenciada, no sé si sería por el tiempo, por la rutina, por el miedo… Pero no decía nada, callada, ausente, como si no estuviera…  Y así me pasé mucho tiempo, con millones de ganas de escribir y nada que decir… Nada que contar…

Y un buen día, sin que pasara nada excepcional en mi vida, me levanté con ganas de escribir. No os podéis imaginar la alegría que me dio el tener cosas que contar… No perdí ni un segundo. Cogí un papel y volqué todo lo que llevaba tanto tiempo reprimiendo. Os aseguro que fueron muchas cosas, diversas, bonitas, dolorosas, largas, cortas… Pero todo era mío, todo nació de mí e incluso, alguna que otra, murió aquí también.
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Entonces cree el blog, quería hablarle al mundo, quería contar cosas… Pero no me soltaba, no era yo… Me daba como vergüenza decir exactamente lo que me apetecía decir… Es más, si comparáis mis primeros escritos, con los últimos… No parece ni siquiera el mismo blog, y lo es. Tiene una explicación, como todo en esta vida, me siento cómoda escribiendo y que me leáis, me siento como una más de vosotras, me gusta hablar con vosotras, que me contéis, que os cuente y ver que vosotras llegáis a mí y yo a vosotras, ver cómo nos inspiramos unas a otras, como nos apoyamos y como nos valoramos.

Jamás, y lo digo con la boca bien grande, jamás, me he sentido tan valorada como me siento hoy en día, como me siento al leer los comentarios del blog. Jamás me he sentido tan querida, tan aceptada, tan comprendida… Así que, millones de gracias, de verdad, de corazón, porque gracias a todas las que me leéis, a las que me comentáis, a las que me dejáis mensajes privados diciéndome infinidad de cosas, gracias a todas vosotras, yo tengo más ganas de escribir, yo tengo la sonrisa cada vez más grande y la risa más sonora… Porque gracias a vosotras, tengo infinidad de proyectos, de sueños, de trabajos… Porque gracias a vosotras, me siento alguien, alguien especial, alguien que vale para algo, alguien que ha encontrado su sitio… Millones de gracias.