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No todos los días son buenos, ojalá lo fuesen. Hay días en los que te levantas con el pie izquierdo y solo deseas que llegue la noche, para volverte a acostar y así, esconderte del mundo y de tu mal día bajo la colcha.
No todos los días son buenos, ojalá lo fuesen. Hay días en los que te levantas y te dan ganas de tirar la toalla, sí, de dejarlo todo y comenzar de cero en alguna otra cosa. Dan ganas de tirar la toalla pero bien lejos, lejos de ti para que así, no vuelvas a por ella, no vuelvas a caer.
No todos los días son beunos, ojalá lo fuesen. Hay días en los que te levantas deseando decirle al mundo que hoy, no te molesten, que hoy no estás, que hoy no oyes o simplemente desoyes. Hoy no es el día para escribirme, hoy no es el día para preguntarme porque hoy no es mi día y no quiero que a los demás les pase lo mismo. No es un buen día.
No todos los días son buenos, ojalá lo fuese. Hay días en los que te levantas sabiendo que algo va mal. Lo palpas en el ambiente, lo hueles, lo sientes… Algo va mal, algo va a pasar… Y si algo puede salir mal, ese es el día, este día.
No todos los días son buenos, ojalá lo fuesen. Hay días en los que te levantas preguntándote acerca de todo. ¿Podré con esto…? ¿Conseguiré aquello…? ¿Merece la pena tanto…? Todo lo cuestiones, todo. Desde tus ganas hasta tu condición de alcanzar ciertas cosas. Quizá el problema no sean esas preguntas, no. Porque las preguntas no muerden el alma ni la autoestima. Quizá el problema sea la respuesta a esas cuestiones. Y esa respuesta la sabes tú, solamente tú.
No todos los días son buenos, ojalá lo fuesen. Hay días en el que llueven las noticias, las malas por supuesto, y el vaso está medio vacío. No sabes explicar muy bien por qué, pero existen. Ayer te acuestas siendo la persona más feliz, dejando tu mundo ordenado y tu conciencia bien tranquila y hoy ha cambiado todo.
No todos los días son buenos, ojalá lo fuesen. Hay días en los que tú misma sientes ese afán negativo que tiñe todo tu mundo de negro y tus pensamientos de inseguros. Ese día en el que sientes que pienses acerca de lo que pienses, estará mal. Porque tu humor, tu poder de realizar las cosas y tu energía están en negativo. Están en negativo porque algo ha salido mal, porque un par de cosas han salido mal y tu mundo, se ha venido abajo. Pero no es justo ¿NO crees? (Me pregunto a mí misma…)
Si yo no fuera yo y lo viera desde fuera, me daría una colleja y me obligaría a ponerme manos a la obra para seguir luchando y defendiendo aquello en lo que creo, sí eso haría.
Si yo no fuera yo y lo viera desde fuera, me apremiaría a que siguiera luchando por todo aquello que sueño y por todo aquello que creo, cuando no estoy en plan negativa, que podré lograr.
Si yo no fuera yo y lo viera desde fuera, me daría un tiempo para pensar, recapacitar y sopesar todos esos planteamientos. Porque se, que esas noticias duelen y te hacen replantearte muchas cosas. Por eso mismo, igual debes sentarte y replanteártelas, sin miedo y sin pedir perdón. Piensa, piensa en ti.
Si yo no fuera yo y lo viera desde fuera, te diría tantas cosas… Pero claro, sigo siendo yo y no me veo desde fuera, pero me veo desde dentro y eso es una ventaja. Se lo que piensas y lo que sientes antes incluso de que lo comuniques o te lo calles. Conozco todos tus miedos e inseguridades, por eso sé por qué actúas de determinada manera, porqué aprietas tus puños o porque balanceas tu pierna cuando hablas con un desconocido. Sabría decirte que todo lo que sientes ahora, se resumiría en una sola cosa. Tienes miedo. Sí, miedo a diferentes cosas, pero al fin y al cabo, miedo. Tú, una tía valiente, que se pone el mundo por montera y echa a andar, tiene miedo, además el peor de los miedos. El miedo a defraudar a una misma, el miedo de tener que decirte que no has podido, que no lo has logrado, que no vales para esto o para aquello. Todo lo que te pasa se resume así, miedo.
Así que, ponte el mundo por montera y también algún satélite o algún otro planeta, ponte lo que quieras ¿De acuerdo? Pero levántate de esta silla y comienza a cambiar algo, lo que tú prefieras. Haz algo que te haga sentir bien y termine ayudando a combatir ese miedo. Lo que tú quieras, tienes elección.

¿Os ha pasado alguna vez, que sientes que pierdes la fe en el mundo? Eso es lo que he sentido yo esta semana… Que pierdo la fe en el mundo, en nosotros mismos, en las generaciones que nos sustituirán y por las generaciones que comienzan a apagarse…

Ha salido a la luz esta semana que en Irak quieren legalizar la pedofilia… Y a mí se me ha caído el mundo encima, con la fe, con la esperanza en que todas las cosas van evolucionando y por suerte, cambiando… Nada ha cambiado, todo sigue igual, vamos hacia atrás, como los cangrejos.

¿Cómo es posible que se piense en la simple hecho de legalizar la pedofilia? ¿Nos estamos volviendo locos?

No… Siempre podemos estar un poco más locos… También quieren aprobar el derecho de los varones a VIOLAR a sus mujeres cuando ellas no quieran tener relaciones con ellos. Va a ser legal violar a una niña de 8 o 9 años… Legal… ¿Cómo puede ser legal arrebatar a alguien su inocencia y su vida? Eso jamás podrá ser legal…

Ellos se justifican y se amparan en su religión. Su propio profeta se casó con una niña de 9 años, con la que inició relaciones tres años antes. Si el profeta al que siguen y veneran, consentía y disfrutaba de la pedofilia, ¿Cómo no lo van a hacer sus seguidores?

Pensé que el mundo no podía ir peor, que nada era más importante que los niños, su inocencia y su vida. Pensé que ya había visto e imaginado demasiadas cosas… Entonces una noticia me devolvió a este mundo…

Una niña yemení muere por lesiones y por una hemorragia interna en su noche de bodas… ¿Cómo es posible que tu marido te cause esas lesiones y esa hemorragia interna en tu noche de bodas? ¿Cómo es posible que un hombre de 40 años le haga pasar por todo esto a una niña de 9 años? ¿Cómo es posible que el resto del mundo contemple esta noticia (y las que desgraciadamente no saldrán a la luz) y nos lamentemos desde nuestros sofás, mientras no hacemos nada, porque la mayoría no podemos? ¿Cómo es posible que este tío, este hombre, pueda dormir por las noches después de lo que ha hecho, cuando a mí me ha dejado sin sueño?

Eso es lo que vale ser mujer en países como Irak… No vale nada, cuando la mujer lo vale todo. De poco me sirve mi libertad y mis derechos en un país como España, si día a día tengo que ver por las noticias cómo las mujeres de otros países luchan cada día por sobrevivir, por no ser violadas en la entrada de una universidad por ir a estudiar en vaqueros, por conducir coches, por querer salir a la calle, por querer a una persona de su mismo sexo, por querer entrar en un banco, por no saber cocinar o no querer, por no querer mantener relaciones sexuales…

Creo que  Al Maliki, que es la cabeza pensante que ha propuesto legalizar la pedofilia, lo único que intenta es legalizar el violar a niñas menores de 9 años. Sé que suena muy duro, sé que suena muy fuerte y lo estoy escribiendo y me está entrando una mala leche… Pero creo que lo único que pretende es que sea legal poder tener relaciones sexuales con niñas y así, cubrirse las espaldas…

¡Qué asco!

A veces la vida te sorprende. A veces y solo a veces esa sorpresa es lo que esperabas, es lo que querías, es lo que según tú, merecías…

A veces la vida te sorprende y te pilla con el paso cambiado, te pilla a contracorriente, en fuera de juego… A veces y solo a veces, te sorprende de tal manera que solo de pensar en la sorpresa, te mareas…

A veces la vida te sorprende y por un momento, tu mundo se detiene. ¿Pero qué ha pasado? ¿Pero por qué ha pasado? … La vida tiene muchas cosas, tiene muchas sorpresas para ti, tiene muchas aventuras preparadas, tiene muchas sonrisas, tiene muchas lágrimas, tiene muchos viajes y tiene muchas y muchas preguntas… Pero ninguna respuesta. La respuesta es el camino, la respuesta consiste en vivir, la respuesta consiste en seguirle el juego a la vida…

A veces la vida te sorprende y hace que te sientes a recapacitar… ¿Y ahora qué? Existe solo un “Ahora” pero existen tantos “mañanas” cómo tú quieras tener…  Ahora, ahora la vida te propone una alternativa, un atajo, un camino empedrado, una ruta silenciada a base de rimas, una vereda empinada con vistas al mar… A veces y solo a veces, tienes que echarte la vida a la espalda e iniciar el camino, con lo que hay, con lo que tienes, con lo que puedes contar…

A veces la vida te sorprende y no te gusta la sorpresa… A veces y solo a veces, la sorpresa te hace recapacitar, porque la vida jamás da una puntada sin hilo, la vida no tiene dados, ni quinielas para jugar al azar. La vida no cree en las casualidades… La vida cree en ti y en el ahora.

A veces la vida te sorprende poniéndote una piedra en el camino, pero no te enseña a como dejarla atrás. Y ahí estás tú, mirando de frente a la piedra, mientras te rascas la barbilla… ¿Qué hago? ¿La salto…? Es que parece un poco grande, no sé si podré saltarla…  ¿La bordeo…? Pero si hago esto, no la habré superado, no habré sido más fuerte que ella  ¿La rompo…? No podría ni con ayuda. La piedra está muy fuerte…  ¿La empujo…?

A veces la vida te sorprende y entiendes que no tenías a tanta gente como creías tener, tan cerca de ti. Que esas personas a las que les habías puesto de apellido “Amig@”, ahora, han enmudecido, han perdido las cuerdas vocales o la lengua, o tal vez lo que han perdido sea tu número de teléfono, o quizá no tengan tiempo para ti, para escribirte o llamarte y preguntarte cómo estás y cómo lo llevas, o quizás lo que han perdido es el interés en saber  algo más… O quizá… O quizá…

A veces la vida te sorprende y te vuelve a reencontrar con estas personas, que sin ningún apuro y sin ninguna vergüenza de ningún tipo, te vuelven a besar o a abrazar, y justifican su ausencia con cualquier mentira que te escupen a la cara.

A veces la vida te sorprende y te dé una lección. Porque somos unos necios, todos y cada uno de nosotros, y hasta que no duele, no aprendemos. Así somos… Cuánto más doloroso sea, más importancia le damos y mayor espacio ocupa en nuestra cabeza… Así que, gracias amigos, por demostrarme lo que sospechaba…

A veces la vida te sorprende y aunque duela, aunque no sea un plato de buen gusto para nadie, terminas mirando al cielo, suspirando y dando las gracias. Porque la amistad, cómo otras miles de cosas en la vida, han de ser reciprocas… Y es cierto, la amistad es un don con la que la vida nos bendice para mitigar los dolores de cabeza que nos da.

A veces la vida te sorprende y te hace más patente si cabe, que no estás sola, que aquel o aquella no están aquí, pero oye, el resto sí, aquí, a mi lado. A veces y solo a veces, la vida te regala y pone a tu alrededor a un grupo de personas maravillosas a las que les pones de apellido “Amig@”, sí, pero de nombre le pones “Mi”, porque lo sientes tan tuyo, lo defenderías a cualquier escala y harías lo que hiciera falta por esa persona, así que, amig@s mi@s, gracias por ser y por estar, que a día de hoy, no os podéis imaginar lo difícil que es y lo afortunada que me hacéis sentir.

A veces la vida te sorprende y te ves dando las gracias por los que están e intentando ignorar a los que no están. A veces la vida te hace pasar malos tragos… Pero pone a tu disposición el bien más preciado de los humanos, los amigos. Gracias a todos por ayudarme en este trago, por preocuparos por mí, por ayudarnos en lo que hemos necesitado. Gracias de corazón.

Os voy a contar mí fin de semana romántico y especial, espero que os guste.

Me encanta sorprender a mi chica, organizarle mil cosas sin que ella colabore y después decirle…”Tachán…” Y cargarme las pilas con esa mirada y esa sonrisa que me dedica, que podría parar el reloj e incluso el movimiento de la tierra.

Me habían hablado de un sitio para hacer una escapada y poder relajarnos, cosa que tanto a mi chica, como a mí, nos venía de lujo. La zona en cuestión, El Valle de Arán.

Reservé un Hotel Rural precioso por esa zona, es más, cogí una suit que era digna de ver. Tenía todo pensado y organizado. Habría cena romántica, habría balneario, paseos eternos por los pirineos…

Como se cómo soy, se lo comenté. Lógicamente, no le comenté todo, solo a dónde íbamos. Busqué mucha información de los alrededores, de visitas obligadas… Hasta que un buen día, estaba en casa tranquilamente cuando me avisó una amiga de que pusiera las noticias y lo vi: Desastre en El Valle de Arán. Y ahora… ¿Qué hago…?

Veréis, cuando conocí a mi chica me llamó mucho la atención los dos sueños que me dijo que tenía y que haría cualquier cosa por cumplir. Uno era ir a New York, ciudad a la que adora, y el segundo era nadar con delfines.

El primero, el de ir a New York lo hicimos hace unos dos años, fue un viaje muy especial. Pero el segundo… ¿Dónde podríamos hacer eso?

Me puse manos a la obra, si no podíamos ir a los pirineos, algo tendríamos que hacer. Busqué información para poder nadar con delfines. Entre mi persistencia y la ayuda de otra amiga… Lo encontré. Se podía nadar con delfines en “MundoMar”, Benidorm. Así que miré hoteles, contraté todo, reservé todo y me guardé el secreto bajo llave, sabedora de la ilusión que le haría.

El día que hicimos la maleta fue muy especial. Ella iba doblando y metiendo ropa de montaña, botas, abrigo… Y yo metía el bikini, las chanclas, la crema… Pero de la manera más natural…

Cargamos el coche a primera hora y enfilamos el Mediterráneo, Benidorm, la ciudad de los rascacielos nos esperaba.

Hay que tener en cuenta que ella no sabía que no íbamos a Lleida, así que imaginad el desconcierto que tenía cuando veía que yo bajaba y bajaba por la costa. Ella venga a preguntar si había puesto bien la dirección, que el GPS tenía que estar loco, que cómo íbamos a ir a Lleida por ahí… En fin, que sacó su móvil para buscar el itinerario y yo tuve que parar en la primera área de servicio con la excusa de tomar un café y a continuación hacerle conducir a ella… Todo era poco para que tuviera las manos quietas.

Al final, se lo tuve que decir, porque era tan obvio y ella estaba tan nerviosa que a mí se me escapaba hasta la risa. No le dije a dónde íbamos, le dije simplemente que allí no podíamos ir.

Pasamos un día especial de comidas y cenas, de paseos por la playa al atardecer, de miradas, muchas miradas, de muchas conversaciones, de visitas…

Y llegó el día de llevarla a la sorpresa, al motivo de estar allí. Cuando cogimos el coche y empezamos a alejarnos del casco urbano ya empezó a mosquearse…  Pero cuando llegamos al parque se quedó un poco sorprendida… “¿Aquí me traes?”

Fuimos directamente a la taquilla y presenté mi reserva. Ella aun sin saber nada, me imagino que pensaba que era una entrada normal. La chica cogió mi papel, lo miró y me dijo: “Llegáis tarde, han adelantado la hora… Cómo ya nació el bebé delfín…” Y nos quedamos muertas… Enfilamos el camino hasta el delfinario, que para no variar estaba en la parte más alta y alejada del parque.

Por el camino ni hablaba, iba seria y con la vista puesta en el suelo… Cuando llegamos y nos sacaron el neopreno para bañarnos ya empezó a hacer preguntas… “¿Pero esto…? ¿Delfines, cariño?”

Nos hicieron esperar a pie de la piscina… Los delfines ya estaban allí. Los monitores nos dieron unas recomendaciones y unos consejos básicos mientras  les veíamos. La ilusión y el cumplir un sueño, se reflejaban en su cara. Ojalá hubiera podido captar con mi cámara ese momento, esa mirada, esa media sonrisa mezcla de timidez, de alegría, de una ilusión grandísima, tan grande que la podías tocar con la mano…

Todo pasó rapidísimo… Nos metimos en la piscina, nos hicimos fotos con los delfines, les tocamos, jugamos con ellos, hicimos “casi” el show con ellos… Fue increíble.

Yo me pasé todo el rato pendiente de ella, de verdad. Porque a pesar de que estar con los delfines es algo impactante, no os podéis imaginar cómo impactaba su mirada, su sonrisa… A veces me pillaba mirándola y me susurraba “Te quiero”, cuando nos juntábamos me abrazaba o me daba un beso… Fue especial, muy especial.

 

Lo tenía todo preparado, lo tenía todo pensado. Era nuestra escapada y quería que saliera todo bien, quería hacerla feliz, notarla feliz y con eso me quedo.

Mil gracias por estar siempre al otro lado.

 

¿Sabéis una cosa? Jamás me imaginé que el blog iba a recibir tantas visitas, que iba a tener tantos seguidores en twiter, que mis palabras iban a tener tan buena acogida… ¡Jamás!

Comencé a escribir cuando era apenas una cría, porque me sentía sola, porque me sentía diferente y porque necesitaba explicar al mundo lo que pasaba dentro de mí. Quizás este fue el momento en el que me hice tan reservada en cuanto a mis sentimientos, en cuanto a las sensaciones que experimento en determinadas situaciones… Puedo pasarme horas hablando y sin embargo no decir ni una palabra acerca de mi estado de ánimo…

Así que empecé a escribir… No soy ninguna heroína, aunque parecía que nada me dolía, que era inmune al dolor, que nada me hacía perder la paciencia o la sonrisa… Después llegaba a mi habitación, me ponía los cascos con la música a todo volumen y “vomitaba” todo lo que sentía, todo lo que pensaba, todo lo que no decía.

Siempre me recuerdo escribiendo, siempre. Tenía un cuaderno que llevaba a todos los sitios y era el único con el que hablaba de tú a tú, sin miedos, sin vergüenza. Pero llegó un día en el que no quise escribir más, no sé exactamente qué es lo que se me pasó por la cabeza, pero dejé de escribir.

Alguna que otra vez volví a coger un bolígrafo y un papel en blanco y lo intenté, pero no salía nada. ¡Estaba vacía! No tenía nada que contar, mi alma estaba silenciada, no sé si sería por el tiempo, por la rutina, por el miedo… Pero no decía nada, callada, ausente, como si no estuviera…  Y así me pasé mucho tiempo, con millones de ganas de escribir y nada que decir… Nada que contar…

Y un buen día, sin que pasara nada excepcional en mi vida, me levanté con ganas de escribir. No os podéis imaginar la alegría que me dio el tener cosas que contar… No perdí ni un segundo. Cogí un papel y volqué todo lo que llevaba tanto tiempo reprimiendo. Os aseguro que fueron muchas cosas, diversas, bonitas, dolorosas, largas, cortas… Pero todo era mío, todo nació de mí e incluso, alguna que otra, murió aquí también.
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Entonces cree el blog, quería hablarle al mundo, quería contar cosas… Pero no me soltaba, no era yo… Me daba como vergüenza decir exactamente lo que me apetecía decir… Es más, si comparáis mis primeros escritos, con los últimos… No parece ni siquiera el mismo blog, y lo es. Tiene una explicación, como todo en esta vida, me siento cómoda escribiendo y que me leáis, me siento como una más de vosotras, me gusta hablar con vosotras, que me contéis, que os cuente y ver que vosotras llegáis a mí y yo a vosotras, ver cómo nos inspiramos unas a otras, como nos apoyamos y como nos valoramos.

Jamás, y lo digo con la boca bien grande, jamás, me he sentido tan valorada como me siento hoy en día, como me siento al leer los comentarios del blog. Jamás me he sentido tan querida, tan aceptada, tan comprendida… Así que, millones de gracias, de verdad, de corazón, porque gracias a todas las que me leéis, a las que me comentáis, a las que me dejáis mensajes privados diciéndome infinidad de cosas, gracias a todas vosotras, yo tengo más ganas de escribir, yo tengo la sonrisa cada vez más grande y la risa más sonora… Porque gracias a vosotras, tengo infinidad de proyectos, de sueños, de trabajos… Porque gracias a vosotras, me siento alguien, alguien especial, alguien que vale para algo, alguien que ha encontrado su sitio… Millones de gracias.

grrrrrracias

Hoy solo escribo para deciros lo feliz y sorprendida que estoy por todo lo que estoy viviendo. Es cierto, es una época increíble de mi vida, parece que todo está hecho a mi medida y que encima… Me sale bien. No puedo estar más feliz y si os soy sincera, un poco aterrada de que todo vaya tan bien y que solo reciba buenas noticias.

Hoy he vuelto a emitir en el programa de la radio bollo de las chicas del andamio. Como me había ido de vacaciones, había estado un poco ausente. Sabía que lo echaba de menos, lo de emitir digo, pero no sabía cuánto hasta que me he puesto a los mandos de la radio. Me encanta emitir, estar con las chicas en el chat hablando, comentando las noticias, las cosas de interés o solo tonterías. Me encanta poner las canciones que me piden, leer sus dedicatorias, ver que incluso me dedican a mí canciones… Es una sensación fantástica estar con toda esta gente que en el fondo, es muy parecida a ti.

Además el blog va a pedir de boca o incluso mejor… Estoy encantada. Jamás pensé en llegar a las visitas que llevo, en tener los seguidores que tengo… Jamás. Comencé a escribir porque en el fondo es mi manera de comunicarme con el mundo, aunque sea mi mundo, comencé a escribir porque necesitaba decir muchas cosas, expresar todo lo que llevo dentro.

Al principio me alegraba al ver una visita o que alguien nuevo me seguía por alguna de las redes sociales. Pero es que ahora… He superado con creces las 4.000 visitas y estoy loca de alegría. De verdad que jamás pensé llegar a esto y jamás sabré como daros las gracias a todos aquellos que os dejáis caer por mi blog y me leéis y por decirlo de alguna manera, entráis un poco en mi vida, en mi mundo y podéis ver como pienso o como siento. Gracias, muchas gracias.

También colaboro con la iniciativa de InOutPost que es una plataforma independiente dedicada al mundo LGTB donde se habla de todo. Sí, sí, de todo. Moda, actualidad, innovaciones, deporte… De todo lo referente o importante para el mundo LGTB. Y ahí, en esta gran plataforma con lectores por todo el mundo colaboro… Es increíble la de cosas que me están pasando este 2013…

Cuando me escribieron de InOutPost para decirme que si quería colaborar con ellos en el apartado de Editors… Pensé que era una broma, no me lo creía… Yo leía ya su página antes de que ellos me lo propusieran. Y la verdad, es un honor que hayan querido contar conmigo, es increíble.

Y bueno, siempre tengo tiempo para escribir alguna cosa más, para otros asuntos, que si todo sale bien, que no lo se… yo estaré encantada de celebrarlo con todos y cada uno de vosotros.

La verdad que poco tiempo libre me queda… Pero ¿sabéis qué? No me importa… Estoy invirtiendo todo mi tiempo en lo que realmente me hace feliz y no os imagináis hasta que punto soy feliz ahora mismo.

Y sí, culpa de mi felicidad la tenéis muchos de vosotros, los que me seguís en las redes sociales, los que me apoyáis, los que me leéis y me dais ánimos para que continúe… Sois geniales y me hacéis sentir muy feliz y orgullosa de todo lo que estamos haciendo. Mil gracias de corazón, porque no hacéis más que darme alegrías. Gracias.

Un saludo, muac.