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¿Sabéis una cosa? Jamás me imaginé que el blog iba a recibir tantas visitas, que iba a tener tantos seguidores en twiter, que mis palabras iban a tener tan buena acogida… ¡Jamás!

Comencé a escribir cuando era apenas una cría, porque me sentía sola, porque me sentía diferente y porque necesitaba explicar al mundo lo que pasaba dentro de mí. Quizás este fue el momento en el que me hice tan reservada en cuanto a mis sentimientos, en cuanto a las sensaciones que experimento en determinadas situaciones… Puedo pasarme horas hablando y sin embargo no decir ni una palabra acerca de mi estado de ánimo…

Así que empecé a escribir… No soy ninguna heroína, aunque parecía que nada me dolía, que era inmune al dolor, que nada me hacía perder la paciencia o la sonrisa… Después llegaba a mi habitación, me ponía los cascos con la música a todo volumen y “vomitaba” todo lo que sentía, todo lo que pensaba, todo lo que no decía.

Siempre me recuerdo escribiendo, siempre. Tenía un cuaderno que llevaba a todos los sitios y era el único con el que hablaba de tú a tú, sin miedos, sin vergüenza. Pero llegó un día en el que no quise escribir más, no sé exactamente qué es lo que se me pasó por la cabeza, pero dejé de escribir.

Alguna que otra vez volví a coger un bolígrafo y un papel en blanco y lo intenté, pero no salía nada. ¡Estaba vacía! No tenía nada que contar, mi alma estaba silenciada, no sé si sería por el tiempo, por la rutina, por el miedo… Pero no decía nada, callada, ausente, como si no estuviera…  Y así me pasé mucho tiempo, con millones de ganas de escribir y nada que decir… Nada que contar…

Y un buen día, sin que pasara nada excepcional en mi vida, me levanté con ganas de escribir. No os podéis imaginar la alegría que me dio el tener cosas que contar… No perdí ni un segundo. Cogí un papel y volqué todo lo que llevaba tanto tiempo reprimiendo. Os aseguro que fueron muchas cosas, diversas, bonitas, dolorosas, largas, cortas… Pero todo era mío, todo nació de mí e incluso, alguna que otra, murió aquí también.
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Entonces cree el blog, quería hablarle al mundo, quería contar cosas… Pero no me soltaba, no era yo… Me daba como vergüenza decir exactamente lo que me apetecía decir… Es más, si comparáis mis primeros escritos, con los últimos… No parece ni siquiera el mismo blog, y lo es. Tiene una explicación, como todo en esta vida, me siento cómoda escribiendo y que me leáis, me siento como una más de vosotras, me gusta hablar con vosotras, que me contéis, que os cuente y ver que vosotras llegáis a mí y yo a vosotras, ver cómo nos inspiramos unas a otras, como nos apoyamos y como nos valoramos.

Jamás, y lo digo con la boca bien grande, jamás, me he sentido tan valorada como me siento hoy en día, como me siento al leer los comentarios del blog. Jamás me he sentido tan querida, tan aceptada, tan comprendida… Así que, millones de gracias, de verdad, de corazón, porque gracias a todas las que me leéis, a las que me comentáis, a las que me dejáis mensajes privados diciéndome infinidad de cosas, gracias a todas vosotras, yo tengo más ganas de escribir, yo tengo la sonrisa cada vez más grande y la risa más sonora… Porque gracias a vosotras, tengo infinidad de proyectos, de sueños, de trabajos… Porque gracias a vosotras, me siento alguien, alguien especial, alguien que vale para algo, alguien que ha encontrado su sitio… Millones de gracias.

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Hay veces que te despiertas con ganas de poder vaciar tu alma delante de un folio en blanco. De poder expresar todas las ideas e inquietudes que se te pasan por la cabeza, sé que muchas no tienen sentido, sé que muchas las pensamos muchas.

Hay veces que despierto sabiendo exactamente lo que tengo que hacer, por lo que tengo que luchar, cual es el motivo que me ha impulsado a ponerme el despertador más pronto de lo normal, por qué me he levantado, he sonreído a la imagen que me devolvía el espejo y he pensado “Hoy va a ser un gran día”.

Hay veces que despierto con ganas de besarte, de arrimarme a ti, de abrazarte tan fuerte que cualquier día me podría colar en uno de tus sueños.  Hay veces que despierto con ganas de susurrarte mientras duermes lo mucho que te quiero y que tu subconsciente me devuelva una sonrisa, a pesar de que sigues dormida, a pesar de que estás con Morfeo… Me sonríes.

Hay veces que despierto con hambre, con mucha hambre. No entendía cómo podía despertar tan hambrienta, ahora sí lo se. Cuando me despierto así, tengo claro que es porque llevo toda la noche despierta, en sueños, cuidando de ti, abrazándonos, hablando de mil historias mientras te muerdo el labio, mientras me acaricias la cara, mientras nuestros pies, se rozan, se hacen cosquillas…

Hay veces que despierto y aún no ha sonado el despertador. Y se, que lo que quiero es aprovechar bien las horas. Con 24 horas a mí no me da tiempo a hacer todas las cosas que debo hacer. Tengo tantos sueños por cumplir, tanta ilusión por alcanzarlos, que incluso me despierto antes, no hay tiempo que perder. Mis sueños, mis ilusiones están ahí, los veo, los siento… Hay que ir a por ellos.

Hay veces que despierto y tengo al gato recostado a mi lado, roneando, y me mira. Cuando ve que abro los ojos, se levanta, viene hacia a mí  y me huele la cara para después lamerme. Me gusta dormir con el gato, tenerlo cerca, oírle como ronea…

Hay veces que despierto y tengo la cama muy deshecha, las sábanas por un lado, el nórdico por otro… Y pienso ¿Qué ha pasado aquí? No todas las noches son buenas noches, supongo. Hay veces que despierto y se que he pasado una mala noche, que he soñado, que he tenido pesadillas. Es una cosa muy común, nos pasa a todos. El subconsciente es quien manda. Hay temas que lógicamente me preocupan o que me dan miedo. Hay recuerdos que es mejor no tenerlos y cuando estoy despierta, no les hago caso, yo y mi voluntad somos más fuertes, pero cuando duermes, estás a merced de lo que el subconsciente quiera pensar, imaginar o recordar. No importa lo fuerte que seas o el control que tengas sobre ti mismo y sobre tu mente, esta batalla la tienes perdida.

Hay veces que despierto y no se ni que día de la semana es… Supongo que eso no es tan grave, pero ¿Cuándo despiertas y no sabes ni que hora del día es? Eso es peor… Supongo que será por mis continuos cambios de horario. A veces tengo que dormir por la tarde, otras por la mañana y cuando tengo suerte y todo va bien, pues duermo por la noche.

Hay veces que despierto con una poesía en la cabeza o con un tema del que escribir. Hay veces que despierto con la inspiración pegada a mí, cual legaña. Esos días despierto, me preparo un café y ya tengo el bolígrafo en la mano, no hay tiempo que perder, las letras se evaporan, como el humo de mi cigarro.

Hay veces que despierto feliz, plena, tranquila. Esbozó una sonrisa mientras abro los ojos y te veo. Hay veces que despierto y el solo hecho de tenerte recostada sobre mí, abrazándome, es motivo suficiente como para levantarme, comerme el mundo y volar. Porque tú me das esas alas que necesito, tu eres mi sueño y mi vigilia, mi despertar, eres la pluma que al acariciar mi piel me hace cosquillas y me saca una sonrisa.  Tú eres mi cerveza bien fría en verano, en una terraza con vistas al mar Tú eres mi vértigo, la que cuando me mira me hace sentir que estoy en un rascacielos, mirando a la gente desde arriba viendo que parecen diminutos, parecen hormigas y eso es porque tú me haces sentirme grande, a tu lado me siento grande. Tú eres mi estufa en invierno, la que mantiene caliente mi cuerpo y mi alma. Tú eres mi musa, la que entra de noche por el balcón, descalza, con un camisón blanco y me susurra al oído, tú eres el motivo de estas letras, tú estás en cada uno de los versos, de las historias, de las frases que salen de esta mano que jamás se cansa de rozarte. Tú eres mi manivela, la que me da cuerda. Nunca te cansas de hacer girar la manivela y yo cada vez me siento con más fuerza, con más vitalidad, tú haces que tenga cuerda para rato. Tú eres la mejor película que he visto, eres mi principio y mi final feliz, eres mi escena romántica, mi escena subida de tono, mi reconciliación… Eres el mejor guion que he tenido en mi vida y yo soy la protagonista.

Hay veces que despierto… Y me da por escribir algo como esto.