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Es curiosa la fuerza que tienen ciertos mensajes que son capaces de recorrer, traspasar y saltar cualquier umbral por resistente que este sea. Esta es la única explicación posible a que tu llegada a este mundo se adelantara tanto, que mis mensajes tenían además del ímpetu, la osadía de perforar y atravesar la piel que te aíslala y te protegía del mundo, la de tu madre.

Creemos que ese aislante es capaz de darte el mayor y más confortable cobijo, que a la sombra de tu madre poco puede pasarte, casi nada puede llegarte y que estás más seguro que alguien seguido por una veintena de guardaespaldas. Pero no pensamos que los decibelios que transmiten los mensajes de necesidad y de ganas, son capaces de disolver un diamante, atravesar una cámara acorazada y de calar el material más impermeable del mundo, porque hay mensajes que sí han de llegar a su destinatario.

Fueron muchas las semanas que pasamos hablando como en un vis a vis, separados por una cortina de humo que es capaz de dejar pasar las emociones pero impide que el roce de la piel ponga la piel de gallina. Nunca nos ha importando la distancia ni que estuvieras oculto, al otro lado del ombligo, por lo que siempre entrabas en todas nuestras conversaciones y en todos nuestros planes, no podía ser de otra manera. Hablábamos de ti y también contigo, aunque ahora me es imposible crear la imagen mía hablándole a una barriga llena de amor…

 

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Es difícil esperar algo que, aunque sabes que va a llegar, tiene una fecha prefijada. El tiempo se vuelve caótico porque a la vez que parece que ha volado, sigue quedando mucho para llegar al final de la espera.
El día 23 de diciembre del año pasado tu madre rompía aguas de madrugada. Era sábado y nos habíamos acostado tarde porque nos habíamos quedado viendo la televisión, a pesar de que yo trabajaba al día siguiente.
La extraña sensación de saber que ese mismo día te veríamos, aún hoy me eriza la piel cuando lo pienso.

 

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Los mensajes llegan, aunque vayan en una botella río abajo o en una carta sellada con carmín, llegan. Lo importante de los mensajes no es el medio en el que se esconden o la apariencia que tienen, sino la intensidad y la fuerza de lo que transmiten.

Yo estuve desde el día 27 de abril hablando contigo, Saúl. Te hablaba de tal manera que a veces, no hacía falta articular palabras o mover los labios, los mensajes llegan.
Hay un mundo o quizá dos entre un hijo y sus madres, pero mis palabras y mis ganas fueron más fuertes que todo eso, pudiendo reducir la distancia entre esos dos mundos.

Bienvenido Saúl, el mundo es tuyo.

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Hay días en los que sientes como el orgullo te invade, la respiración se te acelera y el corazón se te precipita, mientras vives con la normalidad que intentas aparentar en el escaparate de la vida.
Coges aire y notas como revolotea entre tus pulmones y ese músculo que no hace más que latir con firmeza, pero te sientas a salvo y y sientes que sobrevuelas sobre tu propia sombra y el ayer ya olvidado. Sientes y percibes, callas y gritas, concibes y dispones, creas y te recreas en lo más grande que un ser humano puede crear, vida. Orgullo de vida, orgullo de tu vida, el orgullo de mi vida.

El amor reproduce y se reproduce en amor. El amor crea amor y cae en él, como un bebé que aún comienza a tambalearse sobre dos piernas poco firmes. El amor llama al amor desde prefijos nacionales y universales, sin poner el manos libres y sin tener que responder, sólo basta con descolgar el teléfono y conectar la llamada. El amor limpia y pule las almas, las mejora y las depura, eliminando aquello que no ayude a crear ni a acrecentar la vida, limpiando las impurezas y el musgo que a veces crece en las partes más sombrías de nuestros corazones. El amor dibuja y esboza, recolocando los trazos que habían quedado desubicaos o fuera de cobertura, añadiendo la originalidad y la vida, la inocencia y las ganas, el aliento que se necesita para continuar y el camino para andar… El amor te da y te proporciona el cielo bajo el que vivir, sin importar la nubosidad o los grados, sin importar a qué hora amanecerá hoy, finales de octubre porque tienes lo más importante, el techo bajo el que ser feliz.

Hay días que los sentimientos se me agolpan en el pecho y tengo la necesidad, la imperiosa necesidad de gritar al mundo lo que se me mueve por dentro y me hace tantas cosquillas que la sonrisa no se me borra de la cara. Hay días, que el orgullo y la felicidad dibujan la felicidad en mis ojos, que jamás han sabido mentir a quién busca la verdad en mi mirada. Hay días que ni la afonía más grave podría evitar que grite todo aquello que estoy viviendo…

Nuestro pequeño Saúl ya suma 1.600 gramos de amor, ternura y huesecillos. Nuestro pequeño Saúl ya está bien colocado dentro del vientre de su madre y crece a un ritmo maravilloso y perfecto. Nuestro pequeño Saúl se ríe mientras espera a cumplir las semanas necesarias para llegar y cambiar el mundo, nuestro mundo, y se mueve sin parar, agitando sus piernas y sus brazos, haciendo que mis manos no quieran separarse de la piel que le cuida y que su madre no pueda dormir más de un par de horas seguidas.

Algún día, más pronto que tarde, te podré decir lo orgullosa y fuerte que me has hecho sentir, a pesar de que aún no puedo ni cogerte la mano. Algún día te contaremos tu madre y yo, lo felices que estamos desde aquel pasado y lejano 27 de abril en el que las dos líneas rosas cambiaron el destino…

Sin duda, el mejor regalo que pueden hacerte tus padres, es un hermano. Mis padres, por suerte para mí, han sido generosos en ese aspecto y me han regalado dos, dos maravillosos hermanos y amigos. Mis padres lo han hecho muy bien, porque no podían regalarme nada mejor.

Cuando yo tenía tres años y medio llegó al mundo mi hermana, la niña pequeña que todos cuidaríamos y mimaríamos, sin saber que sería la que más rápido crecería. Mi hermana creció siendo una niña tímida, una niña callada y reservada, aunque con un gran sentido del humor que compartía con todo aquel que estuviera en su vida. Mi hermana creció siendo la gran compañera de habitación a la que contarle todas las confidencias y preocupaciones. Mi hermana creció, sin saber que, de alguna manera, le debo parte de lo que soy…

Hoy hace veinticinco años de la llegada al mundo de esa niña… Un cuarto de siglo desde que por fin la tuvimos entre nosotros. Hoy es su día, su cumpleaños…

Mi hermana ha sido mi confesora en tantísimas situaciones… Siempre está ahí, para apoyarme, para reírse de mis paranoias, para ayudarme en todo lo que esté a su alcance. Siempre me llama cuando lo necesito, siempre me escribe, siempre se preocupa…

Porque un hermano es sin duda, el primer amigo que puedes tener  y en mi caso, así fue. Compartir habitación con ella ha sido lo mejor que me ha pasado. Porque en una habitación como esa, con dos niñas adolescentes, las emociones iban y venían demasiado rápido.

Es cierto que el mejor regalo que pueden hacerte tus padres es un hermano. Pero no es menos cierto, que el mejor regalo que puede hacerte un hermano es un sobrino. Y yo, vuelvo a estar de enhorabuena… Mi hermana me ha dado a mi niña, a mi sobrina y ahijada…

Mi hermana no solo me ha dado motivos para luchar y para continuar, charlas para subirme el ánimo y la autoestima, me ha dado un hombro en el que llorar y una mano a la que agarrarme cuando he caído… Pero también me ha dado una sobrina de ojos despiertos y mirada penetrante. Me ha dado el mejor regalo, el que no esperaba, el que no sabía qué me iba a hacer tan especial. Eres genial, hermana.

Así que, sopla las velas de esa maravillosa tarta y piensa que este año, es el tuyo… Así que a exprimir los días y las horas, y a ser muy feliz, aunque felicidad tienes a raudales.

Te quiero, hermana.

 

Hoy hace un mes, mi pequeña. Sí, hace un mes estábamos todos esperándote en aquella habitación que olía a nervios y sabía a ganas, sí ganas de ti.

Hoy hace un mes que caminaba nerviosa por aquellos pasillos, esperando ver a mi hermana, esperando ver a la niña a la que acaba de dar la vida.

Hoy hace un mes nos abrazábamos en la espera, nos sonreíamos entre sombras y nos tranquilizábamos con palabras. Teníamos ganas de ti.

Hoy hace un mes que me di cuenta que ibas a tener a la mejor madre del mundo, mi hermana. Lo sé, pequeña, lo sé porque para mí ha sido la mejor hermana, la mejor amiga, la mejor compañera, la mejor confidente, la mejor psicóloga en ocasiones, la mejor en todo lo que se ha propuesto, tanto es así, que para mí, tu madre es tantísimas cosas…

Hoy hace un mes que una enfermera atravesó el pasillo con una cuna, tu cuna, a toda velocidad, pero para mí el tiempo se paró, mi corazón bombeaba más despacio y pude verte. No sé si era tan grande el deseo que tenía de ponerte cara y ponerte piel para besarte, que yo te vi y me emocioné. Estabas preciosa, pequeña.

Hoy hace un mes que estábamos todos viendo cómo te bañaban y te peinaban por primera vez. Tenías tantísimo pelo… La enfermera te lavó y te desenredó el pelo y mientras, al otro lado del cristal te esperábamos… Todos, no faltó nadie… Nadie.

Hoy hace un mes que la enfermera entró empujando la cama de tu madre, que estaba preciosa. Salió más bonita que cuando entró, tienes suerte de tener esa madre.

Hoy hace un mes que me acerqué a la camilla en pleno pasillo y la abracé. La miré a los ojos, ya sabes que nunca mienten y estaban llenos de orgullo y de satisfacción, lo mismo que decía mi sonrisa tonta, mi mirada y mis lágrimas que ocultaba de vez en cuando.

Hoy hace un mes que, estando todos en la habitación hablando con tu madre, te trajo la enfermera y te puso en los brazos de tu padre. Te pudimos ver, te pudimos mirar, nos recreamos… Hubo lágrimas, muchas. Hubo risas. Hubo flases, muchos. Pero sobre todo había amor, mucho amor.

Hoy hace un mes en el que viví lo más bonito que me podía imaginar. Vi como tu papá te tenía en brazos y te miraba orgulloso, sonriendo… Vi como tu madre te esperaba en la cama, se colocó y se preparó para cogerte. No hay nada más maravilloso que ver a tu hermana pequeña teniendo en el regazo a la niña más preciosa que has visto nunca. Mi hermana sonreía y se perdía mirándola.

Hoy hace un mes que nos cambiaste la vida. Hoy hace un mes, justo un mes en el que sonreía y hacia la señal de la victoria.

Hoy hace un mes que mi vida está que rebosa de felicidad, de mimos, de sonrisas, de palabras…

Hoy hace un mes desde que viniste al mundo, llena de vida, llenando con tu llanto cualquier habitación. Hoy hace un mes en el que te besé por primera vez, aunque desde hace un mes, siempre que te veo, tu piel se hace mía. Hoy haces un mes, mi pequeña.