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Ahora es cuando comienzan los nervios y porque no decirlo, también algo de miedo. Cada vez va faltando menos para la publicación de mi primer libro, mi primera historia en solitario… ¡Y estoy muy nerviosa!

No ha sido fácil, nada fácil. Ha costado mucho llegar hasta aquí, hasta este punto. Pero ahora no vuelta atrás y además, yo no quiero que haya vuelta atrás. Esto es lo que siempre he soñado y lo que siempre he querido, es por eso que estoy tan nerviosa.

En esta semana comenzaré con la maquetación del libro y empezaré a buscar ideas para la portada del mismo. Quiero hacerlo todo yo, quiero que sea mi libro en todos los sentidos, en todos.

Tengo varias ideas para la portada, ahora solo falta llevarlas a cabo. Así que, esta semana me toca sacar la cámara a pasear junto a mi imaginación y explotarlas, hasta que consiga lo que quiero.

Quería hacer unas fotos a una pareja de chicas en algunos puntos en concreto de Barcelona, pero creo que al final no podrá ser así. Así que me toca cambiar el guion y dejarme llevar, y esperar a que el resultado sea lo que busco. Ojalá…

Ya tengo el número EIN, también tengo título… Día a día voy consiguiendo avanzar un poco más. No creo que esté para antes de final de año, pero quizá, comencemos el año con un libro nuevo… Tampoco estaría mal ¿no?

Así que nada, solo quería escribiros para contaros todas estas sensaciones que me impiden pensar en otra cosa que no sea eso, la publicación del libro. ¡¡Os iré informando!!

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Creo que jamás podré olvidar el día de hoy, el día 15 de diciembre del 2014.

Hoy, 15 de diciembre del 2014, a pesar de haberme levantado tarde, a pesar de que fuera hace frío y llueve, a pesar de que aún no he salido de casa y que, seguramente, no salga en todo el día, a pesar de todo eso, no lo olvidaré.

Hay días, que se te graban a fuego en tu memoria, como si lo tatuaran a conciencia. He tenido muchos días así, en los que la fecha, era tan significativa, que queda grabada en mí de tal manera, que vive en mí y siempre puedo acceder a ella, a esa información, porque no decae nunca.

Hoy es uno de esos días, hoy es un gran día. Pero claro, os preguntareis por qué…

Hoy, oficialmente, ha salido el libro a la venta… ¡Mi libro! Mi participación en un libro… Y estoy aún intentando digerir la noticia, a pesar de llevar mucho tiempo preparando y esperando este día… Al fin ha llegado, aunque el tiempo pasaba despacio, ha llegado.

Hace mucho tiempo me presenté a un concurso de relatos increíble. El concurso era muy sencillo. Desde la organización habían seleccionado varias novelas de varios estilos diferentes y lo único que te pedían era que seleccionaras una de ellas y que continuaras una de las escenas en el punto de la novela que más te gustase y crearás tu relato a partir de la novela.

El premio que consistía en la publicación de un libro, con su booktrailer y todo y  lo ganamos Vivian Stusser, Encarni Arcoya y una servidora. Para mí era todo un reto. Jamás había publicado nada, a pesar de haber pensado en ello millones de veces. Ellas, sí que tenían otros libros publicados.

Así que, desde BUKUS, la página que organizaba en su día el concurso y que ahora se ha encargado de todo lo relativo a nuestro libro, nos mandaron una introducción conjunta para las tres, cómo en el mismo concurso. Y ahí estaba la gracia, cada una iba a escribir una historia que sería a todas las luces, totalmente distinta y que solo tendría dos puntos en común: La introducción conjunta y que sería un relato erótico.

Os dejo aquí el enlace de youtube donde está colgado el booktrailer de #HISTORIAPARATRES , para qué veáis que es lo que podéis encontrar en el libro.

https://www.youtube.com/watch?v=YsWIC4mq3n4

Y también os dejo el enlace de Amazon donde está el libro a la venta, tanto en formato electrónico, como en papel. Espero que os guste.

http://www.amazon.es/Historia-Para-Tres-Vivian-Stusser-ebook/dp/B00QVNQR4S

Va a ser un gran día 15… Jamás podré olvidarlo. Mil gracias de todo corazón a cada una de vosotras, que estáis al otro lado.

La vida es un momento, un momento cargado de vida.

La vida es un momento, un suspiro, un mirar el reloj y olvidar la hora… Eso es la vida.

La vida es un momento, una frase acertada, una frase deseada, una llamada a media mañana comunicando la noticia de la vida, de tu vida, sin duda de la suya…

La vida es un momento, es colgar y sonreír o llorar, o las dos cosas a la vez. Es sentir la vida correr por tus venas junto a los nervios, junto a un sinfín de emociones que hasta ese momento, no conocías. La vida es sentir.

La vida es un momento o quizá dos, o tres… Depende quien te cuente la vida, sabiendo que todas las vidas cuentan, que todos los momentos son válidos, que todos los momentos vividos no deberían desaparecer jamás…

La vida es un momento, pero vale más que una trilogía de sucesos vacías… La vida cambia cuando ves a tu hermana embarazada. La vida cambia cuando ves a tu hermana llena de vida, por dentro y por fuera, en sus ojos, en su sonrisa y en esa barriga que te pasarías horas tocando y besando… La vida está llena de vida, sin duda.

La vida es un momento en el que los nervios se apoderan de ti, de tu respiración, de tus manos nerviosas… Y solo necesitas saber que esa vida tan cercana a la tuya, se encuentra bien, se encuentra feliz… La vida es ese momento en el que suena el móvil y te manda una foto en la que ves lo bien que se encuentra.

La vida es un momento en el que sabes que la próxima vida está próxima. Notas la respiración acelerada, las palabras que se tropiezan en tu boca, tu andar despistado… Notas la vida que se aproxima.

La vida es un momento en el que las enfermeras, despreocupadas, se comunican que ya ha nacido, que está preciosa y que la van a traer… La vida es ese momento en el que decidiste esperar ahí, escuchar esa conversación y comunicar a todo el mundo, que la pequeña ya ha nacido.

La vida es un momento en el que la enfermera empuja distraída una cuna con una niña morena, con una gran melena y grande, muy grande…

La vida es un momento que vale por todo… No tiene precio que suban la persiana en “Nidos” y te dejen ver a la nueva vida que ha colmado la tuya de felicidad y apenas tiene minutos de vida…

La vida es un momento en el que ves como tu sobrina está perfectamente, está preciosa y grande. Las enfermeras le peinan su gran melena mientras la lavan. Esa niña es mi perdición, esa niña es mi vida, ha sido el momento de mi vida y por el momento, es mi vida.

La vida es un momento cuando todos, emocionados, nos dimos la enhorabuena y nos besamos.

La vida es un momento, el momento en que mi hermana irrumpe en el pasillo con su cama, y la miras y la ves preciosa. Preciosa es poco…

La vida es un momento y ese momento está lleno de satisfacción y de orgullo. Siempre he tenido a mi hermana presente para todo. Siempre la he admirado y querido, siempre la he apoyado y respetado, siempre la he querido más de lo que ella pueda imaginar y siempre me he sentido querida por ella a rabiar…

La vida es un momento en el que miras a los ojos a tu hermana y ves vida. La vida que transmiten sus ojos, plenos de felicidad…

La vida es un momento en el que la enfermera le coloca a la niña en su regazo y ella se emociona. Esa emoción eclipsa todos los demás sentimientos. Mi vello se eriza, mis ojos se inundan de plenitud y lloro.

La vida es un momento en el que cojo a la niña en mi regazo, le acaricio y ella, me agarra mi dedo con fuerza. Me mira, igual no ve, pero ella me mira, fijamente. La vida es ella, ella nos ha traído la vida.

La vida es un momento, eso sí, un momento tras otro… ¿Cuál es tu momento?

¿Sabéis? El 21 de junio de este año pasó una cosa que, de una u otra manera, cambiará nuestras vidas. La mía de manera indirecta y siempre desde el lado positivo, por supuesto.

El día 21 de este mes hará justo tres meses, 90 días, que a mi amiga Inma le propusieron matrimonio… Y tres meses después, serán marido y mujer, eso sí que son ganas de casarse, ¿no creéis?

Yo ya estoy nerviosa y cada día que pasa, me lo noto aún más. Ya sé que no soy yo la que me caso, pero es alguien tan especial para mí…Que sé que me voy a emocionar desde el minuto uno… Nunca pensé que la vería de blanco… No lo sé, es una sensación extraña. Aunque si os digo la verdad, estoy escribiendo estas palabras y mi cabeza vuela y se la imagina con el vestido de novia e inconscientemente, sonríe. Me hace tanta ilusión que se case, que estoy encantada…

Yo ya tengo “casi” todo preparado, solo me falta un último detalle que se supone que debería de ser de lo más fácil… El bolso. Lo he ido dejando y mirad, ya no queda nada y yo estoy sin bolso, pero lo encontraré… Es lo bueno que tiene que el bolso tenga de ser  de color plata, que es más fácil de encontrar.

El jueves nos iremos para llegar a media tarde. Es muy típico de allí que el novio le haga una serenata y lógicamente, quiero estar ahí. No en primera fila, pero estar allí, a su lado. Son los días más felices de su vida, aunque no dudo que también los más estresantes… Y yo estoy ahí, a su lado, para lo que necesite, pero sobre todo, para empaparme de su sonrisa, porque últimamente no para de sonreír y eso me llena tanto…

Tengo tanta ilusión por verla de novia, por verla ya casada, por verla… Estoy tan feliz, de verdad… Que grande eres y que grandes nos haces al resto por estar a tu lado.

Así que estaré un poco desaparecida del blog desde el jueves hasta el lunes… Pero ya sabéis que a través de las redes sociales os iré contando.

Pues después de la famosa frase de “No me gusta el pescado”  todo fue bien. Ella no me defraudó, porque supongo que nos habrá pasado a todas, que conoces a alguien que parece que es de una manera pero después te das cuenta de que no, que las apariencias engañan y nunca sabes hasta qué punto conoces a alguien.

Pues ella era tal cual se mostraba y tal cual yo la imaginaba. Su sentido del humor fue soltándose poco a poco y cada vez nos reíamos más juntas. Su confianza conmigo igual, hablábamos de más temas, de temas más personales, del día a día, de sueños…

Y bueno, supongo que ahora viene la primera vez que nos acostamos, pero como comprenderéis es algo que no voy a contar aquí. Os puedo decir, que antes de estar con ella me había acostado con más chicas y casi ipso facto sabes lo que esperas de la otra persona. Me explico. Que conoces a una chica y te gusta físicamente, porque no te ha dado tiempo a más, sabes lo que esperas de ella y lógicamente, ella de ti. No hay más que rascar.

Sin embargo, con ella fue especial. No puedo decir que la quisiera ni mucho menos, pero había algo. No fue sexo por sexo, hubo algo más.

Había ganas de sentir, de estar y cuando digo estar me refiero al significado completo. Quería sentir sus besos, sus caricias, sus abrazos, su aliento… Casi me importaba más ese intercambio de intimidad que lo que es el sexo en sí mismo. Quería conectar con ella como lo había hecho hasta ese momento. Porque con el sexo se disfruta, sí, pero creo que se disfruta más cuando hay esas ganas de conocer a la otra persona, de impregnarte de ella, de saborearla.

Para todo hay una primera vez y para estar con una persona, también. Ninguna primera vez es igual. Puedes hacer, decir, experimentar cosas parecidas, pero cada una tiene un encanto que lo hace único. Lo bueno de experimentar de nuevo una primera vez, es que parece que las otras que has sentido, quedan en un segundo plano. No las borras, ni las olvidas, pero están en el fondo, tras el telón. Las primeras veces, hablemos de lo que hablemos, me encantan. Es sentir la inquietud de la novedad. Los nervios, las risas tontas, las caricias igual un poco torpes, que se , tirán perfeccionando con el tiempo. Me encantó la primera vez con ella. Me encanto verla que dormía con mi pijama, porque ella quería oler a mí, olerme mientras dormía. Me encantó poder abrazarla durante varias horas seguidas por primera vez. Y al despertar, aun un poco tímida o cortada por vernos así, recién levantadas y volver a besarla… Eso no tiene precio ni tiene nombre.

Esa mañana, le preparé el desayuno y me acompañó al trabajo. Tuvimos que ir en taxi porque llegaba tarde. Y después, cuando ya había amanecido, ella se cogió el tren y volvió a su casa.

Esa fue nuestra primera noche, nuestra primera mañana, nuestro primer desayuno, nuestro primer taxi compartido, nuestra primera vez en el lavabo para lavarnos la cara y los dientes… Fue la primera vez de tantas otras. La primera vez que empecé a anhelarla, a desear que llegara la hora de salir del trabajo para ir a verla, la primera vez que escuchando cualquier canción, asiento y pienso, “tiene razón, eso es lo que pasa”. La primera vez que preparé tostadas para dos y que la otra persona lo valore y lo agradezca. La primera vez de tantas otras, en un solo día, en una sola noche, en un ridículo cúmulo de horas…

A partir de aquí comencé mi nueva vida, mis nuevos pensamientos, mis nuevos sueños e ilusiones. Comenzó a aflorar la nueva yo. Todo tiene su explicación. Hasta que ella llegó, nada iba bien. Las cosas iban pasando y yo solo intentaba hacerles frente, pero no lo conseguía y las cosas se me amontonaban, y al final, decidía pasar, sin más, almacenar esos “problemas” en algún lugar oscuro de mi memoria, intentar no recordarlo, intentar no pensar más.

De mi época de antes de estar con ella me acuerdo, por supuesto que sí… Pero he olvidado tantas cosas, que si no me las recuerdan, me enseñan fotos, me ponen una canción, un vídeo, un sonido o un olor.. No sería capaz de explicarlos.

Sin embargo, desde que comencé con ella, parece que la memoria se ha convertido en mi nuevo don. Recuerdo conversaciones, mensajes, emails, primeras veces, menús, viajes, fechas, canciones… En fin, recuerdo muchas veces.

Hasta este punto de mi vida, no había tenido la suerte de encontrar a alguien que me valorase de verdad. Que interpretara mis sueños, que me diera una palmadita en la espalda y que me dijera, “Adelante”. Que me tendiera la mano cuando estaba en el suelo… Que me sonriera cuando más lo necesitaba.

Me explico. Siempre me gustó el deporte, mucho. Cuando tenía once años, engañé a mi padre para ir a hacer unas pruebas para un equipo de futbol, lógicamente, mi padre pensó que era femenino, y aun así, no le parecía bien. Cuando llegamos y vio a todos los niños de mi edad preparándose, creo que casi le da un infarto. Al final, aceptó. Hice las pruebas y ya ves la sorpresa que las pasé. Comencé a jugar en uno de  los mejores equipos de mi ciudad. Contra todo pronóstico el entrenador me sacaba de titular, jugaba bien, disfrutaba, los compañeros me querían (y yo a ellos) y para más inri, quedé pichichi de esa temporada y salí en el periódico local. ¿Cuál fue la respuesta de mi padre? Sacarme del equipo, sin explicación.

Siempre dije que algún día retomaría los estudios y que estudiaría psicología. Bien. ¿Para qué? Si total, vale mucho dinero y no creo que lo saques…

O cuando me pasaba horas escribiendo y se lo enseñaba a mis padres y… lo volvían a dejar encima de la mesa sin leerlo… Esas cosas.

Sin embargo, desde que empecé con ella… Me escuchaba. Eso es un privilegio que la gente no lo valora. Le dije que quería estudiar, pero que me daba miedo, que trabajar y estudiar iba a ser mucho para mí. Ese mismo año, me acompañó a la universidad y me matriculé en el grado de psicología. Voy poco a poco, me cuesta sacar tiempo para todo.

Me ve escribir, leer, soñar con todas estas cosas. Me ayudó a abrirme el blog. Me lee todo lo que escribo, me apoya y valora.

Le dije que me habían propuesto hacer lo de la radiobollo …. Y claro, que me daba vergüenza, miedo, ¿yo de locutora? Miradme, ahí estoy. Es ella la que me empuja a que haga estas cosas, a que supere mis miedos, a que procure valorarme yo misma. Me ve capaz de cualquier cosa que se me pase por la cabeza y últimamente, son muchas. Eso es lo que yo he encontrado en ella, por eso prefiero cualquier recuerdo con ella, que cualquiera de los que tenía antes.

Un saludo, muac.