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Mi dedo no tiene solución. Sí, creo que es la mejor manera con la que comenzar esta entrada. Pero os pongo en antecedentes, para que podáis entender todo lo que os cuento.

Hace casi un año, el día 7 de octubre tuve un accidente con la moto. Por suerte, no me rompí nada, a pesar de lo aparatoso que fue. Pero me hice polvo una de las muñecas.

Esa muñeca, ha sido mi tendón de Aquiles desde que era una adolescente. Me la lesioné jugando al baloncesto y desde aquel día pasé por numerosas lesiones y hasta por tres operaciones. Al final, tras mucha rehabilitación, con la última operación la mano quedó “cómo nueva”. No me daba guerra y me dejaba vivir con normalidad. Hasta el día 7 de octubre…

La caída fue tan fuerte que la muñeca me explotó por dentro. Sí, es cierto. No me rompí nada. Pero mi muñeca no estaba bien. Me dolía y la tenía inflamada y a partir de ese momento, comenzó a dolerme el dedo meñique y a engancharse el tendón cada vez que flexiono el dedo. Lo llaman “Dedo en gatillo”, y es un coñazo.

Ha pasado casi un año y el dedo va cada vez peor, ahora no solo es el meñique, también el anular. Los tengo como dormidos. Siento una especie de hormigueo cada vez que los muevo. Es cierto que no es demasiado doloroso, pero es muy incómodo. Los flexiono mal, los muevo mal y es una sensación muy rara.

El martes pasado volví a ir al médico, esta vez, a un especialista en muñecas. “No hay nada que hacer”, me dijo. El problema no lo tienes en el dedo, sino en la muñeca, y te desencadena ahí, porque el tendón pasa por ahí mismo. ¿Entonces? Le pregunté yo. Habría que hacer dos operaciones de muñeca complicadísimas y otra del dedo para arreglártelo. No te compensa, porque seguramente la muñeca te quede peor que ahora, aunque el dedo te quede bien.

Total… Que me quedo como estaba. El dedo mal. Igual con el paso del tiempo, vuelve todo a la normalidad, me dijo el doctor, pero no volverás a tenerlo como antes…

Y te quedas pensando… ¿Otra vez a empezar? Llevo todo el año de médicos, de sesiones de rehabilitación y no tiene solución…

Aunque, si miro hacia atrás y pienso fríamente la verdad es que he tenido tantísima suerte, que si solo me queda de secuelas esto, creo que soy muy afortunada. Sí, a pesar de los pesares. Muy afortunada. Porque tras el choque y la caída, lo único que me rompí fue el vaquero, así que, puedo al menos sonreír y seguir hacia delante.

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Buenas noches:

La noche es más larga de lo habitual. Hoy estoy en el tren de camino a mi tierra. Aún me quedan por delante casi 3 horas de viaje y no puedo dormir.
La maravilla de los teléfonos inteligentes e internet es que puedo escribir una entrada desde aquí, aunque ni sí quiera se donde estoy.
Me gusta viajar de noche porque parece que se me pasa antes. Siempre pienso que aunque sea, algo podré dormir… Aunque hoy creo que no lo conseguiré.
Mi madre me llamó hace una semana para decirme que la tenían que volver a operar. Tiene cáncer de piel y al parecer se le ha reproducido por tercera vez y le ha salido en dos sitios distintos. El viernes (mañana) la operan y de lo quitarán. Por eso voy a casa.
No os voy a engañar… Estoy preocupada, quizá ese. Sea el motivo por el que viajé con tanta rapidez como he podido…
Aunque sí os soy sincera soy optimista… Mucho.
Además, mi chica viaja conmigo. Ahora mismo está dormida como un bebé aquí, a mi lado. La he estado observando… Está tan tranquila y tan bonita… Me ha parecido que tenía frío así que he cogido una de esas mantas de viaje y la he tapado.
Vaya donde vaya, siempre llevo conmigo mi agenda con las mil cosas que tengo que hacer, mails pendientes, información que buscar.., y siempre dos o tres folios en blanco en los que poder dibujar mis pensamientos e intentar darles voz y forma.
Aquí os dejo los cuatro dibujos de este viaje de madrugada en el que no hay bostezos ni pijama.

Duerme la noche acuñando mis sueños.
Bostezando al cristal del tiempo.
Miles y miles de improperios.
Dignos de un loco o del más cuerdo

Porque sueño, sí. A veces a oscuras.
Otras sueño contigo, sin premura.
Otras recupero el aliento y la cordura.
Soñar es mi medicina, las heridas me cura.

Desenfundo la atención u las gafas.
No me gustaría perderme ni una palabra.
Ni sí quiera las esdrújulas ¡que macabra!
Soy una insensata sin miedo ni coraza.

Camino valiente, despacio y descalza.
Me sacudo el miedo, me calzo la templanza.
Te miro a los ojos, sin desconfianza.
¡No me falles! Mi sueño es la fianza.