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Aquí os dejo la segunda parte de la novela de Mervea. Espero que os guste.

 

 

Su cara lo decía todo, para él fue cómo un golpe bajo, una lágrima le recorrió su pálida cara, no se lo esperaba de mí, de su mejor amigo prácticamente desde la infancia.

Pero de repente sus ojos verdes pasaron de tristeza a llenarse de ira. Él se levantó de golpe, me llamó de todo menos bonito.

-No me lo puedo creer, ¿por qué no me lo dijiste antes? No hubiera perdido el tiempo con una aberración de la naturaleza cómo eres tú, pedazo de maricón. Cuando se suponía que yo jugaba contigo, para ti era cómo si te estuviese metiendo mano, ¿no?

Mis ojos se humedecieron, no me esperaba tal respuesta de alguien que yo consideraba cómo mi hermano, aquella persona que hacía un par de horas me estaba haciendo cosquillas y riéndose conmigo había pasado a ser una especie de bestia.

Él se fue a su casa, no quería saber nada más de mí, yo estaba destrozado completamente.

Aquella noche me acosté, no me puse música cómo siempre, puesto que todo me recordaba a él; cuándo cántabamos juntos y desafinando Caminando de Amaia Montero. Todos esos recuerdos me llenaban la cabeza, me pusé a llorar, no quería hacer nada más que eso, llorar.

Por la mañana me levanté aturdido y feliz, esos segundos en los que no te acuerdas de nada, pero esos segundos pasan, y los recuerdos vuelven otra vez, pensar que no volvería a ver sus ojos, su sonrisa, sus bromas, que aunque a veces eran repetitivas, siempre me hacían gracia.

Fui a la universidad, cómo siempre, llegaba tarde, pero Ana me guardaba el asiento.

Ana era una amiga que conocí en un bar, siempre se metían con ella por su físico, sólo porque estaba rellenita, así que el único que se juntaba con ella era yo.

Cuando llegué no estaba con su sonrisa y mi café, me senté al lado y pregunté que pasaba.

-Que conste que a mí me da igual y esto no va a dañar nuestra relación, pero, ¿es cierto que ayer le metiste mano a Pablo?

Le contesté que no, no tuve más remedio que contarle que era gay y lo que sucedió, total, que me tiré una hora. Al acabar de explicarle todo le pregunté que a qué venía esa pregunta.

-Pablo se lo ha estado diciendo a toda la clase, mucha gente no se lo creía, pero cómo siempre estais juntos pues…

Aquello fue un jarro de agua fría para mí, había calumniado contra mí, sin mediar palabra, me dirigí hacia él.

Estaba fuera del edificio, sólo. Al cruzar el edificio me encontré con gente mirándome y llamándome violador, burlándose…

Poco me importaban a mí esos insultos, puesto que en ese momento, sólo quería hablar con él.

-Pablo, ¿qué has hecho?- Le dije con la voz temblorosa.

Él bajó la cabeza y sólo se limitó a decir, te lo mereces, maricón de mierda.

 MERVEA

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Hola a todxs!! Os dejo con una entrada que no he escrito yo, sino Mervea. Se titula Me gustas tú e iremos subiendo más partes. Serán entregas por capítulos. Esperamos que os guste.

 

 

 

Era un día normal, cómo todos, menos para mí…

 

Aquel día me levanté armado de valor, estaba decido a cambiar mi vida, no podía seguir así, oculto, sin poder ser yo mismo. Me sentía seguro de mi mismo, así que decidí salir del armario ese mismo día. Eran sobre las 10 y media y cogí el teléfono, cómo todos los días, para llamar al que yo consideraba mi mejor amigo, él nunca se había pronunciado sobre la homosexualidad, ni a favor ni en contra, así que lo llamé, me cogió el teléfono y le propuse quedar a las 6 de la tarde, en nuestro sitio, un pequeño parque construido a las afueras de la ciudad. Sabía que aquél lugar me daría cierta intimidad para dar un paso tan importante cómo el que iba a dar. Aquella misma tarde me preparé y fui al parque, no lo ví por ningún sitio, me preocupó bastante porque siempre estaba allí, al menos, 10 minutos antes. De repente sentí que alguien se me abalanzaba por detrás, era él, Pablo, me empezó a hacer cosquillas, el sabía que no podía soportarlas, así que prolongó su tortura durante más o menos, 1 minuto, hasta que me puse rojo.

Me dijo que se había entretenido un poco más porque fue a comprarme un dulce de chocolate, cualquiera que me conozco un poco sabe que soy muy goloso, al dármelo, notó que tenía las manos completamente heladas. Me tomé el dulce y nos fuimos andando a nuestro sitio favorito; un claro en un pinar pequeño, el cual quedaba lejos de la ciudad. Yendo al claro me notó raro, suelo ser una persona que está sonriendo siempre y, aquel día, con los nervios pues pasa lo que pasa…

Una vez llegamos nos sentamos en un tronco que habíamos talado nosotros mismo de un pino que se había caido en una tormenta. Le dije que tenía que decirle una cosa importante, y, se calló.

Estaba anocheciendo, se escuchaba el sonido de un búho, y el sonido de una arroyo, me volví a armar de valor y se lo dije. Se quedó mudo…