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Sin duda, el mejor regalo que pueden hacerte tus padres, es un hermano. Mis padres, por suerte para mí, han sido generosos en ese aspecto y me han regalado dos, dos maravillosos hermanos y amigos. Mis padres lo han hecho muy bien, porque no podían regalarme nada mejor.

Cuando yo tenía tres años y medio llegó al mundo mi hermana, la niña pequeña que todos cuidaríamos y mimaríamos, sin saber que sería la que más rápido crecería. Mi hermana creció siendo una niña tímida, una niña callada y reservada, aunque con un gran sentido del humor que compartía con todo aquel que estuviera en su vida. Mi hermana creció siendo la gran compañera de habitación a la que contarle todas las confidencias y preocupaciones. Mi hermana creció, sin saber que, de alguna manera, le debo parte de lo que soy…

Hoy hace veinticinco años de la llegada al mundo de esa niña… Un cuarto de siglo desde que por fin la tuvimos entre nosotros. Hoy es su día, su cumpleaños…

Mi hermana ha sido mi confesora en tantísimas situaciones… Siempre está ahí, para apoyarme, para reírse de mis paranoias, para ayudarme en todo lo que esté a su alcance. Siempre me llama cuando lo necesito, siempre me escribe, siempre se preocupa…

Porque un hermano es sin duda, el primer amigo que puedes tener  y en mi caso, así fue. Compartir habitación con ella ha sido lo mejor que me ha pasado. Porque en una habitación como esa, con dos niñas adolescentes, las emociones iban y venían demasiado rápido.

Es cierto que el mejor regalo que pueden hacerte tus padres es un hermano. Pero no es menos cierto, que el mejor regalo que puede hacerte un hermano es un sobrino. Y yo, vuelvo a estar de enhorabuena… Mi hermana me ha dado a mi niña, a mi sobrina y ahijada…

Mi hermana no solo me ha dado motivos para luchar y para continuar, charlas para subirme el ánimo y la autoestima, me ha dado un hombro en el que llorar y una mano a la que agarrarme cuando he caído… Pero también me ha dado una sobrina de ojos despiertos y mirada penetrante. Me ha dado el mejor regalo, el que no esperaba, el que no sabía qué me iba a hacer tan especial. Eres genial, hermana.

Así que, sopla las velas de esa maravillosa tarta y piensa que este año, es el tuyo… Así que a exprimir los días y las horas, y a ser muy feliz, aunque felicidad tienes a raudales.

Te quiero, hermana.

 

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Hoy hace un mes, mi pequeña. Sí, hace un mes estábamos todos esperándote en aquella habitación que olía a nervios y sabía a ganas, sí ganas de ti.

Hoy hace un mes que caminaba nerviosa por aquellos pasillos, esperando ver a mi hermana, esperando ver a la niña a la que acaba de dar la vida.

Hoy hace un mes nos abrazábamos en la espera, nos sonreíamos entre sombras y nos tranquilizábamos con palabras. Teníamos ganas de ti.

Hoy hace un mes que me di cuenta que ibas a tener a la mejor madre del mundo, mi hermana. Lo sé, pequeña, lo sé porque para mí ha sido la mejor hermana, la mejor amiga, la mejor compañera, la mejor confidente, la mejor psicóloga en ocasiones, la mejor en todo lo que se ha propuesto, tanto es así, que para mí, tu madre es tantísimas cosas…

Hoy hace un mes que una enfermera atravesó el pasillo con una cuna, tu cuna, a toda velocidad, pero para mí el tiempo se paró, mi corazón bombeaba más despacio y pude verte. No sé si era tan grande el deseo que tenía de ponerte cara y ponerte piel para besarte, que yo te vi y me emocioné. Estabas preciosa, pequeña.

Hoy hace un mes que estábamos todos viendo cómo te bañaban y te peinaban por primera vez. Tenías tantísimo pelo… La enfermera te lavó y te desenredó el pelo y mientras, al otro lado del cristal te esperábamos… Todos, no faltó nadie… Nadie.

Hoy hace un mes que la enfermera entró empujando la cama de tu madre, que estaba preciosa. Salió más bonita que cuando entró, tienes suerte de tener esa madre.

Hoy hace un mes que me acerqué a la camilla en pleno pasillo y la abracé. La miré a los ojos, ya sabes que nunca mienten y estaban llenos de orgullo y de satisfacción, lo mismo que decía mi sonrisa tonta, mi mirada y mis lágrimas que ocultaba de vez en cuando.

Hoy hace un mes que, estando todos en la habitación hablando con tu madre, te trajo la enfermera y te puso en los brazos de tu padre. Te pudimos ver, te pudimos mirar, nos recreamos… Hubo lágrimas, muchas. Hubo risas. Hubo flases, muchos. Pero sobre todo había amor, mucho amor.

Hoy hace un mes en el que viví lo más bonito que me podía imaginar. Vi como tu papá te tenía en brazos y te miraba orgulloso, sonriendo… Vi como tu madre te esperaba en la cama, se colocó y se preparó para cogerte. No hay nada más maravilloso que ver a tu hermana pequeña teniendo en el regazo a la niña más preciosa que has visto nunca. Mi hermana sonreía y se perdía mirándola.

Hoy hace un mes que nos cambiaste la vida. Hoy hace un mes, justo un mes en el que sonreía y hacia la señal de la victoria.

Hoy hace un mes que mi vida está que rebosa de felicidad, de mimos, de sonrisas, de palabras…

Hoy hace un mes desde que viniste al mundo, llena de vida, llenando con tu llanto cualquier habitación. Hoy hace un mes en el que te besé por primera vez, aunque desde hace un mes, siempre que te veo, tu piel se hace mía. Hoy haces un mes, mi pequeña.

La vida es un momento, un momento cargado de vida.

La vida es un momento, un suspiro, un mirar el reloj y olvidar la hora… Eso es la vida.

La vida es un momento, una frase acertada, una frase deseada, una llamada a media mañana comunicando la noticia de la vida, de tu vida, sin duda de la suya…

La vida es un momento, es colgar y sonreír o llorar, o las dos cosas a la vez. Es sentir la vida correr por tus venas junto a los nervios, junto a un sinfín de emociones que hasta ese momento, no conocías. La vida es sentir.

La vida es un momento o quizá dos, o tres… Depende quien te cuente la vida, sabiendo que todas las vidas cuentan, que todos los momentos son válidos, que todos los momentos vividos no deberían desaparecer jamás…

La vida es un momento, pero vale más que una trilogía de sucesos vacías… La vida cambia cuando ves a tu hermana embarazada. La vida cambia cuando ves a tu hermana llena de vida, por dentro y por fuera, en sus ojos, en su sonrisa y en esa barriga que te pasarías horas tocando y besando… La vida está llena de vida, sin duda.

La vida es un momento en el que los nervios se apoderan de ti, de tu respiración, de tus manos nerviosas… Y solo necesitas saber que esa vida tan cercana a la tuya, se encuentra bien, se encuentra feliz… La vida es ese momento en el que suena el móvil y te manda una foto en la que ves lo bien que se encuentra.

La vida es un momento en el que sabes que la próxima vida está próxima. Notas la respiración acelerada, las palabras que se tropiezan en tu boca, tu andar despistado… Notas la vida que se aproxima.

La vida es un momento en el que las enfermeras, despreocupadas, se comunican que ya ha nacido, que está preciosa y que la van a traer… La vida es ese momento en el que decidiste esperar ahí, escuchar esa conversación y comunicar a todo el mundo, que la pequeña ya ha nacido.

La vida es un momento en el que la enfermera empuja distraída una cuna con una niña morena, con una gran melena y grande, muy grande…

La vida es un momento que vale por todo… No tiene precio que suban la persiana en “Nidos” y te dejen ver a la nueva vida que ha colmado la tuya de felicidad y apenas tiene minutos de vida…

La vida es un momento en el que ves como tu sobrina está perfectamente, está preciosa y grande. Las enfermeras le peinan su gran melena mientras la lavan. Esa niña es mi perdición, esa niña es mi vida, ha sido el momento de mi vida y por el momento, es mi vida.

La vida es un momento cuando todos, emocionados, nos dimos la enhorabuena y nos besamos.

La vida es un momento, el momento en que mi hermana irrumpe en el pasillo con su cama, y la miras y la ves preciosa. Preciosa es poco…

La vida es un momento y ese momento está lleno de satisfacción y de orgullo. Siempre he tenido a mi hermana presente para todo. Siempre la he admirado y querido, siempre la he apoyado y respetado, siempre la he querido más de lo que ella pueda imaginar y siempre me he sentido querida por ella a rabiar…

La vida es un momento en el que miras a los ojos a tu hermana y ves vida. La vida que transmiten sus ojos, plenos de felicidad…

La vida es un momento en el que la enfermera le coloca a la niña en su regazo y ella se emociona. Esa emoción eclipsa todos los demás sentimientos. Mi vello se eriza, mis ojos se inundan de plenitud y lloro.

La vida es un momento en el que cojo a la niña en mi regazo, le acaricio y ella, me agarra mi dedo con fuerza. Me mira, igual no ve, pero ella me mira, fijamente. La vida es ella, ella nos ha traído la vida.

La vida es un momento, eso sí, un momento tras otro… ¿Cuál es tu momento?

Hace unos días leí por una de las redes sociales, que la web: http://kedacon.com/ organizaba un concurso de relatos de temática LGTB. Bueno, en verdad de temática libre, pero tenía que tener algún personaje en su trama, que sí perteneciera a la comunidad.

Hacía ya días que llevaba una idea rondándome la cabeza… Tenía que darle forma, porque solo tenía sentido dentro de mí y pasarlo a papel no siempre es tan fácil. La historia que quería contar no era sexy, no era atractiva, no era entusiasta… Sin embargo, romperé una lanza a mi favor y diré que creo que es una historia con un gancho muy socrático, me explico. Lo que he hecho, no es sino utilizar el método que usaba este griego para enseñar a sus alumnos.

Sócrates hacía preguntas a sus alumnos para llegar al conocimiento verdadero, que residía en su interior, en ellos mismo. Basándome  en la “mayéutica socrática” y dando el papel de Sócrates, del maestro, a una niña pequeña, que no hace más que preguntar obviedades pero que ponen en jaque los conocimientos o las convicciones que tenía el padre sobre la “normalidad”, sobre el amor, sobre las parejas…  Creo que llegue a los lectores cómo una niña pequeña ha hecho temblar los ideales de un adulto de un plumazo y de la manera más fácil. Eso es lo que quiero transmitir, quiero hacer pensar a quien lea el relato, quiero que la gente que no pertenece a nuestra comunidad llegue a comprender y los que sí pertenecemos, que nos sintamos más seguros, más orgullosos, que seamos nosotros mismos porque no somos distintos, no somos diferentes y mucho menos, inferiores.

De eso trata mi relato, que se llama “Querido diario”, ya que es una historia narrada en primera persona, por la niña, que escribe lo sucedido desde su punto de vista, desde su manera de ver el mundo.

La web que lleva el concurso ( @KedaCon ) lleva días publicando los relatos finalistas, aunque la verdad no sé cuántos finalistas hay, pero lo que sí sé, es que el mío, mi “Querido diario”, está entre los elegidos.

A partir de hoy, lunes 16 de septiembre, se podrá votar los relatos desde la web que organiza el concurso, donde se encuentran todos los relatos finalistas o bien, desde el enlace que os pongo a continuación, que iréis a parar directamente al mío.

                                                              http://kedacon.com/querido-diario/

Me gustaría que leyerais mi relato y si os ha gustado, si os he logrado transmitir, si os he hecho pensar… Entonces sí, votarme, porque habré conseguido lo que me propuse. Si no es así, no importa, no pasa nada. Para mí ya es muchísimo estar entre los finalistas, estoy muy contenta.

No dejéis de leer el resto de relatos finalistas, seguro que en más de uno os sentís identificados. Yo como siempre, solo agradeceros todo lo que me dais.

 Cualquier noticia que tenga sobre este concurso, os avisaré, os lo aseguro…  ¡Desearme suerte!

                                                              http://kedacon.com/querido-diario/

 

El tiempo pasa y muchas veces no nos damos cuenta de la velocidad tan vertiginosa que llega a coger. Creo que solo somos conscientes de que el tiempo pasa porque arrancamos hojas del calendario, pasamos fechas importantes señaladas en rojo, porque celebramos cumpleaños, porque a la caída de las hojas de los árboles, sabemos que le sigue la nieve y a continuación los colores de las flores en flor. Creo que somos conscientes de ese paso, de ese correr de agujas, aunque es gradual, como a cámara lenta… Pero el tiempo pasa y si vuelves la vista hacia atrás, te darás cuenta.

El tiempo pasa y estoy encantada a día de hoy con todo el camino que he recorrido, de la manera que he decidido hacerlo, de la gente que me ha acompañado en mi viaje, de todos los recuerdos que he podido almacenar y de todos los que decidí borrar, de todas las puestas de sol de las que me he empapado, de todos los amaneceres que he pasado a ti abrazada, de todas las personas que he conocido y que de una u otra manera me han marcado, me han ayudado y me han valorado, porque sí, el tiempo pasa y ahora, hoy, mirar hacia atrás, a veces me da un poco de vértigo… Pero vértigo bueno, of course.

¿Sabéis? De las personas más importantes, que más quiero, que más valoro tener en mi vida y con los que no pasa un solo día que no hable… Son mis hermanos. Les adoro, les necesito, les quiero, cuento con ellos para cada paso que doy en mi vida, les comento cada jugada, cada preocupación… Es cierto que estamos muy unidos, que nos llevábamos muy bien y que son, los dos, un pilar importantísimo en mi vida.

Yo soy la del medio, mi hermana es la pequeña y mi hermano, obvio, el mayor. Mi hermano siempre ha cuidado de nosotras, es increíble ver cómo se preocupa por nosotras, a pesar de que yo ni siquiera vivo ya en casa, pero se preocupa. Mi hermana es la pequeña de la casa, ya sabéis, la mimada y la más consentida.

Pues bien, hace unas dos semanas o así me llamó mi hermana para anunciarme sin preámbulos, sin calentamientos y sin nada parecido que iba a ser tía, ¡¡YO!!… Me quedé sin palabras… ¡TÍA! Después de las mil preguntas de rigor sobre su estado, sobre cómo se encontraba, su estado de ánimo y demás, porque lo importante es que ella esté bien, ya me fui haciendo a la idea…

Mi hermana… La pequeña de casa… La pequeña… Me va a hacer tía… Y  estoy encantada…

Llamé corriendo a mi chica… y se lo conté, “Vamos a hacer tías”… No os imagináis hasta qué punto nos hace ilusión y hasta qué punto estamos felices… Nos encantan los niños, nos encantan… Pero ser tías ya… que mi hermana pequeña, que hasta hace dos días me pedía dinero, le ayudaba con los deberes o… cualquier cosa parecida… Vaya a ser mamá… Es sensacional.

Estoy muy feliz y puedo asegurar que me apetece mucho ocupar este rol, un rol completamente nuevo para mí, un rol que no se si sabré desarrollar, pero lo único que sí puedo asegurar es que a esa personita que lleva mi hermana en su vientre… Jamás le faltará un beso, una caricia, un te quiero, una conversación seria o de cachondeo… Lo que necesite.

Solo quería compartir con todos vosotros esta noticia que me ha hecho tan y tan feliz, y también a mi pareja. Es increíble como una noticia así puede cambiarte todo lo que te planteabas de la vida, todo lo que pensabas que iba a pasar y en qué orden sucedería… Pero sin embargo, una vez más, la vida viene… Y te sorprende, y yo, que soy una enamorada de la vida… Me dejo sorprender, me dejo querer y me dejo mimar por una vida que hasta hoy, me está dando todo lo que necesito y todo lo que me hace feliz.

A mi hermana, a la pequeña, ¿qué decirte? Que te adoro, que me parece increíble lo mayor que eres ya… Lo feliz que te veo y la felicidad que te viene en camino. Que te lo mereces todo, porque tú eres todo para mucha gente. Que se me hace tan y tan raro estar escribiendo estas cosas… pero me hace tanta ilusión… Que “acepto barco”. Que te quiero con locura, de verdad que sí. Y que en esta nueva etapa verás que todo saldrá bien y así, cuando nosotras nos decidamos, podrás asesorarnos sobre un sinfín de cosas. Gracias por hacernos partícipes de todo esto.

Eres grande, pequeña.