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Odio mi timidez.

Sí, creo que era mejor empezar por el principio, por la conclusión, por el mensaje que quería transmitir con esta nueva entrada del blog.

Nunca me he sentido cómoda compartiendo mi vida con ella, para que nos vamos a engañar. No hace más que ponerme obstáculos y complicarme aún más el día a día. Pero por mucho que yo la animo a que se vaya… Nada, no hay manera. No me deshago de ella ni queriendo.

La timidez me obliga a veces a comportarme de cierta manera, a decir ciertas cosas o a decirlas con cierto tono, con ciertos gestos, con ciertas poses… Y no soy yo, bueno sí, soy yo, pero estrangulada por esa piedra con la que llevo tropezando varios años.

Siempre he sido algo más reservada que mis hermanos, quizás. Pero siempre he sido muy habladora, siempre he sido muy social, o eso creía yo. Aunque claro, siempre dentro de mi timidez. Pero desde hace unos años, me siento cada vez más tímida, más miedosa a los contactos con gente que, a priori no conozco, miedo a no saber qué decir o no decirlo en el momento que debería… Miedo.

No os podría enumerar la de cosas que he dejado de hacer por “esta piedra” que llevo pegada en el zapato. Muchas, muchísimas. Cada día para mí es un reto en muchos sentidos. Siempre hago alguna cosa, que cuando llego a casa, se la cuento a mi chica, porque aunque ella igual no le dé mayor importancia, para mi significa un mundo. Le he plantado miedo a algo que me daba miedo, que me paralizaba los pies y hacía que la lengua se me trabara y lo he hecho. Sin importar nada más. Sin miedo, o bueno, con él, pero a mí lado y no detrás de mí, acosándome.

También es cierto, que a pesar de todo esto que os digo, cuando conozco a alguien, cuando hablo con gente con la que nunca antes lo había hecho, intento comportarme como realmente soy yo, intentar ser lo más natural posible, y mucha gente que me ha conocido piensa que no soy tímida, quizá solo algo reservada.  Lo que ellos no saben, es que en ese momento, toda mi energía está concentrada en ellos, en esas personas nuevas.

Quizá el problema es más grande  cuando tengo que ir yo sola a algún sitio que me invitan, cómo a tomar un café con gente que a penas conozco, aunque quizá les admire desde el silencio, o igual una entrevista, o la presentación de un libro. Ahí el tema cambia y mucho. No es lo mismo quedar con unos amigos y que esos amigos traigan a más gente. Ahí estoy arropada, es una situación que  yo no he podido controlar y que además, nada depende de mí. En la otra sí, yo tengo el control. Puedo controlar ir o no ir, puedo controlarlo…. Y puedo quedarme con las ganas…

Creo saber de dónde vienen todos estos miedos y todas estas tonterías, claro que sí. Aunque a veces parezca que no, me conozco bastante. Me he aburrido de tanto escucharme. Pero lucho cada día para superarlo.

Lo único que tengo claro, que  es una putada, pero que es mi putada particular. Es mi lucha diaria y, por ahora, no hay nadie derrotado, solo hay alguien que se ha parado a coger aire para continuar hacia delante, siempre hacia delante…

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