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Porque hay días que tienes marcado en rojo y no podrás olvidar jamás, aunque te vaya muy bien o te vaya mal.

Porque hay días que son tan importantes para tí, que te transportan sin querer y sin pedirlo hacia atrás, hacia el pasado. No hace falta volver la vista atrás para ver los días ya disfrutados porque esos días, aun viven en ti.

Porque hay días que cambien el resto de fechas del calendario. Un simple día, un simple cómputo de 24 horas, puede afectar directa o indirectamente, en el resto de días que componen tu existencia. Porque hay días, momentos y horas, que no deseamos que lleguen nunca, pero terminan llegando, como el invierno, como el verano, como el recuerdo de un cuento, o de tu mano simulando tocar el piano. Porque hay ausencias, recuerdos y circunstancias, que duelen sobremanera. Tú dueles, tu ausencia duele, tus recuerdos, aunque me hacen sonreír, duelen en el fondo de mí.

Porque hay días que dan miedo, sin ni siquiera llevar máscara o gritarte al oído. Da miedo vivirlos, volver a sentirlos sobre tu piel como la primera vez. Da miedo volver a revivir esa sensación de pérdida, de desasosiego y de madurez. Da miedo levantarse al día siguiente y decir en voz alta “es cierto, ha ocurrido. Ella ya no está.”. Da miedo, porque te obliga a aceptarlo, a asumirlo y a continuar hacia delante. Con miedo, sí. Pero hacia delante, aunque sea temblando y volviendo la vista atrás, pero hacia delante.

Porque hay días que sabes que van a llegar, que la vuelta al calendario se va a volver a cumplir y ese día explotará en ti, como explotó en su día aquella noticia, tu corazón o tus constantes vitales tras colgar la llamada. Esos días, has de luchar, has de enfrentarte a ellos. Por eso cargas sobre tus hombros todo el peso que puedes. A veces en forma de trabajo, mucho trabajo. Otras veces solo recados, quehaceres diarios. Otras veces, sumas todas las actividades que puedes a tu agenda. No importa no tener ni un minuto libre para sentarte en el sofá y ver las noticias o salir a tomar un café con tu pareja y comentar cómo os ha ido el día, no importa. Ese es el objetivo, tener la mente tan ocupada y tan llena de propósitos para ese día, para hoy, que te libere de tu miedo de enfrentarte a la puta realidad de su ausencia. Sigues cargando tu espalda de quehaceres, pero no puedes evitar quitarte los recuerdos de tu cabeza.

Porque hay días, que sientes el alma tan vacía, que apenas logra ponerse en pie y saludar a la vida. Las cosas pesan más cuando menos tienen, las cosas se mueven más por dentro, cuando menos te lo esperas. Las cosas cambian, los pesos, los recuerdos, las historias… Cambian. Tú nunca cambiaste. Yo nunca cambié estando contigo.

Porque hay días que son día 7, porque hay días que coinciden en enero, en el primer mes de año, en la primera semana de este nuevo año. Porque hay días que me traen tus recuerdos con la brisa, con el despertador, con el insomnio del día 7. Hoy es 7 de enero.

Porque hay días abuela, que te recuerdo aun más si cabe, más que siempre. Hoy hace un año que  nos dejaste, hoy, precisamente hoy hace un año que intento aprender a vivir sin ti, a vivir de tus recuerdos, de tus fotos y de millones de recuerdos, de historias y de anécdotas de ti, porque por suerte, hemos tenido a la mejor abuela del mundo. Sí, esa que nos cuidaba cuando estábamos malos y se recorría medio León para venir a nuestra casa y traernos algún pastel, jugar con nosotros a las cartas o simplemente ver los dibujos. Sí, esa que nos contaba dos mil anécdotas de su vida, de su infancia, de su marido o de su pueblo, y que nosotros sabíamos de memoria y aún así, disfrutábamos cuando volvías a contarlas. Ojalá hoy volvieras a recordarnos quién era Colasa o cómo bailabas en el Casino los días de fiesta. Ojalá hoy volvieras a contarnos un chiste o a hacerte doscientas fotos con nosotros, mientras sacamos la lengua y ponemos caras raras.

Porque hay días abuela, que te despiertas estando ya triste, estando melancólica, como hoy. Recuerdo el día como si fuese ahora mismo. Recuerdo cómo me llamó mi madre y supe que algo había pasado. Recuerdo los dos mil pensamientos que se me pasaron por la cabeza antes de descolgar y enfrentarme a la realidad. Recuerdo como supe que tenía que irme de Barcelona, supe que tenía que estar allí, cerca de ti, cerca de los míos.

Porque hay días abuela, que todos nos necesitamos un poco más. Hoy es uno de esos días, en los que quizá, sería más llevadero si en vez de cargarme el día de quehaceres y de recados, hubiera recorrido los 800 kilómetros que nos separan y me hubiera visto con los míos, y todos juntos, iríamos a verte.

Porque hay días abuela, que me acuerdo de ti sobremanera, como hoy.

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Las semanas pasan volando, atropellando casi a los días, que con su juventud y su inocencia, se pasean. El tiempo vuela, el tiempo tiene alas y las despliega, arrancando las hojas al calendario, arrancando las horas al reloj, arrancándote una sonrisa…

Algunos dicen que lo más caro del mundo es un diamante… Otros dicen que es el oro… Otros dicen que es una propiedad en una gran ciudad… No tienen ni idea de la vida… Lo más valioso es el tiempo, lo tengo claro.

El tiempo ni se vende ni se compra, el tiempo no puede cambiarse por cualquier otro objeto, el tiempo no se detiene, no corre, no vuelve hacia atrás… El tiempo es el tiempo. Es eso que jamás podrás controlar perfectamente, es eso que te da la vida y que te la quita, el tiempo no es solo lo que marca tu reloj de pulsera, es lo que marca tu vida.

El tiempo me ha enseñado que la vida jamás es lo que te esperas, que siempre guarda un as en la manga, que siempre juega con ventaja… El tiempo me ha enseñado a que es más importante mirar hacia delante que hacia atrás. El tiempo me ha enseñado que una sonrisa, puede ser lo más cálido del mundo y que un abrazo, puede ser el único abrigo en un invierno frio.

El tiempo borra huellas y borra heridas, pero jamás dejes que borre una sonrisa o un buen día… El tiempo es quien realmente pone a cada uno en su sitio y creo que yo ya he encontrado el mío…

El tiempo pasa tan deprisa, que a veces asusta… Por eso hay que estar ahí, al pie del cañón, para hacer que todas las horas del día cuenten, que todas las horas del día tengan su momento, tengan su sonrisa y valgan la pena.

El tiempo pasa tan deprisa, que sin darme cuenta ya han pasado ocho semanas desde que nos alegraste la vida a todos. Ocho semanas que hemos pasado mirándote y queriéndote, aunque tu aun, no te das cuenta. Ocho semanas de noches sin dormir y de llantos. Ocho semanas de risas incontroladas y felicidad plena a la hora de dormir… Merece la pena.

Es increíble lo que el tiempo ha hecho contigo, cariño. Es increíble lo que el tiempo ha hecho con todos nosotros. Nos has cambiado la vida… No sabes hasta qué punto.

Puedo pasarme horas mirándote, mientras te doy algún beso o te canto alguna canción… Puedo pasarme el día revisando las fotos del móvil. Puedo pasarme el día entero hablando de ti… Eres, sin duda, el mejor regalo que mi hermana podía darme.

Hoy es uno de esos días en los que necesito mimos, en los que necesito miradas cómplices, palabras susurradas al oído y gritadas en medio de la noche, en los que necesito tu mano calmando mis nervios, calmando mis disgustos, calmando mis palabras aceleradas…

Hoy es uno de esos días en los que todo lo que siento lo magnifico, lo confundo, lo asocio, lo borro… Lo multiplico… Por eso necesito tu mano sobre la mía, para dividirlo, para minarlo, para acabar con “eso”.

Hoy es uno de esos días en los que me alimento de tus abrazos, que me sujetan fuerte, que sujetan mi angustia, mi pesar, mis disgustos, mis exageradas preocupaciones…

Hoy es uno de esos días en los que necesito hablar, de ti de mí, de mi pasado, de nuestro futuro. Hoy es uno de esos días en los que quiero hablarte, en los que quiero contarte, en los que quiero sincerarme, solo contigo, solo para ti. Mi voz, mis preocupaciones y tú, con tu sonrisa y tu mano sobre la mía, calmándome.

Hoy es uno de esos días en los que ya no puedo fingir más, porque esa es mi mayor especialidad, fingir, mentir, aparentar… Pero a veces, a veces es tan difícil cariño, que no puedo más… NO debería fingir, lo sé, pero es tan duro verte preocupada, es tan duro ver que sufres y que lo haces por lo que yo te cuento, por lo que yo siento, por lo que yo estoy pasando… Que prefiero tragar yo, que prefiero agacharme un poco, cargármelo a la espalda y tirar hacia delante, como siempre he hecho, se me da tan bien… Pero ahora es distinto… Ahora no soy tan valiente… Ahora lo hago, sí, cierto, pero porque sé que tú estás a mi lado, velando por mí, como si fueras mi muleta o mi cayado… Que va junto a mí y si tropiezo o no puedo más… Me sujetarás, me abrazarás, me besarás y todo lo que siento, se esfumara mientras esté entre tus brazos…

Hoy es uno de esos días en los que miro al cielo y agradezco, sea quien sea quién esté allí arriba, por tenerte a mi lado, por ser mi cayado y la que me habla, la que me sugiere, la que sonríe a mis preocupaciones, la que acuna mis miedos hasta que se duermen, hasta que desaparecen, la que está a mi lado sin pesares, porque el hecho de no estar, sería un gran pesar.

Hoy es uno de esos días en el que te echo de menos a cada segundo, a cada parpadear, a cada “ahora vengo, no tardo…” Hoy es uno de esos días en los que necesito tu piel junto a la mía, tu piel sobre la mía, tu mano calmando cada poro de mi piel…  Hoy es uno de esos días, cariño, en los que no me aguanto ni yo, en los que pienso demasiado las pequeñas cosas, en las que me siento tan afortunada por mil razones y tan imbécil de no disfrutarlas. Hoy es uno de esos días, en los que sé que tengo más  de lo que merezco, de que tengo más que suficiente para ser feliz y sé que lo que hoy, y solo hoy, no me deja avanzar, son solo tonterías, pequeños cántaros en el camino, que puedo bordearlos, saltarlos e incluso cogerlos y arrojarlos al olvido, al rio, al desahucio… Pero seré débil, estaré débil, me estaré dejando ganar…

Hoy es uno de esos días en el que escribo estas letras y estoy deseando firmarlas, para ir a la habitación de al lado y darte un abrazo y que tus brazos me protejan de mi miedo. Hoy es uno de esos días, cariño…

Hay veces que te despiertas con ganas de poder vaciar tu alma delante de un folio en blanco. De poder expresar todas las ideas e inquietudes que se te pasan por la cabeza, sé que muchas no tienen sentido, sé que muchas las pensamos muchas.

Hay veces que despierto sabiendo exactamente lo que tengo que hacer, por lo que tengo que luchar, cual es el motivo que me ha impulsado a ponerme el despertador más pronto de lo normal, por qué me he levantado, he sonreído a la imagen que me devolvía el espejo y he pensado “Hoy va a ser un gran día”.

Hay veces que despierto con ganas de besarte, de arrimarme a ti, de abrazarte tan fuerte que cualquier día me podría colar en uno de tus sueños.  Hay veces que despierto con ganas de susurrarte mientras duermes lo mucho que te quiero y que tu subconsciente me devuelva una sonrisa, a pesar de que sigues dormida, a pesar de que estás con Morfeo… Me sonríes.

Hay veces que despierto con hambre, con mucha hambre. No entendía cómo podía despertar tan hambrienta, ahora sí lo se. Cuando me despierto así, tengo claro que es porque llevo toda la noche despierta, en sueños, cuidando de ti, abrazándonos, hablando de mil historias mientras te muerdo el labio, mientras me acaricias la cara, mientras nuestros pies, se rozan, se hacen cosquillas…

Hay veces que despierto y aún no ha sonado el despertador. Y se, que lo que quiero es aprovechar bien las horas. Con 24 horas a mí no me da tiempo a hacer todas las cosas que debo hacer. Tengo tantos sueños por cumplir, tanta ilusión por alcanzarlos, que incluso me despierto antes, no hay tiempo que perder. Mis sueños, mis ilusiones están ahí, los veo, los siento… Hay que ir a por ellos.

Hay veces que despierto y tengo al gato recostado a mi lado, roneando, y me mira. Cuando ve que abro los ojos, se levanta, viene hacia a mí  y me huele la cara para después lamerme. Me gusta dormir con el gato, tenerlo cerca, oírle como ronea…

Hay veces que despierto y tengo la cama muy deshecha, las sábanas por un lado, el nórdico por otro… Y pienso ¿Qué ha pasado aquí? No todas las noches son buenas noches, supongo. Hay veces que despierto y se que he pasado una mala noche, que he soñado, que he tenido pesadillas. Es una cosa muy común, nos pasa a todos. El subconsciente es quien manda. Hay temas que lógicamente me preocupan o que me dan miedo. Hay recuerdos que es mejor no tenerlos y cuando estoy despierta, no les hago caso, yo y mi voluntad somos más fuertes, pero cuando duermes, estás a merced de lo que el subconsciente quiera pensar, imaginar o recordar. No importa lo fuerte que seas o el control que tengas sobre ti mismo y sobre tu mente, esta batalla la tienes perdida.

Hay veces que despierto y no se ni que día de la semana es… Supongo que eso no es tan grave, pero ¿Cuándo despiertas y no sabes ni que hora del día es? Eso es peor… Supongo que será por mis continuos cambios de horario. A veces tengo que dormir por la tarde, otras por la mañana y cuando tengo suerte y todo va bien, pues duermo por la noche.

Hay veces que despierto con una poesía en la cabeza o con un tema del que escribir. Hay veces que despierto con la inspiración pegada a mí, cual legaña. Esos días despierto, me preparo un café y ya tengo el bolígrafo en la mano, no hay tiempo que perder, las letras se evaporan, como el humo de mi cigarro.

Hay veces que despierto feliz, plena, tranquila. Esbozó una sonrisa mientras abro los ojos y te veo. Hay veces que despierto y el solo hecho de tenerte recostada sobre mí, abrazándome, es motivo suficiente como para levantarme, comerme el mundo y volar. Porque tú me das esas alas que necesito, tu eres mi sueño y mi vigilia, mi despertar, eres la pluma que al acariciar mi piel me hace cosquillas y me saca una sonrisa.  Tú eres mi cerveza bien fría en verano, en una terraza con vistas al mar Tú eres mi vértigo, la que cuando me mira me hace sentir que estoy en un rascacielos, mirando a la gente desde arriba viendo que parecen diminutos, parecen hormigas y eso es porque tú me haces sentirme grande, a tu lado me siento grande. Tú eres mi estufa en invierno, la que mantiene caliente mi cuerpo y mi alma. Tú eres mi musa, la que entra de noche por el balcón, descalza, con un camisón blanco y me susurra al oído, tú eres el motivo de estas letras, tú estás en cada uno de los versos, de las historias, de las frases que salen de esta mano que jamás se cansa de rozarte. Tú eres mi manivela, la que me da cuerda. Nunca te cansas de hacer girar la manivela y yo cada vez me siento con más fuerza, con más vitalidad, tú haces que tenga cuerda para rato. Tú eres la mejor película que he visto, eres mi principio y mi final feliz, eres mi escena romántica, mi escena subida de tono, mi reconciliación… Eres el mejor guion que he tenido en mi vida y yo soy la protagonista.

Hay veces que despierto… Y me da por escribir algo como esto.

Te pienso

Cómo se piensan las pequeñas cosas

Cómo se piensan

A solas los claros de luna.

Te pienso

Con tus curvas de mujer.

Con tu tenue redondez.

Con el color aceituna de tu tez.

 

Te anhelo.

Cómo a las grandes ilusiones.

Cómo un actor sin funciones.

Te anhelo porque te anhelo,

Porque sin tí, sólo siento miedo.

 

Te siento.

Cómo se siente una caricia.

Cómo cuándo te acaricia la brisa.

Cómo cuándo miras el reloj,

Y te entra la prisa.

Te siento.

Porque estás en mi presente.

En mi piel y en mi mente.

En mis recuerdos, en mis ensoñaciones.

En mi mundo latente.

 

Te oigo.

Incluso cuando el silencio

Invade el espacio.

Te oigo.

En susurros, sobre mi oreja.

Con la voz entrecortada.

Mientras me besas el alma.

Te oigo.

Con la voz suave, terciopelo.

Con la voz dulce, caramelo.

Con la voz cálida, tiempo bueno.

Con tu voz, que los murmullos calla.

 

Te beso.

Cómo se besa por primera vez.

Sin miedo, pero con timidez.

Con ansia, con necesidad.

Con ganas de esta sed saciar.

Te beso, no lo olvides, como hay que besar.

Ayer, tras colgar el anterior post se me vinieron a la mente varias cosas que no os he contado y son importantes para llegar a conocerme. La primera de ellas, por ser la más relevante para mi educación, para mi infancia y para mi vida en general es mi abuela. Bueno, en realidad es la abuela de mi madre, es decir es mi bisabuela, aunque en casa todos la llamamos abuela.

Mi abuela ha estado presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Al principio venía días sueltos, aunque los domingos era su día, ningún domingo faltaba en casa. Siempre traía una torta para que merendásemos todos. Nos llevaba a dar un paseo con la bici e incluso ella montaba también. Nos enseñaba miles de canciones y de poemas, de refranes, de dichos de mi tierra, por allí dirían “decires”.

Después, cuando mi hermana creció un poco, mi madre comenzó a trabajar, así que era mi abuela la encargada de ir a por nosotras dos al colegio ( estudiamos en el mismo centro ) y de llevarnos a casa para darnos la comida, para al cabo de un rato volvernos a llevar. Cuando nos poníamos malos, era ella la que venía a cuidarnos a casa. Recuerdo que siempre que venía porque alguno de los tres estuviera mala traía un milhojas…. ¡Qué recuerdos! Estábamos deseando ponernos malos para que ella viniera con el pastel y nos hiciera sacar el parchís, las damas, la oca, las cartas… Creo que ninguna persona ha jugado al parchís como mi abuela. Se podía pasar horas y horas jugando, además que no lo hacía por compromiso, le encanta jugar al parchís.

Muy cerca de donde íbamos mi hermano y yo (también mi primo) a entrenar a kárate había unos cines. Siempre al pasar veíamos los anuncios de la cartelera. Recuerdo cuando ví por primera vez el anuncio de Parque Jurásico I… Y los anuncios que daban en la televisión que parecía que los dinosaurios eran capaces de comerse la pantalla. Mi hermano y yo lo tuvimos claro desde el principio… ¡Teníamos que ir! Y lógicamente…fuimos. ¿Sabéis quién nos llevó? … Mi abuela. Sí, sí, se pasó toda la película diciendo cosas como: “Ay Dios mío… Cuidado, cuidado, que hay un bicho detrás…” Y también se tapaba los ojos con las manos. Mientras, nosotros, sentados cada un lado de ella disfrutando como nunca. Cuando salimos del cine la pobre mujer preguntándonos que cómo era posible que nos hubiera gustado aquello… Que para películas buenas, las de su época…. Fue un gran día

Cuando nosotros nacimos mi abuela ya estaba viuda y hacía muchos viajes con las amigas. Su destino preferido no lo vais a adivinar… Benidorm! Se iba si todo iba bien tres veces al año, verano, navidades y para semana santa. Siempre nos traía camisetas con un barco bordado y una frase del estilo a: Mi abuela estuvo en Benidorm y se acordó de ti. Cosas de ese estilo.

También guardo un buen recuerdo del día que hice la primera comunión. No por el vestido ( ni mucho menos) , ni los regalos , ni por recibir a Dios … Para comenzar, mi madre me vistió, me puse el vestido, mi tía que es peluquera me peinó y todos juntos nos encaminamos a la iglesia, que estaba justo detrás de mi casa. Para acceder al interior de la iglesia había que subir varios escalones, y ahí empezó el drama. Cuando iba a subir, vino mi madre a ayudarme con el vestido, el cancán y todas esas cosas y cuando alcé la pierna para subir el escalón, ahí estaba. No llevaba los zapatos que me habían comprado, pero sí mis zapatillas de deporte. Imaginaros el drama que se vivió. Alguien fue corriendo hasta mi casa para traer los dichosos zapatos, porque ¿Cómo iba a recibir a Dios en zapatillas de deporte?

Guardo muy buenos recuerdos de mi primo, el que venía a kárate conmigo. Somos de la misma edad, por lo que siempre hemos estudiado juntos, en las mismas clases y practicado casi las mismas actividades, además de compartir los mismos amigos. Éramos como aquel que dice inseparables.  En clase nos sentábamos juntos, cuando nos íbamos de excursión también, hacíamos los trabajos y los deberes juntos mientras merendábamos un bocata de mantequilla con azúcar… También hice muchos viajes con mis tíos, sus padres. Mis tíos son los típicos “enrollados” que todos queremos tener en nuestra familia. Con los que puedes hablar de todo sin morderte la lengua.

También recuerdo mi obsesión por las gafas. Desde muy pequeña me han gustado. Veía a las niñas que llevaban gafas, y no se, yo también quería llevarlas, pero había un problema, al parecer tenía una vista de lince. ¿Qué hice? Fingir que era como un topo, que no veía nada.

Llegaba a casa y hacía que no veía bien, que no era capaz de leer la publicidad del envase de la leche o de cosas parecidas y cuando me preguntaban que qué hacía, les decía que no veía. Recuerdo que mi padre me ponía el teletexto de la televisión para que le leyera la programación y yo fruncía el ceño, medio cerraba los ojos como focalizando… Y le decía, no lo veo papá. Así que conseguí que me llevaran al oftalmólogo. Éste me envió un colirio. Yo no sabía que era eso, pero me lo ponía dos veces al día y al final “Me curé”. Desde el principio mis padres y el médico sabían que fingía…

Cuando a mis padres les decía que estaba mala, que me dolía algo, me daban una cucharada sopera con agua y azúcar, como si fuese una aspirina, si al rato me seguía doliendo, era cierto, estaba mala. Sin embargo, si milagrosamente me ponía buena, que era lo más normal, me mandaban al colegio. Que ingenuos nosotros y que ingeniosos ellos.

Pues creo que por ahora ya está de recuerdos, a todas las que os pasáis por aquí, mil gracias.

Un saludo, muac.

Mi infancia

Publicado: 28 febrero, 2013 en bollo, homosexual, lesbianas, salir del armario
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Para ser sincera, recuerdo vagamente como fue mi infancia. A veces veo fotografías e incluso algunos vídeos y me acuerdo solo de algunas cosas.

Somos tres hermanos y yo soy la del medio. De mi infancia junto a mi hermano, que es el mayor, si que recuerdo alguna cosa más, aunque todo detalles. Recuerdo que nos llevábamos fatal, que nos peleábamos por todo. También, que teníamos varios insultos siempre en mente para referirnos el uno al otro y que siempre nos chivábamos a nuestros padres de cualquier cosa que hiciera el otro.

Sin embargo, con mi hermana no tengo tantos recuerdos, y eso que le llevo 3 años y medio. Los recuerdos con ella llegan cuando yo era algo más mayor. Recuerdo ayudarla con los deberes o que jugábamos al básquet, explicándole las normas. Sin embargo, con el tiempo, me surgen más recuerdos que los contaré e el siguiente post.

Recuerdo que era una niña inquieta, nerviosa. Me gustaba leer. Aun conservo el primer carné de la biblioteca. Me acuerdo que mi padre me llevaba alguna vez. Iba, cogía algún cuento, algún comic y me sentaba en esas mesas redondas y leía un poco. Si veía que me iba a gustar, me lo llevaba, siempre me llevaba alguno.

En casa de mis abuelos paternos había una pequeña biblioteca y me acuerdo que había una enciclopedia infantil en la que te explicaba muchísimas cosas, bueno, en verdad, para mí lo explicaba todo. Además era muy gráfica, todo con dibujos y fotografías para que entendieras cada tema.

Se que desde bien pequeña me gustó el deporte. El primero que practiqué fue el futbol. Mis padres se mudaron de casa cuando yo tenía 3 años. En el sitio nuevo había muchos niños de mi edad y de la edad de mi hermano y sin embargo pocas niñas. Comencé a pasar más tiempo con mi hermano, no me quedaba otra. Y ellos solo se dedicaban al futbol, así que yo jugaba con ellos. Este fue el principio de una de mis mayores aficiones.

Recuerdo la casa, mi habitación, el cuarto de baño tan pequeño y a todos nosotros ( cinco que éramos) peleando por entrar. Recuerdo el olor a café en la casa cuando nos levantábamos. En mi casa han sido muy cafeteros, cosa que he heredado yo, y nada más levantarte olía a café recién hecho.

Nosotros vivíamos en una especia de urbanización privada y cerrada. Eso es un regalo para cualquier padre. Nos soltaban en el patio y nosotros jugábamos hasta que desde la ventana nos llamaban y subíamos a casa. Había un pequeño polideportivo y varias zonas verdes. Jugábamos a “Pillar y salvar”, a “Pica-acera”, al “escondite”… La verdad es que nos lo pasábamos bien, éramos bastantes niños.

Recuerdo que me quejaba por todo, no estaba nunca conforme. Desde bien cría, defendía a mis hermanos con todos los argumentos que mi labia me permitía, descolocaba a los profesores, a la familia… Siempre había un ¿Por qué? Todo lo cuestionaba, bueno, todo tampoco, las cosas que no entendía, que no me parecían bien.

Desde bien pequeña me ha gustado respetar a todo el mundo y no me gustaba cuando no lo hacían. Ya sabéis como son  los niños. A los que son algo diferentes por el motivo que sean, les atacan. Y no se muy bien por qué, supongo que por mis padres, yo les defendía. Así que muchos de mis amigos de la infancia son los que en esa época eran gorditos, con gafas, con aparato en los dientes…. En fin.

Recuerdo que era buena estudiante. Me gustaba el colegio y también hacer los deberes. Cuando salía del colegio, mi padre me esperaba en la puerta y siempre me compraba algún dulce. Una vez en casa se sentaba conmigo en la mesa camilla y me ayudaba con los deberes, me corregía faltas de ortografía… Aunque cuando crecí un poco más, dejó de hacer eso. No se muy bien por qué.

La primera actividad extraescolar a la que me apuntaron mis padres fue Kárate. Mi padre siempre me decía que tenía que saber defenderme. También me dijo cuando me hice más mayor que además de defenderme que me dedicara a lo que me dedicara que no dependiera jamás de nadie, que pudiera ser totalmente independiente.

El kárate me gustaba, disfrutaba mucho practicándolo. Mi hermano y mi primo también estaban apuntados, así que allí nos plantábamos los tres.

Y pocas cosas más recuerdo. A veces, al ver una foto…Recuerdo el momento en que se tomó esa foto, aunque antes no lo había recordado.

El siguiente post irá de cuando crecí un poco.

Un saludo, muac