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Hoy tengo una cita con la mujer más maravillosa del mundo.

Hay tantas cosas que tenemos que celebrar, que no podía pasar de esta noche. Así que, me llevo a la chica más maravillosa del mundo a cenar. Tenemos reserva en un céntrico restaurante donde podremos disfrutar de un suculento menú y brindar con una buena botella de vino.

Ha sido una semana llena de emocione y de noticias buenas, no queríamos dejar pasar la oportunidad de salir y celebrarlo, brindar y reír, rendirnos ante la suerte o ante su sonrisa, que me hará caer antes, seguro.

Esta semana envié el contrato firmado. ¡Uf! Ya está, enviado y mi copia guardada, a buen recaudo. Fue una sensación extraña firmar esos folios, ver mi firma plasmada debajo de “AUTORA”. Ni en mis mejores sueños hubiera podido imaginar algo así… Fue una firma especial. Cogí el bolígrafo y puse la punta justo donde tenía que esbozar la firma, mientras miraba fijamente el papel, mi chica me preguntó que si todo estaba bien, que si había algún problema… No, respondí yo. Pero era un momento tan importante, tan trascendental para mí, que necesitaba coger aire y disfrutarlo un poco, hacer ese momento mío, pero mío de verdad y para siempre.

Hemos tenido una semana de locas con muchísimo curro y demás obligaciones, por lo que la celebración se ha ido retrasando, retrasando y retrasando… Hace una semana que me llegó la carta y hace tres días que yo respondí a esa carta… Hoy podremos celebrarlo, las dos.

Pero es que, por si esto fuera poco, esta semana me entero que otro de los proyectos con los que estoy colaborando y del que pronto podréis conocer más cosas… Va viento en popa y a toda vela… Porque ha sido seleccionado… Pero hasta ahí puedo escribir. Espero que pronto, muy pronto, pueda decir más cosas y hablaros de ese proyecto con el que estoy también muy ilusionada, muchísimo. Ha sido una semana redonda.

Me hace mucha ilusión salir esta noche a salir y poder celebrarlo con ella, porque sin duda alguna, ella es mi alpha y mi omega. Porque ella fue la que me animó a escribir, ella fue la que me animó a continuar, ella es la protagonista de todas mis historias, ella es la dueña de mi blog, ella es la que hace que estos dedos tecleen más rápido, imaginen más cosas, sueñen imposibles y compongan guiones. Ella es el principio y el final. Ella es la causante de que esta noche tengamos una cena.

Así que, me voy a poner todo lo guapa que pueda, con mis mejores galas y mi mejor sonrisa, y nos vamos a ir a cenar y a brindar. A celebrar la vida, a brindar por ella y dejarnos embrujar. Porque la vida en general debería de ser celebrada. Sea en casa o en un restaurante, siempre hay algo que celebrar, siempre hay algo por lo que brindar, siempre hay algo por lo que luchar y siempre hay algo que decir. Yo celebro mi vida contigo y brindo porque haya muchas más noches como esta, con o sin noticias súper interesantes por las que brindar porque el motivo principal estará sentada en frente de mí.

Gracias cariño por darme tanto, por darme todo. Gracias.

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Hará cosa de un mes decidí que quería hacer un regalo especial a mi chica por su cumpleaños. No quería regalarle un detalle y llevarla a cenar…No, este año, sería distinto, este año lo recordaría el resto de su vida, así que, me puse manos a la obra.

Cree un grupo de “WhatsApp” con nuestros amigos más directos y les comenté la idea que había tenido. La verdad que no me esperé que la gran mayoría, sin importar el día, ni el lugar, ni el precio… Aceptase, todo por estar en su día, con ella.

¿Os acordáis de mi amiga, la que se casó? Pues bien, ella y su marido, adelantaron su luna de miel dos días para poder acompañarnos ese día… Os lo digo todo ¿Verdad?

Me pasé un mes hablando en “secreto” con los amigos, escondiendo el móvil, quitándole las notificaciones cada vez que llegaba a casa, silenciándolo… No os podéis imaginar el estrés que llevaba encima.

Al final encontramos el sitio donde lo íbamos a celebrar y apalabramos un menú. El restaurante en cuestión, tiene cuatro escalones antes de acceder, dónde pondrían una alfombra roja con velas a ambos lados hasta llegar a la puerta de entrada. Así la recibiríamos. Así que una vez que teníamos el restaurante, el menú, los invitados, los sombreros de copa y las máscaras que íbamos a llevar, solo quedaba… “engañarla”, y esa era mi misión, je je.

Creo que ya os había comentado que nuestro cumpleaños es el mismo día, que nacimos exactamente el mismo día y que siempre celebramos el cumpleaños juntas… Pues bien, este año cayó en viernes y no teníamos preparado “nada” para hacer, así que ella, escribió a todos nuestros amigos ( a los mismos que había escrito yo… ) para quedar a  cenar todos juntos y así alegrarme el cumpleaños y sorprenderme, por supuesto… Pero todos dijeron que no podían, se inventaron mil y una excusas para no ir, por lo que os podéis imaginar su indignación y su enfado… “Vaya amigos, no quieren venir a cenar, ya les vale…” Y mientras, en realidad, todos estaban haciendo cosas para que el sábado saliera todo a pedir de boca, para ella.

Y llegó el sábado… ¡¡Qué estrés!! Yo tuve que dar mil vueltas con el coche para recoger todo lo que teníamos escondido por ahí, para recoger los regalos, para recoger a mi amiga y a su marido, para llevarles al restaurante y dejarles abandonados allí, porque si no nos pillaba… Muchísimo estrés. Pero todos, los amigos, sus padres y yo, estuvimos al pie del cañón, preparados para todo.

A las 19,30 o así llegó ella del trabajo y la lie para que se quedara conmigo en el sofá, diciéndole que la película que daban en antena 3 estaba muy interesante ( yo acaba de llegar del restaurante, que había dejado allí a mis amigos…). Nos dieron las 9 viendo la película, entre bromas y risas.

Habíamos quedado que el sábado saldríamos a cenar, ya fuera solas o con alguien, pero como todo el mundo tenía planes… Iríamos nosotras… Así que me preguntó que si al final íbamos a salir y al decirle que sí, se fue directamente a la ducha.

Tras prepararnos, la monté en el coche y le vendé los ojos… Lo sé, lo sé, eso ya deja poco a la imaginación, pero no tenía más remedio, sino me pillaría nada más doblar la esquina… Le di varias vueltas por el pueblo antes de salir y dirigirme al restaurante. Le iba hablando, dándole besos, cogiendo las manos… Estaba tranquila.

Al llegar, aparqué el coche, la ayudé a bajar y con los ojos aun tapados la dejé al pie de las escaleras. Cuatro escalones la separaban de todos sus amigos, cuatro escalones la separaban de la gran sorpresa que llevábamos tiempo tejiendo en el silencio del whatsapp…

Le quité el pañuelo que cubría sus ojos y se quedó un poco aturdida al ver el restaurante… ¿Qué hacemos aquí…? Me dijo. Yo la animé a que subiera y entrara en el local. Aun no veía a nadie. Nada más entrar, con el paso temeroso que iba, comenzó a ver a gente con sombreros de copa tintados a base de purpurina de colores y unas máscaras con gafas y narices enormes… No reconocía a nadie… Pero todos la saludaban y le cantaban el mítico “Cumpleaños Feliz” de Parchís….